Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 817 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El hombre demacrado miró a Noé con horror, moviendo los labios, pero sin lograr siquiera el más leve sonido. Tenía los ojos tan abiertos que sus iris bien podrían haber sido guisantes nadando en una sopa blanca.
Noah intentó no impacientarse demasiado. Su alma aún se transformaba, adaptándose a las nuevas runas que acababa de incorporar. Aunque no eran tan poderosas, seguían siendo runas de rango 5. Menos mal que no había incorporado las otras runas de la Serpiente Estelar. Aunque su espacio mental se había estabilizado en gran medida, no sabía qué le haría una expansión rápida, dado todo el Más Allá que ahora estaba permanentemente entretejido en él.
Probablemente era mejor no descubrirlo por las malas. Había demasiadas maneras de que saliera mal, y si Noah quería tener la más mínima posibilidad de averiguar adónde demonios iba, no podía permitirse volver a enloquecer.
Noé golpeó el suelo con el pie. Cuanto más tiempo pasara allí, más probabilidades había de que alguien más apareciera para molestarlo. Sería su mala suerte si la Serpiente Estelar fuera en realidad el hijo descarriado de algún monstruo más grande.
Obsidia está llena de misiones secundarias. Cada lugar intenta meterte en su propio minijuego. En cuanto baje la guardia, un niño vendrá corriendo a pedirme que saque las ratas del sótano de su madre.
Solo hay una forma de asegurarme de que no me asignen misiones secundarias, y es moverme más rápido que quienes me asignan misiones.
—Dime dónde estoy —repitió Noé. Señaló el mapa—. O empieza a rezar con más fuerza. Pero, si lo haces, asegúrate de pedir indicaciones. Son lo único que te salvará.
—Tú... este es... Valle del Acantilado —susurró el hombre, recuperando por fin la voz. Logró apartar la vista de Noah para mirar el mapa. Lo observó unos segundos antes de tocar con un dedo tembloroso una cordillera—. Estás aquí, Señor...
—Araña —dijo Noah distraídamente, entrecerrando los ojos para leer el papel. Apenas prestó atención a las palabras del hombre. Su respuesta había sido inconsciente, debido a toda la práctica que tenía dando vueltas por las Llanuras Malditas—. ¿Estás seguro de que estoy aquí?
—Sí —dijo el hombre demacrado. Tragó saliva—. Estoy seguro. Este es el Valle del Acantilado, dominio del Dragón Estelar.
“¿En el Imperio Coral?” preguntó Noé.
El hombre lo miró como si se hubiera vuelto loco. "Sí, Señor Araña".
—Bien —dijo Noé—. Eso está bien.
Luego se rascó el cuello. "¿Dónde está Aqua Terra?"
Eso le valió otra mirada de desconcierto. Pero Noah había logrado aterrorizar al hombre tanto que ninguna pregunta que pudiera haberle hecho habría sido demasiado extraña. El hombre simplemente señaló otro punto en el mapa. Un punto, notó Noah, que no estaba cerca de él.
"Aquí."
—Mmm —dijo Noé—. Ya veo. ¿Y el pueblo más cercano? ¿Uno grande?
El hombre señaló otro lugar. Tampoco estaba muy cerca. Noah también estaba bastante seguro de que estaba en la dirección opuesta a la que él había tomado. Se había equivocado de camino.
Maldita sea.
—Ya veo —dijo Noé. Levantó el mapa y estiró el cuello hacia atrás para mirar al cielo. Luego señaló a la derecha—. ¿Así que el pueblo está... por aquí?
Su aterrorizado navegante señaló en la dirección exactamente opuesta.
—Claro —dijo Noah con un sabio asentimiento—. Por supuesto.
Enrolló el mapa y se lo metió en el bolsillo. Luego desenvainó su espada voladora y la arrojó al suelo. Noah se subió a la hoja. Y, mientras el resto del pueblo salía de sus casas para contemplar con asombro e incredulidad las enormes mitades del Dragón Estelar, él se alejó hacia el cielo nocturno.
* * *
El mundo pasó fugazmente bajo los pies de Noé. La noche se convirtió en día y luego en noche. La temperatura bajó rápidamente al dejar atrás las escarpadas montañas. Colinas brillantes, vírgenes y cubiertas de nieve ocuparon su lugar.
Sus suaves laderas ondulaban como olas bajo él. No habría sido inexacto describirlas como prístinas. No había ni una sola huella ni mancha sobre la pura nieve de alabastro.
Por desgracia, Noé estaba un poco más preocupado por los copos de nieve que le caían en los ojos como pequeñas lanzas. Se vio obligado a mantener las manos en alto mientras volaba. Era un poco difícil saber si seguía en el camino correcto, pero estaba bastante seguro de que iba en línea recta.
Había estado volando sin parar desde que mató al Dragón Estelar, pero aún no había vislumbrado ninguna otra civilización. Y Noah no se había quedado de brazos cruzados. Se movía tan rápido como su espada voladora le permitía. Obsidia era enorme. Sin embargo, su sentido de la orientación, un poco deficiente, probablemente no le ayudaba.
Noah entrecerró los ojos bajo el brazo, buscando con la mirada alguna señal de una ciudad, como lo había hecho desde que dejó atrás las montañas. Estaba bastante seguro de que encontraría una ciudad. Puede que no fuera la que buscaba, pero cualquier cosa serviría.
Solo podía volar un tiempo sin luchar contra un monstruo para obtener energía o descansar. Y, para sorpresa de Noah, no se había topado con muchos monstruos. El viaje había sido sorprendentemente fácil hasta el momento.
No me importaría encontrar algunas bestias para matarlas y así poder recargar energía. No es que vaya a encontrar una ciudad pronto. Estoy perdido. Otra vez. Maldita sea. Debería pagarle a alguien para que me guíe...
Los ojos de Noé se abrieron de par en par. Allí, cerca de su campo de visión, había una mota de luz naranja. Y no solo una. Estaban todas agrupadas, pero no había duda. Era la luz de una linterna.
Era una ciudad.
¡Ja! ¡Sabía que iba en la dirección correcta!
Noé ajustó el ángulo de su vuelo y se lanzó directamente hacia la ciudad sin perder tiempo en otro pensamiento.
Llegó apenas unos minutos después, bajando el ángulo para aterrizar en un pequeño terreno excavado cerca de la entrada de una de las muchas puertas grandes que conducían a la ciudad amurallada. Esta era considerablemente más grande que la ciudad en la que había estado el día anterior. Las murallas grises no eran comparables a las de Arbitage, pero no cabía duda de que se trataba de un lugar de gran importancia.
Enormes balistas se alzaban sobre las murallas. Debía de haber diez justo en el lado de la ciudad al que Noé se había acercado. Una tenue cúpula azul brillaba sobre la ciudad. La nieve que caía crepitaba y se disipaba al tocar el escudo mágico, dejando las calles intactas.
Un gran lago helado se extendía tras la ciudad. Era enorme y perfectamente plano, como un espejo que reflejara la luz de la luna en su origen. A Yoru le habría encantado. La mirada de Noah se detuvo en el lago un instante antes de alzarla hacia el horizonte. Tras la gran ciudad se alzaba otra cordillera, con sus picos pintados de blanco por la nieve y la escarcha. Era, sin duda, una vista bastante intimidante.
Un par de guardias se encontraban ante las gruesas puertas metálicas que conducían más allá de los gruesos muros. Aunque las puertas estaban abiertas, los dos hombres no habían intentado ocultar sus dominios. El propio dominio de Noah los identificaba como magos de rango 5, y no eran fáciles de vencer.
Tenían mejores combinaciones que casi todos en Arbalest. Algo le decía a Noah que estos dos hombres, aunque más débiles que la Serpiente Estelar, probablemente habrían sido capaces de oponerle una gran resistencia solo con sus runas.
Ambos llevaban una armadura blanca brillante que se mimetizaba a la perfección con la nieve. Líneas azul pálido se entrecruzaban sobre la superficie del metal. El metal estaba imbuido, y no era lo único. Todo, desde las espadas a sus costados hasta sus yelmos, estaba cubierto con los mismos patrones. No eran simples guardias.
Eran soldados.
¡Qué cosa más pesada! Esperan pelea. Nadie publica a alguien tan poderoso solo para saludar a los transeúntes.
—Hola —dijo Noé, bajando de su espada voladora y guardando la hoja en su vaina—. Qué buena noche estamos pasando. Supongo que no te importaría decirme dónde estamos. Busco un sitio donde pasar la noche.
El guardia de la izquierda soltó un bufido divertido. «Frostlake. ¿De dónde vienes?»
“Eh…” Noah se rascó la cabeza.
Mierda. ¿Cómo se llamaba ese lugar? No recuerdo su nombre.
"Eso no es sospechoso en absoluto", dijo el segundo guardia.
—Ha sido una noche larga, ¿vale? —preguntó Noah—. Llevo un día entero volando. Vengo de algún lugar por ahí. Voy a Aqua Terra. Para...
—El torneo —dijo el primer guardia en un tono que dejaba claro que no era la primera vez que oía esa respuesta—. Tú y todos los demás. ¿Cuánto tiempo planean quedarse en Frostlake?
—Hasta mañana —respondió Noah—. ¿Tienes un teletransportador o algo que me ayude a acercarme a Aqua Terra?
El segundo guardia resopló. «No eres de Coral, ¿verdad?»
Noah se aclaró la garganta. "No he dicho eso".
—Pues ya lo has hecho —dijo el otro guardia negando con la cabeza—. Tranquilo. No hay restricciones de viaje durante el torneo. No somos idiotas. Simplemente aléjate de los pueblos remotos. Algunos son un poco entusiastas. Márchate mañana a esta hora, pero tranquilo hasta entonces. Frostlake está a salvo.
Noah les hizo un gesto de agradecimiento. "Gracias. ¿Hay algo más que deba saber sobre la zona para cuando salga mañana por la mañana?"
—Sí —dijo el primer guardia. Señaló con el pulgar por encima del hombro en dirección a las montañas que se alzaban tras la ciudad—. Aléjate de la Montaña de la Desolación de Hielo. No es seguro. Todo el paso lleva meses cerrado.
—¿Ah, sí? —Noah parpadeó—. ¿Por qué?
—Hay un nuevo superdepredador en la zona —dijo el otro guardia con un suspiro de cansancio—. Llamaron a un escuadrón de exterminio del Imperio Coral, pero todos desaparecieron. Lo subestimamos.
—Eso es porque no es un monstruo —dijo el primer guardia con tono conspirativo—. Es un competidor.
—¡Maldita sea! ¿Quién viene desde otro reino para instalarse en un gélido paso de montaña? —El segundo guardia puso los ojos en blanco—. No difundas rumores. Últimamente han surgido todo tipo de leyendas. Que haya muchos viajeros poderosos pasando por el Imperio Coral no significa que todos anden causando problemas.
—Ya verás. Tarde o temprano saldrá a la luz —dijo el primero. Se golpeó el yelmo con un dedo—. Las señales están ahí. No es un monstruo. Aún no hemos oído lo último.
—Manténganse alejados del paso —dijo el segundo—. Está prohibido entrar ahora mismo, por ley de Frostlake.
—Tomado nota —dijo Noah—. Gracias por los consejos, chicos.
Luego se dirigió a Frostlake en busca de una posada. En ese momento, lo único que le importaba a Noah era encontrar un lugar donde descansar y luego retomar el camino. Aun así, no pudo evitar sentir al menos un poco de curiosidad.
Leyendas, ¿eh? Si toda esta gente poderosa está de paso por el imperio ahora mismo... ¿cómo voy a encontrar a Moxie y a los demás? Va a ser difícil llamar su atención.
Noah dejó escapar un suspiro y vio cómo su aliento helado se extendía por el aire detrás de él.
Ciertamente tengo mucho trabajo por delante.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 817
Estás leyendo el capítulo 817 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.