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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 796 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El Salón de Aventureros de Gracefall rebosaba de entusiasmo. Jared no recordaba la última vez que había tenido tantos clientes. Su pobre personal de cocina no estaba ni de lejos preparado para tanta atención. Él tampoco, por cierto. Le dolían muchísimo las manos de tanto pulir las tazas durante las últimas horas. A estas alturas, ni siquiera necesitaba pulirlas. Estaban todas relucientes. Así habían estado las últimas diez veces que había revisado sus existencias. Pero no pudo evitarlo. No era solo por la emoción. Era un hombre trabajador. Y los hombres como él no tenían la libertad de entregarse por completo a sus emociones. Jared, como posadero del único Salón de Aventureros de Gracefall, tenía un deber con sus clientes. Y ese deber era darles una posada de primera. Estos cansados aventureros llegaban de toda Obsidia, rumbo a grandes cosas. Jared solo reconocía un rostro entre diez. Se habrían ido al día siguiente. Pero con ellos se irían las historias. Relatos de sus aventuras y hazañas. Y planeaba asegurarse de que todos y cada uno de esos relatos hablaran de Gracefall, el pueblo al fondo de un desfiladero con la mejor posada en la que habían estado jamás. Y la posada de Gracefall era la mejor. Habían pasado por Gracefall un gran número de aventureros corpulentos que parecían montones de ruedas de carreta, muchos disfrazados, pero siempre con la misma forma. Discutían sobre por qué su posada era tan genial. Si fuera la comida, la bebida, los trabajadores o incluso el propio Jared... Pero todos coincidieron en que era lo mejor. Desafortunadamente todos eran tontos. No había nada por sí solo que hiciera que una posada fuera increíble. Una posada, para Jared, era como un gran cuento. Tenía que estar completa. Llena. Ninguna comida exquisita podía compensar una canción horrible. Ninguna cama cómoda podía arreglar un servicio deficiente. Y ninguna bebida podía reparar un ambiente horrible. Por eso se paraba a pulir tazas. No porque las tazas necesitaran pulirse, sino porque ninguna posada era realmente una posada sin un posadero puliendo tazas. Jared no estaba exento de su propia regla. Él era parte de la atmósfera. Y hoy, la atmósfera estaba más eléctrica de lo que había estado en años. "¿Puedes creerlo?", preguntó un aventurero de barba espesa sentado en una mesa cerca del mostrador, con la mirada fija en su taza mientras lanzaba miradas emocionadas a la multitud que se arremolinaba en dirección a la puerta. "Después de todos estos años, la Gema de Casandra fue encontrada. Nunca pensé que volvería a ver la luz del día". “Yo, por mi parte, no me lo creo”, dijo su compañera —que lucía una barba, de alguna manera, incluso más impresionante que la de su compatriota—. “Creo que es una tontería. Esa joya lleva perdida casi trescientos años. Aunque alguien se topara con una mazmorra antigua y la desenterrara, seguro que no la entregaría en Gracefall, precisamente. Este lugar es una parada obligatoria. Venir aquí con algo tan valioso es simplemente rogarle a alguien que te libere de tus bienes y de tu vida”. El hombre barbudo soltó un bufido. «Tienes razón en lo último. La mitad de la razón por la que estoy aquí es para ver cómo alguien abre en canal a esos pobres desgraciados y les roba la gema en cuanto la entregan. De una forma u otra, será un buen espectáculo». "Si es que aparecen", murmuró la mujer. No eran los únicos que mantenían esa conversación. Dondequiera que Jared miraba, otros grupos de aventureros mantenían la misma conversación. Era la misma conversación que había atraído a su posada más clientes de los que había tenido en años... y era lo que había traído al hombre de la capa negra cerca de la esquina de la habitación. Jared había desarrollado un ojo agudo tras convertirse en posadero. Ser capaz de detectar a los alborotadores era una habilidad importante para alguien que quería evitar que sus sillas se rompieran en una pelea de bar. Y el hombre de negro era un problema. No un problema como el de un grandullón o un bandido, sino como un puñal por la espalda. Un aura de peligro envolvía al hombre de la capa como un veneno desbordante. Jared no había podido percibir ningún aspecto de sus Runas, pero era muy consciente de que no eran muy impresionantes. Apenas había logrado abrirse camino hasta el rango 4, y su combinación habría provocado un ataque de nervios a cualquiera del Gremio, y mucho menos a cualquiera de las Facciones. A Jared le pareció bien. No hacía falta mucha magia para regentar una taberna. Solo necesitaba el sentido común para saber que no iba a acercarse al hombre de negro. No era la clase de persona a la que uno quería echar. Era del tipo que ignorabas. Una cosa tranquilizaba a Jared. El hombre de negro podía ser poderoso, pero no era el único mago fuerte en la sala. Cerca del fondo estaba sentado otro hombre, este del Gremio de Aventureros. Jared estaba seguro de ello. El hombre se comportaba con una autoridad que ningún aventurero normal poseía. Su espalda era rígida como un hierro y sus rasgos afilados escrutaban la habitación en una búsqueda constante, catalogando a cada persona a su alrededor. Incluso tenía un bulto justo debajo del bolsillo del pecho con la forma exacta de su placa. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Jared. Hoy sería un día histórico. Si la Gema de Cassandra realmente se hubiera descubierto, quién sabía cuántos buscadores de tesoros llegarían a Gracefall. El negocio prosperaría como nunca antes, y las historias que escucharía de ese día lo inspirarían durante cincuenta años. Y si todo era un engaño y los informes de un grupo que había localizado la Gema eran falsos... bueno, Jared aún iba a sacar una historia de ello. Probablemente habría sido mejor que la gema no se hubiera descubierto. Al menos así evitarían una pelea. Pero incluso si la hubiera, Jared estaba preparado. Ese día le iba a dar tantas ganancias que no importaba si toda la taberna ardía en llamas. Todo lo que tenía que hacer era esperar. Y todos esperaron. El día ya se acercaba a la noche. Su taberna estaba a rebosar. Todos los que podían venir probablemente ya habían llegado... y, sin embargo, nadie había dado un paso al frente con la gema. Por suerte, al no tener nada que hacer, todos estaban ocupados comprando comida y bebida. A Jared no le habría importado que los misteriosos buscadores de la gema se tomaran su tiempo al menos unas horas más. Pero un repentino estallido de parloteo agitado irrumpió entre la multitud, proveniente de la puerta. Dos figuras encapuchadas entraron en la habitación, una de ellas con un paquete bien envuelto bajo el brazo. —¡Mierda! —murmuró alguien—. ¿De verdad aparecieron? —Lo dudo —dijo otro aventurero—. Probablemente solo vengan dos personas más a observar... —¿Dónde está el Gremio? —preguntó la figura que llevaba el paquete. Su voz era aguda, pero sorprendentemente juvenil. Era bastante más joven de lo que Jared había imaginado. El hombre levantó el paquete. —¡Llevo la Gema de Cassandra y estoy aquí para entregarla, tal como lo informé! Los murmullos que desgarraban la sala se intensificaron aún más. Se oyeron gritos de emoción mientras todos se esforzaban por echar un vistazo. El Gremio se levantó e intentó dar órdenes; él mismo, evidentemente, no esperaba que la Gema apareciera. Y, en el caos, un hombre de negro se escabulló de su lugar en la pared. —¡Mantén la distancia! —gritó de nuevo el joven aventurero, levantando la mano libre en señal de protección—. Quería testigos para garantizar la seguridad del envío, pero si alguien se acerca demasiado, asumiré que intentas robar la gema y la defenderé como corresponde. Siendo sincero, me sorprende que nadie haya intentado llevárselo ya. Gracefall es conocido por muchas cosas. La seguridad no es una de ellas. El miembro del gremio comenzó a abrirse paso entre la multitud, sacando la insignia dorada de donde estaba apoyada contra su pecho y levantándola en el aire para llamar la atención de todos mientras gritaba órdenes para moverse. Jared pudo ver la preocupación en los ojos del hombre. Sabía lo que iba a pasar. Solo un tonto habría traído un objeto tan valioso a una habitación llena de desconocidos. Era solo cuestión de tiempo antes de que... El hombre de negro se volvió borroso. Una espada brilló en su mano con un siseo de humo negro, materializándose a la velocidad de un pensamiento mientras saltaba hacia los dos aventureros. Con una mano, apuntó el arma al cuello del joven y con la otra agarró el paquete. Jared abrió la boca para lanzar una advertencia, pero sabía que sería demasiado tarde. No se trataba de un simple ladrón callejero. El anuncio de la Gema de Cassandra había atraído a alguien que sabía lo que hacía, y él estaba presenciando un golpe mortal. Su pecho se apretó. Una docena de golpes húmedos resonaron en la habitación, atravesando el ruido. Y entonces un escalofrío recorrió la espalda de Jared. Podría haber jurado que la propia parca le rozó el hombro con sus dedos huesudos al pasar junto a él. En el suelo no se encontraba el joven aventurero. Era el hombre de negro. Yacía hecho pedazos, como si se hubiera lanzado a través de una docena de espadas, a los pies del dúo de aventureros. Un charco de sangre se extendió rápidamente a su alrededor. Ni siquiera hubo tiempo para un grito. El hombre acababa de morir instantáneamente. ¿Qué clase de magia…? Entonces Jared lo vio. Hilos de escarcha azul brillante, finos como cabellos, flotaban en el aire, visibles solo por la sangre que goteaba de ellos, donde el aspirante a bandido acababa de descuartizarse sobre ellos. Los hilos corrían hasta la mano del compañero del joven aventurero. La incredulidad se arremolinaba en los pensamientos de Jared. No había habido tiempo para que nadie lanzara un hechizo. Y eso solo significaba una cosa. La magia había sido preparada antes de que entraran al edificio. Un momento de silencio atónito flotó en el aire. —Qué asco —dijo la compañera del aventurero. Su voz la delataba como una mujer de su edad, más o menos. Dio un paso a un lado para evitar que sus botas se mancharan de sangre. El joven aventurero se agachó junto a los restos de lo que una vez fue un cuerpo y se agachó, agarrándole la cabeza y levantándola del suelo. La capucha del muerto se desprendió, y Jared abrió los ojos de par en par, sorprendido. Bootslice Brie. El Gremio ofrece una recompensa considerable por su cabeza. ¿Estuvo aquí? ¿En Gracefall? —¡Alto! —rugió el Gremio, liberándose por fin de la multitud—. ¡Que nadie se mueva! ¡Quédense quietos! ¡No permitiré más muertes hoy! La Gema de Cassandra... —Debo disculparme. Puede que haya mentido un poco —gritó el joven aventurero. Agarró el paquete bajo el brazo. Luego lo arrojó al suelo sin contemplaciones. A pesar de todo lo sucedido, varios aventureros casi se tambalean hacia adelante antes de recuperarse. El paquete aterrizó con un golpe sordo. Rodó, se desprendieron las ataduras y se detuvo a los pies del Gremio. Dentro del paquete no había ninguna gema. Era una rueda de queso llena de grumos. —No hay ninguna Gema aquí —dijo el aventurero. Se aclaró la garganta. Luego, alzó la cabeza de Brie y se giró hacia el Gremio—. Pero creo que había una recompensa por la cabeza de este hombre. Una que tengo muchas ganas de reclamar. Y tú, mi buen amigo, llevas mucho Cristal encima. Aceptaré el pago ahora mismo, por favor. No hay necesidad de perder el tiempo. Me gustaría terminar con esto cuanto antes para poder volver a la cama. Jared se quedó mirando con incredulidad. No estaba solo. Todos en la sala miraban boquiabiertos la rueda de queso, pasando de ella a la pareja de aventureros y al atónito miembro del Gremio. Entonces Jared empezó a reír. El dúo de aventureros lo planeó. Lo habían planeado desde el principio. Nunca hubo una joya. Solo un par de cazarrecompensas y su presa entregándose en bandeja de plata. Ni siquiera tuvieron que ir a un ayuntamiento para cobrar su premio. Eso sí que es pereza. Ni siquiera se molestaron en cazarlo ellos solos. Simplemente lo dejaron hacerlo por ellos. Aunque la Gema no había hecho acto de presencia, no le molestó en lo más mínimo. Al fin y al cabo, una posada era como un cuento… Y esta noche iba a ser una historia increíble.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 796

Estás leyendo el capítulo 796 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.