Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 691 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Sticky flotaba en una extensión blanca e infinita. Se extendía a su alrededor en todas direcciones como un océano sin fondo, listo para engullirla por completo. No sabía dónde estaba ni qué le había hecho Garina. Lógicamente, debería haber sido aterrador. No había horizonte. No había suelo. Nada más que… bueno, nada.
Pero ella no tenía miedo.
En absoluto.
No fue porque Garina hubiera prometido no hacerles daño. La gente siempre podía mentir. Mentir era lo más fácil del mundo, siempre y cuando tu oponente no fuera Aylin. Lo había hecho incontables veces para sobrevivir en las calles de Treadon.
Ni siquiera fue porque Noah hubiera prometido protegerlos. Sticky confiaba en Noah más que la mayoría. No era tan ingenua como para entregarse por completo a nadie. Así es como un demonio terminaba devorado y escupido… pero él había venido al más allá para rescatarla.
Sticky confiaba en Noah tanto como en cualquier otra persona. Pero Noah no estaba allí. No hacía falta que estuviera. Tenía otro protector.
Una presencia la envolvía como una suave red gris, que más que restringir sus movimientos, los acunaba. Se extendía hasta el cielo y se desplegaba sobre la inmensidad blanca que la rodeaba como una red gigantesca.
Y, instintivamente, Sticky supo exactamente qué era. Había estado a su lado desde el día en que regresó del más allá. Ese poder era el que estaba destinado a la hija de Wizen, pero que le había sido otorgado a ella.
Su Runa Maestra.
Tejer.
La runa la protegía con su abrazo, impidiendo que el océano la abrumara. No importaba su extensión ni dónde estuviera; nada de eso importaba. Estaba protegida. Estaba a salvo.
No importaba cuán grande o inconmensurable fuera el Vacío. Podría haber sido un mar de lava o un verdadero océano. Nada habría cambiado el único hecho absoluto que Weave le prometió a Sticky con cada fibra de su ser.
Sticky extendió una mano. Mechones grises se enredaban en sus dedos, extendiéndose a lo lejos como si siempre hubieran estado allí. Guardaban más sensaciones y pensamientos de los que su mente jamás podría llegar a comprender. Por suerte, no necesitaba hacerlo.
Tengo el control. Este es mi mundo. Mi mente. Este extraño lugar aún forma parte de mí. Quizás solo una mínima parte. Tal vez esté al borde de la muerte otra vez. Pero no importa. Si este lugar forma parte de mí… si creo que lo domino…
Sus dedos se cerraron en un puño. Los mechones se tensaron y el vacío que la rodeaba se estremeció.
Entonces Weave lo someterá a mi voluntad.
* * *
Aylin permanecía de pie con los brazos cruzados. Sus ojos recorrían el espacio vacío a su alrededor mientras sus labios esbozaban una leve sonrisa. Hacía apenas unos ciclos, era un niño de la calle mendigando trozos de pan.
Su familia había estado al borde de la muerte. Treadon amenazaba con aplastarlos bajo su bota, y ellos no habían tenido fuerzas para hacer más que protestar.
Spider los había rescatado de esa oscuridad. Había reparado sus runas. Les había concedido un camino hacia una nueva vida. Los había hecho superiores a casi cualquier demonio que los hubiera precedido.
Él —Aylin, el joven callejero convertido en Señor de la Calle— se encontraba entre los mejores de su especie. Decir que su vida era una mera bendición habría sido un insulto. Aylin no necesitaba ser un Demonio del Conocimiento para saberlo… y tampoco necesitaba serlo para saber que no permitiría que lo detuvieran allí.
—Spider nos trajo hasta aquí. Hasta el punto en que un Rango 7 considera oportuno darnos instrucciones —dijo Aylin, y sus palabras se desvanecieron en el vacío. Sus ojos ardían con determinación—. Estaría despreciando todo lo que me ha dado si me quedara de brazos cruzados ante esta oportunidad.
Él ya sabía lo que le rodeaba. Aunque Aylin ya no podía sentir sus runas —una sensación sumamente extraña para un demonio—, se conocía a sí mismo. Un Demonio del Conocimiento jamás podría alcanzar su verdadero potencial si no podía ver la verdad de su propio corazón… y él sabía que eso aún formaba parte de su alma.
Está en un lugar lejano. Un lugar donde nunca he estado. Tan lejos de todo lo demás que sería fácil confundir este mundo con otro, pero sigue siendo mío. Sí. Ahora lo veo. Estos deben ser los confines de mi alma, tan lejos de su núcleo y de las runas que contiene que ya no puedo sentir su poder.
Controlar su propia alma era algo que Aylin jamás había intentado. Si no hubiera comprendido su posición, si su consciencia no hubiera estado justo donde debía estar, estaba seguro de que no habría tenido el poder para hacer nada más que esperar.
Pero él se conocía a sí mismo. Garina lo había enviado allí y sabía perfectamente por qué lo había hecho. Al fin y al cabo, ese era el propósito de un Demonio del Conocimiento.
Para saber.
Y cuando un Demonio del Conocimiento sabía todo lo que necesitaba…
Actuaron.
* * *
Violeta golpeó el espacio.
No tenía ni la más remota idea de lo que estaba pasando. Había perdido la noción del tiempo en algún momento durante la pelea con Garina. Aquello había sido divertido. Que la hubieran molido a palos no lo había sido tanto.
Estoy completamente perdida. Creía que el entrenamiento era contra Garina. ¿Qué hago aquí? Tengo que salir de aquí. Sigue ahí fuera, esperando a que la ataquemos de nuevo. No puedo desaprovechar una oportunidad así. ¿Quién más tiene la oportunidad de entrenar con una de Rango 7?
Necesito mudarme.
Violet volvió a golpear el suelo a sus pies. Este tembló.
Necesito mudarme.
Luego volvió a golpear el vacío.
No me quedaré aquí. No me quedaré de brazos cruzados. Seguramente los demás ya se habrán despertado. Puede que no sea el más fuerte. Puede que no sea el más rápido, ni el más inteligente, ni… bueno, nada.
Pero no pienso quedarme aquí sin hacer nada. Voy a largarme de este maldito lugar y volver a entrenar con Garina. Es la única forma de hacerme lo suficientemente fuerte para proteger a todos.
Golpeó el vacío, provocando otro temblor que lo recorrió —y, curiosamente, también su propia mente—.
Violet lo descartó. No necesitaba entender lo que estaba pasando.
Ella solo necesitaba levantarse.
Volvió a golpear el vacío.
Y otra vez.
Y otra vez.
* * *
El pecho de Emily se elevaba y descendía con respiraciones lentas y pausadas. Sentada en el vasto vacío, con las piernas cruzadas, su mente tan clara como el hielo puro, se encontraba en completa paz. Absolutamente nada en su mente podía perturbar su concentración.
Su patrón no admitía el más mínimo error de cálculo. Controlar incontables pequeñas púas de hielo, como una niebla, requería más concentración que casi cualquier otro patrón entre sus compañeros.
Ni siquiera pretendía dominar la habilidad… pero sin duda se había vuelto bastante hábil en ella últimamente. Llegar hasta ese punto había sido casi imposible. Había pasado incontables horas mirando fijamente las paredes de su habitación, con un impulso casi insoportable de golpearse la frente contra la piedra.
A pesar de todos los consejos que había recibido para controlar sus pensamientos, poco había funcionado realmente hasta que conoció a James. Él había mencionado casualmente cómo dejaba volar su mente durante la clase, como un bloque de hielo flotando en el mar. No se resistía a las olas; simplemente se dejaba llevar por ellas. No había que luchar contra los pensamientos; simplemente se podían dejar pasar.
Emily le había insistido para que le contara más, y James había estado encantado de compartir detalles sobre su pasatiempo favorito. Emily no tardó en darse cuenta de que las técnicas de James eran mucho más que una simple forma soporífera de holgazanear.
Él le estaba enseñando a meditar, y funcionaba a la perfección. Mejor que cualquier otra técnica que ella hubiera probado. James seguía demostrando ser mucho más perspicaz y capaz de lo que aparentaba. Pero, a cambio de sus enseñanzas y su compañía, Emily no le había preguntado nada al respecto.
Había mejorado muchísimo en sus técnicas de meditación. No tanto como James, pero más que suficiente para sus propósitos actuales.
Y ahora, mientras meditaba, sabía una cosa con certeza: el océano blanco que la aprisionaba no pertenecía a otro lugar.
Era su propia alma.
Percibir las similitudes era imposible cuando pensaba con su mente activa, pero la meditación iba mucho más allá. Era un verdadero vínculo entre el cuerpo y el alma. No le cabía duda de que esto, por muy distante o tenue que fuera, formaba parte de su alma.
Garina había enviado a Emily aquí para que aprendiera a moldear su alma, y alrededor de Emily se extendía un alma. No era difícil atar cabos.
Solo quedaba hacerlo.
* * *
Alexandra sostenía una espada.
No era una espada como las que había visto antes, pero le resultaba más familiar que ninguna otra que hubiera empuñado. El arma era de una sencillez absoluta y, sin embargo, estaba impecablemente equilibrada, hasta el punto de ser casi imposible.
Antes había empuñado espadas que sentía como una extensión de sí misma. Pero esta era diferente. Esta hoja no solo se sentía como una extensión de ella.
Era parte de ella.
Tocarla fue como conectar con una extremidad que por fin despertaba tras años de letargo. El arma era tan parte de su cuerpo como sus piernas y brazos. En cierto modo, incluso más.
Este debe ser mi Fragmento del Ser. ¿Toma la forma de una espada?
Las comisuras de los labios de Alexandra se curvaron en una sonrisa. No se le podía ocurrir nada más apropiado que una espada para representarla.
Sus dedos se aferraron con fuerza a la empuñadura de la espada, que la impulsaba hacia adelante. No hacia un destino, sino hacia un viaje. El propósito de una espada era cortar. No podía cortar estando quieta, y el final del corte no se alcanzaba sin que la espada se desplazara por el aire hacia él.
Alexandra avanzó. El vacío blanco no le importaba. No le importaba dónde estaba. No importaba. Su propósito era avanzar. No le importaba dónde ni cómo. Con tal de avanzar, estaría satisfecha.
El mundo jamás podría ceder ante esa determinación…
O podría ser cortado en pedazos.
* * *
Vrith alguna vez pensó que su vida era interesante. Ahora se daba cuenta de que el universo podría haber interpretado esa creencia como una petición.
Ser una Jefa de Calle había sido la cima de sus aspiraciones. Nunca había deseado nada más.
Ahora servía a un dios.
Claro, no quería que lo llamaran dios, pero Vrith no encontraba muchas otras maneras de expresarlo. Nadie más podía tener tratos casuales con el mismísimo Señor de la Muerte y luego irse para contarlo.
Su vida era algo totalmente inimaginable. Spider le había brindado la oportunidad de alcanzar metas que jamás habría podido prever… y, sin embargo, por alguna razón, aquello que más deseaba estaba a su alcance, tendido en el suelo no muy lejos de donde yacía su propio cuerpo.
Vrith entrecerró los ojos. No podía quedarse de brazos cruzados. Los demás tenían mucha más formación que ella. Poseían runas más poderosas o habilidades más versátiles. Vrith era simplemente... bueno, Vrith. No tenía nada más que sus instintos.
Pero sus instintos siempre habían estado afinados. Así había sobrevivido tanto tiempo en Treadon. Eran tan agudos que, en ocasiones, incluso anulaban las insinuaciones de sus runas.
Y hoy, sus instintos sonaban como los de Aylin.
¿Qué crees que es el vacío? ¿De qué está hecho? ¿Se puede controlar? ¿Se puede escapar de él? Hay un camino. Solo tienes que hacer la pregunta correcta para encontrarlo. Con el tiempo, descubrirás la verdad.
Vrith presionó las manos contra el suelo intangible bajo sus pies. Había algo allí. Algo… vagamente familiar. No estaba segura de qué era. Pero Vrith no necesitaba saberlo. Había momentos en que el instinto, con la ayuda de las preguntas adecuadas, bastaba.
La verdad está aquí, en algún lugar. Solo tengo que empezar a buscar.
* * *
La sorpresa de Garina se transformó lentamente en incredulidad absoluta. Sus hombros se desplomaron y su espalda se arqueó hacia adelante mientras sus pensamientos se alejaban por completo de su postura. Un leve tic nervioso se apoderó de su párpado derecho, y no estaba en condiciones de controlarlo.
Los alumnos de Noah estaban moldeando sus almas. No todos eran tan eficaces como él y Moxie, pero, salvo Yulin, que claramente se había unido al grupo hacía poco, todos lo estaban haciendo.
Todos y cada uno de ellos.
Y lo habían logrado completamente sin interferencias. Puramente por instinto, fuerza o comprensión. Esto iba mucho más allá de tener solo a unos pocos individuos talentosos. Atribuirlo a la suerte era una salida fácil.
Que cada uno de sus alumnos, tanto demonios como humanos, pudiera moldear su alma…
Este grupo es exactamente para lo que se creó el Imperio, y la mitad de ellos ni siquiera pertenecen a él.
Un pensamiento aún más sombrío asaltó a Garina, y su pálido rostro palideció aún más. Habían llegado tan lejos completamente sin su intervención. Si habían llegado tan lejos completamente sin ella…
Dioses. Si los dejo a su aire, quién sabe lo que serán capaces de descubrir. Este podría ser uno de los grupos más aterradores que jamás haya conocido. Su potencial es enorme. Incluso podrían llegar a ser dioses. Todo un grupo…
Un escalofrío le recorrió la espalda.
¿Qué estoy a punto de revelar al mundo?

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Capítulo 692
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 691
Estás leyendo el capítulo 691 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.