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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 671 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Yoru se giró hacia la escotilla que daba acceso al Cañón de Transporte, que ya comenzaba a moverse. Había muchas cosas en la vida que desconocía, pero de algo estaba completamente segura. No tenía intención de permitir que los demonios de la torre fueran asesinados por esos patéticos y arrogantes necios que se atrevían a atacarla. No recordaba la última vez que alguien hubiera sido tan insensato como para provocar su ira. Incluso los Señores Demonios respetaban su fuerza. La desfachatez con la que aquellos demonios, cuya fuerza no podía ser mayor que el Rango 4, se atrevieron siquiera a acercarse a ella, y mucho menos a intentar matar a alguien que estaba justo a su lado, fue indignante hasta lo indescriptible. Pero solo logró dar un paso hacia la escotilla antes de que sucediera algo extraño. La forma de Tim cambió ante sus ojos. Aunque no hubo ningún cambio físico en la apariencia del hombre, Yoru vio mucho más allá. Era como si su propio ser se hubiera transformado. Aquel estanque tranquilo y apacible había desaparecido, e incluso ella desconocía qué quedaba. —¿Atacan el Cañón de Transporte? ¿Alguien cree que puede ir tras los estudiantes de Vermil? ¡Ni hablar! —espetó Tim, girando sobre sus talones. La energía mágica se concentró en su interior como una tormenta furiosa. Para un Rango 3 como él, era una cantidad impresionante. Mucho más de lo que Yoru hubiera esperado que pudiera canalizar. Tim se crujió los nudillos mientras se dirigía a toda prisa hacia el borde del tejado—. ¡Los llevaré hasta la mismísima puerta del Creador! Es probable que estés entre los que estos necios quieren atacar. Ningún demonio, ni aquí ni en las Llanuras Malditas, se atrevería jamás a venir a por mí. Y menos uno tan débil como este. Yoru estuvo a punto de expresar lo que pensaba cuando Tim hizo un gesto brusco con la mano hacia un lado. El suelo se sacudió bajo sus pies y ella se tambaleó, a punto de perder el equilibrio. El Cañón de Transporte se estaba moviendo. Un destello de luz púrpura brillante surgió del cañón, impactando contra una de las figuras borrosas que se precipitaban hacia ellos por el suelo. Hubo un destello, y luego nada. La sorpresa recorrió a Yoru. Una vida había dejado de existir. Donde antes había estado, ya no quedaba nada. No muerta. Desaparecida. Nada marcaba el lugar donde habían estado momentos antes. Incluso los fragmentos de alma que debieron perdurar instantes después de su muerte se habían desvanecido. Y por un instante, el mundo pareció detenerse alrededor de Yoru. Había presenciado muchos tipos de magia, demonios y magos más poderosos que ella misma. Pero solo conocía a una criatura capaz de simplemente deshacer. Esa criatura era Sievan, el Señor de la Muerte. ¿Cómo es posible que Tim, un simple Rango 3, pueda controlar semejante poder? Imposible. —¿Qué fue eso? —preguntó Yoru, incapaz de contener las palabras—. ¿Acaso borraste una existencia? ¿Has ocultado tu poder de alguna manera que ni siquiera yo conozco? —Eso suena impresionante y un poco cruel para mi gusto, aunque no puedo negar que estoy bastante enfadado ahora mismo —dijo Tim. El Cañón de Transporte retumbó de nuevo al girar para apuntar al siguiente demonio, pero ya habían llegado a la base de la torre y estaban fuera de su alcance—. Solo hice una pequeña manipulación de magia espacial con el Cañón de Transporte. Un fugaz rubor de vergüenza recorrió a Yoru. Estaba desorientada. Tim no había borrado al demonio de la existencia. Simplemente los había teletransportado a la fuerza durante un breve instante. Necesito concentrarme. Esta noche no era buena para que ocurriera un ataque así, pero quizá matar me ayude a calmar mis pensamientos. —Ya veo —dijo Yoru—. Entonces, después de matar a los demás atacantes, deberíamos estar preparados para enfrentarnos al demonio cuando regrese una vez que se agote la magia del cañón. —Oh, no te preocupes por eso —dijo Tim con voz fría—. Memorizé varios lugares... desagradables. No quería, pero después de algunos incidentes en los que me obligaron a usar el Cañón de Transporte para dañar a mis amigos, no me quedó otra opción. Eso no volverá a suceder. Lo juro. —¿Lugares inhóspitos? —preguntó Yoru mientras ambos descendían por la escotilla hacia la sala principal del Cañón de Transporte. “Envié a ese demonio al centro de un volcán activo. No volverá.” Y en ese instante, aunque Tim solo fuera un mago de rango 3, algo en su voz despertó en Yoru un atisbo de alerta. Puede que Tim no fuera un archidemonio todopoderoso, pero por un momento, sus palabras irradiaban la presencia de uno. * * * Karina abrió los ojos lentamente. Era muy tarde. Delgados rayos de luna se filtraban por la ventana a la cabecera de la cama, colándose entre las cortinas que ella y Contessa habían colgado. Una oleada de cansancio la envolvía, pero se desvaneció con sorprendente rapidez. Su corazón latía más rápido de lo debido. Años de entrenamiento la obligaron a sentarse. No recordaba la última vez que se había despertado así en mitad de la noche, al menos no sin motivo. Contessa se movió en la cama a su lado, sobresaltándose al despertar. —¿Karina? —preguntó Contessa con cansancio—. ¿Ocurre algo? Karina tardó un instante en responder. —No estoy segura. Me desperté de repente. Creo que algo puede estar pasando. Contessa se incorporó a su lado. Se frotó los ojos. —¿Es Mascota pidiendo comida otra vez? ¿Te acordaste de ponerle los platos anoche? —Sí —respondió Karina. Se levantó de la cama, cogió la chaqueta de la silla junto a la cama y se la puso. Su mirada recorrió la habitación. Todo parecía estar en orden. La noche era tranquila. No había ninguna sombra en la puerta. Pero a pesar de eso, no podía sacudirse una intensa sensación de inquietud. Era como si tuviera un nudo en la garganta. “Los instintos existen por algo”, dijo Contessa. “Lo aprendí por las malas. Mejor busquemos a Mascot. Podría haberse metido en problemas”. Karina asintió en silencio. Rodeó la cama, frunciendo el ceño, y se encontró mirando fijamente dos ojos rojos, brillantes e incandescentes. —¡Mierda! —exclamó Karina, con el corazón acelerado—. ¿Una mascota? ¿En serio? Teníamos un acuerdo: nada de miradas intimidantes por la noche. El gato parpadeó mirando a Karina mientras ella lo recogía del suelo y lo tomaba en brazos. Él le lamió la mano. Quizás era una disculpa, o quizás se preguntaba si ella sería una buena comida. Siempre fue difícil saberlo con él. Contessa se acercó a la ventana y corrió las cortinas, dejando que la luz de la luna inundara la habitación. Examinó la cerradura con atención. —Parece estar bien. No veo a nadie afuera. Pero Karina no respondió. Se quedó mirando al suelo, bañado por la luz plateada de la luna brillante, con el rostro inmóvil. A los pies de la cama, a escasos centímetros de donde había estado sentada Mascot, yacía un cadáver en descomposición. El cuerpo estaba tan deformado y destruido que apenas se podía reconocer como algo más que humanoide. Un cuerno medio desmoronado que sobresalía de un lado de su cabeza lo delataba como cualquier cosa menos eso. En su habitación había un demonio muerto. Uno que había muerto de una forma muy, muy horrible. —¡Mierda, Mascot! —exclamó Karina—. Estabas realmente enfadado con este, ¿verdad? Mascot comenzó a acicalarse. Contessa contempló el cadáver durante un instante. Luego intercambió una mirada con Karina. —¿Procedimientos de eliminación? “Procedimientos de eliminación”, asintió Karina. * * * Alexandra practicaba su patrón en el patio de entrenamiento cuando sintió un cambio en el aire. El movimiento de su espada se detuvo al bajarla, girándola hacia el origen de la obstrucción. Tres figuras se alzaban al borde del campo. La ropa holgada que vestían apenas disimulaba su identidad como demonios. Alexandra había pasado suficiente tiempo con ellos como para reconocer los bultos en la ropa que delataban cuernos, colas y, en ocasiones, alas mal disimuladas. También sabía que esos demonios no se encontraban entre los que conocía personalmente. —¿Quiénes son ustedes? —preguntó Alexandra, manteniendo su espada lista a su lado. Vermil se había visto envuelto con varios demonios últimamente. Había muchas probabilidades de que fueran sus aliados, y aún mayores de que fueran sus enemigos. Los demonios no respondieron. Esa sola respuesta bastaba. Los aliados no ocultaban sus identidades. Sus labios se afinaron. No estaba en condiciones de enfrentarse a tres enemigos, y mucho menos a demonios. Sus mejores herramientas eran su Fragmento de Ser y su patrón. Aún no contaba con un buen conjunto de Runas de Rango 3, lo que la ponía en grave desventaja. Que así sea. Alexandra alzó su espada. El mundo se volvió más nítido a medida que su concentración se intensificaba, potenciada por el Fragmento del Ser, que profundizaba aún más la conexión entre su alma y su cuerpo. Los demonios se pusieron en movimiento de forma explosiva. Eran ráfagas de sombra borrosa que surcaban la noche ya oscura. Si esto hubiera ocurrido antes de que Alexandra manifestara su Fragmento del Ser, no habría habido competencia. Habría sido derrotada antes incluso de darse cuenta de que estaba siendo atacada. En vez de eso, saltó hacia atrás, su espada cortando el aire y obligando a los demonios a retroceder. Pero no se rindieron. Los tres la rodearon en silencio, lanzando un ataque conjunto desde todas las direcciones. Alexandra adoptó su rutina al instante. La magia fluía en sus movimientos y su arma surcaba el cielo como si escribiera letras plateadas en la oscuridad. El sonido metálico llenó la noche cuando su espada chocó contra las armas que los demonios extrajeron de entre sus capas. Ni ella ni los demonios lograron asestar ningún golpe, lo cual sin duda representó una victoria mayor para ella que para ellos. Fracasar en una emboscada con una desventaja de tres a uno fue bastante vergonzoso. Alexandra no dejó que sus pensamientos divagaran por mucho tiempo. Incluso una maestra espadachina podía cometer un error. Eran demonios. No podía correr ningún riesgo. —Desconozco qué buscáis aquí —dijo Alexandra en voz baja, adoptando de nuevo una postura de combate mientras los tres demonios avanzaban hacia ella—. Pero os sugiero que deis la vuelta ahora mismo. Lo único que encontraréis será la muerte.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 671

Estás leyendo el capítulo 671 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.