Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 660 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—Esto es simplemente vergonzoso —dijo Renewal, reclinándose en su silla y metiéndose un chocolate en la boca—. Empiezo a sentirme como una impostora.
—Eso habla bien de ti —respondió Decras. Extendió los brazos por encima de la cabeza antes de ponerse de pie—. La Orden no fomenta la introspección. Para alguien que sirvió tanto tiempo bajo su yugo, has conservado una notable integridad.
Probablemente se deba a que siempre odié mi maldito trabajo. Era agradable cuando los mortales con los que trabajaba eran interesantes, pero eso ocurría tan pocas veces que, en general, era un fastidio. Hacía lo mínimo indispensable y el resto del tiempo lo pasaba soñando despierto.
Renewal tosió en su puño. Miró de Decras a la imagen en movimiento que flotaba en el aire frente a ellos. Noah y su creciente grupo de estudiantes resplandecían en ella. Por una vez, en lugar de impartir clase, la fascinante mortal estaba apartada con Moxie.
Todas las miradas estaban puestas en Alexandra, no en él. Ella intentaba desesperadamente explicar su patrón, pero fracasaba estrepitosamente. A pesar de todo el talento y la determinación que poseía, era pésima enseñando.
—Dirías que no tiene ni idea de lo que hace —dijo Renewal, pellizcándose el puente de la nariz con una mueca—. Me da muchísima vergüenza. Consiguió formar un Fragmento de Sí Misma siendo tan joven. Más joven que yo cuando formé el mío por primera vez, pero tiene tan poca confianza en sí misma que parece que Noé le hubiera dado la runa.
—Estoy de acuerdo. La chica necesita practicar. Necesita ser más arrogante —dijo Decras asintiendo.
“¿Arrogante? Para nada. La confianza no necesita arrogancia. Simplemente necesita más experiencia. Supongo que eso es lo que está adquiriendo ahora mismo, pero desde luego no es bonito.”
Gran parte de la vida consiste en convencerse a uno mismo de que debe convertirse en lo que se supone que debe ser. La confianza rara vez surge por sí sola. La arrogancia allana el camino hacia ella… y la arrogancia obliga a mejorar. No se puede ser arrogante si no se es poderoso.
“Me he topado con un montón de idiotas arrogantes.”
“¿Y cuánto tiempo viven?”
Renewal hizo una pausa. Luego inclinó la cabeza. —Te doy la razón en eso. Me gusta bastante la personalidad de la chica tal como es. No todos tienen que ser como tus discípulos. Mira a Ferdinand. No es nada arrogante, pero ha logrado domar a tu pequeño monstruo.
—Garina no está domesticada. Simplemente… está alimentada. —Decras no parecía muy seguro de sus propias palabras.
Renewal sonrió con sorna y arqueó una ceja. —¿De verdad hay alguna diferencia? Ni siquiera tú has conseguido que haga lo que quieres.
“Tu imbécil calvo y brillante tampoco ha conseguido que ella haga nada de lo que él quiere.”
—Eso se debe a que no quiere nada más que su compañía —dijo Renewal, sin disimular el tono de suficiencia en sus palabras—. Es feliz preparándole sándwiches y sin hacer nada. Son tan monos.
—Su relación es… sorprendentemente agradable —admitió Decras—. Y me alegra ver a Garina feliz. Ha estado sola demasiado tiempo. Ni siquiera el poder puede reemplazar la compañía, y nunca se llevó bien con el resto de los Discípulos.
—No es la única —dijo Renewal, mirando a Decras de reojo—. Recuerdo que tienes a otro pequeño pesado rondando por ahí. Uno al que le gusta meterse donde no le llaman.
“¿Te refieres a Revin? Ya no es uno de los míos. Incluso los apóstoles saben mantenerse alejados de él. Su mente está hecha añicos. Ni siquiera yo puedo predecir qué es lo que desea.”
—Parece que encajaría bastante bien en los Caídos —dijo Renewal con una sonrisa divertida—. Desde luego, no se llevaría bien con la Orden.
“Si alguna vez llegara a tener la fuerza suficiente para ascender a la divinidad, creo que tanto la Orden como los Caídos lo encontrarían igualmente repugnante. Hay una diferencia entre el Caos y la locura pura. Es inestable. Peligroso.”
Eso hizo dudar a Renewal. Revin era fuerte para ser mortal, pero eso no justificaba en absoluto el tono de voz de Decras. Casi parecía que el dios respetaba a Revin.
—¿Deberíamos… echar un vistazo? —preguntó Renewal con cautela—. ¿Solo para asegurarnos de que no esté haciendo nada demasiado peligroso?
—Tiene sus maneras de ocultar su presencia, incluso de mí. No puedo esforzarme demasiado en observarlo o llamaré más la atención de la que deseamos —respondió Decras. Pero, a pesar de sus palabras, extendió una mano hacia la imagen brillante. Su rostro se contrajo, concentrado. —Veré si está de humor para exhibirse. Suele disfrutar de la compañía.
* * *
Un golpe resonó en la oscura cueva, repicando contra la piedra como el tañido de una campana fúnebre. El aire estaba quieto y estancado; la única luz provenía de una lejana grieta en el techo, muy por encima de la pared.
Aquella luz apenas bastaba para iluminar las motas de polvo que se arremolinaban en el aire, formando una bruma sobre un hombre encapuchado. Estaba de pie ante un antiguo altar. Tanto el hombre como el altar permanecían ocultos por la profunda y densa oscuridad que los envolvía.
El eco del golpe se desvaneció en la cueva vacía. Luego, solo hubo silencio. Varios segundos se arrastraron lentamente. Entonces, el hombre encapuchado alzó la mano y volvió a golpear el altar. Era un golpe ensayado, que parecía seguir una melodía.
Los ecos se extendieron y se desvanecieron; el silencio volvió a reinar.
El hombre encapuchado se rascó la nuca. “Juro que lo estoy haciendo bien. Malditas Llanuras, esto es un fastidio. ¿Me habré equivocado de cueva? No, imposible. ¿Cuántas cuevas tienen un altar perdido en medio?”
Levantó la mano para llamar por tercera vez.
Entonces la tierra se agrietó. La piedra crujió y se hizo añicos cuando una mano surgió de debajo, abriéndose paso a la superficie como un cadáver que resucita del más allá. Rayos de luz amarillo-anaranjada brotaron del suelo, inundando la habitación mientras la mano se retiraba de golpe bajo tierra.
Reapareció un instante después junto a una segunda mano, rompiendo aún más la piedra y haciéndola caer en una cámara bien iluminada debajo de donde se encontraba el hombre encapuchado. A las manos siguieron una cabeza y luego un cuerpo.
Otro hombre trepó al interior de la cueva, sacudiéndose inútilmente el polvo y los escombros de la ropa.
—¡Jamás encuentro la maldita puerta! —murmuró el hombre—. Todo el mundo piensa que las entradas secretas son geniales hasta que las esconden demasiado bien. ¿Y entonces qué? ¿De qué sirve una puerta escondida si ni siquiera el que la escondió puede encontrarla?
El hombre encapuchado dejó caer la mano que estaba a punto de golpear el altar. —Yo…
—No importa. Luego pondré una puerta nueva —dijo el recién llegado negando con la cabeza, interrumpiendo al otro antes de que pudiera siquiera intentar responder—. ¿Quién eres y por qué estás golpeando mi techo?
—Estoy bastante seguro de que esto es exactamente lo que me dijiste que hiciera si fuera a buscarte —respondió el hombre encapuchado.
—Mmm. ¿En serio? —El hombre cubierto de polvo frunció el ceño y entrecerró los ojos mirando al otro—. ¿Estás seguro? No creo que nos hayamos conocido.
“Sin duda alguna. Créeme, tu rostro es difícil de olvidar. Pasaste casi diez minutos describiéndome paso a paso la secuencia exacta de tareas que debía realizar para encontrarte de nuevo. Seguí tus instrucciones al pie de la letra, y debo decir que eran pésimas. Me enviaste a una docena de cuevas inútiles antes de esta. En cualquier caso, te aseguro que no era un lugar donde quisiera estar. Habría elegido cualquier otra opción si hubiera estado disponible. Desafortunadamente, las cosas se han complicado. Por eso estoy aquí.”
—No querías hablar conmigo y aun así viniste —dijo el otro hombre rascándose la barbilla—. Bueno, sin duda nos hemos conocido.
“¿Te han dicho alguna vez lo insoportable que eres?”
—Oh, todo el tiempo. —Los labios del hombre se entreabrieron. La luz amarilla que se filtraba en la oscura cueva por el agujero que había hecho en el suelo se reflejaba en sus dientes: dos hileras de colmillos afilados como navajas, como los de un demonio, retorcidos en una amplia y peligrosa sonrisa—. ¿Cómo te llamas, muchacho?
“No soy un niño. Soy un Inquisidor. Los cadáveres que dejo a mi paso me han asegurado que jamás volveré a ser joven.”
El hombre de dientes afilados soltó una carcajada. "¿Cuánto tiempo te llevó pensar en eso? ¿Practicaste frente al espejo antes de irte a dormir chupando un caramelo?"
“No como dulces antes de acostarme. Son malos para mis dientes.”
—Así es. Así es el buscarme, así que debes tener un verdadero deseo de morir. Tu nombre, Inquisidor.
“Soy Tillian. Tillian del Despertar Carmesí, Inquisidor de la Dama Roja.”
—Ah, sí. Ahora me acuerdo de ti. Ese título tan largo rezuma arrogancia o idiotez, pero no pienso quedar en ridículo en esto de medir quién manda. Siempre me ha gustado el deporte. —La sonrisa del otro hombre se extendió desmesuradamente por su rostro, mucho más de lo que cualquier boca humana debería poder abarcar—. Espero que tuvieras una muy buena razón para venir a buscar a Revin el Devorador de Dioses, Inquisidor, porque lo has encontrado.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 660
Estás leyendo el capítulo 660 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.