Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 621 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La máscara de Noah ocultaba de forma extraordinaria la sangre que le corría por la cara.
El dolor lo envolvía por completo. Espinas se clavaban en su estómago y se le clavaban en la columna, intentando desintegrarlo desde dentro. Un dolor de cabeza insoportable le palpitaba en la cabeza y tenía la boca seca como la arena del desierto.
Hacía mucho tiempo que un Inquisidor no usaba su magia contra él. No había olvidado la sensación en absoluto, pero era mucho más fuerte que la última vez que se enfrentó a uno.
Podía soportarlo. No era una experiencia agradable ni mucho menos, pero eso no importaba. Noah podía soportar el dolor. Había sentido cosas peores. Mientras los Inquisidores se creyeran su cuento, se quedaría en el centro de la sala absorbiendo la magia ardiente durante el tiempo que hiciera falta.
Y funcionaba.
La sala entera quedó sumida en un silencio atónito. Inquisidores, demonios y nobles permanecieron inmóviles, congelados como un mar de esculturas de hielo, paralizados por la incredulidad.
Ninguno de ellos supo quién era ni qué se suponía que era. Afirmaba provenir de las Llanuras Malditas, resistir la magia de los Inquisidores, pero no colaboraba con los demonios atacantes.
Intentar discernir sus intenciones era imposible.
Incluso para él.
La verdad es que no pensaba hacerlo así. ¿Cómo es que justo elegí el día en que los demonios estaban tramando algo? ¿Por qué hay tantos Inquisidores por aquí? ¿Y qué demonios iba a decir Salthazar sobre Orlen antes de morir?
Llevo un buen rato diciendo puras tonterías. Voy a tener que ir al baño si sigo diciendo estupideces... pero al menos he conseguido casi todas las runas que quería, e incluso algunas más.
El plan original se ha ido al traste, pero ¿a quién le importa? Ya tenemos lo que buscábamos. Ahora solo necesito una salida… y, de paso, probar algunas cosas.
—¿Eres hombre o demonio? —preguntó el Inquisidor ante Noé, apretando su rosario contra su pecho como si fuera un collar de perlas alrededor del cuello de una mujer rica que nunca había trabajado por un centavo en su vida.
—Elimínenlo —ordenó otro Inquisidor, liberándose de la sorpresa—. Hombre o demonio, planea colaborar con el enemigo. Spider es nuestro adversario.
El primer Inquisidor sacó una daga de su cintura y se cortó la mano con ella. La sangre brotó a borbotones, formando un río que lo envolvía.
Se oyó un golpe húmedo.
La sangre salpicó la ropa de Noé.
El Inquisidor se quedó paralizado. Se tambaleó y luego miró hacia abajo, a una mano con garras que sobresalía de su pecho, con los dedos aferrados a un corazón que aún latía.
Sus labios se entreabrieron. Nunca supieron si fue por sorpresa o por dolor. La mano se cerró con fuerza y el órgano crujió como un saco de carne mojado, que es lo que Noah supuso que era. Sin decir palabra, el Inquisidor se desplomó hacia adelante.
Cayó desplomado al suelo y el rosario se le escapó de las manos. Resonó contra el suelo de piedra con un fuerte crujido. Varios huesos se hicieron añicos y sus fragmentos rodaron hasta detenerse alrededor del cadáver, rápidamente engullidos por el creciente charco de sangre que se extendía a su alrededor.
Y sobre el cadáver estaba Lee. Las uñas de su mano, ahora teñidas de rojo, se habían afilado formando puntas alargadas. Sangre y vísceras la cubrían como una capa espesa de pintura sin mezclar. Goteaba y salpicaba el suelo junto al Inquisidor.
A Noah le costó un instante darse cuenta de que la reconocía.
—Quien se acerque a Spider morirá —dijo Lee, con su voz resonando en la silenciosa habitación.
No era una amenaza. Era una promesa.
—Un demonio mató a un inquisidor —susurró un noble. Su miedo se extendió por la sala como una serpiente invisible, enroscándose en el aire en un instante.
Hubo otro momento de silencio.
“¡Corran!”, gritó una mujer.
Los nobles se dispersaron en todas direcciones. La magia surgió y el caos descendió como una pesada manta, solo para ser arrancado bruscamente apenas un instante después cuando un inmenso dominio se abatió sobre toda la sala.
La escarcha que cubría el suelo y las paredes se hizo más espesa. Noé recurrió con todas sus fuerzas a la Combustión, extrayendo poder de la Runa Maestra para evitar que su cuerpo comenzara a congelarse.
—Cálmense —dijo una mujer, emergiendo de entre la multitud de inquisidores y quitándose la túnica. Una armadura blanca y plateada, brillante, cubría su cuerpo, con un patrón de fractales únicos inspirados en la nieve que cae.
Cada paso que daba dejaba una huella helada en el suelo. De ella se elevaban espirales de niebla gélida, de las que se extendían filamentos de hielo que congelaban porciones de tierra. Su mirada se clavó en Noé: dos lagos planos y helados. Sus rasgos angulosos eran completamente inexpresivos.
A Noah se le erizó el vello de la nuca, y no era por el calor. Ella era fuerte. No la persona más fuerte a la que se había enfrentado, pero después de conocer a Sievan, sería muy difícil que alguien pudiera igualarla.
Lee agachó la espalda al acercarse la mujer, pero Noah le puso una mano en el hombro.
Era mucho más fuerte que un Rango 4 promedio, pero no se trataba de una simple Inquisidora. Era demasiado fuerte. Para tener un dominio tan grande… era de Rango 6, y era tan fuerte como lo había sido Evergreen, si no considerablemente más poderosa.
—Espera —dijo Noé—. Sospecho que esto no llegará a ninguna parte, pero soy del tipo monógamo.
—Me parece magnánimo —le susurró Lee.
Desafortunadamente, no susurró lo suficientemente bajo como para evitar que su voz llegara a todos los oídos de la casa de subastas.
Vamos a tener que trabajar un poco en nuestro tono de voz.
—De acuerdo. Gracias —dijo Noah en un susurro mucho más suave antes de alzar la voz de nuevo—. De la clase magnánima. No tengo ningún problema con los Inquisidores, y no creo que tengan ningún motivo real para tenerlo conmigo.
—Sé que te gustaría que fuera así —dijo la mujer en voz baja—. Pero incluso si ignoro a mi hombre —a quien acabas de asesinar—, eres de la clase vil que se relaciona con demonios. Tu especie debe ser erradicada por el bien del reino.
Noah alzó una mano. Su máscara reprimió la mueca de dolor que le marcó el esfuerzo del gesto. “Ah. Ves, te equivocas un poco”.
—Dígame, por favor —dijo la inquisidora—. Me fascinaría conocer mis defectos.
Su voz era tan monótona que parecía una auténtica puñalada de sarcasmo clavándose en las entrañas de Noah… o quizás simplemente eran todos y cada uno de sus órganos internos a punto de fallarle.
Los demás Inquisidores deambulaban confundidos, con sus rosarios preparados en mano. No querían atacar sin su permiso, pero esperar allí, rodeados de demonios ocultos, era prácticamente pedir a gritos que les arrancaran la cabeza.
Por suerte —o quizá por desgracia, según se mire— los demonios no se atrevieron a luchar. Les iba a resultar difícil creer que Spider no fuera un demonio. Y si lo era… les había ofrecido la luna y las estrellas.
Ninguno de ellos se atrevió siquiera a considerar romper la tensa paz hasta que hubieran tenido la oportunidad de escucharlo. Solo una vez que hablara podrían arriesgarse a revelarse.
Los inquisidores también lo sabían. Uno de ellos se acercó a la mujer con armadura, con el rosario enrollado en las manos y la mirada fija en Lee y Noah.
—Señora Fuyin, nuestras órdenes eran purgar sin…
—Nosotros —dijo Noé en voz alta— no somos demonios. Ninguno de mis asociados lo es.
—Tu compañero tiene un cuerno —dijo Fuyin con voz monótona—. Ni siquiera intentan ocultar su origen.
—No sabía que los ciervos también fueran demonios —dijo Noé—. Aunque algunos de nosotros compartamos ciertos rasgos con la raza conocida como demonios, no somos de su misma especie. Ya no.
El Inquisidor que lo había acompañado hacía un momento tomó su rosario y lo alzó en el aire. Noah se contrajo el estómago. No podía permitirse atacar. Matar al hombre no sería demasiado difícil, pero destruiría la sensación de control que había logrado arrebatarle.
En el momento en que quedara claro que los ataques de los Inquisidores le afectaban, todo se desmoronaría. Y, antes de que eso sucediera, todos los demás debían escapar.
—Entonces dime, ¿qué eres? —preguntó Fuyin—. Adrien, ponte de pie…
El Inquisidor dio un paso al frente. Una luz blanca y brillante se encendió en el rosario.
“¡Mueran en agonía, demonios!”, gritó el hombre, arremetiendo hacia adelante.
Y entonces Lee apareció ante él. Su puño cerrado impactó contra su estómago. El hombre se dobló de dolor y dejó escapar un jadeo de sorpresa. El rosario se agitó en su mano, a punto de salir volando, y la mano de Lee lo sujetó con fuerza.
Los ojos del Inquisidor se abrieron de par en par.
“Puedes tocar…”
Su cabeza se echó hacia atrás en mitad de la frase, seccionada por el cuello, y cayó al suelo con un golpe seco. Un instante después, el resto de su cuerpo también cayó. Lee sostuvo el rosario frente a ella, observando cómo se desvanecía la luz, y luego lo arrojó sobre el cadáver del hombre.
—Te lo advertí —dijo Lee en voz baja.
Transcurrió un breve silencio.
Pues parece que mi teoría era acertada. Los Inquisidores no poseen magia antidemonio. Tienen magia anti-Decras… y a Lee no le queda ninguna runa original de Decras. La consumió para evolucionar.
—¿Viste eso? —preguntó el demonio que estaba en la plataforma de Jalen, con un asombro que brillaba en sus ojos como la luz de un rosario—. ¡Ese demonio es inmune a la magia de la Inquisición!
No era la única. Murmullos de excitación se elevaron entre la multitud, provenientes de demonios incapaces de contener su incredulidad.
—Esto es lo que prometo —gritó Noé—. A todo demonio que deponga las armas y se una a mí, le concederé la evolución. Lo convertiré en quien siempre debiste ser. Las runas que llevas dentro son cadenas, pero puedo romperlas.
La inquisidora Fuyin miró fijamente a Noah, como si intentara arrancarle la máscara con la mirada. No parecía preocuparle demasiado la presencia de los hombres muertos a sus pies.
—Aunque no seas un demonio, no creas que te permitiré empoderar a los mayores enemigos de la humanidad —dijo Fuyin. Juntó las palmas de las manos. Al separarlas, se formó una espada reluciente.
—No serán tus enemigos —dijo Noah—. Los demonios son tan víctimas de su poder como la humanidad. El motivo por el que cazan humanos no está en sus manos… pero puedo cambiarlo. Si tu deseo es purgar a los demonios de este mundo, Inquisidor, entonces soy tu mayor aliado.
“¡Mentiroso!”, gritó otro Inquisidor.
Los labios de Noé se curvaron en una mueca de diversión tras su máscara.
Lo más gracioso es que, sinceramente, puedo eliminar por completo la mayor parte de la amenaza que representan los demonios. La mitad de ellos solo cazan personas porque sus runas los obligan… pero lo único que importa es que les he dado a los demonios un motivo para luchar.
Después de esto, los demonios, desesperados por liberarse de su debilidad, crearán una distracción suficiente para que Lee y los demás puedan escapar. A quienes logren encontrarnos, les cumpliré mi promesa. Si quiero enfrentarme a los nobles que buscan la Runa Maestra de Isabel, necesitaré un ejército.
No puedo dejar pasar esta oportunidad. No es culpa mía que me la hayan presentado en bandeja de plata.
—¡Alto! —dijo Fuyin, levantando una mano.
Noé parpadeó sorprendido.
En su rostro se reflejaba una genuina reflexión. Estaba considerando seriamente sus palabras.
—¿Cómo? —preguntó Fuyin.
Muchos de los otros Inquisidores se volvieron hacia ella sorprendidos. Un hombre corpulento se abrió paso entre las filas, echándose la capucha hacia atrás para revelar a un hombre calvo con una barba espesa y espesa y unos inquietantes ojos dorados. El hombre apenas parecía humano. Medía casi dos metros y medio de alto y era desproporcionadamente ancho. Era como si un muro de ladrillos se hubiera fusionado con la carne.
—No puedes estar pensando en escucharlo —dijo aquel hombre corpulento—. Fuyin, te estás extralimitando. Tenemos órdenes.
—Nuestro deber es encontrar la forma de detener a los demonios. Spider afirma poseer uno —dijo Fuyin con voz firme—. Hemos esperado hasta ahora. Creo que es prudente esperar aún más, Inquisidor Tren.
¿Ella no es la que está al mando? Imposible que hayan enviado a dos de Rango 6 para esto, ¿verdad? ¿Eso significa que Fuyin es en realidad una Rango 5 muy fuerte? ¡Caramba! Me encantaría ver qué runas tiene por ahí.
—Se desestima tu solicitud, Fuyin. Discutiremos esto tras la conclusión de esta Inquisición. Parece que tu actitud necesita un cambio —dijo el hombre corpulento. Se volvió hacia Spider y sacó un enorme rosario de entre sus mangas, crujiéndose el cuello—. Inquisidores, prepárense para…
—Podrías intentarlo —dijo Noah con voz arrastrada. Si Fuyin estaba interesado en su oferta… quizá podría sacar provecho de ello—. Y muchos de ustedes morirán. Quizá la mayoría. Pero ¿para qué cortarle la cola al lagarto si simplemente volverá a crecer?
—¿Qué propones? —preguntó Fuyin.
Tren la fulminó con la mirada. —Basta, Fuyin. Tus órdenes son purgar. Este arrogante necio se cree el líder de los demonios, pero lo único que sabe hacer es ganar tiempo. No habrá más…
—Yo me quedaré. Todos los demás se irán —dijo Noé—. Tendrás muchas oportunidades de matar demonios en el futuro… pero ¿cuántas tendrás para obtener información de quien puede detenerlos?
—¿Qué? —preguntó Lee, girándose hacia Noah.
—O puedo matarte a ti y a todos los demás demonios de aquí —gruñó Tren—. Y entonces conseguiré todo lo que quiero.
—Puedes intentarlo, por supuesto —dijo Noé—. Y pase lo que pase, no aprenderás nada de lo que yo tengo para compartir. Necesitas el conocimiento que poseo, Inquisidores. Así que dime: ¿perderás la batalla por una oportunidad de ganar la guerra?
El hombre enorme miró fijamente a Noah. A su alrededor, los Inquisidores se movían inquietos y la multitud, nerviosa, los observaba. Si Tren atacaba, sería una masacre. Aun con tantos Inquisidores, había suficientes demonios como para causar una destrucción enorme, y todos lo sabían.
—¿Qué te crees? —gruñó Tren—. ¿Una especie de salvador?
Noah sonrió. Su grimorio le había dado la respuesta perfecta para eso, aunque el libro no había estado pensando en ese escenario en particular la última vez que hablaron.
“Prefiero considerarme un heraldo.”
—¡Jamás te dejarán vivir! —gritó un demonio. Noah alzó la vista hacia la voz; era Aylin quien había hablado—. ¡Si haces esto, morirás! ¿Por qué arriesgarías tanto por demonios que no conoces?
Bien, Aylin.
—Porque no soy tan fácil de matar —dijo Noah con sencillez—. Hoy será recordado como una demostración de mi poder. Depende de los Inquisidores determinar si mi memoria quedará grabada en la historia con sangre o pluma. Así que, ¿qué dices, Tren? ¿Arriesgarás tus posibilidades de una verdadera victoria solo por matar a unos cuantos demonios?
Tren miró a Fuyin y luego apretó los dientes.
“Habla, entonces.”
Anzuelo, sedal y plomada.
“Primero deben evacuar todos. Yo me quedaré. Y entonces —solo entonces— negociaremos.”

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 622
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 621
Estás leyendo el capítulo 621 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.