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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 604 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah no recordaba mucho del minuto siguiente. El alma de Yoru se desdibujaba y flotaba en los bordes de su visión mientras el Grimorio corría a toda velocidad por el jardín, pisoteando las flores a cada paso. Destellos de luz de luna surcaban el aire como relucientes gotas de lluvia plateadas. Algunas fallaron; otras impactaron de lleno contra el grimorio y atravesaron el cuerpo del monstruo. Ni una sola alcanzó a Noé. Su atención estaba completamente centrada en dibujar runas. El resto del mundo era solo una distracción. No había otra opción. Noah no podía permitirse distraerse con cosas sin importancia, como evitar la muerte. Eso solo le quedaba en manos de su grimorio. El monstruo le había prometido que lo protegería mientras trabajaba; Noé debía creerle. Así que, incluso cuando el olor a flores marchitas y sangre se mezclaba en el aire, empañando la otrora dulce fragancia del jardín, continuó trabajando. Noah dibujaba mientras el cielo se desplomaba a su alrededor. Trabajaba mientras los arbustos que cubrían el suelo comenzaban a marchitarse, y trabajaba mientras grietas blancas se abrían paso desde debajo de la tierra y dejaban que una nueva luz inundara el alma de Yoru. No había tiempo para hacer nada más. Cada runa que terminaba, se la lanzaba a Yoru. Ella se arrodilló en el suelo, lágrimas de sangre le corrían por las mejillas y se unían a los ríos que le brotaban de la nariz. Su rostro estaba contraído por el dolor y la concentración. No podía distinguir si estaba combinando runas o no, y no tenía tiempo para comprobarlo. Noah sí notó que ya no quedaban Fragmentos de Pegajosidad. Yoru los había hecho añicos. Estaba intentando formar su propia runa del Ser. No podía permitirse el lujo de comprobar si funcionaba. Lo único que podía hacer era seguir fabricando componentes. Al menos, eso fue hasta que la presión en su interior comenzó a aumentar. Era una sensación extraña, como una capa invisible de agua que la envolvía por completo. El pecho de Noah se le oprimía y respirar se le hacía cada vez más difícil. —¡El demonio es demasiado lento! —rugió el Grimorio mientras corría, y el aullido del viento en los oídos de Noah casi ahogó la voz del monstruo—. ¡Su alma no puede contener tantas runas, aunque sean de rango 1! ¡Va a quebrarse! —Déjame junto a ella —ordenó Noah, agarrando una runa de Luz que acababa de crear—. Y cúbrenos a los dos. —¿Protegeros a los dos? ¿Qué te crees que soy? —exigió el Grimorio. Pero, a pesar de sus quejas, el polvo a sus pies se levantó al frenar en seco y cambiar de dirección, lanzándose de nuevo hacia Yoru. El mundo se estremeció a su alrededor cuando el monstruo se irguió. Los ojos de Noé apenas tuvieron un instante para abrirse antes de ser lanzado por los aires como una pelota de béisbol; una ráfaga de maldiciones se apagó cuando el viento le golpeó la garganta y casi lo asfixió en el acto. Cayó al suelo con un quejido de dolor, rodando para mantener el impulso y poniéndose de pie rápidamente. El Grimorio había sido sorprendentemente preciso al lanzarlo. Aterrizó a escasos centímetros de Yoru, lejos de la nube de Runas de Rango 1 que la envolvía. Noah apartó las runas y la agarró por los hombros. El golpe seco de una hoja al cortar carne resonó a sus espaldas, pero ni siquiera se giró. O el Grimorio lo protegería o no. Preocuparse no cambiaría absolutamente nada. "Yoru", dijo Noah. Ella parpadeó somnolienta mirándolo. Los ojos azules y apagados de Yoru estaban vidriosos, su expresión casi lánguida. No se encontraba bien. Noé la sacudió. Ella se puso rígida y contuvo el aliento. “¿Qué? ¿Qué está pasando?” —Las runas —espetó Noah. Una grieta de daño al alma serpenteó a su lado. La tierra cayó en cascada, desvaneciéndose en el vacío blanco, pero Noah la ignoró—. Debes combinar las runas que te he creado. Hay varias de rango 1 aquí. Las que hice para ti. Solo concentra tu intención y júntalas. —Nunca he combinado una runa por mi cuenta —tartamudeó Yoru. Su voz comenzó a desvanecerse de nuevo—. No sé cómo. Noah la abofeteó. No fue su momento de mayor orgullo. Golpear a una niña era lo último que un maestro debía hacer, pero Yoru no era una niña. Era un demonio ancestral sin experiencia en tomar decisiones por sí misma. Aun con su alma hecha pedazos, seguía siendo tan fuerte que golpearla era como darle una palmadita en el hombro. —¡Basta ya! —gritó Noah—. Tomaste una decisión, Yoru. Quería ir despacio. Tú no. Viniste a mí y rompiste tus runas. Está bien. Fue tu decisión. Pero no vas a tomar una decisión y dejar que otro se encargue de las consecuencias. Vas a combinar estas malditas runas, y te va a gustar. Yoru lo miró fijamente, y la claridad comenzó a cobrar vida en sus ojos. "¿Cómo?" “Visualiza lo que deseas”, dijo Noé. “Enfoca tu intención. Ni muy amplia ni muy específica. Las runas de rango 2 deberían ser algo como Luz de Luna. Las de rango 3 pueden ser un poco más específicas. Piensa en los elementos de la luna que quieres encarnar. Reflejo, ese tipo de cosas. No olvides tener en cuenta cada parte de la runa al crearla. Si tienes luz y agua para crear Reflejo a la Luz de la Luna, recuerda tener intención para ambos elementos y no solo para el resultado final”. “¿Y si me equivoco?” “Entonces lo arreglaré. Eso es lo que hago. Arreglo los errores de la gente, pero no se puede cometer un error si no se hace algo, y no hay nada peor en este mundo que quedarse de brazos cruzados y dejar pasar la oportunidad de intentarlo. ¿Quieres libertad, Yoru? Entonces actúa. Fracasar no pasa nada. Para eso estoy aquí. Pero si no actúas, mueres.” Yoru tragó saliva con dificultad. Parpadeó, y cuando volvió a abrir los ojos, algo había cambiado en su mirada. Había determinación. Había emoción. —Lo haré —dijo Yoru. Extendió la mano hacia una de las runas y un escalofrío la recorrió. Los ríos de sangre que le corrían por la cara se ensancharon y dejó escapar un siseo ahogado de dolor. La presión que la invadía se intensificó. Una presencia abrumadora se abalanzó sobre la espalda de Noah y casi lo hizo caer de rodillas. "¿Qué demonios?" —Profecía a la luz de la luna —jadeó Yoru—. No me deja. —¡Maldita sea esta runa! —Noah rechinó los dientes y se giró hacia la enorme Runa Maestra que se alzaba en el cielo—. Yo me encargo de la runa, Yoru. Tú concéntrate en tu trabajo. "Pero-" —¡Grimorio! —gritó Noah. La ira le arremolinaba en el pecho y lo invadía por completo. Estaba hasta el cuello con esa Runa Maestra—. ¡Intercambia conmigo! Sé que ya puedes duplicar runas. Dale lo que necesita. Recoge toda la energía que tengas que extraer, pero no dejes que falle. Un destello negro lo envolvió todo. El suelo junto a Noah estalló cuando el Grimorio se estrelló contra él, con la runa de espaldas. Una hoja se abalanzó sobre el monstruo, pero este la estiró y la aplastó antes de que pudiera alcanzarlo. —Me preguntaba cuándo te harías cargo, Heraldo —dijo el Grimorio—. Esta es una tarea para la que estoy mucho más capacitado. Si destrozas la runa, déjame los restos. Noah apenas oyó el Grimorio. La sangre le retumbaba en los oídos y apretaba los puños con tanta fuerza que se le pusieron blancos los nudillos. Había límites que no se podían cruzar. La Gran Runa no iba a morir. No iban a destrozarla. Lo único que Yoru quería era autonomía sobre su propio cuerpo. Y esa simple petición bastó para que Profecía Lunar decidiera consumir el alma del demonio a su alrededor. Ella solo quería ser su compañera, pero el demonio prefería matarla antes que permitirle ser otra cosa que una esclava. La presión recaía sobre los hombros de Noé. La Profecía a la Luz de la Luna estaba completamente centrada en él. —Vamos a tener un problema —dijo Noah entre dientes. Extendió la mano hacia Sunder. Su Maestro Rune respondió, y Noé abrió las compuertas del diluvio. Por primera vez, en lugar de racionar el poder de la runa, extrajo de ella hasta la última pizca. La presión en el alma de Yoru era tan grande que no necesitaba sus propias runas para resistir su presencia. La Profecía a la Luz de la Luna se encargaba de eso por él. El aire a su alrededor crepitaba. Destellos de luz negra centelleaban alrededor de la mano de Noah como arcos de relámpagos. Instintivamente, extendió el brazo y abrió el puño. Se oyó un crujido seco. Un destello de oscuridad rasgó el aire y una lanza se materializó contra la palma de la mano de Noé. Era tan negro como la noche. Unos diseños casi invisibles cubrían su superficie, desde la punta de la hoja hasta la base del mango. Aun sin poder leerlos, Noah sabía con certeza que eran los mismos patrones que cubrían Sunder. El arma tembló en su mano. No por rebeldía, sino por excitación. Almacenaba tanta potencia que Noah sintió como si se hubiera bebido doce tazas de café expreso de golpe. La adrenalina y una energía nerviosa le recorrían las venas como un incendio forestal. La luz de la luna se concentró sobre la cabeza de Noé. La tierra suelta a su alrededor tembló y rebotó. Noé ni se inmutó. El poder de Sunder emanó de él en oleadas, combatiendo la Profecía de la Luna e impidiendo que lo aplastara. La luz plateada se transformó en una espada enorme, y una mano blanca pura se materializó alrededor de su empuñadura. La luz siguió concentrándose y la mano se convirtió en un brazo, conectándose con el cuerpo completamente blanco plateado de un demonio conocido. Era Yoru, pero a la vez, no podía estar más lejos de ella. Solo conocía un aspecto del demonio: la fría y calculadora indiferencia con la que veía el futuro. Esto era Profecía a la luz de la luna, y lo único que había hecho era robarle la forma. Sin mediar palabra, Profecía Iluminada por la Luna alzó su espada. Una delicada luz blanca nadaba en su interior, una galaxia de estrellas atrapada en una espada. Entonces reinó un instante de quietud. Todo quedó en silencio. El mundo pareció contener la respiración, sobrecogido por el poder que se manifestaba ante Noé. Entonces Noé oyó el goteo de la sangre sobre la tierra. Sintió las suaves fluctuaciones de poder mientras Yoru trabajaba para combinar sus runas. Seguía las órdenes de Noé y no prestaba atención a la lucha. Estaba completamente concentrada en combinar una runa. —Conozco el futuro —dijo Profecía a la luz de la luna, su voz inexpresiva calando hondo en el alma de Yoru como una plaga helada—. Veré la puesta de sol en la eternidad. No puedes interponerte en el camino del destino. Este es mi recipiente. No puedes tenerla. Entonces, Profecía a la Luz de la Luna blandió la espada. El cielo mismo pareció transformarse. La enorme arma atravesó el firmamento como un meteoro al estrellarse y se precipitó hacia la cabeza de Noé. —No controlas el destino. Nadie lo controla. Lo único que puedes hacer es calcular probabilidades —dijo Noé, apretando con más fuerza la empuñadura de la lanza—. Y aquí, no puedes ver nada. Rechazo tu futuro. Noé clavó la lanza en la espada mientras esta caía. Las dos Runas Maestras chocaron entre sí, no con un estruendo ensordecedor, sino con un suave eco, como el de un trozo de cristal al ser golpeado. Una oleada de poder emanó de ambos sin siquiera un chasquido. Atravesó el alma de Yoru como un torrente de viento silencioso. Y, por un instante más, solo hubo silencio. Luego, una línea negra recorría longitudinalmente la hoja. Se hizo añicos. Una niebla plateada brotó del arma con un grito, y sus volutas se enroscaron en el aire, convergiendo en la palma del grimorio. La mano del monstruo apretó la magia con fuerza y esta se desvaneció, absorbida por sí misma. La presión que oprimía a Noah se desvaneció. Sin ella, nada impediría que Sunder lo aplastara. Intentó apartar la lanza, pero esta se hizo añicos y desapareció antes incluso de que pudiera terminar de pensarlo. La Runa Maestra había recuperado su poder. La versión plateada de Yoru cayó del cielo, aterrizando en el suelo frente a Noé y tambaleándose. —Imposible —dijo Profecía a la luz de la luna. Su estoica expresión, que se reflejaba en su rostro plateado, se desvaneció al asomar el miedo en sus ojos—. No puedes resistir al destino. —Puede que no, pero tú no eres el destino —respondió Noah. Se crujió el cuello—. Deja de interferir con Yoru. “Ella es mía. La crié desde que nació. La formé. La protegí. No eres más que un usurpador que busca robar el poder que me corresponde por derecho de nacimiento. ¿Quién eres tú para interponerte en mi camino?” —Él es el Heraldo —dijo el Grimorio, con deleite en cada palabra—. Rompe la runa, Noé. Destrúyela. El poder será tuyo; el cadáver, mío. Podemos usar este poder para nosotros. Con la visión de lo que está por venir, nadie podrá interponerse en nuestro camino. —No —dijo Noé—. Este poder no nos pertenece. Es de Yoru… y, francamente, no quiero tener nada que ver con esta runa. —¡No pertenezco a nadie! —gritó Profecía a la luz de la luna—. ¡Yo soy…! Noé dio un paso adelante, girando todo su cuerpo para poner todo su peso detrás de su puño mientras lo estrellaba contra la cara de Moonlit Prophecy. Se oyó un crujido satisfactorio. Sus ojos brillantes apenas tuvieron un instante para abrirse antes de que su nariz se hiciera añicos y saliera despedida hacia atrás. Su cuerpo rebotó dos veces contra el suelo antes de deslizarse y caer en una enorme grieta en el alma de Yoru. Una mano plateada se aferró a la tierra desmoronada al borde de la grieta. Noé se acercó a la runa, observándola mientras luchaba por mantenerse en pie, intentando evitar caer al abismo. Noé se agachó y sostuvo la mirada de la runa. —Quédate ahí —dijo Noé—. Tu poder le pertenece a Yoru, pero si intentas resistirte de nuevo, te mataré. —¿Desecharías mi magia? —preguntó la runa—. ¿El poder de controlar el futuro, todo por una niña inútil? Noé se inclinó y agarró a Profecía Iluminada por el cabello. La levantó en el aire frente a él y se inclinó para que ella pudiera observar bien sus rasgos. “Sin pensarlo dos veces.” Arrojó la runa al suelo. La Profecía a la Luz de la Luna no iba a interponerse en su camino de nuevo. O la runa cedía o moría. No iba a arriesgar la vida de Yoru por ella después de todo el daño que ya había causado, pero ni siquiera sabía si eso sería suficiente. Las grietas que recorrían su alma se abrieron y ensancharon. Era uno de los daños más graves que jamás había visto. Si empezaba a repararlo ahora, existía la posibilidad de que su alma colapsara. Necesitaba recuperar la presión de sus runas antes de que él pudiera remendar las grietas. —Vamos, Yoru —murmuró Noah entre dientes, volviéndose para observar al demonio mientras apretaba los puños a los costados—. Ya no hay nada que se interponga en tu camino. Solo estás tú y las runas. Era una carrera contrarreloj, y Yoru era quien corría. Noé había hecho todo lo que podía. Ahora era su turno.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 604

Estás leyendo el capítulo 604 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.