Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 490 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Una suave brisa se deslizaba por las oscuras calles de Treadon. La noche envolvía la ciudad con su denso manto, interrumpido solo por los tenues destellos de las linternas que salpicaban las calles. El murmullo lejano de las conversaciones y el eco de los pasos rozaban los oídos de Gex mientras se acercaba sigilosamente a la plaza del mercado, con una daga envenenada agarrada con la mano floja a su lado.
El olor a polvo y metal oxidado lo envolvía mientras avanzaba. Le picaba la nariz y le hacía lagrimear ligeramente, pero lo disimulaba con el aroma de las calles. Era un fantasma que transitaba por la noche. Y, cuando terminara su trabajo y volviera a casa, otro fantasma ocuparía su lugar en las sombras.
Gex era un profesional. Al menos, lo juraría y perjuraría. Llevaba haciendo esto más tiempo del que la mayoría de los demonios que vivían en las calles llevaban vivos. Se le escapaban los nombres de todas las personas a las que había enviado al otro mundo, así como la cantidad. Ya nada le importaba.
Lo único que importaba era cumplir con el trabajo. Un demonio de rango 3 era un poco más fuerte que sus presas habituales. No era una tarea que normalmente hubiera aceptado, pero bastó con echar un vistazo al pago que le ofrecían para que la aceptara sin dudarlo un segundo.
Nunca había visto a su empleador. Así eran las cosas. Una reunión secreta en una habitación oscura, el intercambio de dinero, y la promesa de una vida se esfumaba. No le correspondía preguntarse por qué le habían asignado el trabajo ni quién lo había ordenado.
Pero este trabajo era distinto. Con máscara o sin ella, el demonio que había dado la orden medía más del doble que Gex. Incluso con capa y máscara, su imponente figura era imposible de ocultar, al igual que su tono ronco. Parecía como si el demonio hubiera subsistido a base de arena y roca durante los últimos cincuenta años. Pero, a pesar de la voz, hablaba como un noble.
No era solo eso. El enorme demonio se movía con la confianza de un guerrero. No había miedo ni nerviosismo en sus movimientos, algo inusual para la clientela habitual de Gex. Eso no suponía ningún problema.
Ya había trabajado con demonios mucho más poderosos que él. Algunas muertes eran indignas de ellos. Sin embargo, lo que le molestaba a Gex era doble. Para ser más precisos, se trataba de dos demonios.
Aceptar trabajos arriesgados no le suponía ningún problema, pero Gex trabajaba solo. Siempre lo había hecho, y hasta que vio la paga que le ofrecían por este trabajo, siempre había planeado hacerlo. Incluir a otros solo complicaba las cosas.
Significaba menos dinero por el golpe. Más posibilidades de que algo saliera mal. Más maneras de ser traicionado. Pero, al ver la enorme bolsa de monedas, todas esas dudas se esfumaron. Había cosas que valían la pena el riesgo adicional.
Al menos, eso creía. Ya no estaba tan seguro. Algo en el estómago de Gex se revolvió. La noche estaba en silencio y desierta. No había motivo para preocuparse. No había visto ni rastro de los otros dos asesinos que se movían sigilosamente en la oscuridad, pero sabía que estaban allí.
Todos buscaban el mismo objetivo. A todos les habían pagado, así que no había razón para que entraran en conflicto. Lo único que importaba era la muerte del objetivo. Debería haber sido una de las tareas más sencillas que Gex había aceptado jamás, pero su instinto le decía lo contrario.
Por eso, Gex vaciló. No había vivido tanto tiempo ignorando sus instintos. Agudizó todos sus sentidos en busca de lo que lo inquietaba. El campamento no tenía nada de especial. Más bien, era patético.
No tenían perímetro de seguridad. Ni siquiera una guardia adecuada. Ni siquiera una iluminación apropiada para impedir que alguien como él pasara junto a las tiendas de campaña y se dirigiera a la grande que estaba al fondo de la plaza sin levantar la más mínima sospecha.
Y aun así, el sudor le corría por la nuca a Gex como un río delgado. Su piel pálida estaba húmeda y fría, y sus nudillos se le pusieron blancos al sujetar la empuñadura de la daga. Por más que lo examinó, nada parecía estar mal.
Nada estaba fuera de lugar.
¿Qué es esta sensación? Ya voy con retraso. Debería haber entrado y salido ya, con la misión cumplida. Probablemente alguno de los otros asesinos ya se encargó. Todos somos de Rango 3. Ya nos hemos ocupado de capos callejeros que se creyeron demasiado importantes.
Por mucho que lo pensara, nada servía de nada. La mente de Gex no encontraba absolutamente nada anormal, pero el resto de su cuerpo opinaba lo contrario.
No tiene sentido. Si algo hubiera salido mal, ya me habría enterado. Me he retrasado tanto que al menos uno de los otros asesinos debería haberse topado con las defensas de Aylin.
A Gex se le erizó la nuca y vaciló. No podían toparse con nada si no estaban allí físicamente. Ajustó el agarre de la daga para asegurarse de que el sudor frío que le perlaba las palmas no la hiciera resbaladiza.
¿Es posible que no hayan venido? ¿Soy el único aquí?
Reprimió esos pensamientos. Precisamente por eso trabajaba solo. Involucrar a otros solo complicaba las cosas. Daba igual si los otros demonios estaban allí o no. Tenía una tarea que cumplir y no había motivo para demorarse más.
Gex se acercó sigilosamente a la gran tienda. Se mantuvo agachado, mimetizándose con las largas sombras de la noche, asegurándose de que ningún ojo indiscreto lo viera. La inquietud que sentía en el estómago no eran más que nervios. La noche era extraña, pero no había nada de qué preocuparse.
Una banda se estrelló contra la boca de Gex, apretándola con fuerza y ahogando su jadeo de sorpresa antes de que pudiera escapar. Las bandas envolvieron su cuerpo en un instante, obligándolo a pegar los brazos a los costados y haciendo que su daga cayera al suelo con un estrépito, al tiempo que le aplastaban las extremidades contra el torso.
Gex forcejeó con furia —en vano— mientras sentía que su cuerpo se elevaba por los aires. Apenas podía distinguir unas pequeñas flores que brotaban en los bordes de las enredaderas que lo ataban, desprendiendo un tenue y dulce aroma.
La solapa de la tienda se abrió bajo Gex y una mujer salió; su cabello rojo le caía sobre los hombros como un manto de hierba ardiente. Las enredaderas que lo sujetaban salían de una de las mangas de su camisa.
—¡Malditas llanuras! —murmuró la mujer—. ¿Otra más? Esto ya es ridículo.
A Gex se le heló la sangre. Si no hubiera tenido la boca completamente tapada por una enredadera, habría soltado todas las maldiciones conocidas por los demonios. Precisamente por eso trabajaba solo. Al menos uno de los otros idiotas había caído en la trampa.
Las enredaderas se apretaron alrededor de Gex. Cada pizca de poder en su cuerpo era completamente inútil. Luchó con toda la fuerza que le otorgaban sus runas, pero las gruesas enredaderas eran más parecidas al metal que a la materia orgánica. Lo único que pudo hacer fue mover los dedos de las manos y de los pies.
El miedo lo recorrió como un rayo. Magia externa. Un demonio de rango 4 como mínimo. Eso no estaba en la descripción del trabajo.
Luchó por controlar sus nervios. Ya había estado en situaciones difíciles antes. Ninguna tan mala como esta, pero había logrado salir airoso de más de una trampa. A nadie le importaban los asesinos a sueldo. Les importaba quien los contrataba.
Es imposible que hayan atrapado a los otros dos. Uno debe seguir suelto. Si se dan cuenta de lo que pasa, pueden matar a esta mujer mientras la mantengo distraída interrogándome. Si no hay testigos, todo será más fácil. Solo tengo que ganar tiempo mientras me interroga.
Pero, para confusión de Gex, la mujer no le soltó la boca. Ni siquiera pidió ayuda. Simplemente lo observó, con una mezcla de fastidio y reflexión en el rostro. Las extremidades de Gex comenzaron a entumecerse por la fuerza con la que lo aplastaban.
—Me interrumpiste —dijo la mujer con voz tensa por la ira—. ¿No podías haber intentado hacer algo durante el día? ¿Por qué ahora? Estaba cómoda.
Gex habría estado encantado de responder y dirigir su atención en cualquier dirección posible, pero ella seguía sin hacer ningún movimiento para dejarlo hablar. Un dolor punzante le oprimía el pecho y los brazos. Las enredaderas se convertían en espinas. Abrió mucho los ojos e intentó forcejear con más fuerza, pero fue inútil. La mujer ni siquiera pareció darse cuenta.
Las solapas de la gran tienda se abrieron. Gex no dejó que sus ojos lo delataran, pero la esperanza le recorrió el cuerpo como la adrenalina. Su trabajo estaba hecho. Rango 4 o no, una daga en la nuca era más que suficiente para…
“He terminado, Moxie.”
La primera mujer echó un vistazo por encima del hombro. Gex siguió su mirada y sintió un vuelco en el estómago. La joven demonio que había salido de la tienda no era una asesina. Era otra demonio del campamento.
¿Por qué no me dejan hablar? ¿Acaso pretenden secuestrarme? ¿Con qué fin? ¿Qué traman?
—¿Y? —preguntó Moxie, ladeando la cabeza e ignorando por completo a Gex—. ¿Conseguiste algo útil?
“Sí. Eran solo tres, y los contrató un demonio enorme con una voz ronca.”
El estómago de Gex no podía bajar más, pero estaba bastante seguro de que había muerto y que su fantasma estaba en caída libre hacia el centro del mundo.
¡Maldita sea! Otro de esos cabrones ya nos delató a todos antes de que yo pudiera. Por eso mismo trabajo solo. ¿Por qué demonios acepté este maldito trabajo? Mi única esperanza es que aún no hayan atrapado al último asesino. Dos demonios son demasiados. No sé por qué hay un rango 4 en el campamento de un capo, pero es imposible que haya más de uno. Con tal de que caiga primero...
—¿Te acordaste de dejar intacto el segundo? —preguntó Moxie.
La demonio más joven se aclaró la garganta. “Creo que… tengo hambre. Es difícil luchar en silencio. Dijiste que me asegurara de que No… eh, Spider no se despertara. Eso cuesta extra. Impuesto de refrigerio. Quizás comer más me ayude a reparar mi Runa de Rango 4”.
No. Imposible. ¿Una segunda de Rango 4? ¿Está mintiendo? No. No tiene motivos para mentir. Esto fue una trampa. Tiene que serlo. Una fuerza invasora extranjera, comenzando por los bajos fondos de la ciudad y avanzando hasta arrasarla por completo.
—Un tentempié... bueno, da igual —dijo Moxie con cansancio—. Solo quería pasar un rato con Spider. ¿Es mucho pedir? Hace más frío de lo que pensaba, y estaba tan a gusto en la cama. La combustión lo calienta muchísimo. Como una estufa portátil.
“Está bien. Sigue dormido. Puedo olerlo.”
¿Qué clase de conversación es esta? ¡Actúan como si no estuviera aquí! ¡Maldita sea! Tiene que haber una salida. ¡Déjenme hablar, zorras! ¿Cómo saben que no sé algo que las demás ignoran?
—¿Sabes qué? Tienes razón —dijo Moxie. Las enredaderas que rodeaban el cuerpo de Gex se apretaron aún más. Habría abandonado el poco orgullo que le quedaba y gritado pidiendo ayuda, pero ni siquiera eso pudo. —Si este es el tercero, con tal de que me deshaga de él, podemos fingir que nuestra noche no se vio interrumpida. Buena idea, Lee. Solo tengo que asegurarme de que esto sea silencioso para que Spider no se despierte.
Finalmente, su mirada se alzó para encontrarse con la de Gex. En los ojos de Moxie no había ni una pizca de interés. Solo había fastidio e impaciencia. Levantó la mano hacia Gex. Cerró el puño con fuerza.
Las enredaderas se contrajeron en un instante, y la oscuridad envolvió la visión de Gex. Su grito, junto con el crujido de sus huesos, fue engullido por las espesas enredaderas. Solo tuvo tiempo para un último pensamiento antes de que el dolor cesara y su consciencia se desvaneciera en las Llanuras Malditas.
Espero poder presenciar desde el más allá el momento en que encuentren al noble Wastelicker que me jodió.

Continúa leyendo
El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 491
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 490
Estás leyendo el capítulo 490 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.