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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 361 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ulya contuvo el aliento hasta que los pasos del hombre se perdieron en la oscuridad. No era como si hubiera hecho algo realmente peligroso. Su magia no había sido tan extraordinaria. Claro, era bastante fuerte, pero ni de lejos mayor que la de Vermil. Había algo más en aquel hombre que gritaba peligro, y no eran sus técnicas ni sus habilidades. Era su porte, como si el éxito fuera inevitable y no hubiera absolutamente nada que ella o Will pudieran haber hecho contra él. Era como si le restara tanta importancia a nuestras habilidades que bien podríamos no habernos defendido. Los únicos que no respetan en absoluto las habilidades del oponente son los demasiado estúpidos para darse cuenta de que pueden morir o los que saben, sin lugar a dudas, que no pueden perder. —Maldito imbécil —murmuró Will, frotándose el brazo y sacudiéndose el polvo y los escombros de la ropa—. Cretino arrogante. —¿Decía la verdad? —preguntó Ulya—. ¿De verdad atacaste así a Mago Moxie? No deberíamos hacernos enemigos, Will. ¿En qué estabas pensando? —¡No me digas que le creíste a ese tipo! ¡Claramente me la tenía jurada! —exclamó Will, dejando caer la mano y fulminando a Ulya con la mirada—. ¿Acaso no se supone que estás de mi lado? ¡Estamos trabajando juntos! —Y Vermil también lo estará pronto. Todos pasaron las pruebas —señaló Ulya—. No creo que ese hombre mintiera sobre Vermil. Me enfrenté a él y no es de los que se andan con rodeos. No necesitamos crearnos enemigos sin motivo. Will resopló y negó con la cabeza, volviendo a su casa. “Cobarde. Si quieres agacharte y besarle los zapatos, allá tú. Yo no hice nada raro. Solo los estaba probando. Eso es todo”. ¿Qué demonios le pasa a Will? Juro que nunca había sido tan discutidor. Siempre ha sido un poco arrogante, pero esto es ridículo. Jamás habría entrado en el programa avanzado si siempre se hubiera comportado así. —¿Está todo bien? —preguntó Ulya—. No ha pasado nada raro, ¿verdad? —¡Alguien acaba de entrar en mi casa e intentó asesinarme! —espetó Will—. ¡Claro que tenía que pasar algo! Se agachó para pasar por el agujero de la pared, y Ulya frunció ligeramente el ceño. Había un pequeño bulto verde en la base del cuello de Will, justo encima de la columna vertebral. Solo lo vio un instante antes de que desapareciera de su vista. —Espera —dijo Ulya, siguiendo a Will—. Todavía llevas algo a la espalda. Déjame que te lo quite. Will, mientras apartaba unas piedras de su escritorio, miró a Ulya. —Sí, ya lo sé. Polvo. Y rocas. Muchas. ¿Te perdiste la parte en la que mi pared se derrumbó? ¿O fue la parte en la que me lanzaron contra la pared? —¡Deja de quejarte y date la vuelta! —dijo Ulya con irritación. Rodeó a Will y, con una mano, le bajó el cuello de la camisa. El bulto verde que había visto aún sobresalía de la nuca de Will; no era un resto vegetal como había pensado al principio, sino que estaba completamente incrustado en su cuello. No estaba adherido a él, sino dentro. La carne a su alrededor había sido retorcida y cosida, pero varias puntadas pequeñas se habían abierto durante la pelea, permitiendo que la sustancia verde se abriera paso hacia afuera. —¿Qué demonios...? —preguntó Ulya, mirando con incredulidad. —¿Qué ocurre? —preguntó Will, girándose para mirar a Ulya—. ¿Pasa algo? “Date la vuelta. Tienes que…” Una enredadera afilada brotó del costado del pecho de Will, desgarrando su ropa y lanzándose hacia Ulya. Ella se dejó caer al suelo, golpeándola con un gruñido de dolor y enviando una orden mental a su marioneta. Cobró vida de repente, desapareciendo en un destello de magia espacial y reformándose ante Ulya mientras ella se ponía de pie rápidamente y retrocedía. —¿Qué te pasa? —preguntó Ulya, retrocediendo un paso más—. ¿Estás loco? El cuerpo de Will se estremeció. Sus músculos se retorcían bajo la ropa, abultándose y moviéndose de forma antinatural. Finas costuras se formaron a lo largo de su piel, tensándose y desgarrándose con fuertes chasquidos mientras plantas brotaban de su interior. —Parece que debo disculparme —dijo una voz ronca y distorsionada que sin duda no era la de Will, mientras su cuerpo se deformaba aún más. Su piel se desgarró y cayó al suelo mientras materia vegetal se desprendía de él—. Me descuidé. No me di cuenta de que la marioneta estaba dañada. Espero que me perdonen, pero no puedo permitir que se lo cuenten a nadie. La magia brotó de aquella masa repugnante y retorcida, y Ulya no se molestó en decir ni una palabra más. La criatura frente a ella no era Will. Alzó las manos y su marioneta se lanzó por sí sola, no hacia Will, sino hacia ella. La atrapó, pero un fuerte crujido se oyó antes de que pudieran teletransportarse. Una serie de estallidos en su mente anunciaron la destrucción simultánea de todas las Imbuiciones. Ulya se tambaleó cuando una marioneta de afiladas zarzas le arrancó el títere. Media docena de ellas se clavaron en la parte trasera de la marioneta en un instante, destruyéndola por completo. Ulya tosió, la sangre le goteaba de los labios mientras el daño a sus Runas resonaba en su cuerpo. Se tambaleó contra la pared, limpiándose la boca con el dorso de la muñeca. “¿Quién eres? ¿Qué le hiciste a Will?” —¿Cómo te llamabas? —preguntó el monstruo que una vez fue Will—. ¿Ulya, verdad? ¿Tienes un diario que pueda leer? Necesito repasar lo que debes saber para cuando te reemplace. Ulya se giró y echó a correr, maldiciendo mentalmente su decisión de trabajar con marionetas y concentrar todo su poder en Imbuiciones, sin dejar nada para sí misma. Su marioneta más cercana no estaba por ninguna parte. Se arriesgó a echar una mirada por encima del hombro y al instante se arrepintió. Las enredaderas corrían por el callejón, abriéndose paso entre la piedra y alzándose tras ella como las fauces de un dragón maligno. Ulya se lanzó al callejón, chocando contra la pared en su prisa y quedándose sin aliento. Se ahogaba con su propia sangre mientras corría, pero no se atrevió a detenerse. La magia que la perseguía era más poderosa de lo que su modesto dominio jamás podría resistir, lo que significaba que la única esperanza era encontrar a alguien que la ayudara a luchar. Un dolor agudo le recorrió la pierna y Ulya sintió que se le doblaba. Gritó, extendiendo las manos justo antes de caer al suelo. Una enredadera se le había enroscado en el tobillo. Lo agarró, ignorando las espinas afiladas que se le clavaban en las palmas mientras intentaba arrancarlo, pero sentía como si intentara cortar hierro. Las rocas le raspaban las piernas y la espalda a Ulya mientras la arrastraban de vuelta hacia la multitud. “¡Ayuda!”, gritó Ulya, pateando desesperadamente las enredaderas. Intentó alcanzar sus runas, pero todas estaban aún dañadas y apenas podía reunir una mínima cantidad de magia. Las enredaderas se alzaron sobre Ulya, bloqueando la luz de la luna y sumiéndola en la más absoluta oscuridad. Dejó escapar un último grito, recurriendo a sus últimas fuerzas mágicas en un intento desesperado por hacer algo. Se vislumbró un tenue destello de energía púrpura. Las vides se desplomaron y entonces solo hubo silencio. * * * Wizen bajó la mano, y el último vestigio de magia se desvaneció de su creación. Oculto entre los remolinos de madera que formaban una máscara que cubría su rostro, frunció los labios. “¡Qué desagradable!” Se encontraba en el centro de una cueva oscura, con la mano apoyada sobre una enorme esfera de tierra. Otras cinco lo rodeaban. Cada una medía fácilmente dos metros de alto y la mitad de ancho, sobresaliendo del suelo como el bulbo de una flor a punto de brotar. Una de ellas se había hecho añicos, con la parte superior completamente destruida. Fragmentos de su caparazón yacían en el suelo a su alrededor. —Quizás más que desagradable. Qué desperdicio de una construcción tan buena —dijo Wizen mientras retiraba la mano del bulbo. El flujo de energía que emanaba de él y fluía hacia su cuerpo se desvaneció, y las Runas Vegetales que contenía volvieron a su estado latente—. Me esforcé tanto por no revelar mi identidad, pero te prometí que te demostraría lo mal que habías jugado tus cartas, ¿no? Que nadie diga que no cumplo mis promesas. Cruzó los brazos a la espalda y suspiró. No era como si hubiera perdido su único constructo. Tenía más, y había aprendido bastante de este. Había cumplido su función. “Pensar que lo perdí solo porque ese idiota le estampó la cabeza contra la pared y dañó la carcasa”, dijo Wizen, con un destello de ira reflejado en su postura mientras apretaba los puños a los costados. La ira se desvaneció tan rápido como había llegado y negó con la cabeza, dando una palmadita a la bombilla con una mano. Podía sentir el poder bullir en su interior, intentando desesperadamente escapar de la jaula que él mismo había construido. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios y soltó una risita. —¿Ocurre algo? —preguntó Wizen al orbe—. Este era nuestro trato, ¿no? Una forma de escapar de los juegos en los que estabas atrapada para que pudieras concentrarte en hacerte más poderosa. Una forma de que pudieras comprender de verdad la magia que has intentado dominar durante todos estos años. ¿No te sientes más conectada con la Tierra que nunca? Pronto florecerás como una hermosa flor. Tus runas serán consumidas y se convertirán en parte de algo mucho más grande de lo que jamás podrías haber sido. Una oleada de emociones se arremolinaba en el orbe, haciendo que la sonrisa de Wizen se ensanchara aún más. “Quizás te disgusta que la mujer a la que creías haber superado fuera en realidad quien te superó. Parece que últimamente ocurre con bastante frecuencia. Perder contra una simple Rango 3 siendo Rango 6. Patético, la verdad. Supongo que es lógico. Estabas tan empeñada en alcanzar un poder que no te merecías que perdiste la constancia. Caíste a manos de tu propia familia, intentando evitar absorber demasiada magia y arriesgarte a romper nuestro vínculo. Supongo que lo conseguiste: te aferraste a la vida y te traje aquí, tal como te prometí. Y, tal como te aseguré, renaciste. Y ahora, tal como me suplicaste, tu nueva forma tendrá poder. Será poder. Simplemente no serás tú quien lo empuñe, Evergreen”.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 361

Estás leyendo el capítulo 361 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.