Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 345 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Ferdinand se quedó paralizado a medio morder su sándwich. Una energía le cosquilleaba la nuca, apenas perceptible. No era la primera vez que sentía una manifestación de poder lo suficientemente grande como para llamar su atención, pero esto era diferente.
Era tan tenue que alguien menos instruido podría haberla considerado irrelevante. Pero Ferdinand, aunque no era el miembro más ferviente de su iglesia, no se había quedado atrás. Conocía la sensación del poder de su Diosa y conocía el poder de los Apóstoles.
La energía que sentía ahora le recordaba, sin duda, a la de Garina. Sus ojos se clavaron en los de ella, mientras pensamientos de pánico le cruzaban la mente.
Creí que Garina había dicho que ya no habría más Apóstoles aquí. ¿Qué hace uno emitiendo tanta energía que puedo detectarla? Deberían ser capaces de ocultar su consumo energético sin problemas, así que quienquiera que fuera, tuvo que haber usado tanta que no pudo disimularlo.
Pero la emoción que Ferdinand vio en el rostro de Garina no fue reconocimiento, sino sorpresa y confusión. Ella tampoco reconocía el poder, al igual que él; y ahora, cuanto más lo pensaba, más extraño le parecía.
Bastó un instante para que Ferdinand y Garina llegaran a la misma conclusión. Nadie que conocieran había usado ese poder. Sin duda, era el poder de los Apóstoles.
A Ferdinand se le erizó el vello de la nuca. No podía tragar el bocado del sándwich que había cogido. La comida sabía a cenizas.
Eso es todo, ¿verdad? Garina no buscaba a alguien con los poderes de Renewal. Buscaba a alguien con los poderes de su Dios Demonio, o quizás a alguien lo suficientemente fuerte como para robarles a ambos.
Pero, si eso es cierto…
Si fuera cierto, todo terminaría. Su alianza, por frágil que fuera, se rompería. La probabilidad de que dos personas distintas enfadaran a dos dioses distintos al mismo tiempo y en el mismo lugar era tan remota que Ferdinand la descartó de inmediato.
Se enfrentaban a alguien lo suficientemente poderoso como para robar a dos dioses, y estaban infringiendo las Reglas al estar dentro de la zona restringida. Sin embargo, a Ferdinand no le importaba nada de eso.
En el momento en que reconociera la existencia de la magia en los confines de su mente, él y Garina volverían a ser enemigos. Ella sabría lo que él buscaba y no podría hacer otra cosa que derrotarlo.
Siempre podría inventar una excusa para intentar marcharse, pero dudaba que funcionara. E incluso si funcionara, Ferdinand se resistía siquiera a considerar la idea. Completar su misión —si es que tal cosa era posible con un adversario como aquel— significaría que todo volvería a ser como antes.
Aunque Garina no lo hubiera matado, Ferdinand habría regresado a la Iglesia del Reposo. Jamás volvería a hablar con Garina. Los últimos meses no serían más que un recuerdo sorprendentemente agradable en un mar infinito de vacío.
Ferdinand tragó saliva. Bajó el bocadillo, mirándolo fijamente. Sentía la mirada de Garina clavada en su frente. Ella ya había terminado de comer, pero él le había preparado otro bocadillo. Estaba en su mochila, esperando a que ella dijera que aún tenía hambre.
Siempre hay otro camino. La vida no es blanco y negro. Pero… ¿cuál es el mío?
—¿Ocurre algo? —preguntó Garina con voz serena. Era una pregunta mesurada, sin el ligero matiz de interés genuino que últimamente se había colado en sus conversaciones. Ferdinand quizá se equivocaba, pero casi parecía haber un leve trasfondo de temor en su voz.
No temía a Ferdinand, sino a su respuesta. Guardó silencio durante varios segundos, incapaz de decir nada de lo que pudiera arrepentirse. Ferdinand se rascó la cabeza, buscando una solución que no implicara la muerte o, peor aún, un regreso a los días de hacía apenas unas semanas.
Y, en medio de su búsqueda, Ferdinand encontró una respuesta. Una solución tan simple que resultaba ridícula. Tan solo pensarla debería haber sido absurdo. Era la elección de un necio al que no le importaba su futuro.
—No —dijo Ferdinand, esbozando una leve sonrisa—. No creo que exista.
—No me mientas. Yo también lo sentí, Ferdinand. Tienes que irte, ¿no? —preguntó Garina. Sus hombros estaban ligeramente encorvados, una expresión de decepción que Ferdinand sospechaba que ningún otro ser vivo, aparte de los demás Apóstoles, había visto jamás—. Te... te daré una ventaja. Si eres listo, estarás fuera del Imperio antes de que acabe el día. No puedo saltarme las Reglas.
Ferdinand negó con la cabeza y metió la mano en su bolsa, sacando el segundo sándwich. —Me temo que se equivoca. No necesito irme.
Garina miró fijamente a Ferdinand, con confusión reflejada en su rostro. —Esta no es una oferta trampa. Es la única que vas a recibir. No soy tonta. Sé que buscas a la misma persona que yo. Lo deduje hace mucho tiempo.
Los labios de Ferdinand se curvaron en una sonrisa y volvió a negar con la cabeza. “Te equivocas, y no puedes actuar basándote en suposiciones cuando no he hecho nada para que creas que pienso infringir las Reglas. No estoy buscando a la persona que acabas de sentir”.
No era mentira. Ferdinand ya no buscaba a quien se había atrevido a escupir en la cara de dos dioses distintos.
—¿Quizás necesites irte? —preguntó Ferdinand, extendiendo el sándwich—. Porque lo preparé para ti. Sería una pena que se desperdiciara.
—No lo entiendo. ¿Eres estúpida? —preguntó Garina—. Cuando regreses a la Iglesia con las manos vacías, sabrán que has fracasado. No será fácil descubrir tu mentira si incluso yo puedo hacerlo con tanta facilidad.
“No es mentira. Ya no busco a la persona que tú crees que busco.”
“¿Ya no? ¿A quién buscas entonces?”
“Creo que ya los he encontrado.”
Tardó un segundo en procesar lo que él había dicho. Y, en ese instante, Ferdinand se convirtió en el único hombre vivo que había visto sonrojarse a Garina de los Apóstoles. Se recompuso rápidamente, pero no bastó para borrar por completo el rubor de sus mejillas.
—Estás diciendo puras tonterías —dijo Garina, arrebatándole el sándwich a Ferdinand y dándole un mordisco enorme.
—Supongo que esto significa que no tienes que irte —preguntó Ferdinand.
Garina lo miró de reojo. Terminó de comerse el sándwich y ambos permanecieron en silencio durante varios segundos. Finalmente, una leve sonrisa se dibujó en una comisura de sus labios.
“No. No creo. Estoy bastante contento donde estoy.”
* * *
—¡Me estás tomando el pelo! —exclamó Renewal, mirando con incredulidad y cierta diversión la imagen brillante de Ferdinand y Garina en el aire—. Eso no ha pasado. Me niego a creerlo.
No esperaba respuesta. El universo rara vez se las daba, pero por una vez, algo era diferente. Una onda de energía la recorrió desde el fondo de su mente y se apartó de la pantalla, trazando sus runas.
Grietas de luz negra se desgarraron en el cielo sobre ella, y un rayo de energía desgarradora rasgó el aire. Se estrelló frente a ella, dispersando almas que gritaban de terror. Apenas las notó.
—Decras —dijo Renewal, cerrando la imagen con un chasquido de dedos y entrecerrando los ojos—. ¿Qué haces aquí? ¿De verdad te atreves a desafiarme dos veces seguidas?
Una carcajada gutural resonó desde la garganta de Decras, quien levantó las manos. “Por muy divertido que pudiera ser, prefiero no jugar el mismo juego dos veces seguidas, especialmente después de que ambos terminemos en el equipo perdedor contra un grupo que ni siquiera debería haber participado”.
“¿Entonces por qué estás aquí?”
—Aburrimiento. ¿Por qué otra razón? —Decras resopló y se acercó a Renewal. Alzó una mano y hebras de energía negra surgieron del suelo, formando una silla. Decras miró a las almas que gritaban y agitó la mano.
En Renewal, el tiempo se detuvo en seco. O, más precisamente, el tiempo que percibían las almas se detuvo en seco. Decras no era lo suficientemente poderoso como para detener el tiempo, pero atraer a unas pocas almas insignificantes a un lugar donde no pudieran sentir su paso estaba dentro de sus posibilidades.
—¿Eso es todo? —preguntó Renewal—. Viniste hace apenas unos meses. Empiezo a pensar que eres muy pegajosa.
—Sí —dijo Decras, sin rastro de sarcasmo en su voz—. Y estoy aquí por la misma razón. Estás viendo algo interesante, y siempre me ha parecido más divertido hacer estas cosas con otras personas.
Renewal estudió a Decras durante un tiempo. En su papel solitario en el universo, no se había topado con muchos dioses. Él era uno de los pocos que conocía, aunque su atención solía ser bastante destructiva.
Su último combate de entrenamiento había sido la razón por la que Renewal estaba perdiendo actualmente una pequeña parte de su poder, pero sentía una gran satisfacción al saber que Decras no estaba mejor.
—¿Cómo piensas disculparte por haberme dejado sin luz? —exigió Renewal—. ¿Tienes alguna idea…?
Decras extendió una mano, y un pequeño núcleo dorado se materializó en ella. La energía crepitaba en su interior con la suficiente intensidad como para captar incluso su atención. Las palabras de Renewal se apagaron antes de poder salir de su boca.
¿Con esto bastará? Que sepas que lo vamos a dividir. Yo no hago donaciones.
—Sabes pedir disculpas, sin duda —murmuró Renewal. Con un gesto de la mano, unas flores se enroscaron formando un trono rosa bajo ella. Se sentó junto a Decras y chasqueó los dedos, haciendo que la imagen de Ferdinand y Garina volviera a aparecer en el aire frente a ellos.
—Qué mona —dijo Decras, apretando la pequeña canica en dos mitades separadas y dándole una a Renewal.
—¿De dónde sacaste esto? —preguntó Renewal, mirando la mitad de la canica que tenía en la palma de la mano.
“Hay una gran libertad en negarse a estar sujeto a la voluntad del universo.”
—Más bien peligro —dijo Renewal—. Es un milagro que sigas viva. Si hubieras elegido a otra Diosa de la Reencarnación para desafiarla, probablemente ya te habrían cortado la cabeza.
—Pero no lo hice, ni lo ha hecho —dijo Decras con indiferencia—. ¿Me estás pidiendo que pare?
Renewal hizo una pausa. Luego suspiró y negó con la cabeza. —No. No lo soy. Le da un toque de emoción a mi vida, y tú eres más interesante que los demás dioses y diosas de la reencarnación.
Decras sonrió y sacó la lengua, colocando la canica en la punta antes de tragarla. Inspiró profundamente y exhaló con una sonrisa de satisfacción. “Ah, la energía pura siempre satisface. Si no te molesta mi compañía, no deberías ser tan hostil cuando llego. ¿O acaso lo que disfrutas es el combate?”
Renewal se sonrojó y Decras soltó una carcajada.
“Así es, ¿verdad?”
—Que mis runas sean de vida no significa que no disfrute de un buen duelo —dijo Renewal a la defensiva, apretando los labios—. Por desgracia, mis compañeros no opinan lo mismo.
—Entonces, sin duda te molestaré más en el futuro, por mucho que me pidas que pare —dijo Decras. Asintió hacia la pantalla—. Ahora bien, tienes una visión del mundo mucho mejor que la mía. ¿Qué está pasando? Me aburro.
—Bueno —dijo Renewal, alargando la palabra antes de soltar una carcajada y negar con la cabeza—. Creo que tu subordinado está coqueteando con el mío.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 345
Estás leyendo el capítulo 345 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.