Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 292 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah se quedó mirando el libro durante varios minutos, sin poder apartar la vista de la página. Por más que lo miraba, el contenido no tenía sentido. Se había reunido con su padre las suficientes veces como para estar completamente seguro de que siempre había tratado con el mismo hombre.
Además, Padre era demasiado paranoico como para morir. Noah se negaba a creer que hubiera muerto. Eso solo podía significar que nunca había conocido al verdadero Padre y que la persona con la que había estado interactuando era un impostor.
Pero ¿por qué? ¿Y cómo?
Las respuestas a esas preguntas no llegaron. A Noah se le erizaron los pelos de la nuca. Estaba casi seguro de haber descubierto algo que no debía. Si alguien realmente había matado a Padre y ocupado su lugar, ambos eran lo suficientemente fuertes como para derrotar a un mago de rango 6 y probablemente estaban decididos a mantener ese secreto bien oculto.
Si alguien se enterara de que lo había visto…
Noah hizo una mueca. Cerró el libro con cuidado. Revelárselo a la familia Linwick significaría revelarse a sí mismo. Apartó una mano de la portada. Al instante, un agudo zumbido surgió de sus páginas mientras una energía estallaba a su alrededor.
Golpeó la mano contra la mesa. El gemido se fue apagando, hasta desaparecer por completo al tiempo que la energía volvía a fluir hacia él.
—Me estás tomando el pelo —murmuró Noah. No sabía qué significaba el ruido, pero no era difícil adivinar que se trataba de algún tipo de alarma o aviso, que parecía sonar solo cuando soltaba el libro.
¡Maldita sea! Esto es una trampa para los miembros de la familia Linwick, no para los de fuera. Cualquiera que no sea un Linwick se lleva una buena reprimenda por tocar el libro, y supongo que cualquier Linwick que intente leerlo sin permiso —como yo— lo abrirá mal y tendrá que quedarse ahí sentado como un idiota hasta que cedas y retires la mano, llamando a alguien.
Parece que se supone que es un castigo en el que te sientas a reflexionar sobre tus estúpidas acciones, pero si alguien me encuentra aquí… definitivamente recibiré algo más que una reprimenda cuando miren en el libro y vean que se supone que debo estar muerto.
Eso significaba solo una cosa.
Noé se devanó los sesos buscando una idea mejor, pero no se le ocurrió nada. Suspirando, reunió la energía de Desastre Natural. Entonces levantó el libro de la piedra.
En cuanto se apartó de la mesa, un gemido resonó por las catacumbas. Noah no se quedó a ver qué pasaba. Corrió hacia la puerta, impulsándose con una ráfaga de viento. La puerta empezó a cerrarse con un estrépito, pero la atravesó justo antes de que otra puerta se cerrara de golpe tras él con un estruendo ensordecedor.
El estruendo no cesó, y Noah no tenía intención de ver qué más habían provocado sus acciones. Apretó el libro contra su pecho mientras corría a toda velocidad por el suelo, derrapando en las esquinas y casi estampándose la cara contra las paredes.
¿Qué idiota construye una catacumba para guardar cosas y luego la destruye cuando le roban un solo libro? ¡En el proceso, lo has arruinado todo!
A su alrededor, caían polvo y piedras. El suelo se agrietaba y se sacudía bajo sus pies, haciéndolo perder el equilibrio. Al caer, Noé soltó una ráfaga de viento, convirtiendo su caída en una torpe voltereta. Aterrizó de pie y siguió corriendo.
Las paredes crujieron. Noé se lanzó al suelo cuando una enorme piedra se desplomó en medio de la sala, casi aplastándolo. Cayó al suelo con un gruñido, se incorporó de un salto y siguió adelante.
El temblor se intensificaba. Cada paso que daba amenazaba con hacerlo caer al suelo, pero con la ayuda de Desastre Natural, apenas lograba mantenerse en pie. Sin embargo, con cada paso, el daño aumentaba.
Enormes trozos de tierra se desmoronaron, cayendo en un abismo cada vez mayor bajo sus pies. No solo ocurría en la zona a su alrededor; toda la catacumba se derrumbaba. Noah se impulsó por los aires, usando enormes ráfagas de viento para saltar de un fragmento a otro del pasadizo subterráneo que se desplomaba.
Una piedra le golpeó el hombro con tanta fuerza que le dislocó el brazo. Noé apretó los dientes por el dolor y tropezó, a punto de caer en un agujero que se abrió ante él.
En el último segundo, giró sobre sí mismo, agarrándose el hombro y recolocándolo mientras reprimía un grito de dolor. Lanzando otra ráfaga de viento, Noé se impulsó hacia adelante justo cuando otra roca destrozó el suelo donde había estado parado.
Sus pies golpeaban el suelo mientras se movía más rápido que nunca, agachándose y esquivando obstáculos entre los pasillos. El Desastre Natural comenzaba a quedarse sin energía, y las grietas en el suelo se hacían cada vez más grandes y frecuentes.
Un enorme tramo de la muralla se derrumbó ante Noah, bloqueándole el paso. Sin detenerse, agarró Sunder y extrajo poder de la Runa Maestra, incrustándolo en la piedra.
Las rocas se partieron y Noé las atravesó en una lluvia de escombros, tambaleándose un instante al aterrizar al otro lado, pero reanudando rápidamente su carrera desesperada. El polvo en el aire le dificultaba ver por dónde iba, y corría casi por instinto. No podía permitirse detenerse ni un segundo.
Noah derrapó al tomar una curva, sintiendo cómo el suelo le recorría las piernas, y casi tropezó con la mitad del cuerpo del Espectro de Hielo. La otra mitad ya había caído en un agujero que se abría ante él.
Invocando el último vestigio del poder de Desastre Natural, Noé se catapultó. Salió disparado como una bala, surcando el aire. Cruzó los brazos y cayó al suelo rodando dolorosamente.
Las piedras le desgarraron la piel y se engancharon en su chaqueta, haciéndola pedazos. Se incorporó de golpe, con la vista nublada por la sangre y el sudor, al vislumbrar un destello de nieve blanca y luz que se filtraba por la salida. Esta ya estaba prácticamente sellada por la caída de rocas y pronto quedaría completamente sepultada.
Invocando una vez más a Sunder, Noah liberó el poder de la Runa Maestra justo cuando se lanzaba contra los escombros. Estos se partieron y él cayó al vacío, deslizándose sobre la nieve húmeda. Tras él, los escombros seguían cayendo en la catacumba, llenando el aire con un retumbo sordo.
Su respiración era profunda y entrecortada. Moretones y cortes dolorosos cubrían todo el cuerpo de Noah, pero aun así se obligó a mantenerse erguido. De alguna manera, seguía aferrado al libro. Estaba cubierto de sangre y polvo.
—Mierda —jadeó Noah, tosiendo en su puño. Se quedó allí, escuchando cómo las catacumbas se desmoronaban desde dentro. Pasaron casi diez minutos antes de que el temblor cesara por fin y tuviera fuerzas suficientes para moverse de nuevo.
Se puso de pie de un salto, con la adrenalina recorriéndole el cuerpo y haciéndole temblar las extremidades. La carrera había sido, de alguna manera, más intensa que muchas de las peleas reales en las que había participado. Noah respiró hondo y exhaló para tranquilizarse.
No había rastro de Moxie, Lee ni Karina. Era lo mejor: Moxie y Lee probablemente habían regresado al pueblo para esconderse por si acaso lo hubieran matado. En parte, pensaba que dejar el libro entre los escombros quizá hubiera sido una buena forma de enterrarlo, pero activar la señal de socorro probablemente permitiría que quien lo buscara lo encontrara, aunque estuviera enterrado.
Un punzante sentimiento de decepción le oprimió el corazón al pensar en todos los artefactos que no había podido apoderarse, pero el libro que tenía en sus manos era mucho más valioso que cualquier otro objeto que pudiera haber sido; y, con las catacumbas derrumbándose a su alrededor, no había tenido mucho tiempo para saquear nada más. Se lo guardó bajo el brazo y arrojó su espada voladora al suelo, encarándola.
Noah despegó, volando de regreso hacia el pueblo. Con suerte, Moxie y Lee estarían en las casas de huéspedes.
* * *
Noé aterrizó con su espada voladora a poca distancia del pueblo y caminó el resto del camino. Se dirigió a la pensión donde se habían alojado la vez anterior y levantó la mano para llamar a la puerta.
Antes de que pudiera hacerlo, Lee la abrió de un tirón.
—Estás herido —dijo Lee.
Noah levantó el libro para asegurarse de que no lo tocara por accidente. —Cuidado. Tengo algo muy peligroso aquí. Y no te preocupes. Estoy bien.
Lee retrocedió y Noah entró. El enorme libro estaba apoyado contra la pared junto a Moxie, que estaba sentada en la cama. Se puso de pie al ver el estado de Noah. —¿Qué ha pasado?
—Derrumbamos todas las catacumbas por accidente —dijo Noé con una mueca—. Aunque no puedo decir que no me diera cuenta de que iba a pasar. Estaba algo planeado. O sea, no sabía que se iba a derrumbar, pero sí sabía que había una trampa.
—Tranquilízate —dijo Moxie, levantando las manos—. Casi puedo sentir la adrenalina correr por tus venas. ¿Qué demonios pasó ahí dentro? ¿Por qué activaste una trampa así? ¿Te persiguen?
—Ahora el que habla demasiado rápido eres tú —dijo Noah con una risita. Golpeó la portada del libro con un dedo—. Yo me encargo. Ni se te ocurra acercarte. Hay una advertencia que dice que cualquiera que no sea un Linwick puede morir al instante con solo tocarlo.
“¿Me estás tomando el pelo? ¿Qué clase de artefacto poderoso es ese?”
Noah giró el libro para que ella pudiera ver la portada. “Un libro de contabilidad. Uno que contiene el nombre de todos los Linwick que han existido, hasta donde yo sé.”
“¿Y te tomaste todas esas molestias para sacar eso… por qué?”
—Tenía el nombre de Vermil —dijo Noah con gravedad—. Además, en cuanto suelte la mano, empezará a gritar y probablemente activará una señal de invocación parecida a la del Devorador Infernal. Así que… por ahora, no puedo soltarlo.
—Maldita sea —dijo Moxie, con una expresión de comprensión en el rostro—. Eso es malo. ¿Vas a cargar con eso hasta que podamos quitar la Imbuición?
—Probablemente, pero eso no es nada comparado con esto —dijo Noah, hojeando las páginas del libro. Sabía perfectamente que estaba desobedeciendo las órdenes del principio, pero le daba igual. Encontró la página de Padre y la giró para que Moxie y Lee la vieran.
—¿Qué demonios...? —Moxie entrecerró los ojos, perplejo—. No tiene sentido. ¿Lo mataron? ¿Cómo? ¿Quién lo mató?
Noé cerró el libro y sacó el papel del bolsillo. —No está muerto.
—¡Mierda! —Moxie palideció—. Alguien ocupó su lugar.
—Como tú y Vermil —observó Lee. Se mantuvo a una buena distancia del libro y lo miró con recelo—. Son muy parecidas.
—Es cierto —dijo Noah con una risita, a pesar de la gravedad de la situación—. No sé si deberíamos hacer algo con esto todavía —o si deberíamos hacerlo alguna vez—, pero creo que entiendes por qué lo tomé.
Moxie asintió. —¿Entonces las catacumbas han desaparecido?
“Creo que sí. Están sepultados bajo los escombros. Apenas logré salir con vida.”
—Ya me lo imaginaba —dijo Moxie con sequedad—. Menos mal que no te aplastaron justo en la entrada. Recuperar el libro habría sido un verdadero problema.
¡Qué suerte tengo! ¿Dónde está Karina?
—Ya se fue de la ciudad —dijo Lee—. Se fue en cuanto regresamos.
—Bien por ella —dijo Noah—. Con un poco de suerte, habrá aprendido la lección. La verdad es que al final me dio pena.
—Ya nos preocuparemos de ella después —dijo Moxie, lanzando una mirada significativa al libro que Noah tenía en las manos—. Si de verdad puede matarnos con solo tocarlo, me encantaría que pudiéramos ocultarlo de alguna manera.
Fue una idea brillante. Lee sacó una muda de ropa de repuesto de Noah y le lanzó la chaqueta. Este envolvió el libro con ella, se apartó y lo contempló. Seguía siendo enorme; difícilmente algo que pudiera cargar con facilidad.
—Tal vez debería simplemente blandirla contra la gente —reflexionó Noah—. Es un arma decente, ¿no?
Moxie resopló. —Manténlo lejos de mí.
—Por ahora, quizá deberíamos averiguar qué hace el artefacto que encontramos —sugirió Lee—. Quiero abrirlo.
Noah miró el otro libro. A todos los efectos, acababan de tener la visita más emocionante del mundo a una biblioteca.
¿Quién entra en una cripta antigua y sale con dos malditos libros en vez de una espada impresionante o algo así? ¡Maldita sea! ¡Qué caída!
—Yo también quiero abrirlo —admitió Noah, ajustando su agarre en el voluminoso libro de contabilidad y colocándolo bajo el brazo. Seguía en contacto con él, así que parecía estar bien como estaba—. Ya veremos dónde guardar el libro de la muerte. Debería haber papeletas infinitas ahí dentro. ¿Averiguamos si Karina nos estafó?
Lee y Moxie retrocedieron hasta el borde de la habitación. Noah frunció el ceño.
"¿Qué?"
—Solo me aseguro de que podamos salir de aquí si te vuelas por los aires usándolo —dijo Moxie, medio en broma—. Pero intenta no hacerlo.
—No prometo nada. —Noah se acercó al gran libro y se arrodilló a su lado. No sabía cómo probarlo, salvo de la forma más obvia—. ¿Listo?
Lee y Moxie asintieron con la cabeza.
Noé abrió el libro.

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Capítulo 293
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 292
Estás leyendo el capítulo 292 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.