Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 270 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¡Socorro! ¡Hay un ladrón pervertido! ¡Deténganlo!” La costurera salió corriendo por la puerta, con unas tijeras en alto como si fueran un arma. Frenó en seco cuando el sujeto de su persecución —un hombre larguirucho y completamente desnudo, con el pelo rojo brillante— se escabulló por un callejón.
Transcurrieron varios segundos de aturdimiento antes de que un corpulento comerciante se apartara de su carrito de verduras y asintiera en la dirección en la que el hombre había huido. "¿Ese tipo?"
“¡Sí, él! ¡Robó ropa por valor de casi cien monedas de oro!”
—Yo lo atraparé, señorita Viya. No se preocupe. No hay adónde ir en ese callejón. Es un callejón sin salida. Vaya a buscar a los guardias. —Se crujió los nudillos y se adentró en la oscuridad tras el ladrón.
La costurera hizo lo que el mercader le había sugerido, se dio la vuelta y salió corriendo a buscar un guardia.
Lee la observó desde lo alto del tejado mientras se ponía su ropa nueva, reprimiendo una risita cuando el corpulento comerciante llegó al final del callejón y no encontró nada. Dio una vuelta sobre sí mismo, desconcertado, pero no había nada.
Nadie habría imaginado que aquel hombre alto pudiera moverse mucho más rápido de lo que aparentaba, y mucho menos que trepara a los árboles y se transformara en mujer. Lee se encogió de hombros, probando la textura de su nueva bata.
¿Qué tiene de malo estar desnudo? La ropa es solo una armadura. La gente lo exagera demasiado.
Lee saltó al edificio de al lado, se dejó caer al suelo y salió a la calle. Pasó junto a la costurera y el guardia que la acompañaban mientras corrían de vuelta a la tienda robada.
Para cuando la costurera se percató de que la ropa que llevaba Lee le resultaba sorprendentemente familiar y se dio la vuelta, Lee ya se había marchado.
Se abrió paso entre los oscuros callejones, con las instrucciones de Moxie aún resonando en su mente. El tiempo apremiaba. No había margen de error ni retrasos. Si el plan iba a funcionar, Noah y Moxie necesitaban que ella lo lograra.
La calabaza que colgaba de su cintura pesaba como una roca de mil libras. Noah la había arrojado a un callejón donde ella esperaba, mientras él y Moxie pasaban camino a Evergreen. Lee tragó saliva. La vida de Noah pendía literalmente de un hilo. No sabía qué pasaría si se dañaba, y no tenía ninguna intención de averiguarlo.
Lee usó los edificios como referencia, buscando uno en particular: una alta mansión al sur de la ciudad. No tardó en encontrarla y fijar un rumbo; su velocidad le permitió llegar en cuestión de minutos.
La hermosa fachada de caoba de la mansión apenas captó su atención por más de un segundo. La entrada principal era imponente, con dos puertas talladas con maestría que separaban el interior de la mansión. Había varios guardias apostados allí, y ninguno parecía holgazán. Una alta cerca rodeaba la mansión, dejando como única entrada el sendero que conducía a la puerta principal.
Lee se sumió en la sombra, para luego incorporarse al otro lado de la cerca, junto a una ventana. Su nariz se contrajo al examinarla. Las puntas de sus dedos se afilaron y Lee saltó, clavando sus garras en la madera y trepando por la fachada de la mansión hacia el segundo piso, donde una ventana estaba abierta.
Se detuvo junto a ella y examinó la ventana. Delicadas imbuiciones se ocultaban en el borde ondulado que rodeaba el cristal. Lee desconocía la función de la mayoría, pero no hacía falta ser un genio para adivinarlo. Si las ventanas se rompieran, la gente lo sabría.
Así pues, Lee no rompió la ventana. Simplemente hizo un agujero en la madera contigua con una garra afilada. Su mano cortó la pared con facilidad y arrancó un pequeño trozo, colándose a través del agujero y apareciendo en un pasillo alfombrado de verde.
Retiró el trozo de madera a su sitio, se levantó, se sacudió el polvo y se dirigió hacia el pasillo. Su cabello se tornó plateado al caminar. Lee pasó junto a un sirviente, quien le echó un vistazo a su cabello y apartó la mirada sin decir nada.
Lee llegó a una bifurcación en el pasillo y se detuvo a olfatear el aire antes de tomar el camino correcto. Continuó adentrándose en la mansión, avanzando con determinación. Había muchos aromas en la mansión, pero uno era más fuerte que todos los demás: el aroma del poder.
La piel de su rostro se onduló y se tornó marrón como corteza al formarse una máscara de madera que cubría sus facciones. Dos cuernos se curvaban a los lados. Aparte de los orificios para ver y respirar, carecía de rasgos distintivos.
Su olfato la condujo hasta una gran puerta de madera. Justo detrás estaba la fuente del aroma que había estado siguiendo. Un guardia de cabello plateado estaba apoyado contra la pared junto a ella, con una alabarda apoyada en el hombro.
A diferencia del sirviente, entrecerró los ojos y se irguió al ver a Lee.
—¿Nombre y motivo? —preguntó el guardia—. No sabía que teníamos visitas.
“Estoy aquí para hablar con el mago Rinella.”
—¿Quién eres? —repitió el guardia, bajando la alabarda—. Quítate la máscara.
—Mi nombre no importa —respondió Lee—. Díganle a Rinella que estoy aquí para hablar con ella. Querrá verme.
El guardia contuvo el aliento, preparándose para gritar. Sin embargo, no fue tan rápido como Lee. Su mano se estrelló contra su frente, impactando su cráneo contra la pared. Dejó escapar un gruñido ahogado y se desplomó al suelo; la alabarda se le escapó de las manos al perder el conocimiento.
Lee lo ayudó a sentarse en el suelo y luego probó las puertas. Estaban cerradas. Arrugó la nariz tras la mascarilla con irritación. No había tiempo para buscar la llave, así que tendría que recurrir a métodos más ingeniosos para entrar.
Se echó hacia atrás y golpeó la puerta con el puño. La madera se astilló con un estruendo ensordecedor, salpicando el suelo de la habitación contigua. Se agachó bajo los trozos de madera astillados y entró en la habitación.
Una mujer estaba sentada en un trono de madera, y un anciano se arrodillaba ante ella. Seis guardias, ataviados con más de las hermosas armaduras de madera, rodeaban la sala, con los ojos muy abiertos ante la intrusión.
Se pusieron en marcha de repente, lanzándose contra Lee sin mediar palabra. Supuso que probablemente ese era el procedimiento adecuado para lidiar con un intruso violento, pero tampoco tenía tiempo para eso en ese momento.
Lee se fundió con una sombra en el suelo, desapareciendo justo cuando el primero de los guardias llegó a su lado. Se incorporó en la sombra del hombre arrodillado y, acto seguido, lo apartó de un empujón.
Cayó con un grito deshonroso y se alejó a toda prisa. La mujer sentada en el trono miró a Lee con expresión indescifrable. Tenía rasgos de mediana edad y una brillante cabellera plateada le enmarcaba el rostro.
Al igual que sus guardias, la mujer vestía una armadura de madera imbuida que parecía haber presenciado numerosas batallas. Emanaba poder de ella, pero no hizo ningún ademán de levantarse.
—¿Eres la maga Rinella? —preguntó Lee a la mujer. Un guardia se abalanzó sobre ella, blandiendo su alabarda hacia el cuello de Lee. Lee desapareció y reapareció en la sombra del trono, junto a la mujer.
—Sí, lo soy. ¿Eres un asesino? Eres demasiado débil para serlo. Alguien te envió a morir. —La voz de la mujer encajaba a la perfección con su rostro: fría y autoritaria, sin el menor atisbo de preocupación o miedo.
Supongo que no tiene mucho que temer de un Rango 3. Eso es con lo que contamos.
—No, no soy una asesina. Si lo fuera, ¿estaría hablando contigo? —preguntó Lee. El suelo bajo sus pies se agrietó cuando unos zarcillos de madera surgieron para atarle las piernas, pero Lee desapareció de nuevo. Reapareció detrás de uno de los guardias más cercanos a Rinella—. Vengo a una audiencia, pero el guardia de la puerta era demasiado lento, así que entré.
—¿Lo mataste? —El tono de Rinella se endureció, sus ojos brillaron con ira.
“No. Simplemente lo noqueé.”
Lee desapareció una vez más, regresando esta vez a la sombra del trono. Empujó al guardia que se había abalanzado sobre ella con tal velocidad que este cayó al suelo profiriendo una retahíla de maldiciones.
¿Podemos hablar? Es importante.
Rinella alzó la mano. Los guardias se quedaron paralizados. Chasqueó los dedos y señaló con la cabeza la puerta rota. Uno de los guardias se dio la vuelta y salió corriendo. Asomó la cabeza unos instantes después.
—Jayden está vivo, Magus Rinella. Solo está inconsciente.
Rinella dirigió su mirada fría a Lee, estudiándola en silencio. —Muy bien. Me interesas. ¿Por qué te haces pasar por una Torrin? No eres de mi familia.
Lee levantó un dedo. —¿Podemos hablar en privado? Se trata de algo que no querrás que se sepa.
Rinella ladeó la cabeza. —¿Por qué iba a acceder a semejante petición?
“Porque soy de rango 3 y tú eres uno de los líderes de la rama principal de Torrin. No hay forma de que yo pueda representar una amenaza para ti, pero la información que tengo sí podría si se divulga.”
Pasaron unos segundos. Rinella se cruzó de brazos. —Mis guardias son absolutamente leales.
“Para los Torrins. No para ti. Moxie dijo que te importaría esto, pero si no te molesta que lo comparta en voz alta, lo haré. Aunque es tu culpa.”
—¿Moxie? ¿La perrita faldera de Evergreen? —Rinella frunció el ceño. Un destello de interés cruzó su rostro y agitó la mano—. ¡Todos fuera!
—¡Magus Rinella, por favor! —el anciano al que Lee había empujado se puso de pie, con las manos extendidas y las palmas hacia arriba—. Todavía no hemos terminado de hablar…
Uno de los guardias agarró al hombre por la espalda de la camisa y lo sacó a rastras. Los demás los siguieron, sin siquiera protestar. Obedecieron las órdenes de Rinella al pie de la letra.
Tras ellos, la madera de la puerta dañada se deslizó por el suelo y se levantó, volviendo a su sitio hasta que el agujero desapareció por completo. Rinella se inclinó hacia delante. “Listo. Ahora estamos solos. Habla, intruso, y reza para que tu mensaje haya valido la pena. Si no, te arrepentirás”.
“Hay un archidemonio en Bosque Blanco.”
Rinella se quedó paralizada. —¿Qué?
—Hay un archidemonio —repitió Lee—. Ha adoptado la forma de un hombre de la familia Linwick. Moxie lo llevará ante Evergreen esta noche.
Los ojos de Rinella recorrieron el rostro de Lee, pero no había nada que descifrar. La máscara la hacía completamente inexpresiva.
—Qué tontería contarme eso —dijo Rinella—. Evergreen es el jefe de la familia Torrin. ¿Por qué no iba a intervenir de inmediato?
“Porque llevas años esperando el momento para derrocar a Evergreen. Aunque aún no has alcanzado el Rango 6, estás muy cerca. El Archidemonio no matará a Evergreen personalmente. El contrato solo servía para obtener ayuda, no para terminar el trabajo.”
Rinella se recostó. Apretó con fuerza los reposabrazos de su trono y apretó los labios. “Un archidemonio no podría matar a Evergreen si no usara todo su poder”.
“Tienes razón, pero Moxie no tenía mucho margen de maniobra en el acuerdo que hizo. Ese es su problema. Lo que te importa es que Evergreen se verá debilitada.”
“Evergreen jamás permitiría que un demonio se le acercara tanto. Lo sabría de inmediato.”
Cenizas humeantes flotaban en el aire a la altura de los hombros de Lee, formando una capa ondulante. La energía giraba en sus brazos y la expresión de Rinella se congeló.
—¿Estás segura? —preguntó Lee, ladeando la cabeza. Su voz se hizo más grave y su tono se volvió sensual—. No lo hiciste, Rinella. ¿Por qué lo haría?
La llama se desvaneció tan rápido como había aparecido. Rinella observaba a Lee con cautela; una estaca de madera se retorcía a sus pies como una víbora a punto de atacar.
—¿Quién eres? —preguntó Rinella—. ¿Cuál es tu objetivo aquí?
—Eso no importa. La decisión es tuya, Magus —dijo Lee con voz normal—. Me da igual lo que hagas. Esto es parte del trato. Aprovecha o no. Si Moxie fracasa, no me afecta en absoluto. El trato está cerrado. Depende de ti si quieres sacar provecho.
Lee se deslizó entre las sombras, colándose bajo la puerta y emergiendo en el pasillo del otro lado, entre los guardias. Antes de que pudieran reaccionar, se sumergió en otra sombra, reapareciendo junto a una ventana y usándola para saltar a otra sombra en el exterior.
Luego se marchó, y la mansión quedó a sus espaldas.
Gracias por la ayuda, Azel. Fue realmente convincente.
No te acostumbres. Haces todo lo posible por matarte, y no soy tu niñera.
Tienes que aprender a ser agradecido. Esa no es forma de responder a un agradecimiento.
La irritación de Azel se desvaneció cuando Lee sintió que se marchaba, regresando con Noah y dejándola sola de nuevo. Se detuvo en lo alto de un edificio para observar la ciudad antes de divisar su siguiente objetivo: otra mansión, más pequeña, en la esquina opuesta.
Lee se movía a toda velocidad, deslizándose de sombra en sombra a través de Bosque Blanco. La primera parte de su trabajo había ido bien, pero aún quedaban piezas por colocar antes de dar por terminado el asunto.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 270
Estás leyendo el capítulo 270 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.