Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 262 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—Sí que sabes aburrir a una chica —dijo Garina, tapándose un bostezo con el dorso de la mano. Se apoyó en un gran árbol, buscando refugio del sol abrasador en su sombra.
Frente a ella, Ferdinand estaba sentado sobre una manta que había extendido, con una gran cesta delante. Ferdinand ignoró deliberadamente a la pálida mujer mientras sacaba una cantimplora de agua de la cesta y bebía un largo trago.
—En serio —continuó Garina—. Han pasado semanas y lo único que has hecho es pasear por el bosque. La única vez que has salido a la civilización ha sido para comprar ingredientes, pero ni siquiera te gastas el dinero en algo que realmente tenga buen sabor. ¿Qué te pasa?
—Me temo que no veo el problema —dijo Ferdinand con voz serena, bajando el odre y volviéndolo a tapar. Lo dejó a un lado y sacó uno de los bocadillos que había preparado esa mañana, comenzando a desenvolverlo—. No he hecho nada malo. Estoy siguiendo las reglas al pie de la letra.
Garina alzó las manos y resopló con exasperación. —Oí lo que le preguntabas al mocoso de rango 6, calvo insolente. Sé que buscas a alguien. Pero no puedes esperar encontrarlo en medio de la nada.
“Las mejores cosas suelen encontrarse en los lugares menos esperados. No tengo manera de saber con certeza dónde encontraré la que busco.”
A Garina le tembló un ojo. —Vamos. No lo vas a encontrar en medio de la nada. ¿Qué pretendes? Nos estás haciendo perder el tiempo a los dos, pedazo de imbécil.
Ferdinand le dio un mordisco a su bocadillo y masticó despacio. No importaba lo que Garina dijera para sonsacarle información; sus labios estaban sellados. Si alguien de la Iglesia del Reposo preguntaba, significaba que estaba sufriendo mucho y conteniéndose para no revelar la Santa Misión.
Pero, en la intimidad de su mente, Ferdinand se sorprendió al descubrir que se lo estaba pasando bien. Hacía tanto tiempo que no salía de la Iglesia para hacer otra cosa que no fuera trabajar. Viajar por los bosques era realmente agradable, y no tenía ninguna prisa por hacer nada más.
Quienquiera que fuera la persona que la Diosa buscaba, tendría que esperar. No había forma de que completara su misión con seguridad mientras Garina lo estuviera acechando, así que la única opción era disfrutar del momento.
Una verdadera tragedia. ¡Ay!, si tan solo pudiera retomar mi tarea, pero no puedo. Me veré obligado a disfrutar de este maravilloso día y a no revelar mis verdaderos propósitos.
—¡Quítate esa cara de engreído de encima! —Garina se dejó caer sobre la manta frente a Ferdinand y se cruzó de brazos—. ¿Te das cuenta de que podría hacerte pedazos en un segundo, verdad? Probablemente tu iglesia ni siquiera notaría tu ausencia.
—Probablemente —convino Ferdinand, dando otro mordisco a su bocadillo—. Es la misma amenaza que me has lanzado cada día que hemos viajado juntos. Podrías irte, ¿sabes? No he infringido ninguna norma. No hay motivo para que me sigas.
“Aparte del hecho de que planeas romperlos.”
“Es bastante injusto poner palabras en mi boca.”
—¡Ay, cállate! —Garina se frotó el puente de la nariz—. Eres insoportable. Jamás me habían faltado tanto al respeto una patética Rango 6.
—Perdóname. No quiero faltarte al respeto. —Ferdinand hablaba con sinceridad. Le sorprendía que Garina se hubiera abstenido de matarlo. Ya lo daba por muerto, pero los rumores sobre ella parecían casi falsos.
La mujer era irritable y descarada, pero aún no le había puesto la mano encima. Simplemente seguía a Ferdinand quejándose y amenazándolo. No le cabía duda de que Garina lo mataría en un abrir y cerrar de ojos en cuanto infringiera alguna de las normas, pero aún no lo había hecho; y, mientras ella siguiera allí, sus vacaciones seguirían en pie.
Puede que haya perdido la cabeza al usar a uno de los magos más letales de los que jamás haya oído hablar para perder el tiempo haciendo un picnic en el bosque, pero hay que hacer grandes sacrificios en cumplimiento del deber.
—¿Un sándwich? —preguntó Ferdinand, sacando otro paquete envuelto en papel de su cesta—. Lo he hecho yo mismo.
“Sé que lo hiciste. Te observé. Si no vas a hacer aquello para lo que tu maldita Iglesia te envió aquí, ¿por qué no regresas?”
“Jamás regresaría con mis propósitos sin cumplir. Va en contra de mi naturaleza. Llevaré las cosas hasta el final, aunque me acarreen un sufrimiento increíble.”
“¿A eso le llaman picnics en el bosque?”
Ferdinand simplemente le ofreció el sándwich. Hacía tiempo que le daba igual si Garina lo mataba; el día que ella decidió que ya no jugaría más con él, todo terminó. No podía hacer nada al respecto, así que no había motivo para preocuparse.
Con una mirada fulminante, Garina le arrebató el sándwich a Ferdinand. Lo abrió y le dio un mordisco furioso, tragándolo sin siquiera masticar.
Considerando todo, no fue el peor picnic al que había asistido Ferdinand.
* * *
Moxie y Lee ya habían regresado cuando Noah volvió a la habitación. Lee estaba a unos treinta centímetros de la puerta cuando la abrió, y solo meses de convivencia con ella le permitieron girarse a un lado y evitar tropezar con ella.
—Te olí venir —proclamó Lee, sin inmutarse en absoluto por el hecho de que Noah casi los hubiera hecho caer a ambos al suelo.
—No miente. Se incorporó hace casi un minuto y corrió a pararse en la puerta —dijo Moxie, esforzándose por contener la risa.
—No me imagino por qué —dijo Noah, dejando a su lado los dos paquetes que había traído. Los ojos de Lee siguieron sus movimientos y su nariz se contrajo.
—¿Qué tienes ahí? —preguntó Moxie, olfateando el aire—. Huele bien.
—¿Qué, acaso tomaste clases de olfateo con Lee o algo así? —preguntó Noah, entre exasperado y divertido. Sacó dos empanadas de carne de la bolsa y se las dio a Moxie y a Lee.
—¡Gracias! —dijo Lee, metiéndoselo todo en la boca. Pronunció algunas frases más, ininteligibles entre la comida, pero ni todo el tiempo que habían pasado juntos fue suficiente para que Noah descifrara lo que decía.
—Eres un ángel —dijo Moxie con una sonrisa—. Me moría de hambre. Hoy ganamos otras seiscientas monedas de oro. Nos lo tomamos con calma. La verdad es que estuvo muy bien. ¿Lograste lo que querías hacer?
—Te dije que solo estaba dando una vuelta por la ciudad —dijo Noah, intentando no mirar la bolsa de terciopelo que había dejado junto a los pasteles.
Los regalos tienen que tener un momento adecuado o algo así, ¿no? No puedo dárselo ahora mismo.
Moxie arqueó una ceja. —Sí. Me lo creí totalmente. Bueno, ¿disfrutaste del paseo?
¡Bah, qué demonios! Soy demasiado impaciente para esperar eso.
—Vale, de acuerdo. Me has pillado —admitió Noah. Extendió el paquete envuelto en terciopelo—. Toma.
—¿Qué es esto? —Moxie se acercó y se lo quitó.
—No es comida —dijo Lee, sin apartar la vista de la bolsa de pasteles—. ¿Me has traído algo, Noah?
Noah sacó una tarta de la bolsa y asintió con la cabeza. “El resto de la comida está aquí”.
¡Puedes leer la mente! Esto es exactamente lo que quería.
Lee agarró la bolsa y la arrastró hasta su cama, sentándose con las piernas cruzadas encima y vaciando todos los pasteles sobre su regazo. Noah intentó no pensar en todas las migas que Lee estaba esparciendo por todas partes; lo más probable era que, de alguna manera, también se las comiera.
Bueno, al menos es fácil de contentar. Cuesta creer que ella y Azel compartan algo en común. Mmm. Me pregunto si se alimenta de la gula o algo así. Aunque eso no pega con su personalidad. Simplemente le gusta comer.
¿Sabes qué? Me da igual. Ella es feliz y no le hace daño a nadie. Nada más importa.
Moxie desenvolvió la tela con expresión de desconcierto. Su expresión cambió rápidamente a sorpresa al retirar el envoltorio, casi dejando caer el peluche de gato monstruoso al verlo por primera vez.
Noah observó atentamente su expresión, con el estómago revuelto.
Quizás un peluche era demasiado infantil. Debería haberle regalado un arma o…
—¿Esto es para mí? —preguntó Moxie, mirando a Noah.
—Ah, sí. Se suponía que iba a ser un oso de peluche, pero al parecer el gato empezó a molestar a Olive mientras lo hacía. ¿Es...?
—Es sorprendentemente adorable —dijo Moxie con una sonrisa que se dibujaba en la comisura de sus labios—. ¿Supongo que hemos decidido que el gato está de nuestro lado?
“No sé qué he decidido, pero creo que esa es la conclusión a la que ha llegado el gato.”
Moxie se rió y apretó el peluche. “Esto es genial. Nunca había tenido nada igual”.
—No es eso —dijo Noé, aclarando la garganta—. Hay algo más ahí dentro.
Moxie parpadeó sorprendida y volvió a mirar el paquete. Apartó un poco la tela y sacó la capa, abriendo mucho los ojos. Tiró el envoltorio a un lado, sin soltar el peluche de gato con una mano, y extendió la capa frente a ella.
“¿Esto es para mí? ¿Por qué?”
—Bueno, me regalaste el violín —dijo Noah, aclarando la garganta—. Quería regalarte algo también. Olive hizo todo el trabajo duro, yo solo le di algunas sugerencias.
—¿Me lo has regalado así sin más? —Moxie apartó la mirada de la capa y miró a Noah—. ¿Sin motivo alguno?
“¿Lo necesitaba?”
Moxie se echó la capa sobre los hombros y examinó su reflejo en el espejo. —Es preciosa. ¿Cómo supiste que me quedaría bien?
“Supongo que tendremos que agradecérselo a Olive. También tiene algunas imbuiciones para mantenerse en buen estado. Extraerá algo de energía de los monstruos que mates para seguir funcionando, pero no mucha. Al parecer, también tiene algo del dichoso pelo del gato. No sé hasta qué punto harán esas imbuiciones, pero Olive parecía creer que son buenas.”
“¿Entonces vamos a juego? ¿No sabes cuáles son todas las Imbuiciones del violín, y lo mismo ocurre con mi capa?”
Sí, supongo que sí. Supongo que podemos agradecerle al gato por ayudarnos.
Moxie volvió a pasar las manos por la capa. —¿De verdad puedo tener esto? Se siente tan bien.
¿Me estás tomando el pelo? ¡Me has regalado un violín! Siento que salí ganando en esta conversación. La verdad es que me hubiera gustado poder regalarte algo mejor, pero no estaba segura…
El resto de la frase de Noah se esfumó en un gruñido de sorpresa cuando Moxie lo abrazó con fuerza, casi asfixiándolo. Los ojos del gato de peluche se abrieron ligeramente al apretarlo entre ellos.
“Esto es perfecto. Nunca me he puesto otra cosa que no sea la ropa que me regaló la familia Torrin. No le veía sentido a gastar dinero en algo así, pero este es uno de los mejores regalos que me han hecho jamás. El gato de peluche también. Es muy… bueno, muy tú.”
Noah dejó escapar un suspiro de alivio que no sabía que estaba conteniendo. "Me alegro de que te guste".
—Tiene buena pinta —confirmó Lee con la boca llena de tarta—. Aunque me gusta más mi regalo. Está rico y se puede comer.
Todos estallaron en carcajadas. Moxie soltó a Noah, le puso una mano en el hombro y tiró suavemente. Noah se agachó, confundido, y Moxie le dio un beso en la mejilla.
“Gracias, Noé.”
Lee se terminó otro pastel y luego estiró los brazos por encima de la cabeza bostezando. —¿Qué vamos a hacer mañana? Quiero una pelea más interesante. Los monstruos contra los que luchamos hoy fueron un asco. ¿Podemos pedir más pasteles?
Noah no estaba seguro de si le gustaba o no el cambio de tema, pero lo aceptó de todos modos.
—En realidad, yo también había pensado en eso —dijo Noah, intentando no parecer demasiado nervioso. A juzgar por la expresión de suficiencia de Moxie, no lo conseguía.
—¿Qué son? —preguntó Lee con entusiasmo.
“Estaba pensando que podríamos cazar un Gran Monstruo.”

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 262
Estás leyendo el capítulo 262 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.