Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 245 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La muchacha —a quien Noah supuso que era Alexandra— se puso en movimiento con una rapidez asombrosa. Corrió hacia él sin dudar un instante en cuanto la última palabra de la orden de Gentil salió de sus labios, alzando su espada para cortarle la garganta.
A Noah le repugnaba la idea de matar a una chica que prácticamente tenía la edad de uno de sus alumnos, pero no iba a quedarse de brazos cruzados mientras ella lo abría en canal. Liberó el poder de Desastre Natural en una esfera de viento violento.
El objeto la golpeó en el estómago, la levantó del suelo y la hizo girar como si estuviera en un tornado antes de lanzarla contra la pared. Se estrelló contra ella y cayó al suelo, con escombros cayendo a su alrededor.
Su expresión no cambió en lo más mínimo. Alexandra aterrizó de pie y volvió a correr hacia él.
—¡Yo me encargo del callado! —gritó Lee, pasando corriendo junto a Noah y alzando su hacha. Moxie miró de Lee a Noah.
—Ayuda a Lee —dijo Noah—. Que no te pillen.
—Gracias. No lo había deducido —dijo Moxie con sequedad, corriendo hacia Lee. Gentil no se movió de su silla. Por mucho que Noah lo tentara a fulminar con un rayo, si Gentil iba a quedarse al margen, no se quejaría. Eso les daba ventaja y, idealmente, tendrían al viejo cabrón vivo para interrogarlo cuando todo se calmara.
Alexandra blandió su espada contra Noah. Él se inclinó hacia un lado, esquivando el golpe con facilidad. No era lenta, pero distaba mucho de ser tan rápida como los otros oponentes a los que se había enfrentado.
Lo cual nos lleva a preguntarnos por qué este viejo chiflado la mantiene cerca.
Se oyó un estruendo ensordecedor, y Noah miró de reojo a Lee y Moxie. Ambos estaban enfrascados en una violenta lucha con el hombre silencioso, que parecía mantenerlos a raya.
Comparada con él, esta chica ni siquiera es una distracción. ¿Qué pasa con esto?
Noé le hizo una zancadilla a la chica, haciéndole perder el equilibrio. Cayó al suelo y Noé le arrebató la espada de la mano de una patada. —Quédate en el suelo. Prefiero no matar a una niña.
Si Alexandra lo oyó, no lo demostró. Su rostro permanecía inexpresivo, sin mostrar ningún tipo de reacción. Se apartó de Noah, tomó su espada y se puso de pie de nuevo.
La espada de Alexandra volvió a cortar el aire. Noah se hizo a un lado y alzó la mano en la dirección opuesta, apuntando al hombre encapuchado. Lanzó un rayo que cruzó la habitación y lo alcanzó en el pecho.
El hechizo estrelló al hombre contra la pared, y Lee aprovechó la distracción para blandir su hacha hacia su cabeza. Él se agachó con una velocidad increíble, esquivando el golpe y lanzándose contra Lee, obligándola a retroceder de un salto para evitar ser atravesada por una daga.
¡Maldita sea! Es igual de rápido que ese tal Stigman, pero sin todas esas estúpidas bromas provocadoras.
Noé volvió su atención hacia Alexandra, inclinando la cabeza hacia atrás para evitar su espada y lanzándola hacia atrás con una ráfaga de viento.
—¿Qué le pasa a la chica? —le gritó Noé a Gentil—. No parecías el tipo de persona que envía niños a la batalla.
Está loco, así que tal vez pueda aprovecharme de sus delirios o algo así.
Gentil soltó una risita. —Oh, Alexandra es mucho más que una niña. Simplemente es un poco reacia a pelear. ¿Verdad, Alexandra?
El rostro de Alexandra ni siquiera se inmutó. Corrió hacia Noah de nuevo, alzando su espada como siempre. Noah apretó los labios y la lanzó hacia atrás con la misma ráfaga de viento que acababa de usar.
—Es bastante poderosa —continuó Gentil, golpeando con el índice el reposabrazos—. Alexandra cometió un grave error, pero le extendí mi clemencia. Sin embargo, como una niña rebelde, rechaza mi perdón. Y así, seguimos igual. No te preocupes por ella, Magus Vermil. Pronto te matará.
Cada palabra que sale de tu boca te hace parecer más un pervertido repugnante que… bueno, lo que sea que estés intentando aparentar. ¡Qué asco!
Noé lanzó otra ráfaga de viento contra Alexandra, y luego invocó a la Fuerza Natural para que abriera una grieta en el suelo entre él y la niña. Un pequeño abismo se abrió de golpe, tragándose a Alexandra por completo.
Cayó en picado quince pies hacia la oscuridad, aterrizando con un golpe seco en el fondo de la grieta.
Me ocuparé de ella una vez que me haya ocupado del resto de estos tipos.
—Alexandra —llamó Gentil, con un ligero tono de molestia en la voz—. Deja de decepcionarme. ¡Pelea!
A Noah se le erizó el vello de la nuca. Giró sobre sí mismo, cayendo al suelo justo a tiempo para esquivar la hoja de Alexandra, que silbaba en el aire sobre su cabeza. Se había movido tan rápido que su sentido sísmico apenas había logrado detectarla a tiempo.
Noah retrocedió un paso, bajando la guardia y volviendo a examinar a Alexandra. Ella estaba paralizada, con la mano temblando alrededor de la empuñadura de su espada. Por un instante, un destello de emoción se reflejó en su rostro.
Rechinó los dientes y una lágrima rodó por su mejilla. Entonces, la hoja de su espada se encendió con un silbido. Alexandra perdió el conocimiento.
De no ser por todo el entrenamiento que Noah había realizado con Lee, su pelea habría terminado ahí. Pero, por suerte para él, estaba acostumbrado a luchar contra alguien más rápido que él, y eso le dio la experiencia suficiente para apartarse en cuanto Alexandra desapareció.
Su hoja se abrió paso a través de la piedra donde él había estado, sin resistencia ni sonido alguno. Alexandra se giró hacia él, dejando escapar un suspiro de vapor. No quedaba rastro de la lágrima, pero había sido suficiente.
Detrás de Alexandra, Noah pudo ver la expresión amable de Gentil, tan falsa que la habría reconocido a kilómetros de distancia. El asco le subió a Noah al pecho.
—¡Viejo enfermo de mierda! —gruñó Noah—. ¿La estás obligando a pelear?
—Fracasó, así que tuve que tomar medidas drásticas en su reeducación —respondió Gentil—. Yo…
Un rayo descomunal surgió de la mano de Noah, abrasando el suelo y golpeando a Gentil como un camión. Un escudo gris apareció a su alrededor, pero no bastó para detener el ataque por completo.
Aunque el escudo resistió, Gentil salió despedido de su asiento. Voló por los aires, atravesó hileras de cera, rodó una vez y se detuvo bruscamente contra la pared.
Noah no tuvo tiempo de ver las consecuencias de su ataque. La espada de Alexandra se deslizó hacia su rostro. Se abalanzó hacia atrás, pero ella era tan rápida que no pudo esquivar el golpe por completo. Un calor abrasador le quemó la mejilla al cortarla la hoja, dejando una fina cicatriz que se cauterizó al instante.
Maldiciendo de dolor, Noah detonó una potente ráfaga de energía eólica justo detrás de Alexandra. La ráfaga la derribó del suelo al girar formando un pequeño tornado, y Noah aprovechó el instante para mirar a Gentil.
El anciano se había puesto de pie. En su rostro no quedaba ni rastro de la amable máscara que había llevado un instante antes. Solo persistía un odio y una furia puros e inalterados.
—¿Te atreves? —gritó Gentil, escupiendo saliva—. ¿Atacarme a mí? ¿A quien te mostró misericordia? ¡Me abstuve de entrar en la pelea! ¡Te di la oportunidad de creer que podías sobrevivir! ¡Ingrato, desagradecido, retorcido…!
Otro rayo impactó contra Gentil, interrumpiendo su delirio. Su escudo estalló en luz al ser lanzado contra una pared, haciendo añicos aún más velas.
¡Joder, qué escudo más poderoso! Apenas se ha inmutado con todos los ataques que le he lanzado.
—¡Deja de monologar, imbécil! —gruñó Noah—. ¡Suelta al niño antes de que te corte la cabeza!
Alexandra atacó a Noah de nuevo. Él retrocedió de un salto, tropezando casi con algunas de las velas en el suelo. Logró mantenerse en pie y esquivó el ataque por poco, pero Alexandra lo siguió con otro.
Noah no tuvo tanta suerte con el segundo ataque. Una de las velas le prendió fuego al pantalón. El momento de distracción fue breve, pero suficiente para que Alexandra acortara la distancia entre ellos.
Ella se abalanzó. Noah se giró, pero supo que el golpe aún le produciría una herida fea en el pecho. Un instante antes del impacto, la hoja se detuvo en seco. Las extremidades de Alexandra temblaron por el esfuerzo.
Noé recuperó el equilibrio y se alejó de la chica justo cuando su resistencia se desvaneció. Ella se abalanzó sobre él de nuevo, pero Noé la repelió con una ráfaga de viento.
Si mato a Gentil, el control que ejerce sobre esta pobre chica desaparecerá. No puedo perder el tiempo luchando contra ella. Es demasiado rápida como para derrotarla con seguridad sin matarla, y no lo haré a menos que sea mi último recurso.
La mirada de Noah se posó en Gentil. No hacía falta ser un genio para adivinar lo que pensaba. La boca de Gentil se curvó en una sonrisa llena de odio, un contraste tan marcado con su expresión de hacía apenas unos segundos que casi parecía imposible que se tratara de la misma persona.
—Este es un escudo de rango 5 —dijo Gentil, haciendo un gesto a Noah para que siguiera adelante—. Tu magia no es más que una leve molestia. Tú y Alexandra me repugnan: se niegan a asumir la responsabilidad de sus viles actos y se creen con la razón. Te castigaré, Mago Linwick. Y solo cuando hayas reconocido tu error, te mataré.
Noah dejó escapar un rugido, canalizando una enorme porción de los poderes restantes de Desastre Natural y corriendo hacia Gentil. La electricidad surcó el aire mientras se concentraba a su alrededor, demasiado intensa para contenerla.
Gentil permaneció inmóvil, sus viles ojos recorriendo a Noé con una arrogancia tan densa que Noé casi podía saborearla.
Eso lo enfureció. La energía crepitó al saltar Noah por los aires, preparándose para liberar toda la magia que había reunido. Gentil ni se inmutó. Sabía que la magia de Noah no lograría hacerle mella en sus defensas.
Tras la breve conversación que Noé tuvo con Gentil, pudo darse cuenta de que el anciano parecía estar convencido de tener razón. Era increíblemente arrogante, lo que lo hacía sentir intocable. Y, cuando alguien se siente seguro de ser intocable, es cuando es más fácil atacarlo.
Noah liberó toda la magia que había reunido, no hacia Gentil, sino detrás de su brazo. Un rugido ensordecedor llenó la habitación mientras el viento aceleraba a Noah, permitiéndole moverse a velocidades incluso superiores a las de Lee por un instante.
Su puño literalmente silbó en el aire y se estrelló contra la nariz de Gentil, atravesando su escudo. Un dolor agudo recorrió la mano de Noah al quebrarse los huesos, pero eso no disminuyó la satisfacción que lo inundó al ver a Gentil rodar por el suelo y estrellarse contra una pared con tal fuerza que la hizo añicos tras él.
Noé giró al caer al suelo, logrando apenas mantener el equilibrio.
Malditos abusadores de escudos. Nunca recuerdan que los escudos solo funcionan automáticamente contra ataques mágicos, y que para bloquear un golpe físico hay que usar la parte física. ¡Que te pudras en el infierno, Gentil! Esta línea se hizo para gente como tú.
El montón de escombros donde había caído Gentil se estremeció. La sonrisa se desvaneció del rostro de Noah cuando Gentil se puso en pie tambaleándose. La sangre le corría por la cara y tenía la nariz tan aplastada por el impacto, pero Gentil seguía vivo, y el odio en sus ojos ardía con tanta intensidad que brillaban de un rojo intenso.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 245
Estás leyendo el capítulo 245 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.