Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 164 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los dedos de Alister se estremecieron por primera vez en años. Abrió los ojos con dificultad y respiró hondo. Líneas de energía recorrieron todo su cuerpo. Sus runas vibraron mientras el poder fluía en su interior, llenando cada fibra de su ser y su alma.
La última de sus siete runas se unió, fusionándose en una sola runa de rango 7. Tras casi cien años de intensa concentración, por fin lo había logrado. El aire a su alrededor tembló mientras el poder emanaba de la runa recién formada.
Llama consumidora del Señor Sangriento.
Alister apenas se atrevía a pensar en su nueva runa. El poder que emanaba de ella era astronómico. Mucho más de lo que jamás hubiera creído posible. Mucho más de lo que nadie hubiera creído posible.
Podía sentir la runa esperando su llamada, y la obedeció. La cueva que rodeaba a Alister se hizo añicos cuando este invocó la presión pura que emanaba de la runa, manifestando su Fuerza Rúnica por primera vez.
Grietas recorrían el suelo y la montaña temblaba sobre él. Un poder descontrolado fluía por sus venas. El aire mismo vibraba en su presencia, estremeciéndose ante la inmensa fuerza del verdadero poder de la Runa de Rango 7.
Con un solo pensamiento, Alister supo que podía concentrar toda su fuerza en un punto fijo, aplastando a cualquier ser inferior con tan solo una mirada. Comenzó a reír, sus cuerdas vocales vibrando con energía inversa.
—Y me dijeron que era imposible —murmuró Alister para sí mismo, apoyándose las manos en las rodillas desnudas mientras su risa resonaba en la oscuridad—. Nadie puede alcanzar el Rango 7. No ha sucedido desde que se fundó el Imperio Arbalest. Bah. Idiotas que se acobardan ante la costumbre y sus propios miedos.
Alister se puso de pie. Podía sentir la vida vibrando en cada fibra de su cuerpo. Cuando se puso a meditar para concentrarse en sus runas, no había estado lejos de la muerte. Calculaba que le quedaban unos ciento cincuenta años de vida.
Ahora, Alister ni siquiera podía distinguir dónde estaba el límite. Al menos diez veces más, si no más. Los huesos de Alister crujieron al girar los hombros, tomándose unos instantes para deleitarse con su nueva fuerza.
En todo el Imperio Arbalest, ningún ser podía siquiera acercarse a su poder. Extendió una mano y la presión de su runa impactó contra la piedra, reduciéndola a un polvo tan fino que apenas se distinguía.
Soy un dios. Las casas nobles temblarán ante mí. Ningún ser viviente...
“¡Oye, tranquilo, amigo! Estás desbordando Fuerza Rúnica. ¿Quizás quieras guardártela en los pantalones?”
Alister se giró. Una mujer, apoyada contra la pared en las sombras de la cueva tras él, ocultaba su figura bajo una pesada capa negra. A pesar del inmenso poder que emanaba de la runa de Alister, permanecía imperturbable.
—¿Quién eres? —preguntó Alister, alzando una mano. Un fuego de tonalidades oscuras surgió de la nada, invocado únicamente de energía pura. Iluminó la cueva con un brillante resplandor rojo.
La mujer era alta, varios centímetros más alta que Alister, y él no se consideraba bajo en absoluto. Se echó la mano hacia atrás, bajándose la capucha. Sus labios eran negros, sus ojos, un vacío igual de profundo. Su piel era tan pálida que parecía blanca, y llevaba un collar negro con púas al cuello.
—¿Quién demonios eres? —repitió Alister. Dirigió su Fuerza Rúnica hacia la mujer, intentando aplastarla, pero su expresión ni se inmutó. Era como si él no estuviera allí.
¿Qué es esto? ¿Cómo? ¡Soy de Rango 7! ¡El ser más grande en la historia del Imperio Arbalest desde su fundación!
—Ya lo sé, ya lo sé —dijo la mujer, haciendo un puchero. Movió las caderas hacia un lado y apoyó una mano en la cintura, chasqueando la lengua con decepción—. Puede que haya estropeado un poco tu celebración. ¿Quieres que espere a que termines?
—¿Quién eres? —rugió Alister.
La mujer frunció los labios. —Qué insistente. Puedes llamarme Garina. Diría que es un placer conocerte, pero mentiría.
—¿Cómo es posible que resistas mi fuerza? —exigió Alister, dando un paso hacia Garina—. He alcanzado el Rango 7. El único Rango 7 del Imperio. ¡Temblad a mis pies!
Garina hizo una mueca de asco. “¡Ay, Dios mío! Ya veo que esto va a ser divertido. Mira, felicidades por alcanzar el rango 7. Es un gran logro, o lo que sea”.
A Alister le tembló un ojo. Intensificó la fuerza que emanaba de su runa, intentando obligar a Garina a arrodillarse. Ella ladeó la cabeza y se metió un dedo en el cuello de la camisa, ajustándolo, mientras soltaba un profundo suspiro.
“¡Para ya! Pareces un perrito intentando mearme la pierna. ¡Abajo, chico!”
Un muro de energía se abalanzó sobre los hombros de Alister. Cayó al suelo con tal fuerza que se abrieron grietas donde sus rodillas habían golpeado la piedra, y cayó de rodillas mientras tomaba una bocanada de aire entrecortada y jadeante.
Alister sentía como si el mundo entero se le viniera encima, amenazando con reducir sus huesos a polvo.
Imposible. ¿Es esto la Fuerza Rúnica? ¿Cómo es posible que la tenga?
—Esa es una posición mucho mejor —dijo Garina, acercándose a Alister. Sus hombros temblaban mientras apretaba los dientes, resistiendo la presión inconcebible con su propia Fuerza Rúnica.
Gruñendo desafiante, Alister se incorporó a la fuerza, poniéndose de rodillas. Rugió, con la runa temblando por el esfuerzo, y se enderezó. Se plantó frente a frente con Garina, con todo el cuerpo temblando violentamente. Ella arqueó una ceja.
“¡Qué mono! ¿Ya has terminado de hacer el payaso? Tengo que trabajar y no pensaba jugar con perros hoy.”
—¿Tú? ¿Tú eres la razón por la que no hay ningún Rango 7 en el Imperio? —jadeó Alister.
Garina puso los ojos en blanco. —Está claro que eres un poco lento, pero sí. Me llamo Garina. Soy de rango 7. Como has adivinado, estoy aquí para darte la noticia de que tu trasero no es especial.
El ojo de Alister se contrajo. La Fuerza Rúnica que lo oprimía cedió de repente y retrocedió tambaleándose, a punto de estrellarse contra una pared antes de contenerse. Miró a Garina, respirando con dificultad.
“¿Cómo? ¿Por qué?”
Garina soltó una carcajada. “Venga ya. ¿De verdad creías que los demás estaban de brazos cruzados y que nadie había intentado alcanzar el Rango 7 del imperio antes que tú? ¡Qué arrogante! Ni siquiera estás cerca de ser el primero”.
—No lo entiendo. ¿Qué sentido tiene expulsarnos del Imperio? —preguntó Alister.
“En el Imperio Arbalest no se permiten personajes de rango 7. Es la norma. No tengo que darte más explicaciones.”
“¿Cómo es eso…?”
Garina suspiró y se presionó el puente de la nariz con los dedos. —No. Basta. No me interesan tus preguntas. No soy tu madre. No perdí el tiempo viniendo a este agujero de mierda para hablar contigo. Solo hago mi trabajo. Si quieres hacer preguntas, busca a alguien a quien le importen. Muévete de aquí y lárgate del imperio. Ve directo en cualquier dirección, lo más rápido que puedas. No te pares a hablar. No te pares a comer. No hace falta. Pronto estarás fuera, y entonces alguien te explicará las cosas como es debido.
Alister rechinó los dientes. —No soy un perro, mujer. ¡Al menos dime por qué! ¡No tiene sentido!
—Bien. Poderes muy superiores a ti decidieron que dejar que los nuevos talentos se mataran entre sí era un gran desperdicio, así que habilitamos una pequeña zona para que los niños jueguen. Cuando dejes de ser un completo desperdicio, es hora de seguir adelante para que no aplastes el área de juegos por accidente. ¿Qué te parece?
—¿Quién? —preguntó Alister—. ¿Me estás diciendo…?
La sentencia de Alister terminó con un fuerte estruendo cuando la Fuerza Rúnica se abalanzó sobre sus hombros, estrellándolo de bruces contra el suelo. Se hundió casi treinta centímetros en la piedra, hasta quedar prácticamente al mismo nivel.
Garina le dio un golpecito en la cabeza con el zapato. “Estoy harta de ti. Cállate. Entendido. Tienes una semana para salir del Imperio Arbalest. Sin paradas. Sin charlas. Si intentas algo, te mato. Y créeme, lo sabré. Por tu bien, reza para que no nos volvamos a encontrar. Ya he perdido demasiado tiempo contigo”.
Hizo una pausa un instante y luego retiró el pie de Alister. —Oye, ¿has oído hablar de alguien que no pudo quedarse muerto?
Alister gruñó con la boca llena de piedras.
—¿No? Qué lástima —dijo Garina—. No te quedes callado mucho tiempo. No bromeaba cuando dije que no querías volver a verme. Te arrancaré la columna por el culo.
Entonces desapareció. No hubo ningún cambio de poder ni la más mínima alteración en la energía de la cueva. Un segundo Garina estaba allí, y al siguiente era como si nunca hubiera existido. Alister se puso en pie tambaleándose, escupiendo piedras al suelo y jadeando en busca de aire.
Su corazón latía con fuerza en su pecho, como un caballo desbocado. La fuerza de Garina no solo lo eclipsaba, sino que ni siquiera era humana. Le había hablado como si fuera un niño, o un perro sarnoso. Y, dada la inmensa diferencia de fuerza entre ambos, quizá tuviera razón.
Alister rechinó los dientes. Su arrogancia se desvaneció bajo el sofocante manto de su miedo. No había vivido tanto tiempo siendo un completo idiota. Garina podría haberlo matado en un abrir y cerrar de ojos.
No le quedaba más remedio que obedecer al pie de la letra. Alister concentró su Fuerza Rúnica, atrayéndola con fuerza hacia su cuerpo para ocultarla lo mejor posible, se sacudió el polvo y se lanzó, atravesando la piedra como un pez en el agua.
En un abrir y cerrar de ojos, saltó de la montaña y se elevó hacia el cielo, volando tan rápido como su runa se lo permitía. Bajo ninguna circunstancia pensaba detenerse hasta que el Imperio Arbalest fuera un recuerdo lejano.
Alister jamás regresaría al Imperio Arbalest, al igual que casi todos los demás hombres y mujeres que habían alcanzado el Rango 7 antes que él.

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Estás leyendo el capítulo 164 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.