Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 97 online gratis en español
🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
"Sí, no. Definitivamente perdí la cabeza".
Soren sacudió la cabeza abatido con una sonrisa. "¿Es demasiado tarde para un terapeuta?"
La voz respondió: "En casos como el tuyo, sí, es demasiado tarde. El terapeuta morirá de vejez antes de que pueda arreglar la mitad de ti".
"No sabía que mi imaginación podía ser tan astuta con las palabras". Soren se rio entre dientes.
"Eso es mentira y lo sabes. Si las lenguas de plata fueran un evento olímpico, te llevarías a casa la medalla de platino".
"Sin embargo, los Juegos Olímpicos no tienen medallas de platino".
"Gracias por demostrar mi punto".
Los labios de Soren se crisparon. Qué bastardo tan descarado... Frunció el ceño mientras miraba hacia las misteriosas plataformas que se acercaban lentamente.
"Me llamaste Escriba de Mundos antes. Ese es el nombre del sitio web que me metió en todo este lío... ¿Qué quisiste decir con eso?"
La voz permaneció en silencio por un momento, como para contemplar una respuesta:
"El significado es bastante literal. Eres un Escriba de Mundos. Un viajero de aviones y cronista de historias. Ese es el significado mismo de tu viaje".
Las palabras que el Sr. Desconocido le había dejado resonaron una vez más en su mente: Explorar, Soñar, Descubrir.
Al principio, Soren asumió que lo decía en serio en el contexto de Yarian, que la pregunta que había usado en el ritual de los Secretos de los Registros tenía una respuesta en algún lugar de estas tierras misteriosas.
Pero la adquisición del fragmento de una runa olvidada ciertamente arrojó una llave inglesa en esa hipótesis. Si la respuesta a esa pregunta era una que podía responderse en Yarian, ¿por qué adquirió un método para viajar de regreso a la Tierra si era necesario? ¿Fue solo una coincidencia? ¿Una cuestión de suerte?
No, ese no puede ser el caso, no cuando su camino le había sido trazado por el destino. La Señora declaró claramente que sus habilidades proféticas le mostraban cuán importante era Soren para el Destino Celestial de ese mundo.
Entonces, ¿por qué un ritual destinado a obtener respuestas a ciertas preguntas lo llevaría a otro mundo cuyo futuro dependía en gran medida de su existencia?...
Como si sintiera sus pensamientos, la voz preguntó:
"Esa pregunta... ¿Ya has encontrado la respuesta?"
El rostro de Soren no cambió. A medida que caía más en el vacío, sacudió la cabeza lentamente. "No... Todavía no".
"Esperaba que dijeras eso".
"¿Y por qué es eso?..." Levantó una ceja.
"Porque si la pregunta que hiciste fuera tan fácil de responder, entonces una paradoja como la mía no existiría".
¿Qué quiere decir con eso?... Justo cuando estaba a punto de preguntar, Soren notó algo extraño. Su cuerpo, que era perfectamente normal hace solo un segundo, ahora brillaba en un tono dorado etéreo. Extraños hilos dorados flotaban a su alrededor, como si hubiera estado envuelto en una furiosa pero elegante aurora boreal. Soren levantó las manos y las miró fijamente durante unos segundos, completamente estupefacto. Luego desvió su mirada hacia su Arma del Alma levitando junto a su cuerpo que caía. Su forma parecía extrañamente viva: Soren no había dado ninguna orden y, sin embargo, no se dio cuenta de que había estado activo todo este tiempo con sus páginas parpadeando como llamas hambrientas.
Justo antes de que pudiera investigarlo más a fondo, su fiel grimorio se rompió repentinamente en pedazos. Confundido, vio cómo sus fragmentos se dispersaban en el viento, disipándose en la nada.
Una pizca de pánico llenó su mente, pero la voz regresó, esta vez para tranquilizarlo:
"Cálmate. No me pasó nada".
Se relajó al instante, pero eso solo lo confundió más. ¿No le pasó nada? ¿Qué?
Pero no hubo más tiempo para preguntas. Los ojos de Soren se abrieron cuando notó que la plataforma distante hacia la que caía su cuerpo crecía rápidamente... Era como si el tiempo se hubiera acelerado, o su cuerpo se hubiera convertido en una estrella fugaz. En un instante, se recorrieron millones de kilómetros y, antes de que se diera cuenta, ya no estaba cayendo.
Su cuerpo había llegado a tierra firme.
Golpeando contra una superficie de roca que debería haberlo convertido en una salpicadura de sangre artística, pero nada de eso sucedió. En cambio, se encontró simplemente acostado boca abajo, como si todo lo que había visto hacía unos momentos no fuera más que producto de un viejo sueño...
"¿Dónde... estoy?..."
"Ya hiciste esa pregunta..."
Soren reconoció la voz. Movió su cuerpo hacia la fuente, lo cual fue sorprendente ya que la última vez que habló el producto de su imaginación, ni siquiera podía decir si todo estaba dentro de su cabeza o no.
Lo que estaba viendo lo sorprendió mucho. Una gran hoguera, parpadeando eternamente, iluminaba todo en su presencia. Como un pilar de gloria, su luz brillaba sobre la tierra: mariposas doradas pululaban y orbitaban alrededor de su presencia, como polillas atraídas por el lujo. Por alguna razón, cada vez que Soren se concentraba en una de las pequeñas mariposas, su mente comenzaba a doler.
Todo era extrañamente atractivo... Una parte de él quería abrazar la llama... Entrar en sus garras humeantes. El encanto... Era vasto...
"Bienvenido de nuevo, Escriba de Mundos..."
Soren miró alrededor de la hoguera mística: el asombro era la única sensación que llenaba su mente. Los cielos eran un degradado de colores pastel, cambiando como un sueño en constante cambio. Era como si el vacío en el que había estado cayendo ahora se filtrara a través de una malla, difuminándolo y mezclándolo todo... Objetos extraños llenaron los cielos: engranajes, edificios, muebles, juguetes, pociones, magia, arcoíris, estrellas y todo lo demás.
Una escena sacada directamente de un libro ilustrado. Un crepúsculo de imaginación más allá de la presencia de las mentes mortales.
Luego miró su propio cuerpo y el suelo bajo sus pies. La "isla" era plana y estaba hecha de adoquines y hierba, con la extraña hoguera en el centro. Pero lo que era más extraño tenía que ser la dimensionalidad siempre cambiante de todo esto... Si Soren simplemente inclinara la cabeza unos pocos grados, la escena cambiaría... La hierba se haría más alta, el adoquín se vería más claro y, lo más extraño de todo... La misteriosa hoguera desaparecería: en su lugar venía un majestuoso dosel de piedra, con una mesa redonda en el centro. Todo estaba hecho de mármol y pulido en un grado casi perfecto.
"¿Qué... estoy mirando...?" Todo en este lugar parecía de naturaleza paradójica.
La voz fría pero viva respondió: "Este es el Reino de los Reinos... Un lugar más allá del alcance de todos. Una reliquia del Uno por Encima de Todo".
"¿Uno por Encima de Todos?" El nombre se sentía extrañamente familiar, como si su alma anhelara entenderlo.
"Así es. El creador de este universo tal como lo conocemos".
Las palabras sorprendieron mucho a Soren. Obviamente, siempre había tenido el presentimiento de que algo había creado este universo: si puede haber un panteón de dioses en Yarian, ¿qué hay para decir que no hay un dios para todo el universo?
Aun así, no pudo evitar sorprenderse. Un fragmento de runa olvidada de tal ser estaba ahora en su poder... La idea parecía emocionante y horrible al mismo tiempo.
"¿Te estás arrepintiendo de tus decisiones ahora?" Dijo la voz burlonamente.
Al instante supo lo que estaba insinuando: El Sueño Susurrante. Soren podría haber escapado de ese bastardo, pero en el proceso, había revelado lo que ahora era su mayor secreto.
No hay forma de que ese imbécil ignore mi existencia... No es que Soren tuviera ninguna esperanza de que el enigmático Santo se olvidara por completo de él. Diablos, incluso él se negó a olvidarlo: quería vengarse de él de una forma u otra.
Sin responder a la pregunta de la voz, se puso de pie y se sacudió el polvo de la ropa. Con una mirada algo divertida, miró la hoguera y preguntó:
"Entonces, ¿quién eres?" Tenía una corazonada, pero pensó que sería mejor escucharla directamente de la fuente.
Respondió: "Los Registro... O más específicamente, la paradoja de tu existencia".
No comprendió completamente la segunda parte, pero ahora era bastante fácil entender con qué se había estado comunicando exactamente todo este tiempo. De hecho, su llegada aquí no fue cuando se comunicaron por primera vez...
Los Registros. Su Arma del Alma, que era de la Clase Abstracta, de alguna manera había formado su propia personalidad. Había sabido de esta rareza cuando conoció a la Señora Sienna, quien reveló la verdad sobre su propia existencia demente...
"Una paradoja de hecho..." Por lo general, solo las Armas de Alma de la clase Invocador están destinadas a albergar una persona. Era principalmente un reflejo del tipo de Runa Abstracta con la que una persona se había fusionado.
Pero el caso de Soren fue especial. A diferencia de un Fantasma normal, había adquirido su Arma del Alma de una manera bastante extraña: la mayoría necesitaba someterse a un ritual para crear su Cadena del Alma y atrapar el fragmento de Runa Abstracta dentro del nodo... Él, por otro lado, ni siquiera poseía una Cadena del Almas real: la que se le otorgó en Yarian era de naturaleza ficticia.
Pero ahora que estaba parado frente a esta extraña e imponente brasa, todo comenzaba a tener sentido. Aunque fue difícil, Soren pudo ver un extraño anillo dentro de la hoguera. Al instante supo lo que era.
Su Cadena del Alma. Estuvo aquí en la Corte de las Hadas todo el tiempo.
Accidentalmente volvió a inclinar la cabeza y el mundo cambió: el extraño dosel de piedra reemplazó a la hoguera eternamente encendida. Soren frunció el ceño.
"Olvidémonos de lo que eres exactamente, explícame qué diablos está pasando... ¿Por qué veo dos versiones diferentes de este lugar superpuestas?"
"Tu existencia es demasiado lastimosamente débil para comprender completamente cómo opera el espacio aquí. Hm, déjame ayudarte".
De repente, Soren sintió que su mente se partía por la mitad, no. No era su mente la que se estaba dividiendo, era el mundo mismo. Luego, tan rápido como se dividió, se fusionó de nuevo, golpeando con suficiente fuerza como para hacerle cuestionar su sentido de la orientación.
Al instante vomitó mientras luchaba por mantener el equilibrio.
"Relaja tu mente".
Respiró hondo y abrió los ojos una vez más. Esta vez, el mundo no estaba dividido en ángulos y direcciones extraños, estaba completo de nuevo. Frente a él se encontraba el mismo dosel de piedra familiar, pero sobre él, una pequeña brasa ardía eternamente, iluminando las superficies de mármol de la antigua construcción. Un pequeño anillo de mariposas doradas orbitaba a su alrededor, con un pequeño sello de color violeta de un ojo atrapado dentro del anillo.
Era fascinante de ver.
Limpiándose los pequeños trozos de vómito de su labio inferior, ajustó su equilibrio y caminó hacia el borde del dosel, sus ojos se abrieron una vez más.
Las extrañas formas que flotaban sobre los cielos pintados con crayones ahora habían desaparecido, reemplazadas por estanterías extrañamente enormes que levitaban por sí solas. Era como si su formación estuviera creando un laberinto completo a medida que hinchaban las estrellas sobre ellos.
Algunos de los estantes contenían tomos en su interior, pero la mayoría estaban vacíos.

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Estás leyendo el capítulo 97 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2025, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.