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Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 283 online gratis en español

🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
Las llamas blancas crepitaban al danzar bajo la madera de ceniza, parpadeando salvajemente al ritmo de la excitación. Hombres y mujeres, ataviados con túnicas blancas, giraban alrededor de la pira radiante, cantando una canción olvidada. ¡ Oh, la orilla! ¡La orilla, la orilla, la orilla! ¡Tan lejana y tan cerca! —¡ Bailamos sobre las olas de sus falsas lágrimas! —Encendemos antorchas de la pérdida y la ceniza, para liberar las sombras de —¡ Nuestra Carcosa! Bailaron y bailaron. Siempre alegres, congelados en el momento. Pero mientras el resto del coro mantenía la mirada fija en la poderosa llama, había uno que parecía perdido. Cantaba al unísono con los demás, pero su mente se había distraído, observando cómo la niebla se agitaba más allá del borde de la luz. ¿Qué… qué está pasando? ¿Por qué estamos cantando? ¿Por qué estamos bailando? No sabía nada. Sentía como si su mente fuera un recipiente vacío, un caparazón que no tenía nada que proteger. Nada que comprender… El chico sin nombre solo podía bailar. Y bailar. Y bailar… Se sentía como si estuvieran congelados en un guion que se repetía, uno que parecía no tener fin. Cualquier intento de resistencia se desvanecería al instante de su mente. Como si fuera plenamente consciente de su propósito. No había nada más en su existencia que esta simple danza, y su mente solo podía aceptar esa realidad. ¿Por qué? ¿Por qué debo aceptarlo? ¿Quién dictó tal resultado? Su propia mente respondió al instante: «Fuiste tú. Tú dictaste este resultado». ¿Por qué? Se preguntó, y una vez más, respondió: No sé. La danza alrededor del pilar llameante se repetía en un ciclo, cada vuelta más monótona que la anterior. No importaba lo que pensara ni la lógica que presentara, su mente simplemente lo anulaba todo, obligándolo a continuar con este vals demente. —¡ Las Híades cantan y las Híades bailan! —¡ Esperamos a nuestro Monarca, que aún puede tener una oportunidad! —Que el brillante conquistador descanse en tumbas rotas, —Porque la triste canción de la reina no protege a nadie en —¡ Su Carcosa! Para entonces, el niño sin nombre ya se había vuelto insensible a todo. Ni siquiera recordaba cuándo empezó a cuestionar esta realidad retorcida. El tiempo mismo parecía haber perdido todo significado. Pero un pensamiento repentino lo asaltó. La llama, pensó. ¿Qué es? ¿Por qué bailamos a su alrededor? La curiosidad lo venció. No había forma de resistirse a la seducción de la luz. Pero lo que vio bajo esa luz… le provocó una docena de escalofríos en la columna. Una persona... ¡Estaban quemando a una persona! Sus pupilas se dilataron al ver la figura en llamas responder a su mirada. Estaban carbonizadas hasta los huesos. No, sería más preciso decir que no quedaba carne alguna. Solo un esqueleto atado a una estaca ardiente, con la expresión congelada por la agonía. Esto no fue solo una pira funeraria. Fue un asesinato vestido de luto. « Mi… canción… ». La oyó llamarlo. La voz de la figura en llamas resonó más fuerte que el crepitar de la llama… El chico sin nombre quiso responder. Quiso preguntar por qué sucedía esto. ¿Por qué quemaban a esta persona? Pero sus labios se movieron solos, obligados a cantar con el coro jubiloso. Miró fijamente la figura en llamas; su expresión retorcida lo decía todo. —Canción... —Canción de mi alma... Su garganta ardía con cada sílaba. Y aun así persistían, derritiéndose en la agonía de una canción que nadie recordaba: —¡ El trono de un rey y la espada de un caballero! —¡ Nos esperan aquí al borde de Su luz! —Las estrellas negras nos miran desde arriba del cielo en sombras, —Porque la niebla se ríe del lago que llora en —¡ Encontré Carcosa! El grupo de hombres y mujeres saltó con los brazos en alto, terminando la canción una vez más, solo para que volviera a comenzar momentos después. Se repetía una y otra vez, la desesperación se instalaba en el pecho del niño con cada palabra que cantaba. Hasta que finalmente la monotonía terminó con el ruido de las cadenas. En algún lugar detrás de ellos, sintió una presencia que se acercaba. Sus pasos resonaban con fuerza al acercarse a la danza ritual. Mientras giraba alrededor de la pira en llamas, el niño vislumbró al visitante que se acercaba. Sus ojos se abrieron de par en par al recitar la letra de nuevo. Una amalgama de huesos oscuros, unidos en una bestia colosal, atravesó la niebla y entró en la plaza olvidada. Tras unos cuantos ciclos más de la danza, pudo captar también los demás detalles. La oscuridad que la rodeaba adquirió una forma sólida, cubriendo a la criatura esquelética híbrida como un denso pelaje. En su lomo descansaba un ataúd oscuro que se aferraba firmemente a las sombras. Las cadenas que sellaban lo que dormía en su interior se deslizaban libremente por sus costados, traqueteando con cada paso de la bestia. —¿ Deseas recordar? Una brisa fría rozó su oído, trayendo los susurros de alguien desconocido. Pero antes de que pudiera reflexionar sobre su origen, ¡la persona en cuestión se reveló! Un joven de veintitantos años se manifestó ante la llama ardiente; sus blancas vestiduras funerarias danzaban entre sus sombras parpadeantes. Mantenía los brazos a la espalda, mirando fijamente a los ojos del chico sin nombre con un destello de locura. Extrañas mariposas de color violeta revoloteaban alrededor de su figura mientras le sonreía radiantemente. El niño sin nombre siguió cantando, dejando que los demás bailarines lo llevaran alrededor de la pira. Sin embargo, su mirada permaneció fija en la misteriosa figura. No tienes que responderme verbalmente. Si quieres recordarlo todo, simplemente mira a la mujer en llamas y lo interpretaré como un sí a mi pregunta. Te doy diez segundos. —Diez, —Nueve, —Ocho... Al oír la cuenta regresiva, la mirada del niño se dirigió a la pira funeraria. Observó atentamente cada uno de los rasgos del cuerpo carbonizado, grabando su horrible expresión en su mente. —Buena elección. El misterioso joven asintió con aprobación. Luego, miró hacia atrás, hacia la bestia esquelética, con una sonrisa aún más cínica. Ya oíste al chico, Albert. ¡ Buen provecho! Una extraña espada ilusoria voló desde las profundidades de la niebla hacia la quimera esquelética, estrellándose contra la tierra que tenía delante. Una extraña criatura de oscuridad la atravesó. Su tamaño era relativamente pequeño, pero sus rasgos eran aterradores. El niño la observó con atención, sintiendo una fuerte conexión con la horrible sombra. Aparte de sus seis brazos, que usó para intentar escapar desesperadamente de la espada que la inmovilizaba, su rostro parecía el de una araña, pero con rasgos humanoides retorcidos. Lo miró fijamente con sus colosales ojos blancos y celulares; no pudo descifrar su expresión. Pero antes de que pudiera examinarlo con más detalle, el esqueleto descomunal llamado Albert se inclinó hacia adelante con su enorme cráneo, asestando un mordisco a la sombra viviente. La criatura, atrapada por la espada ilusoria, se retorcía de dolor, abriéndose paso a través de las oscuras arenas de Carcosa, buscando alguna vía de escape. Pero ya era demasiado tarde. El niño sin nombre observó horrorizado cómo continuaba el festín caníbal. Nadie reaccionó a los gritos de agonía de la sombra; él y sus compañeros bailarines siguieron cantando y moviéndose al unísono alrededor de la llama parpadeante. Albert destrozó la sombra, consumiéndola toda hasta que sólo quedó la espada invisible. —¡Por qué! ¿Por qué …? — Le gritó el chico al Viajero, solo para darse cuenta de lo que había hecho un segundo después. —¿Yo … yo hablé? —Se quedó paralizado, retrocediendo instintivamente. Sin darse cuenta, el chico sin nombre ya había abandonado el círculo de bailarines. No, ya no era un chico sin nombre. Por fin había recordado quién era. —¡ Alis! ¡ Soy Alis de Albión! ¡El tercer hijo de Andred! Soren aplaudió suavemente: “ Tú también recuerdas tu muerte, ¿verdad? —Muerte… El niño miró fijamente sus manos cenicientas, viéndolas temblar bajo la luz parpadeante de la llama. Sonrió suavemente. —Sí, lo recuerdo. Lo recuerdo todo. Pensar que nuestro deseo de volver con la querida Carcosa nos costaría un precio tan alto. Miró a los bailarines, recordando cada uno de sus rostros. El que le tomó de la mano durante el baile le llamó la atención. “ Pero si le preguntaras a mi padre, probablemente diría que todo esto es su voluntad. Su sonrisa se ensanchó al negar con la cabeza. Luego, cruzó los brazos sobre el pecho, recreando un antiguo gesto religioso que acababa de recordar. —¡Que el olvido cubra los cielos! —Su grito resonó más allá de la oscura niebla. Los ojos que observaban desde lo alto del cielo ensombrecido se volvieron hacia él, observando atentamente sus acciones. Al ver su respuesta, Alis asintió con satisfacción. Esto era todo lo que podía pedir en sus últimos momentos. Soren se quedó quieto, observando cómo su cuerpo comenzaba a agrietarse. —Por cierto, sonrió el Viajero, “ queremos usar tu Recuerdo para una pequeña travesura. ¿Lo permites? El niño rió entre dientes. ¿Esa pregunta realmente requiere respuesta? Soren negó con la cabeza. « Muy bien. Me aseguraré de usarlo con sabiduría ». Al decir esto, los últimos restos de Alis, el joven caballero, se desmoronaron como arena, arrastrados por el viento. Y sus últimas palabras también se transmitieron: —Te deseo lo mejor en tu viaje, Mago Mariposa. El Viajero solo pudo permanecer inmóvil, dejando que las palabras del chico resonaran en su mente. No quedó nada de él, salvo una extraña máscara que reflejaba su expresión final. Mago Mariposa, ¿eh…? Suspiró y avanzó, recogiendo el Recuerdo. Sin perder un segundo, Soren expandió su Reino del Alma y forjó otra Espada Hada. Esta vez, iba a colocarle la máscara de Alis. —Ve… hacia el lago de las tinieblas. La espada voló al instante siguiendo la orden, atravesando la espesa niebla oscura. Solo necesitaba ayudar a llevar la máscara a la periferia del lago y escapar rápidamente a la plaza del pueblo sin ser visto. Por un instante, su propia figura también parpadeó levemente: la ilusión que conformaba su forma se había desmoronado debido a su viaje fuera del área de distribución, solo para recuperar sus características a su regreso. Solo quedaba un rastro de mariposas violetas que desaparecerían momentos después. Al mirar el ataúd oscuro que se encontraba encima del monstruoso esqueleto sombrío, Soren decidió confirmar sus acciones: —Eso servirá, ¿verdad? La niebla se agitó ligeramente, y un eco respondió desde dentro. « En efecto. La puerta del Castillo de Hyades no se abrirá a menos que nos encarguemos de esas plagas ». —Plagas … —Soren no pudo evitar reírse—. Con razón odiaban tanto a Avalon. ¡ Me refería a sus sombras vivientes! ¡No a la gente de las Híades! Sonrió y negó con la cabeza. De alguna manera, su plan había tenido éxito. Al menos, por ahora… Según Ynixia, esta aldea albergó antaño a las Híades, una raza extranjera que se integró al imperio de Arturo. Fueron las primeras en ceder ante su conquista continental, lo que desencadenó innumerables conflictos durante su reinado. Dentro del Imperio de Ávalon, eran conocidas por ser las más rebeldes. Pero aún más extraño que su historia de interminables revueltas, debían ser sus creencias religiosas. Eran conocidos por adorar a una deidad ajena a la « Santísima Trinidad », como le gusta llamarla a Ynixia. Una deidad conocida como el Origen de los Secretos… El Monarca Sin Nombre. Era una deidad de la que ya había oído hablar. La extraña entidad que poseía el cuerpo de Julie mencionó que era su sirviente. Carcosa, la Tierra, Yarian… Reflexionó. ¿Cuál es exactamente la conexión entre los tres? No, una mejor pregunta sería: ¿Cuál era la conexión entre Carcosa y esos dos reinos vinculados…? La Niebla Sin Nombre parecía tener su origen en estas tierras, o quizás Aelyne, la Doncella Sagrada, había traído sus poderes a Yarian y la Tierra con algún propósito oculto. Después de todo, él sabía que ni ella ni Guntharion formaban parte originalmente de la banda de caballeros de Arturo. Su llegada durante la Era de las Mitologías fue un asunto completamente distinto. ¿Podrían entonces las Híades tener el mismo origen que Guntharion? Todas eran habitantes originales de Carcosa que viajaron a Yarian durante esa época antigua. No había forma de confirmar nada… Al menos todavía no. Miró fijamente el ataúd oscuro y frunció el ceño. —¿ Qué miras?, dijo con bastante claridad. La irritación que se extendía por la oscura niebla era bastante evidente. Soren suspiró. « Nada. Simplemente no pensé que tus sueños nos darían una pista tan importante. Mis expectativas para este plan eran relativamente bajas ». —Mmm. Dilo sin rodeos: no confiabas en mí. Sabía con certeza que este plan funcionaría. Al fin y al cabo, las sombras vivientes son un reflejo de los habitantes fragmentados. Siempre tendrán rasgos similares a sus contrapartes. —Dado que las sombras vivientes que residen en ese extraño nido están conectadas con la gente de Hyades, descubrir que uno de sus parientes desaparece en ese… lago… los enviará inmediatamente a un frenesí. —Después de todo, ese lago contiene la sombra viviente de la persona que odiaban más que cualquier otra. Soren miró la hoguera ardiendo; la figura esquelética carbonizada entre las llamas se negaba a desaparecer, a pesar de todo. Suspirando, se giró de nuevo hacia el ataúd. ¿ cuándo dirás quién es? Quiero saber qué conexión tienes con esta gente, con estas tierras. Hubo una pausa repentina antes de escuchar su respuesta: —Sabrás cuando sea el momento adecuado. Se rió entre dientes y negó con la cabeza. Bien, dijo Soren encogiéndose de hombros. Vámonos entonces, antes de que esas extrañas sombras se den cuenta de quién es el verdadero culpable. Probablemente aún tendrían que enfrentarse a ellos en batalla. Una distracción como esta solo funcionaría por un tiempo. Pero ese era el punto: su objetivo nunca fue derrotar a las sombras. Su verdadero objetivo era entrar al Castillo de las Híades para encontrar a la mujer que Ynixia vio en sueños… Y no había forma de hacerlo mientras el extraño nido aún estuviera en el camino. No se pueden predecir las consecuencias que todo esto causará, por lo que Soren preferiría dejar que su yo futuro se encargue de ello! Al ver que el resto de los bailarines continuaban su canción, Soren solo pudo sacudir la cabeza con lástima. Desconocían por completo la realidad en la que se veían obligados a participar. No se preocupen. Probablemente Alis confió en mí para liberarlos a todos también. Honraré esa confianza. Pero por ahora, necesitaba que siguieran haciendo lo que hacían. Su existencia era un ancla para las sombras vivientes dentro de ese nido; causar una perturbación con ellas solo destruiría la distracción que acababan de crear con tanto esmero. Qué bueno que elegí la sombra de Ali como cebo. Pensó para sus adentros. A diferencia de los demás, no parecía entusiasmado con participar en sus… rituales. Habría sido malo que se negara a recordar su pasado. En los últimos meses, hubo muchos casos en los que los habitantes fragmentados rechazaron su ofrecimiento de ayudarlos a recordar. Dijeran lo que dijeran, nada los convencía. Afortunadamente, esta vez no sucedió … Estaba agradecido con Alis por aceptar su oferta: liberar a sus familiares era la mejor manera de recompensarlo. El Viajero pasó junto a la llama furiosa, guiando a la quimera esquelética a través de la niebla oscura. Pero justo entonces, una voz carbonizada, más fuerte que el canto de las Híades, lo alcanzó. —Extraño... —¿ También tienes… una máscara? Soren hizo una pausa y se giró para encarar al esqueleto que ardía eternamente. No podía ver su expresión, pero percibía un sutil anhelo en su voz. Él sonrió suavemente. “ No, no lo hago. Dicho esto, dio un paso adelante, desapareciendo una vez más entre las antiguas sombras de Carcosa.
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El Hada Errante (Novela) Capítulo 283

Estás leyendo el capítulo 283 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 16 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.