Leer El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) Capítulo 534 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Como la boca de un pez moribundo abierta de par en par en busca de aire, anhelando desesperadamente el esquivo abrazo del mismo, la respiración superficial y dificultosa de Lu Ye se veía interrumpida ocasionalmente por ataques de tos.
Tras una breve eternidad, logró reunir un fragmento de sus fuerzas.
Su visión se nubló, y a su alrededor se alzaban los rostros furiosos pero cautelosos de los enemigos de la Novena Orden, como una bandada de buitres que lo rodeaban.
“¡Qué alma tan miserable eres, Lu Yi Ye!”
La voz de Wei Que resonó, destilando veneno.
Al dirigir su mirada hacia el sonido, Lu Ye contempló una escena bastante cómica: un Wei Que desaliñado cuyo cabello parecía chamuscado por las llamas.
No le había ido nada bien, a pesar de haber sobrevivido al último ataque de Lu Ye, ya que también se había asustado visiblemente con su fénix. Si bien no había sufrido heridas físicas, el terror absoluto le había dejado huella. En el fondo, agradecía a los astros no haber quedado atrapado en el fuego del fénix, pues de lo contrario habría resultado gravemente herido, si no muerto.
La tos de Lu Ye se intensificó, cada acceso amenazando con destrozarle el cuerpo. A pesar de la agonía, se obligó a sentarse, y su sangre se mezcló con la tierra bajo él, dibujando un sombrío cuadro carmesí.
Mirando pensativo a Wei Que, Lu Ye habló impasible: “¿No puedes esperar a acabar con mi vida, verdad?”
Wei Que replicó con frialdad: “¿Todavía crees que tienes alguna posibilidad de salir vivo de esta?”
Lu Ye permaneció en silencio.
Wei Que prosiguió con tono burlón: “¿Acaso creías que no nos daríamos cuenta de la presencia de poderosos Cultivadores de la Gran Coalición Celestial al acecho, esperando para rescatarte? Pero dadas las circunstancias, ¿crees que se atreverían a intervenir? Tu destino está sellado; es hora de abandonar cualquier ilusión que aún tengas.”
“¿Es eso así?”
Lu Ye dejó caer la cabeza, su largo cabello formando un velo sombrío sobre sus ojos, protegiendo su rostro de la intensa luz del sol.
Golpeó disimuladamente con un dedo su Impresión del Campo de Batalla y transmitió un mensaje: “No tienes que venir a rescatarme, hermano Baxian. Me iré; nos volveremos a ver dentro de un mes”.
A treinta kilómetros de distancia, Li Baxian, que había estado siguiendo de cerca la situación, recibió este mensaje. Tras leerlo, su expresión cambió a una mezcla de asombro y sospecha.
A primera vista, parecía que Lu Ye se había resignado a una muerte segura, pero al añadir la última frase, el contexto cambió por completo.
Lu Ye mencionó específicamente “en un mes”. Lo único que me vino a la mente fue el período de restricción de un mes que seguía a la salida de cualquier Cultivador del Campo de Batalla del Río de Nubes. Durante este período, los Cultivadores tenían prohibido volver a entrar al Campo de Batalla.
Tal era la regla establecida por los Cielos que nadie podía alterar.
Por lo tanto, las implicaciones de las palabras de Land Yele no podrían haber sido más claras: tenía la intención de abandonar el Campo de Batalla del Río de Nubes.
“¡Espera, Lu Ye! ¿Qué piensas hacer?” preguntó Li Baxian apresuradamente.
La respuesta de Lu Ye no se hizo esperar: “Desde el principio, hermano, lo único que me impedía marcharme era el Coliseo de la Carnicería. ¡Pero ahora ya no es así!”.
Li Baxian parpadeó sorprendido, y entonces lo comprendió. Había estado tan preocupado por la seguridad de Lu Ye, corriendo de un lado a otro en busca de ayuda e intentando idear un plan para rescatarlo, que en el proceso había perdido de vista lo más importante.
En efecto, desde el principio, fueron las restricciones arcanas del Coliseo de la Carnicería las que habían impedido que Lu Ye escapara. Ahora que todo había terminado, ya no había nada que lo confinara.
Los enemigos de la Cresta de los Mil Demonios daban por hecho que Lu Ye sería suyo para masacrarlo una vez que el efecto del Símbolo del Cuerpo Dorado desvaneciera. Ignoraban que la menor restricción del Coliseo de la Carnicería ahora significaba que Lu Ye podía marcharse cuando quisiera.
Si bien hacer precisamente eso tendría un precio muy, muy alto, por no hablar de que este método en particular que Lu Ye había ideado era algo que pocos podían imitar.
Si se compara con la preservación de la propia vida, ningún gasto parecería demasiado exorbitante.
En cuanto a Lu Ye, Li Baxian nunca dudó de que tuviera los medios para llevar a cabo tal maniobra. Al fin y al cabo, Lu Ye había amasado una fortuna que pocos en el Campo de Batalla del Río de Nubes podían igualar.
Li Baxian aún no podía olvidar del todo cómo Lu Ye le había comprado una vez dos píldoras de restauración de puntos” cada una con un valor de ciento cincuenta mil Puntos de Contribución” en una sola transacción.
Podía contar con los dedos de una mano a los Cultivadores de rango similar que pudieran igualar la opulencia de Lu Ye. Sobre todo porque acababa de acumular un impresionante incremento de casi diez mil Puntos de Contribución tras aniquilar a tantos Cultivadores enemigos.
¡Vámonos! ¡Nos vamos!
Li Baxian llamó a Feng Yuechan.
Feng Yuechan, incrédulo y completamente desconcertado, preguntó: “¿Y qué hay de Lu Ye, Baxian?”.
“Lu Ye tiene su propia forma de escapar; nuestro trabajo aquí ha terminado” respondió Li Baxian alegremente, evaporando su anterior tensión y preocupación, reemplazadas por una inexplicable sensación de tranquilidad y alivio.
Feng Yuechan parecía perpleja, pero no tardó en comprender algo: “Lu Ye planea usar ese método para abandonar el Campo de Batalla del río Nube, ¿verdad?”.
Li Baxian asintió: “¡Exactamente!”
Feng Yuechan suspiró suavemente: “Vaya, Lu Ye sí que es rico. No me extraña que su progreso haya sido tan rápido”.
Se alejaron a toda velocidad mientras hablaban, transmitiendo al mismo tiempo al resto de los aliados de la Novena Orden a quienes había reunido para que le ayudaran, informándoles de que Lu Ye estaría bien y que era hora de irse.
A más de treinta kilómetros de distancia, en la llanura calcinada y ennegrecida, Lu Ye contactó inmediatamente con Xia Qianqian tras terminar con Li Baxian. Hasta entonces, había reconocido a Wei Que por su rostro, pero desconocía su nombre y la secta a la que pertenecía. Dado que Xia Qianqian siempre estaba bien informada sobre estos asuntos, Lu Ye decidió preguntarle.
La respuesta de Xia Qianqian llegó instantes después.
[¡Wei Que del Clan del Sol Nublado!]
Lu Ye alzó la vista y dirigió a Wei Que una mirada profunda, hostil pero significativa. Sus ojos se encontraron, y este frunció el ceño, percibiendo una palpable hostilidad. Aun así, la situación indicaba que tenía pocos motivos para temer a Lu Ye. Parecía improbable que Lu Ye pudiera siquiera mantenerse en pie sin ayuda, y mucho menos realizar alguna otra maniobra tan destructiva como la que acababa de mostrar.
“Todos ustedes aquí quieren ser quienes me maten, ¿eh?” Lu Ye observó su entorno.
Alguien gruñó en voz baja: “Qué pregunta más tonta. Cuando el efecto de la ficha se agote, se acaba el tiempo. Yo que tú, esperaría que el efecto durara lo máximo posible, aunque solo fuera para tener un poco más de tiempo”.
Lu Ye exhaló pesadamente: “Tal vez”.
Apoyándose sobre las rodillas, se incorporó lentamente. Vaciló, tambaleándose mientras se enderezaba, “Pero supongo que lo siento. Todos se van a decepcionar”.
“Deja de jugar, Lu Yi Ye” se burló uno de los miembros de élite de la Cresta de los Mil Demonios. “Habrías muerto cientos de veces de no ser por la Ficha del Cuerpo Dorado. Deja de lado toda esa grandilocuencia. Si yo fuera tú, estaría cavando una tumba ahora mismo; a menos que esperes que los carroñeros se encarguen de lo que quede de ti.
“Es cierto” admitió Lu Ye asintiendo. “Sin la Ficha Dorada del Cuerpo, ya me habrían matado hace mucho. Pero ¿qué se le va a hacer? La verdad es que tenía la Ficha Dorada del Cuerpo para protegerme.
Su voz se elevó cada vez más fuerte y resuelta: “¡Recordaré este día, caballeros, la 'hospitalidad' y la 'generosidad' que me han brindado hoy, y si se presenta la oportunidad, sin duda la retribuiré con la misma moneda!”.
Semejante audacia desató una ola de ira que recorrió a la horda restante de Cultivadores de la Cresta de los Mil Demonios. ¿Acaso Lu Yi Ye había perdido la cabeza?, se preguntaban algunos. ¿No comprendía la gravedad de la situación?, pensaban otros. ¿Por qué hablaba de venganza cuando podía morir en cualquier momento?
Mientras las dudas se arremolinaban entre la hueste de Cultivadores enemigos, presenciaron con sus propios ojos cómo Lu Ye de repente echó la cabeza hacia atrás, mirando al cielo con los brazos extendidos mientras lanzaba un grito resonante: “¡En nombre de los Cielos, yo, Lu Yi Ye de la Secta Sangre Carmesí, invoco una Columna de Oportunidad Divina!”
Apenas había pronunciado esas palabras cuando un deslumbrante resplandor azul brilló en el dorso de su mano, seguido de un rayo de luz zafiro que se disparó hacia el cielo.
Simultáneamente, los rostros de los Cultivadores de la Cresta de los Mil Demonios que rodeaban a Lu Ye se contrajeron por la sorpresa, y pocos de ellos mostraron siquiera un asombro naciente.
Desde el principio, una vaga sensación de que algo no andaba bien se había instalado en sus mentes, aunque la sensación de sospecha se vio inicialmente atenuada por el asombro y el terror que les había producido el fénix, seguidos por la cuantiosa recompensa que Lu Ye había obtenido de quienes perecieron a su causa. Apenas había tiempo para la reflexión profunda.
Ahora, sin embargo, la razón misma de aquel presentimiento finalmente se manifestó.
Todos habían pasado por alto el hecho de que Lu Ye podía invocar en nombre de los Cielos una Columna de Oportunidad Divina.
¡Su única oportunidad de escapar de esta terrible situación!
Las Columnas de la Oportunidad Divina eran objetos sagrados creados por los Cielos y normalmente se podían encontrar en todas las sucursales de la Asociación de Comercio Divino, en las fortalezas de varias sectas y órdenes militantes, además de en sus Puestos de Avanzada en dimensiones como los Campos de Batalla de Arroyo Espiritual.
Se trataba de Columnas de Oportunidad Divina a las que se podía acceder gratuitamente.
Sin embargo, hubo ciertos casos en los que acceder a una Columna de Oportunidad Divina exigía un precio.
Por ejemplo, en ciertos lugares sagrados dispersos por el Campo de Batalla del Río de Nubes, los Pilares del Mecanismo Celestial no eran intrínsecos a la tierra misma. En cambio, los Cultivadores solicitaban su presencia.
También existían, por ejemplo, Claros Arcanos dispersos por el Campo de Batalla del Río de las Nubes, equipados con sus propias Columnas de Oportunidad Divina. Estos Claros no aparecían con sus Columnas de Oportunidad Divina; eran los Cultivadores quienes los invocaban, quienes debían suplicar a los Cielos y pagar un alto precio por ellos.
Las Columnas de la Oportunidad Divina servían de conductos que unían el espacio etéreo entre el Campo de Batalla del Río de las Nubes y sus fortalezas en el mundo real de Jiu Zhou. Para mayor comodidad, estos obeliscos místicos facilitaban el acceso a la Bóveda de la Providencia, además de permitir transiciones fluidas entre la dimensión del Campo de Batalla y el mundo real en caso de una invasión a la Arboleda Arcana.
Pero solo un número reducido de Claros Arcanos en la vasta extensión del Campo de Batalla del Río de Nubes podía permitirse el lujo de tener Columnas de Oportunidad Divina. Poseer una Columna en un Claro exigía un precio exorbitante: un asombroso diezmo de cien mil Puntos de Contribución.
Pocos Cultivadores, especialmente los del Río de Nubes, que solían estar limitados por sus escasas reservas de Puntos de Contribución, podían permitirse semejante precio. La mayoría prefería destinar sus Puntos de Contribución a mejorar su cultivo personal, quedando con muy pocos recursos. Por lo tanto, la mayoría apenas se atrevía a soñar con tener sus propias Columnas de Oportunidad Divina.
Por lo tanto, solo en las Arboledas Arcanas más grandes, con mayor capacidad para albergar a más Cultivadores y que poseían sus propias Columnas de Oportunidad Divina, el costo de adquirir el obelisco místico de los Cielos podía compartirse entre los miembros. Este costo reducido hacía que la considerable inversión inicial fuera una hazaña manejable.
Esa fue también la razón del asombro de Feng Yuechan al enterarse de la riqueza de Lu Ye y su audaz plan. La inmensa fortuna que este último poseía era sencillamente asombrosa.
Contar con cien mil Puntos de Contribución era una rareza en el Campo de Batalla del Río de Nubes, una hazaña fuera del alcance de unos pocos, y Lu Ye resultó ser uno de ellos.
Antes de quedar atrapado en el Coliseo de la Carnicería, Lu Ye había acumulado la considerable suma de noventa y dos mil doscientos cincuenta Puntos de Contribución. Sin embargo, hoy su total se había disparado hasta la impresionante cifra de ciento sesenta y un mil doscientos.
Eso suponía treinta mil más de lo que poseía cuando entró por primera vez en el Campo de Batalla de Río de Nubes.
Todo fue gracias a Glifo: Fénix de Fuego, que fue el elemento clave para este rotundo logro, ya que de lo contrario aún le faltarían Puntos de Contribución para alcanzar los cien mil.
Ahora que Lu Ye finalmente tenía suficientes Puntos de Contribución, podía invocar una Columna de Oportunidad Divina para su uso.
Como le dijo a Li Ba Xian, solo el Coliseo de la Carnicería le había impedido escapar. Con el escudo rojo intenso del Coliseo, similar a una cúpula, bloqueando su salida, aún podía invocar a los Cielos para obtener una Oportunidad de Columna Divina, pero de nada serviría.
Pero ahora, con el Coliseo de la Carnicería concluido y su velo carmesí levantado, Lu Ye era libre. Nada ni nadie podía impedirle el paso.
Mientras tanto, los Cultivadores de la Cresta de los Mil Demonios que rodeaban la zona finalmente comprendieron lo que Lu Ye estaba intentando hacer.
La voz de Xia Liang resonó con furia: “¡DETÉNGANLO! ¡DETÉNGANLO AHORA!”
Un rayo de luz arrollador se precipitó hacia Lu Ye. El ataque de Xia Liang, una resplandeciente cascada de arcos brillantes dirigida a Lu Ye, rasgó el cielo. ¡Qué formidable despliegue de poder y furia por parte del Noveno Orden!
Se había sacrificado demasiado para acorralar a Lu Ye allí. La victoria estaba al alcance de la mano; solo faltaba que el efecto del Fiche del Cuerpo Dorado terminara y la vida de Lu Ye les pertenecería.
Sin embargo, Lu Yi Ye planeaba invocar una Columna de Oportunidad Divina justo antes de su triunfo. ¿Se lo permitirían? No. Jamás.
Si lo dejaban escapar de nuevo, todos los esfuerzos realizados hasta ese momento habrían sido en vano. Todos los sacrificios, todas las vidas perdidas por su culpa... todo habría sido inútil.
Y una vez que se supo la noticia, los Cultivadores de la Gran Coalición Celestial no cesaron de atormentar con burlas y desprecio a cualquier miembro de la Cresta de los Mil Demonios con quien se encontraran.
[¡¿Qué tan increíblemente rico es este mocoso?! ¡¿Cien mil Puntos de Contribución?!], reflexionó Xia Liang. En toda su vida, jamás había estado ni cerca de tener esa cantidad de Puntos.
Una andanada de ataques convergió desde todas las direcciones, abalanzándose sobre Lu Ye.
Simultáneamente, un rayo de luz descendió del cielo justo a tiempo, envolviendo a Lu Ye en su luminoso abrazo. La avalancha de ataques se estrelló contra la barrera cilíndrica de luz, cada golpe absorbido por su fulgor. Al otro lado, dentro de los confines de esta columna protectora de luz, la mirada fría e implacable de Lu Ye recorrió rostro tras rostro, grabando las semblanzas de estos élites del Noveno Orden en su memoria.

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Capítulo 535
El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) Capítulo 534
Estás leyendo el capítulo 534 de El Gran Sabio de la Humanidad (Novela), un novela. Los débiles gritan hasta quedarse roncos sin que nadie se preocupe por ellos. Los fuertes susurran suavemente con palabras profundamente arraigadas en los corazones de la gente. Un árbol de habilidades en llamas, cada… Este capítulo tiene publicado el 15 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) tiene 1041 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.