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Leer El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) Capítulo 518 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Las brasas de la batalla volvieron a encenderse. Solo que esta vez, He Bing ya no estaba tan seguro y tranquilo como antes, pues ahora estaba convencido del creciente poder de Lu Ye. Era tal como Lu Ye lo había previsto. Al principio, la batalla había sido una lucha por la supervivencia. Pero ahora, contaban con los medios para cambiar el rumbo de la batalla, aunque fuera por poco tiempo… El aumento de poder de Lu Ye no estuvo exento de un precio. Se alimentó de su propia vitalidad, la cual Furia Sangrienta aprovechó. Con la fuerza y el poder de un guerrero de cuarto orden, Lu Ye podía asestar golpes más rápidos y potentes que antes. Todo ello, naturalmente, le sometería a un gran esfuerzo físico. En ese estado, solo podía seguir luchando durante menos de la mitad de su tiempo normal. Una vez agotado el límite de tiempo, quedaría exhausto. Pero si carecían de los medios para plantar cara en igualdad de condiciones, entonces todas las demás consideraciones serían inútiles. La mayor fuerza y velocidad que Lu Ye estaba demostrando no pasó desapercibida para He Bing; Li Baxian también era consciente de ello. Desconocía qué había hecho Lu Ye, pero sin duda había inclinado la balanza a su favor, lo que exigía un cambio inmediato en su estrategia anterior. La batalla contra He Bing comenzó con Lu Ye en un rol de apoyo. Pero ahora, Lu Ye liderará el ataque, con Li Baxian rotando para reforzar la defensa. Además, con Feng Yuechan ayudando a distraer a He Bing, la batalla se ha vuelto muy reñida. Esta vez, He Bing ya no los repelería con tanta facilidad como antes. Con Lu Ye al frente, ahora tenían la capacidad de enfrentarse al Séptimo Orden en igualdad de condiciones. Sobre todo, porque la balanza se inclinaba cada vez más a su favor con cada segundo que pasaba. Mientras tanto, He Bing se sentía cada vez más desanimado. Sus enemigos poseían niveles de cultivo muy inferiores al suyo. Estaba convencido de vencerlos a todos en combate singular; le bastarían diez segundos. De hecho, lo habría logrado si solo fueran dos enemigos. Pero eran tres. Dos lo atacaban sin cesar a corta distancia, mientras que la tercera lo acribillaba con hechizos sin tregua, manteniendo la distancia. Todo aquello lo tenía en una situación muy comprometida. Lo que debería haber sido una paliza unilateral presidida por él se vio frustrada por su perfecta colaboración. En lugar de matar al menos a uno de ellos, ahora lo estaban acorralando lentamente. Especialmente el Cultivador de Combate de Tercer Orden. He Bing no sabía qué había pasado realmente, pero de alguna manera, el de Tercer Orden se hacía más fuerte cuanto más se prolongaba la lucha. En la actualidad, tenían la capacidad de amenazarlo. ¡Dentro de poco, incluso podrían ser capaces de derrotarlo definitivamente! He Bing hervía de frustración. De haberlo sabido, habría preferido arriesgarse a sufrir heridas graves con tal de matar o incapacitar al menos a uno de los tres. Eso le habría evitado quedar atrapado en ese punto muerto que bien podría terminar en su derrota. Pero la oportunidad ya no se presentaba. La jugada de arriesgarse a resultar herido solo para matar a uno de ellos jamás funcionaría ahora. Hacerlo sería prácticamente un suicidio en este momento, creía He Bing. Por lo tanto, era una opción que nunca consideraría. Fuera lo que fuese que el Cultivador de Combate hubiera hecho para generar tal aumento de poder, tenía que tener un precio. Por lo tanto, He Bing confiaba en que solo necesitaba esperar: esperar el momento en que el Cultivador de Combate ya no pudiera soportar el precio que sostenía dicho aumento. Ese sería el momento de su victoria final. Con eso en mente, He Bing blandió su lanza, renunciando al ataque por la defensa. El hecho de que él, un formidable Cultivador de Séptimo Orden, se viera obligado a tomar tal decisión resultó una inmensa humillación. Sin embargo, en la miseria no se puede elegir; mientras saliera victorioso, cómo lo lograra tendría poca importancia. Al fin y al cabo, estaba luchando contra dos de los Cultivadores más famosos que jamás hayan pisado el Campo de Batalla del Arroyo Espiritual: los renombrados Li Baxian y Feng Yuechan. Al limitarse He Bing a defenderse y no atacar, los ataques de Lu Ye y Li Baxian resultarían inútiles. Ninguno de ellos podría penetrar sus defensas, y mucho menos infligirle un daño significativo. El resplandor cegador de los hechizos lanzados centelleaba sin cesar en la tenuemente iluminada extensión rocosa, sumado a los ocasionales proyectiles de energía con forma de guadaña y haces brillantes que surcaban el área. He Bing se mantenía firme, blandiendo su alabarda para parar y desviar cualquier ataque que se le presentara; su presencia se alzaba como un iceberg eterno e indomable, impermeable a cualquier amenaza externa. Con el Glifo: Furia de Sangre funcionando continuamente, el poder de Lu Ye se acercaba a los niveles del Quinto Orden. Había estado observando el semblante de He Bing. El miembro de la Séptima Orden no parecía nervioso en absoluto cuando comenzó la pelea. Pero ahora, He Bing lucía una expresión visiblemente más seria; estaba volcando todas sus fuerzas en defenderse de cada golpe que le lanzaban. Ahora sí podía representar una amenaza creíble para He Bing. De hecho, si Lu Ye fuera un verdadero guerrero de quinto orden, quizá habría podido enfrentarse a He Bing de igual a igual e incluso vencerlo. Pero lo que poseía en ese momento era solo el poder artificial del Quinto Orden, que era inferior en comparación con el poder de un Quinto Orden real. De hecho, Lu Ye podía sentir que había alcanzado los límites de las mejoras que Furia Sangrienta podía ofrecerle. Lo cual era comprensiblemente razonable; era imposible que el Glifo careciera de limitaciones, especialmente después de haber aumentado su poder en dos rangos. Eso, por sí solo, disipaba cualquier duda sobre la potencia del Glifo: Furia Sangrienta, a pesar de su debilidad: necesitaba tiempo para canalizarse antes de que su mejora fuera lo suficientemente significativa como para marcar la diferencia. Habían transcurrido más de quince minutos desde que entraron en la dimensión de bolsillo del Pergamino de los Nueve Reinos, y eso fue lo que ayudó a Furia Sangrienta a alcanzar su máximo potencial. La fuerza combinada de los tres ahora podía resistir a He Bing. Pero aún necesitarían más que eso… He Bing agradeció su propia paciencia. En lugar de dejarse llevar por el pánico, su decisión de concentrarse en la defensa había dado resultado y aún le quedaban muchas fuerzas. No le sorprendió que Lu Ye tuviera métodos para aumentar su poder. Pero lo que sí le asombró fue la magnitud del crecimiento que experimentó gracias a ese método desconocido. Sin embargo, He Bing sabía perfectamente que la mejora tendría un precio. Cuanto mayor fuera el crecimiento, mayor sería el coste. De hecho, podía ver que la mejora había alcanzado su límite. Lu Ye parecía estar en su mejor momento y lo único que tenía que hacer era aguantar. El estruendo del acero resonó en el aire mientras las figuras de Lu Ye y Li Baxian se entrelazaban como un par de espectros, pero nada de lo que hacían podía penetrar las defensas de He Bing. Una sensación de inquietud se apoderó de Li Baxian. El statu quo actual podía parecer favorable, pero sabía que aún acechaban peligros ocultos. Más del 70% del ataque recaía ahora sobre Lu Ye. Una vez que Glifo: Furia Sangrienta alcanzara su límite de tiempo, su derrota sería inevitable. Ojalá pudieran concluir esta batalla rápidamente. Pero, al optar He Bing por defenderse en lugar de atacar, era evidente que pretendía prolongar la lucha. Pero si no conseguían acabar con esta batalla antes de que el poder de Lu Ye se desplomara, entonces este se convertiría en su última morada. Li Baxian aún guardaba un pequeño as bajo la manga, pero solo podía usarlo si estaba absolutamente seguro de que emplearlo sellaría su victoria; de lo contrario, usarlo solo causaría más daño que bien. En medio del feroz combate, Li Baxian echó una mirada hacia Lu Ye y se quedó desconcertado. Lu Ye permaneció impasible, su rostro completamente exento de cualquier atisbo de impaciencia o pánico. Cada golpe que asestaba emanaba un esfuerzo concentrado, y Li Baxian se sintió inspirado por la misma calma y compostura. En efecto. Si su hermano menor pudo mantener la calma a pesar de la terrible situación, ¿por qué iba a entrar en pánico? Como Cultivador más experimentado que Lu Ye, debería ser más fuerte que él. ¿Y qué si morían allí? Así era la vida de un Cultivador. La revelación ayudó a restaurar una sensación de paz y claridad en Li Baxian. Al mismo tiempo, Li Baxian se preguntó si sus sentidos lo estaban engañando. Percibía un atisbo de poder bestial en el aura de Lu Ye. Incluso sus movimientos revelaban una cualidad nunca antes vista, comparable a la de una bestia feroz e indómita. Mientras tanto, la mente de Lu Ye comenzaba a experimentar un cambio. Fuera cual fuese la sensación que experimentó, era indescriptible. Jamás había vivido semejante sensación surrealista. La prolongada duración de la batalla y el paso del tiempo habían intensificado su vínculo energético con Amber, entrelazándose y resonando de forma inexplicable. Esta resonancia trascendió la mera amalgama de su energía sanguínea; implicó la fusión de su propio Poder Espiritual con los poderes mutantes de Amber como Bestia Espiritual. Gradualmente, esta resonancia dejó una vaga y peculiar impresión de que Amber era parte de él, y esta impresión se hizo cada vez más tangible… Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando… Nunca había previsto un avance tan drástico en ese momento. Pero la batalla se había prolongado considerablemente, lo que le permitió acumular confianza y experiencia, y llegar a un punto en el que pudo desatar todo su potencial. El oponente al que se enfrentó en el Dominio de las Miríadas de Bestias era muy, muy poderoso, pero la batalla no duró lo suficiente para que Lu Ye alcanzara su máximo potencial. Un destello de esperanza de victoria brilló en los ojos de Lu Ye. Y sus ataques se volvieron más feroces. Sin duda, el Arte del Pacto Bestial que adquirió del Dominio de las Miríadas de Bestias resultó fundamental en esta lucha. Desde que formó un vínculo con Amber mediante el Arte de la Energía Vital, la mera presencia del tigre le proporcionaba una ayuda tremenda. Lu Ye habría sucumbido al agotamiento hace mucho tiempo de no ser por Amber. El poder que extraía de Amber le permitía blandir su arma sin preocuparse por el esfuerzo ni la tensión. A medida que la batalla continuaba, la mezcla de su energía sanguínea y su Poder Espiritual impulsó el Arte del Pacto Bestial hacia el avance y la evolución. Eso surgió al darse cuenta de que Glifo: Furia Sangrienta y el Arte del Pacto de la Bestia podían funcionar en sinergia. La resonancia con Amber se hizo más fuerte y profunda hasta que llegó un punto en que Lu Ye la sintió claramente: una conexión irrompible entre él y Amber; Amber era ahora parte integral de su propia existencia corpórea. Hombre y tigre se habían convertido en uno. Bajo los pliegues de su túnica, la marca de cabeza de tigre en su pecho estalló con un repentino brillo radiante, seguida de una fuerza misteriosa y seductora. Fue entonces cuando Amber saltó del hombro de Lu Ye y se transformó en un rayo de luz que recorrió su pecho hasta la marca. Olas de energía emanaban de la marca, recorriendo cada fibra del ser de Lu Ye y revitalizando la fuerza que había gastado, además del dolor y la fatiga propios del uso del Glifo: Furia Sangrienta. Como una vigorizante lluvia de magia, las ondas de energía erradicaron toda su fatiga, devolviéndole una vitalidad renovada. Habían desaparecido todas las heridas y contusiones. Incluso su brazo derecho, que antes le palpitaba, había dejado de temblar. El macabro resplandor rojo que lo envolvía fue reemplazado por un resplandeciente brillo naranja. Naranja. La fusión del rojo” la energía sanguínea de Lu Ye y su Poder Espiritual” y el dorado” la energía mutante de Amber”. Esta nueva fuente de poder se manifestó como un par de etéreas orejas de tigre en su cabeza y una cola de tigre en su espalda. El nuevo apéndice se balanceaba suavemente, con una naturalidad asombrosa. La Técnica Secreta más poderosa del Dominio de las Miríadas de Bestias: ¡Forma Bestia!
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Estás leyendo el capítulo 518 de El Gran Sabio de la Humanidad (Novela), un novela. Los débiles gritan hasta quedarse roncos sin que nadie se preocupe por ellos. Los fuertes susurran suavemente con palabras profundamente arraigadas en los corazones de la gente. Un árbol de habilidades en llamas, cada… Este capítulo tiene publicado el 15 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) tiene 1041 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.