Leer El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) Capítulo 504 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Lu Ye apartó la mirada y continuó su camino.
Una hora más tarde, encontró otra cueva en la que se deslizó dentro y se dedicó a conjurar más protecciones.
El evento del Símbolo de la Providencia había terminado y las nubes iridiscentes pentacromáticas se habían disipado, pero eso no significó el fin de la Batalla Campal improvisada. Si bien los Cultivadores de Octavo y Noveno Orden solían ser reacios a luchar, la distribución de Amuletos durante el evento sin duda encendió la mecha, convirtiendo esto en una lucha salvaje donde todos los escrúpulos fueron postergados temporalmente o directamente olvidados.
Los nombres en la Lista de la Carnicería nunca dejaron de cambiar con cada triunfo y derrota mientras la matanza continuaba, recordando el frenético ritmo de una exhibición de luces con aletas divididas.
Así era el Coliseo de la Carnicería: un entorno de peligros incalculables para los Cultivadores más débiles y jóvenes, pero un sinfín de oportunidades para aquellos cuya sed de acción o recompensas permanecía insaciable. Por ello, incluso con el paso del tiempo, el número de Cultivadores en el Coliseo no disminuyó. Al contrario, cada vez llegaban más.
No habían venido a figurar en la Lista de la Carnicería. Con numerosos Cultivadores más rápidos y letales que ellos, no tenían ninguna posibilidad de ascender en la Lista. Incluso si lo lograban, su posición no sería lo suficientemente alta como para garantizarles grandes recompensas. El verdadero valor de estar clasificado en la Lista de la Carnicería radicaba en conseguir uno de los veinte primeros puestos, donde los ganadores recibirían Amuletos de Oro.
Su objetivo tampoco eran los eventos de la Ficha de la Providencia, que a la larga no serían más que brutales batallas campales donde los Cultivadores de bajo nivel se considerarían afortunados de sobrevivir, y mucho menos de ganar algún Amuleto.
¿Para qué, entonces? ¿Qué podía impulsar a estos Cultivadores a entrar voluntariamente en el Coliseo, arriesgando su propia seguridad y su vida? Eran las innumerables oportunidades que abundaban en todo el Coliseo.
Lu Ye había terminado su último Barrera de Teletransportación multipunto después de probar su conexión con el resto de las barreras dispersas por todas partes y estaba saliendo de la cueva cuando vio un destello de luz guiñándole un ojo.
Juraría que aquella mota de luz no estaba allí cuando llegó, lo que significaba que había aparecido hacía poco. Lu Ye estaba completamente seguro de ello, pues de lo contrario no habría pasado por alto algo tan obvio nada más llegar.
El punto de luz centelleante debió aparecer solo después de que él entrara en la cueva para construir las protecciones.
Lu Ye reconoció lo que era aquella luz centelleante. Ya había leído sobre ella en los materiales de la Asociación de Comercio Divino.
Sin dudarlo un instante, se dirigió hacia la luz y la buscó a tientas.
La luz se desvaneció inmediatamente en el momento en que cerró el puño alrededor de algo sólido, revelando que se trataba de un amuleto de la clase más baja: uno blanco.
Sin embargo, Lu Ye sabía que no debía desaprovechar una buena oportunidad. Al fin y al cabo, había conseguido el Amuleto gratis.
Sin querer quedarse mucho tiempo, se marchó rápidamente.
En el Coliseo, era frecuente ver destellos de luz que anunciaban sorpresas. En cuanto a las sorpresas que escondían esas esferas luminosas, nadie lo sabía con certeza.
Podrían ser Piedras Espirituales, Píldoras, o incluso Artefactos Espirituales y Amuletos; cualquier cosa que pudiera ser una bendición, grande o pequeña, para todos los Cultivadores. Podían aparecer en cualquier momento, a cualquier hora y en cualquier lugar. Tales eran las oportunidades fortuitas que abundaban en el traicionero Coliseo de la Carnicería.
No cabía duda de que la aparición de estos encuentros era obra de la mano y las elaboradas maquinaciones de la mano invisible que dirigía todo lo que ocurría en el Campo de Batalla: la misteriosa entidad conocida como los Cielos, que compartía la misma fría indiferencia de un hombre que juega con un hormiguero, atrayendo a más Cultivadores al Campo de Batalla mediante diversos tipos de valiosos suministros de los que dependían tanto.
Así, cada vez que se abría el Coliseo de la Carnicería, marcaba el inicio de otro festival: uno de matanza brutal e innumerables oportunidades.
Sin embargo, fueron precisamente estas oportunidades tan extendidas las que motivaron a tantos Cultivadores” fuertes, mediocres y débiles por igual” al Coliseo. Un elemento que funcionó a la perfección. La mayoría no estaba allí por la Lista de la Carnicería, y menos aún esperaban beneficiarse de los eventos de la Ficha de la Providencia; por lo tanto, hacían todo lo posible por sobrevivir. Mientras tuvieran aliento, podrían encontrar más premios en cualquier rincón del Coliseo.
Puede que Lu Ye solo haya encontrado un mísero Amuleto Blanco, pero otro día podría tener la suerte de toparse con un Amuleto Dorado o incluso con una Espina de Santificación. Se rumoreaba que un Cultivador había encontrado un Artefacto Espiritual tan raro que valía una fortuna.
Mientras tanto, Lu Ye continuó buscando más lugares donde esconder sus protecciones de teletransportación, que le resultaban bastante sencillas gracias al glifo: Ocultamiento y a sus increíbles sentidos espirituales.
El tiempo pasó volando.
Había transcurrido un día, y Lu Ye estaba sentado en una caverna subterránea, justo en el centro del pabellón de teletransportación más reciente que había construido.
Había completado doce Pabellones de Teletransportación con múltiples enlaces, y cada uno de ellos podía enviarlo al menos a otros dos pabellones en cualquier lugar. Esta era la red de seguridad en la que confiaría si su identidad quedaba al descubierto. Podía optar por resistir y luchar, pero en caso de verse abrumado por la situación, Lu Ye siempre podría refugiarse en cualquiera de los Pabellones de Teletransportación y escapar a otro lugar.
Pero en ese momento, permanecía allí, completamente inmóvil.
El Coliseo de la Carnicería podría ser un auténtico tesoro repleto de premios y oportunidades, pero también de peligros. Más aún, puesto que prácticamente todos los Cultivadores de la Cresta de los Mil Demonios ya estarían al tanto de su presencia. Por lo que sabía, podría haber grupos registrando minuciosamente cada rincón del Coliseo buscándolo. Por ello, consideró prudente esperar.
Al estar bajo tierra, Lu Ye no podía ver la Lista de Carnicería. La última vez que la vio, su nombre había sido desplazado del puesto cincuenta nuevamente. Con el tiempo, su nombre desaparecería de la Lista de Carnicería.
Cada dos horas, Lu Ye activaba su Pabellón de Teletransportación para reevaluar su conexión con el resto, comprobando si alguno de los pabellones de toda la red había fallado.
Se había esmerado en elegir solo lugares discretos y ocultos, pero nunca está de más ser precavido. No se podía descartar la posibilidad de que algún Cultivador curioso se aventurara a echar un vistazo, especialmente aquel del que había venido antes. Con los Cielos esparciendo bendiciones por doquier en los alrededores, quizá alguien sintiera la curiosidad suficiente como para explorar la cueva, con la esperanza de encontrar algún tesoro escondido.
Por suerte, contaba con sus protecciones autodestructivas para esta contingencia. Una vez activadas, las protecciones detonarían y destruirían todo rastro de su presencia anterior. Nadie descubriría lo que había hecho allí.
No muy lejos, podía sentir la emanación de Poder Espiritual. Seguramente se estaba librando una batalla cerca y, por la intensidad de dicha emanación, los combatientes debían ser al menos de Séptimo Orden.
Lo cual no sorprendió en absoluto a Lu Ye, ya que peleas como esas ocurrían por todas partes en el Coliseo.
Tendría que quedarse aquí abajo. Si alguien lo descubriera escondido, simplemente se teletransportaría a otro lugar.
[A salvo. Estoy a salvo.] Lu Ye reflexionó satisfecho, sintiéndose algo más tranquilo. Solo tenía que esperar a que terminara la batalla en el Coliseo para poder salir de esa maldita trampa mortal.
Se tragó otra Píldora Espiritual y sacó otro manuscrito para leer. Lu Ye había terminado de leer todo lo que Lady Yun le había dado, pero recientemente había descubierto que releerlos le revelaría nuevos detalles que se le habían escapado en la primera lectura, convirtiendo así la actividad en la mejor manera de matar el tiempo.
Lu Ye estaba leyendo cuando una anomalía en el espacio frente a él captó su atención. Justo delante de él, suspendido en el aire, había un diminuto punto negro que había aparecido de la nada. Lu Ye lo observó con atención. El punto negro fue aumentando de tamaño gradualmente antes de empezar a girar en espiral. Acto seguido, una mota dorada floreció como una flor cegadora.
Cuando el punto dorado de luz se hizo más brillante y grande, Lu Ye vio lo que era: un amuleto de oro. Suspendido a casi un metro del suelo, como por una fuerza invisible, se mecía perezosamente al compás de una ondulación invisible en el aire.
El amuleto de oro no parecía diferente de los amuletos de oro que había visto antes, salvo por un extraño brillo verde esmeralda pálido que lo envolvía.
Lu Ye entrecerró los ojos mientras un presentimiento aterrador lo enroscaba con fuerza.
[¡Oh, no!]
Lu Ye sabía perfectamente qué era. ¡Que un Amuleto de Oro apareciera ante él de repente no podía ser una simple coincidencia!
La entidad conocida como los Cielos seleccionaba cada día a un Cultivador y le otorgaba un Amuleto de Oro. Pero, a diferencia de los demás Amuletos de Oro, que podían guardarse, conservarse o incluso usarse de inmediato, este Amuleto de Oro en particular no podía tocarse hasta transcurridas veinticuatro horas.
Pero esa no era la única advertencia. Los amuletos de oro otorgados de esta manera emitirían una pulsante ráfaga de Poder Espiritual cada seis horas, revelando así la ubicación de su portador sin importar dónde se escondiera. Cualquier otro Cultivador cercano sería alertado al instante.
Lu Ye contempló con una mueca de conflicto la luminiscencia dorada azafrán que se balanceaba plácidamente a unos centímetros de él.
Apenas podía expresar lo que sentía en ese momento. [¿Es esto buena suerte o es la peor posible?]
De entre los cientos de miles de Cultivadores dispersos por la vasta extensión del Coliseo, fue elegido para recibir” o ser maldecido” con el Amuleto Dorado. Lu Ye se había propuesto sobrevivir al Coliseo de la Carnicería hasta el final, y para ello, esperaba permanecer oculto todo el tiempo. Ahora esto. ¿Cómo iba a permanecer oculto con algo que revelaría su posición cada seis horas sujeto a su cadera? Si esta proverbial espina iba a permanecer figurativamente clavada en él, eso significaría que estaría expuesto a peligros al menos tres o cuatro veces durante las próximas veinticuatro horas.
¿Qué demonios está pasando?
¿Acaso los Cielos me tienen manía? Lu Ye empezaba a darse cuenta de un patrón. La nube iridiscente multicolor que apareció durante el evento de la Símbolo de la Providencia estaba claramente dirigida a él, incluso cuando se esforzaba por pasar desapercibido. Sin embargo, una vez más, los Cielos le habían dejado caer una bomba en el regazo.
[¡Vaya suerte!], reflexionó sardónicamente.
Lu Ye contempló el Amuleto Dorado, bañado por un resplandor dorado similar a una llama. Entonces, se le ocurrió una idea. Pero necesitaba probarla, y hacerlo implicaba cierto riesgo. Decidido a esforzarse y asumir las consecuencias, activó el Escudo de Teletransportación en el que se encontraba. Al instante, comenzó a sentir la extraña sensación propia del uso del Escudo de Teletransportación: una poderosa atracción, como si el suelo bajo sus pies se hubiera desvanecido en un abismo sin fondo y él estuviera siendo absorbido por él. Una fracción de segundo después, Lu Ye desapareció como si la tierra lo hubiera engullido por completo.
Si tan solo pudiera evitar usar el Escudo de Teletransportación. Usarlo” tanto este como aquel al que deseaba ser transportado” producía emanaciones de Poder Espiritual, señales que todos los que estaban cerca podían detectar, lo cual era perjudicial para sus planes.
Pero ahora había poco tiempo para preocuparse por eso.
Para cuando desapareció la extraña sensación de tirón, se encontró sentado en el centro de otro de sus Escudos de Teletransportación a más de doscientas millas de distancia, con náuseas y desorientado por la terrible experiencia.
Pero no hubo descanso para el malvado; lo primero que hizo fue aguzar el sentido y asegurarse de estar solo. Solo cuando se convenció de que no había nadie cerca, finalmente respiró aliviado tras varios minutos de angustiosa angustia.
Levantó la vista y vio algo que inmediatamente le pesó sobre el hombro como una colina.
Incluso a doscientas millas de distancia, el Amuleto de Oro permaneció adherido a él como un mono a la espalda.
Por mucho que lo hubiera anticipado, ver con sus propios ojos lo que tanto temía que sucediera fue como un golpe de mazazo.
Pero no le sorprendió. Sabiendo perfectamente que se trataba de otra de las irónicas artimañas del Cielo, nunca esperó salir impune tan fácilmente.
Y puesto que no podía cambiar nada, tendría que afrontar esta dificultad lo mejor que pudiera.
Tomó el Amuleto de Oro y lo apretó con fuerza. Era duro. A primera vista, su fosforescencia verde amarillenta pálida parecía frágil como un malvavisco, pero era tan sorprendentemente duro como un diamante.
Intentó guardar el amuleto, pero también fue en vano.
Era cierto. Este amuleto de oro permanecería adherido a él durante veinticuatro horas.
No se podía guardar ni usar.
Por mucho que esta situación casi lo hubiera llevado al pánico, tal vez no era tan mala después de todo.
Cualquier otro miembro de Tercer Orden del Reino del Río de Nubes tendría que lamentar su inminente perdición si se viera asediado por tal destino, a menos que tuviera la suerte de unirse a un campeón lo suficientemente poderoso como para protegerlo; de lo contrario, buena suerte tratando de mantenerse con vida con su posición transmitiéndose cada seis horas.
Pero Lu Ye tenía una posibilidad real de sobrevivir.
A pesar de todo, agradecía no haber estado ocioso. El trabajo de todo el día construyendo los doce pabellones de teletransportación había dado sus frutos.
Así que, incluso si su posición se revelaba, Lu Ye podía teletransportarse fácilmente al siguiente distrito. Eso podría significar perder un distrito cada vez que su posición quedara expuesta” de tres a cuatro distritos de teletransportación”, pero era un precio que estaba dispuesto a pagar si al final conseguía un Amuleto de Oro.
Un amuleto de esta calidad sin duda sería una gran ventaja para su progreso.
Reflexionar sobre los frutos que pronto cosecharía su trabajo le devolvió, al menos, cierta confianza.

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Estás leyendo el capítulo 504 de El Gran Sabio de la Humanidad (Novela), un novela. Los débiles gritan hasta quedarse roncos sin que nadie se preocupe por ellos. Los fuertes susurran suavemente con palabras profundamente arraigadas en los corazones de la gente. Un árbol de habilidades en llamas, cada… Este capítulo tiene publicado el 15 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Gran Sabio de la Humanidad (Novela) tiene 1041 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.