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Leer El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela) Capítulo 23 online gratis en español

La mañana siguiente, la Comandante Riko subió a un helicóptero militar blindado, sus botas resonando contra el metal. En su mano derecha, esposado con cadena de acero, llevaba un maletín negro con cerradura de seguridad biométrica. Dentro… el tesoro más codiciado del país en ese momento y su arma para conseguir un aumento y más presupuesto. El vuelo fue directo a la capital. Al aterrizar, un pelotón de escolta conformado únicamente por mujeres la recibió con honores. Pasó por tres anillos de seguridad, cinco controles de identidad y un escaneo corporal completo antes de llegar al Palacio Real. \[imagen en patreon\] Una vez dentro del Palacio Real, camino por los interminables y silenciosos pasillos de madera. El ambiente se volvía más denso a cada paso, custodiado por la presencia invisible pero implacable de la Guardia Personal de la Emperatriz. Ellas eran el segundo ejército de élite de Japón; una fuerza legendaria de la que nadie conocía el número exacto de integrantes y de la cual jamás, ni una sola vez, se había visto el rostro de ninguna de sus componentes. Finalmente, llegó ante las imponentes puertas de las audiencias privadas. Custodiando la entrada, como dos estatuas vivientes, se encontraban dos de estas mujeres de siluetas perfectas. Vestían el uniforme ceremonial: un haori blanco inmaculado de mangas largas y una hakama de un rojo carmesí vibrante. En sus cinturas, descansaban katanas idénticas en fundas blancas como la nieve. Lo más imponente era su rostro. O más bien, la ausencia de él. Ambas llevaban místicas máscaras kitsune de porcelana blanca pulida, decoradas con las facciones de un zorro. Sus largas y lisas coletas de cabello negro caían por sus espaldas, dejando que toda la atención se concentrara en esas frías facciones de porcelana. No se movían, no respiraban de forma audible; eran la definición misma de uniformidad, belleza y un peligro absoluto. Salón de Audiencias Privadas La habitación era lujosa, con paredes cubiertas de madera oscura y biombos con estampados de dragones dorados. En el centro, una mesa baja de té. Allí estaban sentadas dos mujeres: La Emperatriz de Japón: Una belleza de otro mundo, figura perfecta y porte majestuoso, con un traje de seda tradicional, una mujer que en el mundo original de Keita dejaría sin aliento a cualquier hombre y mujer. La segunda mujer a su lado era La Primera Ministra: una persona de mayor edad, cuyas canas ya se mezclavan con su sedoso cabello negro. Sus curvas delicadas pero firmes, mirada calculadora y un aura que mezclaba poder político y un peligro sensual. Riko se inclinó profundamente mostrando respeto ante las dos figuras más poderosas del país — Comandante Riko, reportándose. La Emperatriz asintió y con voz suave, pero autoritaria, indicó: —Siéntese. Muéstrenos… el material. Riko se arrodilló al borde de la mesa, puso el maletín sobre la mesa con un clack. Dos asistentes con sus máscaras de zorro, que parecen ser idénticas a las guardias de la puerta emergieron de las sombras: una introdujo el código para liberar la cadena de la muñeca de Riko; la otra introdujo la combinación secreta del maletín. Luego ambas se retiraron sin decir una palabra después de hacer una reverencia. \[Imagen de la emperatriz y la primer ministra en patreon\] Riko abrió lentamente el maletín, como si estuviera revelando un diamante legendario. Un brillo suave salido del interior del maletín iluminó los rostros de las 3 mujeres. Dentro, asegurados con precisión quirúrgica, había dos platos. Uno con galletas de chocolate perfectamente horneadas. Otro con porciones de pastel y trufas brillantes. La Emperatriz y la Primera Ministra tragaron saliva al mismo tiempo. Con manos temblorosas, la Emperatriz tomó una galleta. La Primera Ministra la imitó. Las llevaron a sus labios… mordieron… Y entonces sucedió. —¡Dulce divinidad de los dioses! — gimió la Emperatriz, cerrando los ojos con expresión casi celestial. —¡Esto… ¡Esto es mejor que la porqueria que sirven en la ONU! — gritó la Primera Ministra, llevándose las manos al pecho. Ambas comenzaron a convulsionar levemente, entrelazando dedos de placer culinario. Sus palabras se volvieron delirantes para cualquiera persona que las escuchase ya que ambas eran las figuras más serias y estrictas del país.. —¿Te imaginas despertar y que un hombre te cocine esto cada mañana? — susurró la Emperatriz con voz soñadora. —¡Yo renuncio a mi cargo mañana mismo si me aseguran un desayuno así todos los días! —replicó la Primera Ministra con un brillo en los ojos. Mientras tanto, Riko las observaba con una ceja arqueada, pensando: "…este solo era el lote de práctica… Ese chico siguió las instrucciones de un libro de recetas, si aprende a cocinar con el tiempo, no me quiero imaginar cuánto podría cobrar por cada plato que cocine..."
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El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela) Capítulo 23

Estás leyendo el capítulo 23 de El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela), un novela. En un mundo donde la tasa de natalidad se ha desplomado y solo nace un hombre por cada nueve mujeres, la figura masculina es un bien escaso y extremadamente protegido. La mayoría son tímidos, frágiles y evitan cualquier… Este capítulo tiene publicado el 10 de agosto de 2026. El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela) tiene 39 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.