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Leer El diario de Hebbler (Novela) Capítulo 1 online gratis en español
Viernes 13 de diciembre, 2002
\*\*\*
Mi nombre es Hebbler, tengo 12 años
Las reglas familiares son relativamente sencillas de seguir.
• Solo debes tocar la puerta.
。No dejes comida en el plato.
• Cuida bien de Anton
。Ser amable
Mamá piensa que estamos cortos de dinero y estos días se porta extraña. Cuando cae la noche, dice que olvidó la cartera en el trabajo, entonces, tenemos que ir a pie hasta pasar unos cuantos faros de la calle. Al llegar a casa.
Anton nos recibe latigueando su cola y restregando sus babas en la falda de mamá. Ella muy enojada va a cambiarse. Anton y yo aprovechamos ese momento para saquear los tuppers de comida que mamá guarda en la repisa más alta. Miel, batidos, fresas con crema, pollo. Es demasiado tacaña con las cosas deliciosas y por eso siempre debemos robar la comida.
—Aunque sea un sola vez en la vida roba las zanahorias que están en la segunda repisa del refrigerador.
Anton y yo nos congelamos al momento. Hoy habíamos sido lo suficientemente sigilosos para evitar a los ninjas invisibles que nunca vemos pero siempre roban antes que nosotros.
Lo que más me gusta de los viernes es que mamá hace de la vista gorda y papá llega temprano a casa.
Hoy fue diferente.
Mamá revisó su teléfono y lloró apretando los dientes, me asustó verla llorar porque nunca lo hace. Cuando me acerqué cambió completamente su semblante.
—¿Te acabaste el pollo? ¡Sabes que odio cocinar pollo!
Tal vez le molestó demasiado que robáramos todo el pollo, con lo fastidioso que es para ella cocinarlo y comerlo en su dieta. Me sentí mal pero, no podía dejar que Anton cargara con todo el regaño, pues él era mi mejor amigo, y seguro que le iría peor que a mi.
— Tenía mucha hambre mamá, lo siento.
—¡Mira mi falda! ¡Es tu culpa que no pueda comprarme nada nuevo, porque soy tu mamá y siempre debo ver por ti primero!
Un nudo se me atoró en la garganta, ¿es cosa de mayores enojarse tanto por un pollo? Sentí pena por mamá y aunque se me estrujaba el corazón por todas la cosas feas que me decía la escuché pacientemente hasta que bajó su ira.
Este episodio fue el más largo que había tenido hasta ahora. Cuando terminó, me llevó a mi cuarto, me arropó, y hasta pidió perdón. Ella es muy buena porque siempre que me dice cosas hirientes pide perdón.
Como me gustaría que papá pudiera escucharla pero temo que nos abandone si mamá le grita cosas tan terribles como a mi. Aunque no lo conozco bien debe ser un buen hombre si se casó con mamá.
Esa noche los sollozos de mamá rompieron el silencio que predomina todas las noches.
Más tarde, un ruido estridente me despertó.
Aunque llamé a mi mamá no había nadie en casa. Salí. Bajé corriendo las escaleras que conectan todo el vecindario hasta el fondo de la barranca donde está la casa de mi abuela. Todos los vecinos estaban reunidos.
—Dios mío, qué horror.
—Doña Acacia dice que la hija de Marisela se acercó a la malla y cayó al canal de la barranca.
—¡Pobre criatura qué lástima!
—Sí, además no había ningún familiar que pudiera ayudarla excepto un pitbull que se lanzó a la barranca con ella.
—¿Ayudarla, un perro? Esa clase de perros son de pelea; y por lo tanto, incapaces de ayudar a nadie.
—No doña Hermelinda. Ese perro es especial porque la hija de Braulio lo cuidó con mucho cariño y dicen que el hermano pequeño del señor le quitó los colmillos para que no mordiera a la niña.
—Oh entonces es una pena.
El final de esa oración me hizo un nudo en la cabeza que bajó y se me atoró en la garganta, quise preguntarles por Aton pero el nudo en mi garganta secaba mis palabras en cuanto empezaban a formarse en mi boca.
Me quedé muda.
Corrí empujando a las mujeres que estaban haciendo bola al rededor de la entrada de la reja. Ahí ví a mi prima tirada en el pasto.
Estaba completamente dormida y mientras los señores insistían en quemar los pelos de los perros que la mordieron para frotarlos sobre sus heridas, las señoras insistieron en esperar a nuestra abuela Rosa María, porque ella era enfermera y aseguraban que sabría qué hacer.
Quería gritarles que le pusieran un trapo encima.
Que cubrieran sus heridas con cualquier cosa porque se estaba desangrando.
Pero parecía que yo era la única que sabía que se estaba muriendo.
Puse mis manos sobre mi cuello y apreté fuertemente. Mi cara se puso roja y mis manos blancas pero sentí como se liberaba el nudo en mi garganta.
—¡¿Qué haces niña?!
Una señora de las que cuchicheaban me zarandeó violentamente y tuve que soltar mi cuello para tirarle un manotazo.
—¡Ay niña grosera!
Mi papá llegó de alguna parte a poner orden a esta situación. Corrió a las señoras chismosas, y a los que se quedaron, los obligó a llamar a una ambulancia que estuviera dispuesta a bajar estas escaleras.
—Hebbler ¿dónde está Anton?
No sabía qué responder, aún no podía hablar correctamente. Papá siempre es muy puntual con lo que pide pero cómo puedo contestarle si me pregunta justo ahora.
No lo sé.
—¡Cuando te hago una pregunta debes responder!
Alzó la mano y cerré mis ojos esperando el golpe cuando la jauría de perros del vecino arrasó el silencio como un terremoto. Chillidos, aullidos y gruñidos se acercaron a toda velocidad. En el centro de todo ese caos Anton mordía la pata de un perro mientras todos los demás lo mordían a él.
El terror salió de mi cuerpo en un grito desgarrador.
—¡Cállate!— Papá me reprendió.
—¡Anton! ¡¡¡Anton!!!—grité desesperadamente. Anton volteó a verme.
Papá levantó una roca sumamente grande sobre su cabeza, como un superhombre, si es él podrá salvarlo, lanzó la piedra tan fuerte que cortó el viento.
La piedra estaba dirigida a Anton y alcanzó a matar algunos perros que lo estaban mordiendo.
—¡Lo mataste, lo mataste, mataste a Anton!—El odio y la tristeza se apoderaron de mis ojos, ni las decepciones que me han causado sus más grandes caprichos habían tenido lugar en mi corazón.
—¡Ya cállate Hebbler! Esto no estaría pasando si en primer lugar lo hubieras cuidado bien. ¡Lo maté porque se lo estaban comiendo vivo!
Ahora sería el momento en el que mamá siempre me rescata pero ella no estaba ahí y nadie salió en mi ayuda para esta batalla. Siendo sincera si los demás adultos temen tanto como yo a mi padre no los culpo por no salir en mi ayuda.
—Hace rato le pegaste a la señora Juana, discúlpate con ella. No quiero verte llorar. Yo soy el que debería estar llorando porque tuve que matar a Anton por tu descuido.
Me dolía terriblemente la cabeza, los ojos, el cuerpo, como si yo hubiera recibido la piedra. Aturdida me acerqué a la señora Juana.
—Lo siento.

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El diario de Hebbler (Novela)
Capítulo 2
El diario de Hebbler (Novela) Capítulo 1
Estás leyendo el capítulo 1 de El diario de Hebbler (Novela), un novela. Es un relato de terror psicológico y gótico que explora las profundidades del trauma, el abuso doméstico y el ciclo ineludible de la violencia intrafamiliar a través de las entradas de un diario personal que abarcan más… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. El diario de Hebbler (Novela) tiene 5 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.