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Leer Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 66 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Rocky fue colocado en la gran caja destinada a almacenar cadáveres. El siguiente era Duke. Duke también llevaba una maldición. Dentro de la Piedra de Fuego que empuñaba se encontraba el componente más peligroso de la maldición de triple capa: el Gusano de la Maldición. Y la muerte de Duke era el último paso necesario para despertar al Gusano de la Maldición. “Sid probablemente pensó que, aunque Duke no consiguiera volarte por los aires, su muerte podría activar la maldición y matarte de esa manera “dijo Byron, frotándose la nuez con expresión desconcertada. “No me sorprende que esquivaras la Piedra Explosiva. Solo me sorprende un poco que también lograras evadir al Gusano de la Maldición. Pero ¿cómo conseguiste simular algo como toser sangre negra en ese momento? “Eh “Saul sacó un pequeño frasco rojo oscuro de su casillero. “Esto es un subproducto de mis experimentos de modificación corporal. Lo llamo plasma concentrado. Una vez activado, se convierte en un gran volumen de sangre. Incluso puedo añadir pigmentos para cambiar su color según sea necesario. No es tóxico, es inofensivo y perfecto para fingir la muerte. En términos televisivos, es básicamente una bolsa de sangre. “En cuanto al color negro...”, Saul no sabía decir exactamente lo que decía el diario. “La daga de Rocky estaba envenenada. Pensé que fingir que estaba envenenado haría que cualquier otro enemigo bajara la guardia”. En realidad, Saul había tomado una poción que ralentizaba la respiración y el ritmo cardíaco, básicamente una droga que simulaba la muerte. Era solo por precaución. Saul cogió la cartera de Duke y colocó su cuerpo en la gran caja, dejándole hacer compañía a Rocky. Byron informó a Saul de que los cadáveres de Rocky y Duke estaban contaminados por la maldición de triple capa. Al igual que Jenna antes. Sus muertes estaban todas relacionadas con Saul. Una vez que todos estuvieran muertos, el gusano de la maldición de las sombras escondido en la Piedra de Fuego emergería e intentaría introducirse en el cuerpo de Saul, devorando su carne. Esto era algo que ni Byron ni Kongsha habían previsto. Les faltaba una premisa clave: Sid no podía actuar directamente contra Saul, el propietario del diario. A menos que Sid abandonara el Diario del Mago Muerto. Así que Byron y Kongsha habían considerado que el peor de los casos era que Sid se arriesgara a ser castigado y atacara a Saul personalmente. Pero, en realidad, Sid había elegido un método mucho más complejo y costoso para intentar matar a Saul. Quizás eso fue lo que despertó la curiosidad de Kongsha sobre la relación entre Sid y Saul. Si Saul no hubiera desconfiado de Kongsha y hubiera convertido a Byron, ahora un aprendiz de tercer rango, en su plan B, los acontecimientos de hoy podrían haber terminado de forma muy diferente. Desde que el diario reveló que Kongsha estaba dispuesta a sacrificar su vida para utilizar a Saul, este había dejado de considerarla una protectora fiable. Ahora las cosas iban mejor: se habían convertido en beneficiarios mutuos en una relación transaccional. Probablemente, Kongsha ya se había dado cuenta de que Saul nunca tomaba la medicina que ella le daba. Una vez que todo estuvo listo, Byron sacó su pequeña libreta, anotó algunas cosas y dedujo los honorarios por explicar el conocimiento de las maldiciones y por inspeccionar la morgue. Después de confirmar que no había más amenazas en la cámara mortuoria, Byron se despidió de Saul y regresó para organizar las ganancias del día. La tercera cámara mortuoria finalmente quedó solo con Saul. Saul se acercó a los restos destrozados de Sid y los arrastró hasta la plataforma de teletransporte. Se giró y cogió varias herramientas afiladas de la mesa de trabajo desordenada. Con tono respetuoso, le dijo al cadáver mutilado: “Hola, Mayor”. Hizo una pausa y una pálida sonrisa apareció en su rostro. “Adiós, Mayor”. ... Saul se estremeció. Abrió los ojos de golpe al sentir una sensación helada por todo el cuerpo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba completamente desnudo. Por encima de él, el techo estaba iluminado por la fría y pálida luz de las velas. Símbolos desconocidos giraban y bailaban en el aire, y un aura escalofriante, junto con un débil sonido de sollozos, se arrastraba por la piel de Saul como pequeños insectos. Tap. Tap. Tap... Se acercaban pasos. Por alguna razón, un miedo repentino se apoderó de Saul. Se incorporó de un salto y se encontró tumbado en la plataforma de teletransporte de la cámara mortuoria. El tacto áspero del cuero negro bajo él lo dejaba claro: lo habían tratado como a uno de los cadáveres. Tap. Tap. Tap... Los pasos se hicieron más fuertes. Saul tragó saliva con dificultad. Pero tenía la garganta seca y dolorida. Mirando hacia un lado, se dio cuenta de que la puerta escarlata de la morgue no estaba completamente cerrada. Detrás del hueco del ancho de una mano se extendía una oscuridad profunda e impenetrable. Y detrás de esa oscuridad, el miedo se acercaba. Tap. Tap. Tap... ¡Los pasos estaban casi en la puerta! Despertado por el susto, Saúl no lo pensó dos veces y saltó descalzo al suelo. Tenía un presentimiento: si quienquiera que estuviera haciendo esos pasos lo encontraba, las consecuencias serían terribles. “¡Tengo que esconderme!”. Miró alrededor. No había cadáveres. No había sangre. No había herramientas esparcidas. Por el rabillo del ojo, vio una mano pálida presionando contra la puerta roja. Saul no dudó: se metió en la gran caja que había debajo de la mesa de trabajo. La puerta debió de abrirse sin hacer ruido. Porque ahora los pasos resonaban en la habitación. “¡Me están buscando!”. Saul estaba seguro, aunque no sabía quién era. “Debería haber cerrado la tapa”. Tumbado bajo la mesa de trabajo, en la más absoluta oscuridad, los pensamientos de Saul se agitaron con ansiedad. “Pero no tuve tiempo”. Los pasos rodeaban la habitación. Alcanzar la tapa ahora solo serviría para delatar su posición. “Esta caja está justo debajo de la mesa, con paredes por todos los lados. Mientras no metan la cabeza aquí, debería estar escondido”. Saul yacía pegado al suelo, apenas respirando. De repente, los pasos se acercaron. Más cerca. Se detuvieron, justo a su lado. Se oyó un ruido estático en la mesa, y luego silencio. “¿Por qué no se oye nada?”. Saul quería asomarse, solo un poco. Pero no se atrevió. “¿Por qué se han ido los pasos? Espera, ¿me han encontrado?”. “¿Se están agachando?”. “¿Están intentando meter la cabeza en el hueco entre la mesa y esta caja?”. “¿Están...?”. ... ¡Uf! Saul se despertó sobresaltado, empapado en sudor frío. “Otra pesadilla”. Frunció el ceño, se levantó de la cama, se puso un pijama limpio y se secó la frente empapada de sudor con la ropa que había tirado. “Es la segunda noche que tengo la misma pesadilla. Pero en el sueño, no me doy cuenta de que algo va mal. No sé que estoy soñando. Ni siquiera tengo valor para defenderme. Lo único que siento es miedo, como si hubiera vuelto al momento en que transmigré por primera vez al cuerpo de este sirviente”. Esa sensación de esperar a que apareciera algo desconocido, ese terror frío y espeluznante, era demasiado vívida. Incluso ahora, completamente despierto, Saúl podía recordar la impotencia que sintió en el sueño. En el fondo, sentía que ese sueño no era normal. Si la figura del sueño lo descubría, algo terrible podría suceder de verdad. Ya eran dos noches seguidas con casi el mismo sueño. Y hoy, el sueño había avanzado: el dueño de los pasos casi lo había encontrado. Si Saul no se hubiera despertado a tiempo, ¡podría haber visto aparecer un rostro sobre él! “En el sueño de hoy, los pasos ya estaban justo encima de mí. Si vuelvo a soñar lo mismo mañana... ¿me encontrarán?”. Solo era un sueño, pero Saul no podía quitarse la inquietud de encima. Se giró para mirar el diario que tenía sobre el hombro izquierdo. El diario dormía plácidamente. “Si ocurre algo peligroso en un sueño... ¿me avisará el diario?”. “Esta tarde volveré a buscar al señor Byron y le pediré que me examine”. ¿Por qué por la tarde? Porque Saul no podía faltar a clase por la mañana. Esa mañana era la primera evaluación de los aprendices de primer rango.
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Estás leyendo el capítulo 66 de Diario de un Mago Muerto (Novela), un novela. Saul se adentra en un mundo mágico lleno de misterios espeluznantes y crisis mortales. Decidido a sobrevivir, decide superar todos los obstáculos y convertirse en mago. Sin embargo, en este mundo aterrador, tanto los… Este capítulo tiene publicado el 27 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Diario de un Mago Muerto (Novela) tiene 1037 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.