Leer Diario de un Mago Muerto (Novela) Capítulo 38 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Cubierto de baba y aferrando la caja entre sus brazos, Saul siguió ascendiendo.
Tal vez había roto alguna ilusión, porque de repente se dio cuenta de que ya había llegado a la sexta planta de la Torre Este. A su izquierda estaba el mismo muro rúnico que antaño había dejado a todos los recién llegados mareados y desorientados.
Incluso con su fuerza mental actual, Saúl no se atrevió a mirar demasiado tiempo.
No estaba seguro de por qué el mundo, antes borroso, se había vuelto claro de repente, pero sólo ahora notó un dolor punzante en la frente.
Probablemente por inclinarse demasiado frente a la pared antes, raspándose un poco la piel.
"Herí al enemigo por cien, perdí 0,1 yo mismo. Valió la pena".
Entonces otro pensamiento serio cruzó su mente. "Tengo que volver y ducharme rápido. Quién sabe si esto va a causar una infección".
Pero primero tenía que entregar lo que tenía en sus brazos a Kongsha, de ninguna manera Saul iba a dormir con una cabeza cortada a su lado.
Volvió a pasar por el pasillo de la Torre Oeste y siguió caminando por la rampa inclinada.
Los pisos sexto a noveno eran las áreas de actividad de los aprendices de primer rango.
Eran poco más de las ocho. La Torre Este estaba silenciosa como una tumba, pero la Oeste aún zumbaba con algo de vida.
Algunas personas se dieron cuenta de que Saúl subía a trompicones y empezaron a susurrar en voz baja.
Otros miraban el bulto de cuero amarillo que llevaba en los brazos, con curiosidad, pero gracias a la reputación actual de Saul, nadie se atrevía a acercarse.
Saúl ignoró las miradas a su alrededor y siguió caminando, paso a paso.
Una vez que abandonó la zona de Primer Rango, el décimo piso, hogar de los aprendices de Segundo Rango, volvió a sumirse en el silencio.
Nadie se entretuvo en los pasillos charlando o intercambiando impresiones sobre la jornada.
Las puertas de los dormitorios que bordeaban el vestíbulo estaban todas bien cerradas, sin importar la hora.
Saúl ladeó ligeramente la cabeza.
Aún recordaba cuando era sirviente y venía a limpiar los pasillos.
El llanto detrás de las puertas, la basura esparcida y ese charco de sangre.
Aquel charco le había cambiado la vida.
Pero antes de que Saúl pudiera sumirse más en sus pensamientos, un débil sonido resonó desde delante.
Volvió a prestar atención y miró hacia la ladera.
En el recodo que conducía al duodécimo piso, justo donde las sombras se hacían más densas, apareció un par de botas de cuero negro.
¿Quién sabía cuánto tiempo llevaba allí esa persona?
Saúl no dejó de caminar, sólo levantó la guardia mientras avanzaba con la mirada lentamente desde las botas.
Un hombre salió de las sombras en la curva.
Era Sid, que llevaba más de un mes fuera de la torre.
Miró en silencio a Saúl, con los ojos nublados por las sombras.
Pero cuando Saul se acercó, los labios de Sid se curvaron de repente en una sonrisa fría y exagerada.
"¿Ver a tu Mayor y ni siquiera ofrecerle un saludo?"
"Hola, Mayor", saluda Saul, haciendo una ligera reverencia.
" "
Sid no había esperado que Saul fuera tan obediente, tan distinto del chico aterrorizado de hacía un mes, aquel al que casi había matado del pánico.
Tras ofrecer su saludo, Saúl siguió caminando tranquilamente.
Su rostro mostraba una sonrisa cortés, pero internamente estaba en alerta máxima.
Los dos pasaron cerca, casi rozándose los hombros.
"¿De verdad crees que al mentor le importa la vida de un novato de Primer Rango? En cuanto aparezca alguien más útil, sólo serás basura para tirar".
Saúl se volvió para mirarle. Estaba a la altura del pecho de Sid y tuvo que levantar la barbilla para verle a los ojos.
Sonrió con dulzura. No tenía ni idea de cómo la baba que llevaba en la cabeza le hacía parecer aquella sonrisa, pero mantuvo su tono respetuoso.
"Gracias por el consejo, Mayor. Trabajaré duro para seguir aumentando mi valor".
Sid soltó una mueca, claramente poco impresionado por la falta de autoconciencia de Saul.
"Si el talento pudiera sustituirse por el esfuerzo, el camino no estaría plagado de tantos huesos sin esperanza".
Saúl no replicó y se limitó a mirar en silencio a Sid.
"¿Va a atacarme directamente? No es tan tarde no hay nadie alrededor. Es una buena oportunidad".
Pero el Libro de tapa dura no reaccionó.
"Sid no se atreve a atacar". Saúl se serenó.
El hombre no dijo ni una palabra más, con las manos en los bolsillos del abrigo mientras se pavoneaba por el sendero casi de buen humor.
Saúl esperó a que la figura de Sid desapareciera antes de darse la vuelta y seguir subiendo.
"No se atreve o, mejor dicho, no puede tocarme". Pensaba Saúl mientras caminaba. "Debería haberme dado cuenta antes. No pudo matarme en la biblioteca, e incluso envió a Brown a por mí después. Sid ha estado intentando que me mataran todo este tiempo".
"Pero nunca lo ha hecho él mismo". A Saúl se le iluminaron los ojos. "No puede ser por el mentor. Cuando yo era sólo un sirviente, podría haberme matado sin consecuencias y, sin embargo, no lo hizo".
"¿Podría ser que Sid no puede matar?"
Saúl descartó inmediatamente esa idea.
Sid había matado a ese chico regordete que sobornó para pasar la prueba delante de todos los nuevos reclutas.
"¿Así que tal vez no pueda matarme?"
Cuanto más lo pensaba Saul, más sentido tenía.
Sus ojos se desviaron hacia el libro de tapa dura. "Sid está buscando el libro y ese libro es el Libro de Tapa Dura que tengo en el hombro. Tal vez no está tratando de silenciarme. ¡Quizás quiere matarme sólo para conseguir este libro!"
Era un pensamiento absurdo. Salvaje. Infundado.
Pero explicaría el extraño comportamiento de Sid todo este tiempo.
Quería a Saúl muerto, pero se negó a hacerlo él mismo.
Saúl dejó de caminar, mirando aturdido el pequeño bulto que tenía en las manos, con la mente en blanco.
Esta noche había sido la oportunidad perfecta para Sid.
Saúl llevaba una cabeza cortada prohibida y peligrosa. Su propio pelo seguía siendo viscoso y repugnante.
Si Sid hubiera atacado entonces, podría haber culpado fácilmente de la muerte de Saúl a algún incidente sobrenatural.
Pero no había hecho nada, sólo lanzar algunos insultos.
"Matar al dueño del Libro de Tapa Dura significa que no puedes obtenerlo".
Esa frase le vino a Saul a la cabeza.
"Si estoy en lo cierto, Sid sabe mucho sobre el Libro de la Tapa Dura. Pero si eso es cierto, ¿por qué me lo tiró a la cabeza?". Saúl frunció el ceño. El libro era demasiado misterioso, nunca se presentaba, y la mayor parte del tiempo, Saul tenía que averiguar las cosas por su cuenta.
"No importa. Tanto si Sid conoce el poder de predecir la muerte como si no, ya somos enemigos. Ahora mismo, estoy demasiado débil, sólo puedo tocar de oído y aferrarme a mi patrón para salvar mi vida."
Saúl reanudó la escalada.
"Sid definitivamente actuará de nuevo". Apenas había dado unos pasos antes de detenerse de nuevo.
"Algo está mal. La actitud de Sid hoy fue extraña".
Al principio se había mostrado sombrío y melancólico, pero después de su intercambio, se había marchado casi alegre.
Ya ha hecho su próximo movimiento.
Saul recordó las palabras de Sid.
"¿De verdad crees que al mentor le importa la vida de un novato de Primer Rango? En cuanto aparezca alguien más útil, serás basura".
Mentor. Novato. Alguien más útil
Saúl entrecerró los ojos.
"¿Sid dejó la torre para reclutar a un nuevo novato para reemplazarme en la sala de cadáveres?"
Si Kaz no hubiera tomado a Saul bajo su protección, nunca habría tenido este mes de respiro.
Pero esa protección probablemente vino con un precio su trabajo en la sala de cadáveres.
Kaz probablemente no quería que su nuevo trabajador muriera demasiado rápido.
Pero si apareciera alguien aún más adecuado para el puesto
Puede que Kaz no insista en quedarse con Saul.
Y Saúl no creía que el mentor le tuviera verdadero afecto.
Sobre todo ahora que Kaz rara vez se pasaba por la sala de cadáveres, desde que las habilidades de disección de Saul mejoraron.
¿Contar con el sentimiento de Kaz para protegerle de nuevo? No es realista.
Saúl miró el paquete que tenía en las manos y aceleró el paso.
Necesitaba encontrar a la persona a la que acababa de suplicar protección.
Yo hice el trabajo. De ninguna manera me vas a dejar morir, ¿verdad?
Aún necesitas un cerebro, ¿no?
A Kongsha no le hizo ninguna gracia que Saul hubiera venido directamente a llamar a su puerta.
Lo empujó hacia el interior y el chico cayó al suelo mientras los globos oculares de la cúpula de cristal se apretaban contra la superficie, inyectados en sangre, abultados y a punto de estallar.
"¡¿Qué demonios haces viniendo aquí así?!"

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Estás leyendo el capítulo 38 de Diario de un Mago Muerto (Novela), un novela. Saul se adentra en un mundo mágico lleno de misterios espeluznantes y crisis mortales. Decidido a sobrevivir, decide superar todos los obstáculos y convertirse en mago. Sin embargo, en este mundo aterrador, tanto los… Este capítulo tiene publicado el 13 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Diario de un Mago Muerto (Novela) tiene 1037 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.