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Leer Defensa de la Mazmorra (NL) (Novela) Capítulo 0 online gratis en español
🏴 Grupo: Osgon✍️ Traducción: Osgon
«¿Sabe vuestra merced cómo el mundo ha de fenecer?»1
\[Sí\] \[No\]
PRÓLOGO
«\*\*"¿Dais vuestra fe a las artes de la adivinación?"\*\*».
«Mis disculpas, Alteza. Esta doncella no cree en supersticiones».
«Qué pena. Las supersticiones son magníficas. Dan vigor a la vida».
El entorno estaba en silencio.
La multitud de cinco mil personas escuchaba en silencio la conversación entre las dos personas que tenían delante.
A un lado se encontraba una mujer de radiante hermosura. Aunque era una noble que gobernaba esta ciudad, también era la que había sido derrotada en este asedio.
Al otro lado se sentaba un hombre moreno. Envuelto en una capa negra y vestido con ropa igualmente negruzca, solo podía describirse como una persona de oscuridad. Curiosamente, estaba arrancando los pétalos de una flor. Pétalo a pétalo, la rosa fue deshojada y cayó al suelo con un aire ominoso.
«Tuvisteis antes la ocasión de rendiros»
«Lo admito»
«Cuatro veces»
Habló el hombre.
«Cuatro veces os envié mis nuncios brindándoos la merced del rendimiento, y otras tantas degollasteis a los tales, devolviéndome sus cadáveres. Pues que así están las cosas, hablemos sin embozo: mi deseo es rebanar vuestra hermosa cabeza y ponerla por trofeo en la punta de mi lanza»
El hombre murmuró con indiferencia. Si lo escuchaban desde una perspectiva externa, la forma en que pronunció esa última frase era como si simplemente estuviera comentando lo agradable que era el buen tiempo.
A pesar de eso, si usted hubiera mirado siquiera ligeramente hacia un lado, se habría dado cuenta de lo equivocado que era ese sentimiento. Desde duendes hasta orcos y, finalmente, ogros, estos monstruos corpulentos custodiaban al hombre sin dejar ni un solo resquicio. Estos monstruos podrían asesinar inmediatamente a los cinco mil humanos reunidos allí si el hombre así lo ordenara.
«... Que un hombre de aspecto tan ordinario pueda desprender una presencia tan imponente».
La noble mujer solo pudo tragar saliva. La responsabilidad de proteger la vida de los ciudadanos recaía sobre sus hombros.
«Querer poner mi cuello en una lanza. ¿Está siendo sincero o me está amenazando? O tal vez solo me está sometiendo a prueba...».
Christiane Louise Von Volfusbrook.
Una heroína conocida como la «Perla del Norte» del Imperio.
Ella había liderado una rebelión en el ejército del señor de los demonios. Había pasado aproximadamente medio año desde que el Imperio fuese invadido por los demonios y aún había humanos que no habían aceptado del todo ser regidos por monstruos. Se pensaba que había muchas posibilidades de que esta revolución tuviese éxito.
Pero el hombre que tenía delante reaccionó antes que nadie.
En cuestión de días, se cortaron las comunicaciones con otras ciudades, se expoliaron las rutas de suministro y se capturaron las fortalezas. Cuando por fin logró recomponerse, su ciudad ya había caído en solo cuatro meses.
«Así que esto es un Señor de los Demonios...».
Christiane Louise se mordió los labios con fuerza.
Miembro de una orden de 72, que gobierna sobre todos los demonios.
El señor que maneja la falsa alquimia y toda la retórica.
Actor entre actores.
Aclamado como el Señor de los Demonios de múltiples rostros.
Dantalian.
El Señor de los Demonios Dantalian.
Ese era el nombre de este hombre.
Christiane Louise se estremeció de terror.
«¡Un movimiento en falso y seré asesinada...!».
Para calmar el temblor de sus rodillas, Christiane Louise pensó en las últimas palabras de su padre: «Siempre mantenga la dignidad». Tenía razón. Era el momento de comportarse como una noble y responder con determinación.
«Podría ofrecer mi cuerpo si fuese necesario»
El rumor de que el señor de los demonios que tenía delante era uno adicto al placer sexual ya se había extendido.
Aunque no pretendía alardear, Christiane Louise se sentía confiada en su propia apariencia.
Si fuera necesario, se convertiría en una esclava sexual si eso significaba proteger a su familia (Al nombre).
Christiane Louise había tomado una decisión.
«Oh, gran Señor de los Demonios...»
«Lo siento, pero ¿podrías dejar de llamarme así?»
El hombre la interrumpió, mostrando un claro desdén.
¿Qué quieres decir con «Oh, gran Señor de los Demonios»? Me provocan náuseas solo con oír esas palabras, no me sorprendería que se me derritieran los oídos en este mismo instante. Hay más de cincuenta Señores de los Demonios vagando solo por este continente. Me pregunto si soy el único «Gran Señor de los Demonios».
«Entonces, ¿cómo debería llamarle a su alteza...?
«Sigue llamándome "su alteza"».
Christiane Louise asintió con la cabeza en respuesta.
«Sí, su alteza. ¿Puedo informarle humildemente que hay tres razones para perdonarle la vida a este individuo?».
«¿Es así? Dígame solo una».
El hombre arrancó un pétalo y dejó que cayera lentamente.
«No tengo tanta paciencia».
«...».
Un escalofrío recorrió la espalda de Christiane Louise. El hombre ni siquiera la miraba, y sin embargo, sentía como si centenares de ojos invisibles flotando en el aire la estuvieran observando.
«Debo estar alucinando».
A Christiane Louise se le resecó la boca.
«No es más que mi mente jugándome una broma».
Murmuró para sí misma el sabio dicho que se había transmitido de generación en generación en su familia.
«Oh, antepasados. No respeten la injusticia por el crecimiento, y no ignoren la justicia por la juventud».
Como un viajero que camina por un oscuro sendero de montaña con una antorcha mal confeccionada, Christiane Louise apenas pudo reunir el valor para abrir la boca gracias al orgullo de su familia.
«... Quedan seis ciudades que siguen apoyando la rebelión. Es obvio que se necesitará una enorme cantidad de tiempo y mano de obra para conquistarlas todas».
El hombre se encogió de hombros.
«En efecto. Solo de pensarlo, me dan ganas de suicidarme».
«Su Alteza. Contrólelos no con lanzas, sino con generosidad. Si Su Alteza muestra indulgencia y nos perdona aquí, las otras ciudades se someterán por sí solas de forma natural. Sin embargo, si Su Alteza nos trata con crueldad...».
«Por miedo a recibir el mismo trato, se rebelarán con más violencia».
El hombre la interrumpe.
«¿Es eso lo que quiere decir?».
«Sí, Su Alteza».
Como era de esperar, lo entendió rápidamente.
Christiane Louise vislumbró un pequeño rayo de esperanza.
El hombre que tenía delante no era simplemente un tiránico Señor de los Demonios. Era uno de los más sabios. En resumen, era capaz de entender las palabras. La posibilidad de seguir con vida quizá no fuera una esperanza vana después de todo. Christiane Louise calmó sus miedos.
El silencio persistió.
Después de arrancar una rosa, el hombre cogió otra. Sin decir una sola palabra, arrancó toda la flor del tallo. Los pétalos rojos se esparcieron como nieve, cayendo lentamente en un montículo a los pies del hombre.
«Desnúdate».
Una sola palabra se posó sobre el ambiente.
Era un tono increíblemente normal. Christiane Louise no podía entender la situación. Solo podía parpadear sorprendida.
«¿Perdón?»

«Baronesa Von Volfusbrook. Vos habéis alzado una rebelión por vuestra propia porfía. Por cuyo suceso, dos mil ciudadanos han perdido la vida. En verdad, no eran los míos; de suerte que, fuesen dos mil o veinte mil, no es cosa que me dé cuidado. Mas… »
El hombre alzó la cabeza lentamente.
Christiane pudo ver los ojos del hombre por primera vez.
Era como si unas pupilas negras como el azabache le atravesaran lo más profundo del alma.
«... no vos. Todos los dos mil que han perecido eran vuestra propia gente. En todo el continente, no hay alma otra que pueda cargar con la cuenta de estas vidas sino vos sola.»
El hombre suspiró.
«Poco tiempo ha que me suplicasteis que os perdonara la vida; mas no era tal vuestro deber. No por vuestro propio aliento debisteis clamar, sino por las ánimas de cuantos allá se hallan. Vuestra obligación era rogar por la salud de vuestro pueblo; que de esta guisa es como la persona de honor toma sobre sí su cargo y responsabilidad.»
«Su Alteza. Esta era...».
«Baronesa Christiane Louise Von Volfusbrook. Sois mujer de gentil presencia y de aparente bondad; mas, por deciros lo cierto, no sois sino un demonio en forma humana. Por tanto, yo os condeno a una muerte afrentosa y sin honor.»
El hombre se alzó de su asiento.
De inmediato, todos los monstruos que rodeaban la zona levantaron sus armas. Los ciudadanos se vieron invadidos por el miedo y rompieron a gritar.
Sobre estas personas cayó el grave veredicto del Señor de los Demonios.
«Mandaré que mis soldados os despojen y ultrajen, y esto a la vista de todo el vulgo. Yo, Dantalian, que ocupo el septuagésimo primero (#71) lugar entre los grandes y poseo el nombre de los diferentes rostros( 이면(異面)2 ), por la presente sentencio; que sea Christiane Louise privada de su ilustre sangre y títulos, y que, habiendo quedado en estado de mera villana, reciba la muerte sin honor ni distinción.»
«¡Su Alteza...! ¿¡¿Qué...?!»
«Sinfín de almas han de hallar aquí su desenlace. Desesperad, pues en lo más hondo de mi pecho habré de sepultar, el nombre de aquella que tan vanamente desperdició las vidas ajenas.»
El hombre abandonó el escenario con indiferencia.
El repentino movimiento de su capa provocó una pequeña ráfaga en el suelo, lo que hizo que los pétalos de rosa que por fin se habían asentado se esparcieran con el viento. Desde atrás, Christiane Louise siguió gritando: «¡Su Alteza!», pero el hombre nunca se volvió.
Ese día, la mujer conocida como la «Perla del Norte» fue ejecutada.
Una vez más, el continente tuvo que volver a pronunciar el nombre del Señor de los Demonios, Dantalian.
Señor demonio de los diferentes rostros, rango 71, Dantalian.
¿Cómo ha llegado a esto?
¡Maldita sea! ¡No era así como lo había planeado!
Christiane Louise también aparecía como heroína en el juego. Su papel era ayudar al protagonista, que era el héroe, en asuntos políticos. El final, en el que se supera la brecha social entre ambos y finalmente se consigue casarse con Christiane, gustó mucho a los fans. Obviamente, yo era uno de esos fans.
Si fuera posible, quería perdonarle la vida.
Al verla en persona, era mucho más bonita que en las ilustraciones del juego.
Dios mío. Era como si una diosa hubiera descendido de los cielos.
Preocupado por verme afectado por su belleza, mantuve la cabeza gacha. La única razón por la que seguí arrancando rosas fue para ocultar mis emociones temblorosas...
\[1. Ejecutar\] \[2. Perdonar\]
Como de costumbre, cada vez que se acercaba una decisión importante, aparecía una ventana con opciones. Una ventana transparente que solo yo podía ver. Por supuesto, intenté seleccionar la opción número 2 para perdonarlos.
Pero a medida que avanzaba la conversación, el ambiente se volvía cada vez más extraño.
Aunque seas descarado, ¿Cómo puede alguien tener tan poca vergüenza?
Dos mil personas habían muerto. Dos mil. A pesar de que aparecía una extraña ventana con opciones y una ventana con estadísticas brillaba ante mis ojos, esa era la cruel realidad. En esa realidad, dos mil personas murieron por culpa de la ambición de una sola persona.
No había ni una pizca de remordimiento en la actitud de Christiane Louise.
Mi estado de ánimo comenzó a tornarse frío. La emoción que sentí cuando conocí en persona a la heroína que hasta entonces solo había visto a través de la pantalla de la computadora se desvaneció rápidamente. Una vez que recobré la cordura, me encontré ordenando la ejecución más vergonzosa.
Lo hice una vez más.
Suspiré ligeramente y le ordené a un subordinado:
«Vuelve al recinto y decapita a los prisioneros».
«¿Sí? ¿No deberíamos hacerles sufrir más?».
«Ya es suficiente. Esto es un ejemplo suficiente para las otras ciudades».
El subordinado recibió la orden y regresó al recinto.
Poco después.
\[1. Ejecutar\] \[2. Perdonar\]
Las palabras brillaban intensamente en el aire.
Luego se descompusieron en partículas blancas que se dispersaron. Aunque parecía que iban a desaparecer en cualquier momento, las partículas se unieron repentinamente para formar nuevas palabras.
\[¡Una decisión cruel y despiadada!\]
\[El continente está aterrorizado por su crueldad.\]
\[La infamia ha aumentado considerablemente.\]
Entonces las palabras se dispersaron como pétalos.
La información de que mi infamia había aumentado de nuevo me sumió aún más en la depresión.
«¿Cómo ha podido pasar esto?».
Solo podía preguntarme a mí mismo.
Esto no era lo que quería.
Lo principal es que quería llevar una vida tranquila.
¿Dónde se torcieron las cosas? Seguramente mi nacimiento no fue un error, ¿verdad? ¿Es eso? La vida fue irracional desde el principio...
Ah, quería frotarme {(부비부비)boobiboobi3} contra Christiane.
No solo Christiane, sino que yo quería disfrutar de una vida divertida con las otras heroínas, como Romei o la hija del emperador, Elizabeth.
A decir verdad, no quiero trabajar en absoluto.
En serio, ¿por qué tuve que acabar poseyendo el cuerpo de un Señor Demonio?
Cualquiera está bien. Por favor, que alguien solucione mi vida destrozada...
¡O al menos que me den un mes de vacaciones...!

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Estás leyendo el capítulo 0 de Defensa de la Mazmorra (NL) (Novela), un novela. ¿Sabes cómo acaba este mundo? Conviértete en el héroe y derrota a los 72 Señores Demoníacos. El juego que se jactaba de ser el juego de estrategia más difícil, **『Dungeon Attack』**. Yo solía ser el «héroe» que lo había… Este capítulo tiene publicado el 6 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Osgon. Defensa de la Mazmorra (NL) (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.