Leer Cuidado con el pollo (Novela) Capítulo 78 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Había formado parte de un imperio. Una princesa, en un palacio de oro, sirviendo con honor a su Emperatriz. La Reina que los dominaba a todos. Su número era ilimitado. Sus ejércitos, sin igual. Ninguno de sus inferiores se atrevía a enfrentarse a ellos. O bien inclinaban la cabeza, o eran exterminados por completo. Los machos capturados eran examinados por su belleza, y los que se quedaban bailaban para ellos cuando lo exigían.
Ella lo exigía a menudo.
Vivió una vida de decadencia. Su posición se afianzó mediante el asesinato de rivales y la masacre de los enemigos de la Emperatriz. Solo comía la mejor jalea real, con un toque de Qi que se podía obtener de su exhaustivo esfuerzo bélico. Dormía sobre esteras tejidas con lana de oveja, un bello tributo a su magnificencia y a la de su enjambre. Su colmena incluso tenía estandartes de guerra, tejidos con fibra vegetal, y tapices que la representaban a ella y a la gloria de la Emperatriz.
Controlaba las fronteras del norte. Una Princesa de la Guerra. Una reina virginal cuya única responsabilidad era librar batalla. Las tropas bajo su mando eran más numerosas y vigorosas que las entregadas a los recolectores. Un diezmo de cada colmena. Sus detractores decían que era joven e inexperta, pero ellos eran pálidos reflejos de la Emperatriz. Imitaban sus acciones y seguían sus órdenes lo mejor que podían, pero apenas podían pensar.
Estaban más allá de su atención.
Mientras estaban en sus puestos, con su inmenso número, se creían invencibles. Podían ver con un millón de ojos, actuar con un millón de cuerpos. Eran absolutamente superiores a todo lo demás, o al menos eso rugió la Emperatriz, con su voz resonando en el Enjambre.
Naturalmente, los cielos se opusieron a esta afirmación y enviaron demonios desde los abismos del infierno para disuadirlos de esa noción.
Su poder era sólo una ilusión.
Todo empezó con asaltos a los puestos avanzados del sur. Criaturas gigantescas y despiadadas que los superaban en masa diez veces. Aunque compartían la misma forma, eran verdaderos monstruos, demonios en toda la extensión de la palabra. Masacraban sin piedad. Atacaban desde ángulos desconocidos. Arrasaron con los puestos avanzados del sur, y luego hubo una calma.
Creyeron que este era el máximo poder del enemigo. No imaginaron que se trataba simplemente de una partida de exploración. Como un aguijón clavado directamente en el tórax, los demonios se abalanzaron sobre el Imperio.
La distancia era larga, muy larga, y su conexión vaciló mientras trataba de ver qué estaba pasando.
Solo palacios arrasados por completo la recibieron. Los guerreros fueron abandonados a su suerte, mientras que la valiosa prole fue tomada y consumida por completo.
La Emperatriz llamó a todas las princesas guerreras para que regresaran a la batalla.
Y qué batalla fue aquella. La guerra fue más grande que cualquier otra en su vida. Que cualquier otra en la vida del imperio. Millones de tropas se desplegaron contra los demonios. Fue ella, la Princesa del Norte, quien descubrió cómo abatirlos; su insensible mando envió a cientos de sus propios guerreros a la perdición, tras haberse cocinado en sus caparazones para acabar con la ira de un solo demonio.
Cada vez se le destinaban más recursos. Cada vez más princesas le cedían el control. Incluso la Emperatriz, la poderosa Emperatriz, permitió que se llevaran a su prole para convertirla en una espada.
No fue suficiente. Con el Enjambre arrebatado de las otras colmenas y obligado a luchar contra los demonios gigantes, los límites de su imperio se deshilacharon. La Princesa del Este declaró su independencia. La Princesa del Oeste cayó ante los Osos Ardientes.
Y aún así los demonios vinieron.
La situación era insostenible. La Emperatriz se negó a abandonar su palacio.
La Princesa del Norte tomó una decisión. Huyó.
El Palacio Imperial murió. Los Demonios zumbaban con malicia, masacrando a incontables miles de personas con sus mandíbulas.
Huyó hacia el norte, y hacia el norte. Saqueó otros palacios en su huida. Les robó la comida y fue poco más que una bandida. O las horribles historias sobre humanos que esclavizaban a reinas, las obligaban a producir miel y luego las mataban brutalmente cuando querían recolectarla.
Crearía su propio Enjambre. Construiría su propio palacio, lejos de los demonios. ¡Y sería Emperatriz por derecho propio!
Tomó al mejor bailarín, al macho más agradable que había encontrado y con él crearía una nueva prole.
Su colmena era pequeña. Era humilde. Pero logró sobrevivir el invierno. Apenas cien de sus sirvientes.
Pero esto tampoco duraría. Eran pequeños. Eran débiles y vulnerables. Eran presa fácil.
Apenas recordaba el asalto que acabó con su enjambre por completo. Los destellos de fuego. El chisporroteo de los caparazones.
El terror de estar sola. De verse reducida a algo absolutamente inferior. Apenas podía pensar. Reducida a su instinto básico mientras gritaba en una prisión de su propia mente.
Pero no era una cobarde. Era una Emperatriz. ¡Y las Emperatrices no se rinden! Solo importaba ir al norte. Podía sentir… algo. Algo en los confines de sus sentidos, un atisbo de Qi.
El prado, lleno de flores. Estaba agotada. Tan agotada, con tanto frío, pero necesitaba continuar. Construir un palacio. Construir un enjambre. Solo el rencor la impulsaba a seguir adelante.
Y entonces, había una sombra.
La agarraron con fuerza y se resignó a morir.
Pero la muerte no llegó. En cambio, la última Princesa fue llevada ante un humano. No era como ella esperaba. Su fuerza era una fuerza suave y serena que se extendía hasta los confines de la tierra. Esto era poder. Esto era un señor. Esto era un Emperador.
La inspeccionó cuidadosamente y recuperó un tesoro que valía más que todo el Imperio para ella.
Era mejor que la jalea real. Mejor que la porquería que tenía que comer, el néctar y el polen. Estaba cargado de Qi. Tanto Qi que por fin pudo volver a pensar con claridad.
El Emperador le dedicó una cálida sonrisa, y ella quedó prendada al instante. La Emperatriz no había merecido su nombre. ¿Pero esto? Esto era poder. Inclinó la cabeza en señal de servicio.
Levantó la mano, aceptando su juramento de fidelidad, y ordenó a su salvador. Él, tan poderoso como para aniquilar enjambres de demonios, sin que ninguno lograra tocarlo.
La llevaron a un palacio. Un palacio revestido de blanco, cálido y seco. Era más modesto que las extensas crestas que la Emperatriz solía exhibir, proclamando su superioridad. Pero también estaba mucho mejor defendido.
Ella decidió que defenderse era lo mejor.
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No estaba confinada. No era prisionera ni esclava. Era libre de ir a su antojo y hacer lo que quisiera.
Cada día, el humano, el Emperador cuyo poder impregnaba la tierra, le otorgaba tesoros y la colmaba de atenciones como la reina que era. Su suave dedo se sentía placentero sobre su cabeza, y se erizaba con Qi.
Su salvador, el rojo con su espléndido abrigo, castigó brutalmente a un pájaro que intentó atacarla y se quedó cerca de ella como un centinela, muy superior a sus propios guardias. Su belleza era insuperable bajo el cielo y la tierra, y su Qi sabía a luna.
Y el grande, con sus colmillos, le trajo más sirvientes. Era agradable a su manera, con sus músculos y su Qi terrenal rodeándolo. Acercó colmenas enteras justo al lado de la de ella y gruñó de alegría al verla. Estas abejas eran inferiores, obviamente. Nada comparado con el fruto de su cuerpo, pero podían usarse.
Entró en su palacio y dio órdenes. Tal era su majestad imperial que fue obedecida.
Les permitió servirla. Reconocieron a una reina y se sometieron. Volvió a estar completa. Podía ver, podía actuar.
Los cielos le habían arrebatado todo a una emperatriz indigna. Fue castigada de nuevo cuando intentó recuperar la gloria perdida.
Pero aquí, aquí en esta tierra, palpitando con fuerza el Qi, recibió un palacio. La garantía de seguridad.
¡Ella pagaría mil veces más la bondad que el Emperador le había demostrado!
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Suspiró satisfecha mientras observaba bailar al hermoso. Sus movimientos eran absolutamente sublimes, pues actuaba solo para ella. El fiel protector era fuerte y viril, este… Bi De. Un nombre poderoso. Ella lo colmaba de atenciones cuando tenía la oportunidad.
Probablemente el propio Emperador estaba más allá de sus posibilidades. Era reina, pero aún no merecía el título de Emperatriz.
En cambio, cortejaría al poderoso Bi De y vería si podía ganarse su lealtad. Él ya observaba sus bailes con interés, pues era la bailarina más agradable y hábil de todas.
Aquí, su poder crecería. Aquí, prepararía el Enjambre. ¡Todos conocerían la Gloria de Fa Ram!
El Señor, el Emperador de la Tierra, le había otorgado tres nombres: Kei Regan, Tai Ranid. Finalmente, pronunció uno que la complació. Sonaba a extranjero, pero era poderoso. Sabía que era un nombre de fuerza y lo aceptó con gracia.
Vajra

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Estás leyendo el capítulo 78 de Cuidado con el pollo (Novela), un novela. Jin Rou quería ser un cultivador que desafiara a los cielos y superara todos los límites. Desafortunadamente para él, murió, y ahora estoy atrapado aquí. ¿Jóvenes maestros arrogantes? ¿Tribulaciones celestiales?… Este capítulo tiene publicado el 17 de agosto de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Cuidado con el pollo (Novela) tiene 643 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.