Leer Cuidado con el pollo (Novela) Capítulo 637 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El funeral de los Mártires de las Colinas Azules concluyó en silencio, mientras dos lápidas funerarias eran colocadas en los sagrados salones bajo las montañas. El Patriarca Baatar hizo una reverencia en reconocimiento a los dos héroes, los primeros nombres de lo que, con suerte, sería una institución que perduraría por la eternidad. Los hijos del Cielo Azul habían cumplido con su deber y ahora podían descansar en paz.
Una de las tablillas fue tallada en piedra de la propia montaña por Rou Tigu; la otra, en madera lacada del Árbol Solitario. Dos caminos distintos que confluyeron. Eran monumentos que rendían homenaje a sus orígenes y a su fin. Un fragmento de piedra del Gran Barranco también se colocaría aquí.
Aunque necesitarían una gran asamblea de todos sus ancianos para trazar este nuevo rumbo. El Gran Barranco no enterró a sus muertos. Los Cóndores del Gran Cañón llevaron sus huesos al cielo azul para que pudieran volar eternamente… pero estar unidos para siempre a sus camaradas, listos para defender este lugar sagrado, sería aceptable para algunos.
Tal y como claramente habían aceptado sus antepasados, Baatar había visto los símbolos en el antiguo mausoleo. Los hermanos y hermanas del Barranco habían elegido descansar en este lugar, y trasladar sus restos ahora sería la mayor falta de respeto.
Baatar vigilaba a los niños mientras rendían homenaje; todos los miembros del Gran Barranco de Ciudad Duelista estaban allí, por orden suya, sin sus pañuelos, despidiéndose de los caídos a la manera imperial antes de partir. Algunos imperiales parecían bastante sorprendidos por la reverencia, pero no tenían por qué estarlo.
Habían dado su vida bajo la bandera de Tianlan. Eran héroes, y punto.
El propio Baatar se arrodilló ante las tablillas. Yu Jian, tío de Yu Yan, sostuvo la mirada de Baatar, una mirada imperial llena de gratitud, respeto… y vergüenza.
Baatar conocía a aquel hombre por los informes de sus parientes. Yu Jian los había tildado abiertamente de bárbaros; en el pasado, había combatido muchas veces contra sus cultivadores en pequeñas escaramuzas. Había utilizado el poder de su secta para bloquear las rutas comerciales e intentar debilitar el Gran Barranco.
Él había sido su enemigo.
El Imperial finalmente comprendió lo que significaba perdonar toda enemistad contra sus antiguos enemigos.
Hoy se mostró agradecido y avergonzado al ver cómo los bárbaros honraban a su sobrina como a una de sus heroínas.
Baatar podía ver la agitación interior de Yu Jian. Arrepentimiento.
¿Pero cambiaría él de opinión? Baatar no lo sabía.
Nadie podía saber con certeza qué depararía el mañana. Y, sin embargo, el anciano se sentía bastante optimista en estos días, incluso con la solemnidad de este acontecimiento.
Una vez concluido el funeral, llegó el momento de la reunión. La verdadera reunión, la más tranquila, en la que la Gran Mariscal relató los hechos al joven maestro Bi De, ambos con total sinceridad.
Baatar escuchaba atentamente cada detalle; todos lo hacían. Los Maestros de Secta se llenaban de orgullo al oír hablar de los méritos que sus miembros habían obtenido, y aún más al presenciar el horror que sus discípulos debían afrontar. Nadie allí podía afirmar haber participado en una batalla tan devastadora. Ni siquiera el propio Baatar.
Sin embargo, la generación más joven había progresado admirablemente. Su anfitrión era igual, o incluso mejor, que el que el propio Gran Barranco podía reunir, y cada cultivador era de una calidad superior a la que Baatar recordaba de su época.
Contar con tantos cultivadores en la Primera Etapa del Reino del Iniciado habría constituido una fuerza formidable.
Todos y cada uno de los cultivadores que participaron en la batalla estaban al menos en la Segunda Etapa, e incluso más en la Tercera; ¡algunos llegaron hasta la Cuarta! Una hazaña como esa debería haber hecho que sus nombres resonaran por todas partes como una nueva potencia a la que seguir de cerca.
En realidad, eran simplemente otro miembro de la Alianza. La velocidad de su crecimiento fue notable, y claramente se debía a una sola cosa.
La bandera azul de Tianlan ondeaba en lo alto, y todos los que la portaban luchaban con la ferocidad de héroes. Ni uno solo de sus parientes se acobardó ante el enemigo, y cada uno demostró ser digno de los tatuajes que lucían; y, además, se habían ganado el derecho a añadir su propia leyenda a ellos, para que sus descendientes pudieran señalar las marcas con orgullo.
Y aun mientras hablaban, la Gran Mariscal parecía preocupada… hasta que tomó una decisión.
«No fue una victoria enteramente nuestra», declaró el Gran Mariscal sin rodeos casi al final. «El Maestro Jin y Lady Meiling brindaron apoyo a nuestras fuerzas. Lady Meiling, en particular, proporcionó asistencia médica, y sin ella nuestras bajas habrían sido mucho mayores».
Baatar se dio cuenta de que la confesión había afectado profundamente a la Gran Mariscal; comprendió por qué se sentía así. Y sí, algunos podrían decir que eso empañó la victoria.
Pero, sobre todo, fue un alivio. El Gran Mariscal parecía algo confundido por las expresiones en los rostros de los ancianos allí reunidos.
Apoya la creatividad de los autores visitando el sitio web original de esta novela y de otras más.
Esta era, sin duda, una amenaza que podría haber destruido toda la provincia. ¿Y saber que el Maestro Rou estaba allí, listo para ponerle fin si la situación se descontrolaba demasiado?
“Él estaba allí, vigilando a nuestras fuerzas… ¿y aun así no tomó las riendas de la batalla?”, preguntó Baatar con cautela.
—No, no lo hizo; ninguno de los dos lo hizo —respondió el Gran Mariscal.
Los ancianos dejaron escapar un suspiro de alivio. Incluso Yu Jian cerró los ojos y asintió en señal de aceptación.
El maestro Rou no había intervenido personalmente en el incidente. Se había limitado a toques suaves, y su esposa había mantenido a sus hijos con vida lo mejor que pudo para que aprendieran la lección.
«Como todo verdadero maestro, permitió que la generación más joven se fogueara, adquiriera méritos y demostrara su valía», reflexionó el anciano Xi Kong. Sus palabras fueron recibidas con más asentimientos.
Eso, más que nada, demostró que el Maestro Jin valoraba a estas personas. Vio que tenían potencial para crecer y estaba cultivando ese potencial.
La Alianza Azul había participado en una prueba creada por un Maestro de la Secta de la Espada Nublada, y no había quedado defraudada.
La Gran Mariscal comprendió rápidamente a qué se referían los Ancianos, y por un instante pareció aliviada antes de que la máscara volviera a su sitio.
Ah, el Maestro Rou obviamente le había dicho que dijera lo que quisiera respecto a su participación. Podría haber mentido. Podría haber dicho que esta era su victoria únicamente… y sin embargo, la Mariscal eligió la honestidad. Prefería manchar su propio nombre y sus habilidades antes que verlas exageradas.
Como siempre, Cai Xiulan demostró con creces por qué era la persona idónea para ser Gran Mariscal.
—¿Tenía algo que decir a nuestras fuerzas? —preguntó Baatar.
“Pensaba que habían luchado bien, pero tenía otras obligaciones que atender. El Rayo de la Tribulación causó muchos daños en los alrededores y tenía que estabilizar las Venas del Dragón locales para evitar que la zona se volviera inhabitable.”
Baatar aguzó el oído ante aquello. ¿Estabilizar la Tierra? ¿Vigilar la bandera de Tianlan y permitirles ver su sabiduría? ¿Permitir que su Generación más joven obtuviera méritos?
Como si necesitara más pruebas de que aquel hombre era el Heraldo de la Tierra, pero una y otra vez, todas las señales apuntaban a la verdad. Baatar no veía la hora de que el Maestro Rou visitara finalmente el Gran Barranco.
Pero por ahora… se contentaba con esperar.
“Y en cuanto al siguiente punto, hay una secta recién formada en nuestras Colinas Azules, la Secta del Bosque Ardiente. Miembros… ciento veintiuno”, reveló el Gran Mariscal. “Liderada por Yi Baolin de Claro Sombrío”.
Se oyó un murmullo de asombro ante la magnitud de la fuerza… y luego confusión, cuando el humano dio un paso al frente. Era un simple iniciado.
Entonces surgió la reflexión, al revelarse la composición de dicha secta. ¿Una secta de Osos Ardientes? ¿Que habían elegido a un humano como su representante...?
Baatar comprendió la razón al instante, y se dio cuenta de la genialidad política que representaba. Los Osos Ardientes eran mucho más astutos de lo que él creía, y lograron reclamar el Bosque de Ceniza como su territorio de forma rápida y legal.
Debía admitir que había juzgado muy mal a las Bestias Espirituales. Las creía más simples, pero era evidente que poseían mentes políticas sorprendentemente agudas. ¿Qué clase de líder de su especie poseía tal astucia y comprensión de la humanidad? Le gustaría medir su ingenio con semejante estratega.
A lo lejos, muy lejos, Vajra estornudó. Se frotó la nariz. ¡Qué reacción tan extraña era estornudar! ¡Se sacudió la extraña sensación!
Aún más lejos, más cerca de Ciudad Mar de Hierba, se estaba librando una gran batalla.
—¿Le gustaría volver a ver la hierba, joven amo? —preguntó Su Suyan.
—No —respondió el joven amo.
—¿Te gustaría comer empanadillas? —preguntó de nuevo.
“¡No!”, replicó con más vehemencia. Se cruzó de brazos y se dio la vuelta.
—¿Te gustaría jugar con la cola de Susu? —intentó por última vez, haciéndole cosquillas con la punta. Vio que su determinación flaqueaba… pero su joven amo se apartó por completo, rechazando su cola.
Suyan intentó no sentir la punzada en el corazón. ¡No la estaba rechazando, solo estaba molesto! ¡Era el período más largo que había pasado sin sus padres! ¡No tenía lágrimas en los ojos!
—Tranquila, Susu —dijo Xue Ji, acariciándole las orejas y conteniendo una sonrisa.
“De verdad, es un milagro que haya sido tan dócil hasta los últimos días”, dijo Lady Wu, sonriendo al niño pequeño que se quejaba.
Por un instante pensó que tal vez podría engañar al amo y a la ama con una ilusión para animarlo… pero ya lo había intentado con las abejas. El joven amo las miró, las olfateó y las declaró «sus suegras». Descubrió su engaño de inmediato. Y aunque las saludó con la mano, era evidente que no las había disfrutado tanto como las abejas de verdad.
“Han estado ausentes durante un tiempo…”, dijo el magistrado.
—¿Y qué te parece esto? —preguntó Suyan, creando algunas ilusiones.
—Eh, el jefe está bien —dijo Wa Shi desde donde estaba holgazaneando en su tarro—. Probablemente se distrajo arreglando otra cosa, ya sabes cómo son. Pero si se va unos días más, puedo ir a buscarlo.
Sus palabras sí le brindaron cierto consuelo... pero Zhuye siguió refunfuñando, mirando hoscamente a la pared con los brazos cruzados.
Y así transcurrió el tiempo, como siempre. Lenta y pacíficamente.
Tanto Suyan como Xue Ji quedaron bastante impresionados por la inmensidad de esta pradera. Comparado con las montañas, era un lugar fácil para vivir; el suelo era profundo y fértil, en lugar de pobre y lleno de rocas. Las Bestias Espirituales Furiosas eran débiles, y los animales eran perfectamente manejables.
Pero hacía demasiado calor. No es que molestara a los cultivadores, pero Suyan prefería las noches más frescas, y la brisa fría del norte era perfecta.
Comían en los pueblos agradables y hablaban de cosas sin importancia. Dibujaban el horizonte, los pájaros o los animales, y salían con frecuencia para que el joven amo pudiera explorar y estirar las piernas. Disfrutaba mucho corriendo por ahí, tambaleándose con sus piernas temblorosas o persiguiendo su cola… Y entonces ella se daba la vuelta y empezaba a perseguirlo, el pequeño riendo y chillando mientras ella lo seguía de cerca, al menos hasta que se escondía tras la falda de Lady Wu y entonces la mujer lo alzaba y le llenaba las mejillas de besos.
Se sentaba en el regazo del Lord Magistrado y escuchaba al hombre mientras este explicaba cualquier tema con voz tranquila. El joven amo claramente no entendía del todo lo que el hombre decía, pero se contentaba con escuchar su voz, señalando ocasionalmente y emitiendo sonidos de confusión que poco a poco se convertían en "¿qué?" y "¿por qué?", lo cual era una buena señal para el desarrollo del bebé.
O bien, observaba cómo Wa Shi encendía el fuego y cocinaba la cena, ofreciéndole a su hermano pequeño probar lo que estuviera preparando para observar sus reacciones.
Algunos días, seguía a Bei Be con un palo en la mano e intentaba con entusiasmo copiar todo lo que el buey dibujaba en el suelo, para su gran diversión.
Y por la noche dormía acurrucado, abrazando la cola de Suyan, aunque se ponía triste cuando ninguno de sus padres estaba allí para arroparlo.
Pero entonces, un día, cerca de Ciudad Mar de Hierba, el joven amo se quedó paralizado. Alzó la nariz hacia el cielo y olfateó. Giró la cabeza hacia la puerta del carruaje.
“¡Papá! ¡Mamá! ¡Bzzz Bzzz!” exclamó. Wa Shi y Bei Be se animaron. Se puso de pie de un salto y se tambaleó, luego señaló. “¡Susu! ¡Susu! ¡Fuera, Susu!”
Suyan sonrió y accedió a la petición de su joven amo.
Salió disparado del carruaje tan rápido como sus pequeñas piernas se lo permitieron, gritando todo el tiempo mientras Suyan lo seguía de cerca. Tropezó. Se tambaleó. Incluso, una vez, se cayó.
Pero se levantó enseguida con una sonrisa en la cara.
No tuvo que correr durante mucho tiempo.
—¡Zhuye! —exclamaron dos veces, y el joven amo fue alzado en brazos, riendo a carcajadas. Su madre lo hizo girar y luego se lo pasó a su padre, quien lo lanzó al aire, para su gran alegría. Después, un enjambre de abejas lo rodeó, acariciándole las mejillas, y él les devolvió el gesto. Finalmente, el amo y la ama lo sostuvieron entre sus brazos y lo abrazaron con fuerza.
Luego se acercaron a saludar a todos los demás. Se repartieron muchos abrazos; a Wa Shi, Bei Be, al magistrado, a Lady Wu e incluso a la propia Suyan.
—Muchas gracias —susurró su ama al oído de Suyan, dedicándole una cálida y sincera sonrisa.
Fue una recompensa maravillosa.
—Disculpen la espera —dijo el Maestro Jin—. Nos hemos entretenido un poco.
Lo que Suyan había aprendido de las historias de Wa Shi… era quedarse corto.
Y por la historia que empezaron a contar, su intuición resultó ser completamente correcta.

Continúa leyendo
Cuidado con el pollo (Novela)
Capítulo 638
Cuidado con el pollo (Novela) Capítulo 637
Estás leyendo el capítulo 637 de Cuidado con el pollo (Novela), un novela. Jin Rou quería ser un cultivador que desafiara a los cielos y superara todos los límites. Desafortunadamente para él, murió, y ahora estoy atrapado aquí. ¿Jóvenes maestros arrogantes? ¿Tribulaciones celestiales?… Este capítulo tiene publicado el 31 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Cuidado con el pollo (Novela) tiene 643 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.