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Leer Cuidado con el pollo (Novela) Capítulo 131 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los soldados miraban impasibles a sus enemigos. Aullaban y bramaban, agrupándose y armándose de valor. Sus armaduras negras estaban deslustradas y sus lanzas torcidas y rotas. Con un rugido, se abalanzaron sobre ellos, embistiendo las filas enemigas. Las hojas relucieron. Las armaduras resistieron con firmeza. Por tercera vez, el enemigo asaltó la reluciente falange, casi iridiscente. Por tercera vez fueron repelidos, los cuerpos cayeron al suelo y quedaron inmóviles. La desesperación y la sangre teñían el aire. Los soldados avanzaron, cerrando la trampa. Cada movimiento era perfecto y practicado sin descanso. No podían cometer errores, pues sentían la intensa mirada de su comandante sobre ellos. Las tropas auxiliares, más pequeñas, débiles y menos blindadas, se movían en formación de espera, con formaciones imperfectas, acorralando a los últimos rebeldes. Esta última banda era todo lo que quedaba de los asaltantes que una vez parecieron innumerables. Las praderas habían sido arrasadas. Los bosques, devastados. Los duelos entre los juncos habían terminado. Los cadáveres sembraban el campo hasta donde alcanzaba la vista. Aunque regresarían el año siguiente, en mayor número, este era su deber. Porque el enemigo había cometido el pecado supremo al alzar sus lanzas contra el Emperador. La mayor de las rebeldes lanzó un rugido desafiante. Su armadura negra relucía, su lanza aún estaba afilada. Bramó, blandiendo su arma con furia, mientras su cuerpo se envolvía en un torbellino de Qi. Se dio una orden. Los afilados filos de las espadas relucían. Los ojos de los leales soldados brillaban con serena determinación. Los soldados se abalanzaron sobre el enemigo, rodeados de un poder imponente. Su carga fue repelida por la mayor rebelde. Su velocidad superaba con creces la de los soldados. Por primera vez, una guerrera cayó cuando ella pasó disparada a su lado, atravesando de un solo golpe la armadura de la soldado. Apenas reaccionaron a la caída de su camarada. Ni un ápice de reflexión, solo el simple cálculo de la guerra. La rebelde “reina” luchaba sola. Mientras los auxiliares y el resto de la cohorte masacraban a las criaturas desorganizadas y en fuga, estos guerreros se acercaban. Sus formaciones y tácticas eran imparables, comandadas por alguien que había librado miles de batallas. La lanza del rebelde cortaba y atravesaba, golpeaba y destrozaba. Piernas salían volando. Cabezas eran cercenadas. La sangre salpicaba el aire, pero el ataque implacable continuaba. Un roce en la pierna. Un golpe en el abdomen. Su velocidad y agilidad fueron superlativas. Pero ella estaba disminuyendo el ritmo. Se estaba cansando. Una de sus extremidades salió disparada por los aires, y su armadura negra se resquebrajó. Un soldado la embistió con fuerza, estrellándola contra el suelo. La armadura se astilló y una lanza negra brotó de su carne. Los soldados agradecieron el sacrificio de su camarada. La rebelde gritó al ser atravesada. Sus entrañas se derramaron al suelo. Sus ojos se llenaron de odio cuando una segunda hoja se alzó y la apuñaló, acabando con su vida y decapitando su cabeza. Su rostro quedó contraído en una mueca de odio. La cohorte se levantó de nuevo, aunque sus filas se habían reducido, y centró su atención en la batalla que aún continuaba. Llamarla batalla sería sobreestimar a los rebeldes. Fue sencillamente una carnicería. No se dio cuartel al enemigo. ============================= La Gran Reina Vajra se reclinó en su trono, contemplando con desprecio los cuerpos destrozados de sus enemigos. ¡Estos malditos chupasangres, que osaron mancillar la carne del Emperador con sus probóscides! ¡La muerte era demasiado buena para ellos! Agitó su vientre y sus soldados obedecieron, llevando los cuerpos de las miserables criaturas al río. ¡Qué apropiado! Aquellos que osaron intentar alimentarse del Emperador serían devorados a su vez. Se levantó de su asiento para recorrer su fortaleza. Las doradas murallas de miel se alzaban altas y pesadas. Los almacenes de polen estaban repletos. Y en cada peine, en cada celda, sintió la leve carga del poder del Emperador. Nutriéndolas. Empoderándolas. Tal vez en pocos años sería más poderosa que cualquier reina anterior. Era una idea embriagadora. Pasar de ser una miserable casi muerta a reina, una emperatriz en verdad. Sin embargo, para que eso sucediera, era necesario hacer un sacrificio. Observó con atención a sus crías, buscando aquellas que se ajustaran a sus necesidades. Indicó a los cuidadores que la guiaran hacia los ejemplares más gordos y robustos. Ella asintió. Serían un magnífico tributo para su Emperador. Aunque siempre era doloroso sacrificar a sus crías de esa manera, había declarado que no escatimaría gastos. El Emperador recibiría solo lo mejor de ellas cuando viniera a reclamar lo que le correspondía. Ninguna de sus crías se atrevería a alzarle el aguijón. Y... parecía que ese día era hoy. Una advertencia se extendió por su mente: el Emperador se acercaba, acompañado de la valiente y hermosa Bi De, así como del glorioso y poderoso Chun Ke. Con él había otro humano, un sirviente, pero Vajra lo ignoró, centrándose en cambio en el Emperador. Se acercó a una de las colmenas de las sirvientas de Vajra, las abejas menores, y con un simple comando mental, ella calmó su creciente nerviosismo. Con un movimiento lento, la abrió al exterior. Contempló el trabajo de las pequeñas criaturas y asintió. Con cuidado, retiró tres de los marcos, todos ellos llenos únicamente de miel… y luego volvió a cerrar la caja. No se extrajo cría. Ni una sola larva. Solo la miel, y los panales reemplazados por otros nuevos. Estaba estupefacta. Atónita, incluso. ¡Qué poco tributo aceptaba el Emperador! ¡Qué benevolente era su mano! Estaba tan atónita que apenas notó su aproximación, cuando él abrió su propia colmena, accediendo así a su fortaleza. “Sí, sin duda es una abeja diferente. Mira, creo que ordenaron la miel según de qué la extrajeron. Esa es de pino, aquella parece de flor de durazno…” La voz del Emperador resonó con fuerza, mientras él y Bi De contemplaban su obra. “Buen trabajo, Vajra” la elogió, mientras recibía su modesto tributo. “Sin duda, voy a tener que ampliar esto. Crecieron mucho más rápido de lo que esperaba. Necesitaré diez, no, veinte colmenas más si siguen así” dijo, y Vajra apenas pudo mantenerse consciente. ¿Más fortalezas? ¡¿Qué poder tenía el Emperador para concederles semejante recompensa?! La reina inclinó la cabeza y danzó su súplica. Su mente daba vueltas con el deseo. Desde las fortalezas, no solo tendría un nuevo reino. Tendría un imperio imparable. ¡Un imperio que se extendería por todas las Colinas Azules! =============================== Dos figuras se deslizaban entre las sombras, saltando de roca en roca. En la cuneta apenas había cobertura, salvo las piedras. Se movían con determinación, acercándose sigilosamente a los rebaños de ovejas, al amparo de la luna, cuyas sombras les servían de refugio. “¿Estás seguro de que este lugar es un buen objetivo?” preguntó uno de los hombres. Era alto y delgado, nervioso, y vestía ropas toscas y mal ajustadas. Su voz denotaba nerviosismo mientras sus ojos se movían inquietos.” ¿No tienen aquí alguna Bestia Espiritual guardiana? Se oyó un bufido de burla mientras los hombres continuaban su camino. “No me digas que de verdad te crees esa historia” dijo el otro hombre con tono burlón. “¿Una bestia espiritual? Un cuento chino para ahuyentar a los incautos. Como si una bestia espiritual fuera a cuidar ovejas. El hombre nervioso asintió con vacilación. Parecía una especie de cuento descabellado. Cuidado con el Pollo. Al menos podrían haberlo hecho creíble. “Míralos” murmuró el más corpulento de los dos, asomándose por encima de una roca y contemplando las bolas de lana. “Apenas tienen perros. Entran y salen enseguida. Cogemos una oveja y comemos bien un par de días. Probablemente ni se den cuenta de que falta una. Dos pares de ojos escudriñaron el lugar, notando la ausencia de pastores u otros defensores visibles. Algunas ovejas se habían alejado, separándose del rebaño. Los hombres se miraron y sonrieron. Fue bastante fácil rodear la roca y dirigirse directamente hacia los animales. Eran gordos y tenían aspecto bobo. Sus ojos inexpresivos miraban a los humanos antes de descartarlos como algo sin importancia. Una de las bestias incluso se acercó, como si fuera a suplicar comida. ¡Qué fácil! Pero... el hombre nervioso seguía sintiendo que algo no andaba bien. No serían tan descuidados, ¿verdad? Pero al parecer, así era. Un par de manos sujetaron firmemente a la oveja y comenzaron a alejarla del rebaño. El animal, sorprendentemente dócil, aceptó este trato. Apenas habían avanzado un cuarto de li colina arriba cuando el relativo silencio de la noche se rompió. Se oyó un aullido. Sonaba enojado y agresivo, pero muy tenue. Los dos hombres casi saltaron del susto, girando la cabeza bruscamente, al contemplar lo que los había sorprendido. Un pequeño cachorro de pelaje blanco los miró fijamente. Su pecho se expandió al tomar otra bocanada de aire y lanzó un aullido que apenas se oyó. El hombre corpulento resopló ante los pequeños ladridos. Negó con la cabeza e intentó alejar a la oveja, pero casi chocó con su compañero. El hombre, nervioso, seguía mirando al perro, pálido como un muerto. Le temblaba el labio. “¿Qué estás...?” preguntó el hombre, mientras se volvía hacia donde su compañero miraba fijamente, que no era al perro, sino a la roca. O, más exactamente, en la sombra sobre la roca. Una figura ligeramente encorvada, inhumana, con una larga lanza erguida. Una nube se apartó de la luna, revelando la sombra con gran nitidez. Sus brazos un poco largos. El pelaje gris que le cubre el lomo. Y la cabeza del gallo, que los miraba con gesto amenazador. El hombre corpulento no se quedó paralizado como su compañero. Soltó la oveja y se dio la vuelta, echando a correr cuesta arriba tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Se oyó un golpe sordo y viscoso de carne contra carne, y un gorgoteo de su amigo, pero el hombre siguió corriendo, con los ojos desorbitados, trepando por la cuneta. Todo fue en vano. La bestia demoníaca y sombría, parecida a un gallo, se le cruzó en el camino y frenó en seco. El hombre intentó cambiar de dirección, pero en vez de eso, cayó de culo. La criatura encorvada ladeó la cabeza hacia él, incorporándose lentamente hasta alcanzar su máxima altura. Sus siniestros ojos rojos reflejaban la luz de la luna. "Cuidado con el pollo", decía el cartel. ¡Eso no era un pollo, era una bestia horrible! ¿Acaso le sacrificaban viajeros? Algo humedeció la hierba entre sus piernas. Su corazón latía con fuerza en sus oídos. La bestia demoníaca, con forma de gallo, avanzó sigilosamente. Lo último que vio el hombre fue un pie golpeándole la cara. Sintió que la cabeza le daba vueltas al caer sobre la hierba. ===================================== El gran gallo se erguía sobre el tejado de una casa, observando cómo los hombres del magistrado se alejaban en la distancia. Se balanceaba en el borde, abarcando con la mirada todo su territorio. Estaba protegido, como debía estarlo. Los intrusos nocturnos no eran bienvenidos. El gran defensor se elevó por los aires al comenzar su entrenamiento, saltando y dando volteretas como solo una criatura que dominaba el cielo podía hacerlo. Su lanza golpeaba con maestría, su postura era impecable, su equilibrio sublime. “¡Zhang Fei! ¡Tu padre te llama!” gritó su madre. El gran gallo se tambaleó y cayó del tejado. Consiguió aterrizar en el heno. Con un gemido, Zhang Fei se subió la máscara de gallo. Se oyó un alegre ladrido cuando un pequeño cachorro blanco aterrizó sobre su pecho, lamiéndolo con entusiasmo. Suspiró y apartó suavemente al cachorro, que saltó hasta sus pies. La cola del cachorro empezó a menearse con tanta fuerza que apenas podía mantenerse en pie. El muchacho soltó una risita mientras apoyaba su lanza y su máscara contra la pared. Les sonrió con cariño, preguntándose cómo estaría su Maestro. Una minoría preguntaba cuándo regresaría, o cuándo Zhang Fei iría a visitar a Fa Ram. No estaba muy lejos. Y ya se comentaba que el Magistrado estaba construyendo más carreteras. “Vamos, Shaggy Dos. Vamos a ver qué quiere papá”, dijo. El perro ladró alegremente y lo siguió dando saltitos, mientras Zhang Fei se preguntaba qué clase de tierra sería la de la casa del Maestro Bi De.
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Estás leyendo el capítulo 131 de Cuidado con el pollo (Novela), un novela. Jin Rou quería ser un cultivador que desafiara a los cielos y superara todos los límites. Desafortunadamente para él, murió, y ahora estoy atrapado aquí. ¿Jóvenes maestros arrogantes? ¿Tribulaciones celestiales?… Este capítulo tiene publicado el 29 de noviembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Cuidado con el pollo (Novela) tiene 643 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.