Leer Contrato de la Bruja de Hielo (Novela) Capítulo 185 online gratis en español
🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
En lo alto, el choque entre la tormenta y el océano se detuvo de golpe.
Bajo esa vasta y majestuosa aura del Espíritu Santo, las Alas de Viento de Virian temblaron violentamente, y su luz parpadeó con inestabilidad, a punto de disiparse en el acto.
Sin embargo, el Duque del Oeste seguía en pie.
Su figura temblaba ligeramente bajo la cobertura de aquel resplandor divino, pero su rostro estaba lleno de fervor y piedad.
"¡Jajajaja…!"
Rió de buena gana, y su voz resonó entre el cielo y la tierra:
"¡Demasiado tarde! ¡Virian, ya es demasiado tarde!"
El Duque del Oeste se giró hacia el pilar de luz que se elevaba. Extendió de par en par sus brazos en una postura cercana a la peregrinación y gritó con fuerza:
"¡Gran Madre de las Mareas! ¡Todopoderoso Señor Cynara!"
"¡Tu humilde sirviente, Valken Ulrich, te presenta aquí la más sincera ofrenda!"
"Con todo el poder de esta ruina de hielo como sacrificio, con estos doce Núcleos de Hielo del Silencio del Vacío como conducto, con este Maestro Elemental que ha despertado dos Resplandores de la Ley como clave…"
"¡Te suplico que desciendas! ¡Por favor, acepta este sacrificio!"
"¡Por favor... otorga a tu fiel seguidor la gracia eterna!"
Su voz reverberó entre el cielo y la tierra, cargada de fervor y deseo, así como de una obsesión casi demente.
A medida que sus palabras caían, ¡ese pilar de luz azul profundo se expandió repentinamente!
En un instante, todo el cielo se tiñó de un azul intenso y profundo.
Era la proyección del poder de un ser de un rango aún más elevado proyectada hacia abajo, profunda y vasta, portando una autoridad y santidad supremas.
Y en lo más profundo de ese azul profundo, se podía ver una silueta difusa.
Esa silueta era indescriptiblemente enorme, como si ocupara la mitad del cielo, como un océano en ascenso.
Era la mirada de la Madre de las Mareas.
Bajo esta mirada, la encarnación de viento de Virian, el 【Portador de la Tormenta】, ni siquiera pudo resistirse. Se hizo añicos en un instante, desvaneciéndose en el aire...
El rostro del Duque del Oeste se enrojeció.
Su cuerpo tembló violentamente, emitiendo un gemido abrumado, pareciendo incapaz de soportar esa vasta presión.
Pero había caído en una emoción casi frenética:
"¡Mi gran señor! ¡Mi gran Madre de las Mareas!"
Murmuró, con sus ojos azul profundo ardiendo con un resplandor sin precedentes.
Y en lo alto, dentro de ese pilar de luz azul profundo, esa mirada que parecía lanzada desde otro mundo finalmente cayó sobre las ruinas de abajo.
¡Al momento siguiente, una cantidad masiva de maná de hielo brotó, junto con las leyes de hielo condensadas y las runas simbólicas, girando hacia arriba, hacia ese pilar de luz azul profundo, completamente absorbidas por esa mirada de otro reino!
En un instante, todas las ruinas de hielo temblaron.
Esos antiguos sellos, esos patrones mágicos que habían persistido durante quién sabe cuántos años, comenzaron a atenuarse a un ritmo visible....
Las bestias mágicas en lo profundo de las ruinas emitieron gritos aterrorizados, queriendo huir aún más hacia el interior, pero incapaces de moverse un solo centímetro bajo el aura del Espíritu Santo.
¡Y el maná de hielo y las leyes reunidas por toda la formación también comenzaron a disminuir rápidamente, extraídos a gran velocidad por la Madre de las Mareas!
Aivrel quedó atónita.
Podía sentir que la mirada de la Madre de las Mareas se había desplazado por completo hacia la formación en este lugar.
Afortunadamente, al presentir que la familia real también podría tener la intención de invocar a la Madre de las Mareas, ya había retirado su conciencia al límite.
En el momento en que descendió esa majestuosa mirada, cortó toda conexión con el mundo exterior, comprimió su existencia en las profundidades de ese constructo elemental, disfrazando la manifestación de su conciencia como un Espíritu Superior de Hielo.
¡Demasiado peligroso!
La mirada de un Espíritu Santo, incluso siendo solo una proyección, era suficiente para percibir cualquier secreto por debajo del nivel Leyenda.
Si no hubiera contraído su poder al instante, si su rango inherente no fuera por naturaleza no inferior al de la Madre de las Mareas, y si no fuera por la ocultación del Colgante del Fénix, ya habría quedado expuesta.
Pero aun así, podía sentir el estremecimiento instintivo que le provocaba esa mirada al pasar sobre ella.
Y ahora, en su percepción, el poder que emanaba del Espíritu Santo de Agua en lo alto estaba experimentando una misteriosa transformación.
Ese poder de Agua puro y profundo, que portaba el aura del océano, estaba sufriendo un cambio que alcanzaba la esencia misma de su ser a medida que absorbía las cantidades masivas de leyes de hielo....
El Agua....
¡Se estaba transformando lentamente en hielo!
El corazón de Aivrel dio un vuelco.
Comprendió algo al instante.
¡La Madre de las Mareas, este Espíritu Santo de Agua, en realidad estaba usando este sacrificio para realizar una conversión de atributo en el acto!
¡No tenía planeado absorber primero el poder de hielo y luego convertirlo, sino que quería transformarse de inmediato de un Espíritu Santo de Agua a un Espíritu Santo de Hielo!
Justo cuando surgió este pensamiento, una voz tenue, penas audible, atravesó la barrera del espacio y resonó directamente en su corazón.
Al principio, Aivrel no podía oírla con claridad.
Pero con el paso del tiempo, la voz se volvió cada vez más clara y también cada vez más fuerte:
"Alma Eterna del Hielo, Soberana de la Corona de Escarcha a través de los reinos——"
"Tu humilde sirviente, Cynara Tarasia..."
"Ofrece eones de poder de hielo acumulado como tributo, llamando a las puertas de la eternidad."
"Te imploro que escuches, permite a esta agua perdida, dar un paso sobre tu trono eterno de invierno..."
"En tu nombre más santo——"
"Aiserinnos..."
"Viktia..."
"Urgistus..."
"Que este sacrificio——"
"Sea aceptado por ti..."
"..."
La plegaria resonó una y otra vez, tan devota como el creyente más fiel rogando por la gracia de una deidad.
Aivrel quedó atónita.
Miró ese gran poder del Espíritu Santo en transformación, escuchó esa devota oración que lo impregnaba todo, y una indescriptible sensación de absurdidad brotó en su corazón.
La Madre de las Mareas...
Este Espíritu Santo que gobernaba las leyes del agua, esta deidad del norte adorada por incontables creyentes...
¿Le estaba rezando a ella en este momento?
¡Sí, le estaba rezando a ella!
¡Ella... conocía la primera parte de su nombre verdadero de tres partes, y realmente la había recitado!
Y en el momento en que surgió este pensamiento, su cuerpo principal en el Reino del Silencio Congelado tembló ligeramente.
Sintió una conexión misteriosa e interconectada sin precedentes.
Esa conexión provenía de las profundidades de su alma, de la esencia misma de su existencia, de la autoridad de la Bruja de Hielo que la había acompañado desde el principio de su transmigración.
Instintivamente miró hacia arriba, contemplando el cielo eternamente gris del Reino del Silencio Congelado.
Al momento siguiente, la visión de Aivrel cambió.
Ya no contemplaba el silencio sepulcral y la desolación del Reino del Silencio Congelado.
Tampoco las montañas, ríos y arroyos del Plano Material Primario.
Sino... un vacío sin fin.
Parecía haberse elevado al punto más alto del universo, convirtiéndose en el centro de este vacío.
Bajo sus pies se encontraban las proyecciones de incontables planos, superpuestos unos sobre otros, como polvo dentro de un mar de estrellas.
Ante sus ojos había incontables puntos de luz titilantes, cada uno representando una existencia vinculada a las leyes del hielo...
Estaban dispersos por todo este vacío como estrellas, titilando con diversos grados de brillo.
Y en lo profundo de algún plano oculto—
Una criatura colosal, condensada como olas y mareas, se prosternaba en oración.
Era una ballena.
Una ballena de una enormidad inimaginable.
Su cuerpo era tan profundo como el océano, con una luz azul intenso fluyendo sobre sus escamas, y con cada respiración, producía ondas de mareas...
Estaba envuelta en una luz sagrada de azul profundo, como el rey del océano, pero también como una majestuosa deidad.
Esa era la verdadera forma de la 【Madre de las Mareas】—Cynara Tarasia.
Y ahora, esta ballena colosal estaba bajando su orgullosa cabeza, rezando devotamente con una postura cercana a la humildad.
Aivrel se quedó atónita.
Miró a esa ballena colosal, a esa figura rezando devotamente, y por un momento, su mente se quedó en blanco.
Y al instante siguiente, solo sintió como si hubiera desencadenado algo. Incontables nuevos fragmentos de memoria surgieron como una marea...
Esos fragmentos de memoria eran numerosos y caóticos, cada uno titilando con una luz plateada de hielo, portando antiguas vicisitudes.
...
Aivrel vio un campo de hielo sin fin.
Ese campo de hielo era tan vasto que sus límites no se podían ver. Copos de nieve caían de un cielo que nunca cesaba, e incontables espíritus de hielo jugaban y danzaban en la llanura nevada.
Y ella estaba en el punto más alto del campo de hielo, contemplándolo todo.
Esos espíritus de hielo surgían hacia ella, como devotos creyentes, rodeándola, emitiendo gritos de alegría.
...
Aivrel vio una guerra devastadora.
Incontables legiones de gólems surgían del horizonte, como una marea de acero, oscureciendo el cielo.
Y a su lado había siete figuras.
Esas siete figuras eran indistintas, solo sus contornos vagamente discernibles——
Algunas eran tan majestuosas como montañas,
Algunas tan ágiles como el viento que fluye,
Algunas tan abrasadoras como el sol abrasador,
Algunas tan profundas como el vasto océano,
Algunas tan violentas como una lluvia de truenos,
Algunas tan sagradas como el amanecer,
Algunas tan oscuras como la noche eterna...
Ella estaba hombro con hombro con ellos, enfrentando a incontables enemigos.
...
Aivrel vio una red enorme.
Esa red cubría incontables planos, cada hebra formada de maná puro, resplandeciendo con una luz brillante, como la creación más grande entre el cielo y la tierra.
Esa red que cubría los cielos se destrozó centímetro a centímetro, incontables fragmentos cayeron como meteoros, aplastando y creando fosos sin fondo en la tierra.
Vio a incontables seres vivos lamentándose, incontables naciones pereciendo, incontables seres degenerando en bestias mágicas en el caos del maná...
...
Incontables fragmentos de memoria desfilaban por la mente de Aivrel, finalmente congelándose en una imagen difusa.
Era una chica de cabello azul.
Los rasgos de la chica eran indistintos, pero sus ojos, tan suaves como el océano, evocaron un inexplicable sentimiento de familiaridad en Aivrel.
"Aiserinnos..."
"Que tu eternidad ya no sea fría, que tu camino finalmente vea el amanecer."
"Que cada marea mía, en última instancia se solidifique dentro de tus cristales de hielo eternos, en la forma de nuestros sueños..."
"..."
Una voz familiar pero extraña cruzó por su conciencia, y la imagen del recuerdo se rompió junto con ella.
Aivrel recobró repentinamente el sentido.
Aún estaba de pie en el centro de aquel vacío, con las proyecciones de incontables planos bajo sus pies, y al borde de su visión estaba esa ballena colosal rezando devotamente.
Y en su corazón, solo quedaba un pensamiento ahora.
La plegaria de la Madre de las Mareas estaba dirigida al Rey Espíritu de Hielo.
Y ella—
¿Era ella realmente... el Rey Espíritu de Hielo, la Soberana del Hielo, el Trono Divino del Elemento Hielo?
Y al mismo tiempo, con la plegaria de la Madre de las Mareas, percibió vagamente algo...
Era una especie de resonancia desde las profundidades de su origen.
Podía responder a esta plegaria.
Podía elegir permitirlo o rechazarlo.
Si lo permitía, la Madre de las Mareas se convertiría en su espíritu subordinado, su vasalla.
Su conversión tendría éxito, se convertiría en un verdadero Espíritu Santo de Hielo, obteniendo la autoridad del hielo, sacrificando directamente todo el poder de la totalidad de las ruinas de hielo.
Si se negaba, la conversión de la ley de la Madre de las Mareas fracasaría.
Esa mirada descendida perdería su anclaje, su poder colapsaría, y aunque tal vez no cayera derrotada, quedaría gravemente herida en el acto. Y el sacrificio del Duque del Oeste... también fracasaría por completo.
La elección...
¡Estaba realmente en sus manos!

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Contrato de la Bruja de Hielo (Novela)
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Contrato de la Bruja de Hielo (Novela) Capítulo 185
Estás leyendo el capítulo 185 de Contrato de la Bruja de Hielo (Novela), un novela. “Con la protección como mi espada; con el deber como mi escudo”. “Hacia donde apunte la espada, la injusticia caerá; hasta donde llegue la escarcha, el inocente será protegido”. “Si rompo este juramento—” “¡Que el hielo… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Nishino. Contrato de la Bruja de Hielo (Novela) tiene 205 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.