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Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 90 online gratis en español

🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
El Instituto de Enseñanza Superior Koudo Ikusei. Un centro educativo sin precedentes, creado por Japón —que se había quedado rezagado frente a la comunidad internacional— con el objetivo de recuperar su antiguo esplendor. Esta escuela, fundada para formar a jóvenes excelentes, ha despertado un enorme interés tanto dentro como fuera del país. Debido a que sus instalaciones se levantan lejos del centro de la gran metrópolis, resulta extremadamente difícil contactar con el exterior desde dentro del recinto. Sin embargo, dentro de su inmenso campus, del que tanto presumen, los alumnos pueden vivir en la zona residencial integrada en las instalaciones y disfrutar de una vida cómoda desde el momento en que ingresan hasta su graduación. No hace falta decir que cuentan con supermercado, karaoke, cines, centros comerciales y otras instalaciones similares, hasta el punto de que todo ello parece formar una auténtica calle comercial. Como resultado, no sienten ninguna incomodidad. Y aún hay más: para satisfacer las especiales condiciones sobre las que se asienta esta institución, se garantiza que, tras graduarse, los alumnos podrán elegir cualquier centro de estudios superiores o puesto de trabajo al que quieran acceder. Además, la escuela ha adoptado el sistema de puntos S. Aunque solo pueden utilizarse dentro del centro, los estudiantes reciben cada mes una cuantiosa asignación por parte de la escuela. Gracias a que el centro recibe apoyo total del Estado, la matrícula queda exenta. Completamente. Y como alumno varón de primero de la Clase D que asiste a esta escuela y se beneficia de todo eso… Ayanokouji Kiyotaka. Ese soy yo. Y mi día empezó frente a aquel ascensor. Me froté los ojos, aún pesados por el sueño, mientras esperaba a que llegara. Aunque había dos ascensores, por la mañana la situación siempre era caótica. Como las chicas de los pisos superiores también los utilizaban, no era raro que el ascensor ya viniera lleno cuando llegaba a mi planta. La ceremonia de clausura del trimestre de agosto estaba ya a la vuelta de la esquina. Este día había tardado especialmente en llegar. Aunque los chicos que no podían esperar parecían haber salido corriendo por las escaleras, yo no tenía intención de malgastar energías en algo tan inútil. Mientras esperaba, mataba el tiempo con el móvil, y por fin llegó el ascensor de la derecha. —…Uuaaa… En cuanto vi el ambiente que había dentro y a las tres temibles chicas que compartían el ascensor, mi cuerpo se puso rígido sin querer. —¿Vas a entrar o no? Como si me pusieran delante las dos opciones, paraíso o infierno, quien tenía el dedo sobre el botón de cerrar era Horikita Suzune. Si no hablara, sería una chica preciosa de largo cabello negro, pero su personalidad es horrible. Y además es una persona completamente aislada. No solo no se hace amiga de nadie, sino que además muestra una actitud negativa hacia cualquier forma de trato social. Sin embargo, destaca tanto en los estudios como en las artes marciales, y es capaz de resolverlo todo ella sola. En otras palabras, no tiene ningún problema para sobrevivir por su cuenta. Ese tipo de chica es. —No, sí entro… déjame pasar, por favor. Subí al ascensor algo incómodo junto a mis compañeras de clase. —Buenos días, Ayanokouji-kun. Ah, se te ha levantado un poco el pelo por detrás. —Es un peinado natural bastante popular últimamente. —Ajajá, Ayanokouji-kun, qué gracioso eres. Solo ella se rio. Las otras dos que estaban detrás no reaccionaron en absoluto. Es más, sentí a mi espalda una mirada helada que parecía decir: «¿Qué tontería aburrida está soltando este?». Era como esa sensación de cuando vas solo al comedor del instituto y te obsesionas pensando que todo el mundo te está mirando. La única que me respondió con una sonrisa encantadora a pesar de mi comentario absurdo fue Kushida Kikyou. Lleva el pelo corto y corre el rumor de que es muy popular entre los alumnos de primero. Es una chica que trata con amabilidad a cualquiera. También saca buenas notas y se le dan bien los deportes. No hay nada que se le pueda reprochar. Y, además, tiene un pecho bastante desarrollado. Más que Horikita. En un juego, sería el personaje imprescindible. Aunque, eso sí, Kushida también tiene un lado oscuro que nadie conoce. Su alegría y amabilidad no son más que la fachada de Kushida; su otra cara da bastante miedo. Fue capaz de mirarnos a Horikita y a mí con total seriedad y decirnos «os odio», sin importarle en absoluto cómo nos sentara. No conozco los detalles concretos. —B-buenos días, Ayanokouji-kun… También había una persona más. La chica arrinconada detrás de aquellas dos era Sakura Airi. Aunque normalmente lleva unas gafas falsas y es extremadamente tímida con los desconocidos, en secundaria tuvo experiencia como idol de revistas. Los chicos que conocen su verdadera identidad la consideran una belleza de verdad. Pero incluso sin gafas sigue siendo muy tímida con la gente. Cuando llegamos al vestíbulo de entrada, terminamos inevitablemente yendo los cuatro juntos al instituto. Todos los alumnos de primero viven en la misma residencia, sin importar el sexo, y utilizan el mismo camino para ir a clase. —Nunca había visto esta combinación. Es un grupo bastante raro. Sin contar a Kushida, Horikita y Sakura solían ir por separado, así que verlas juntas ahora no podía ser casualidad. —Kushida-san me ha arrastrado a esto. —¡Q-que digas “arrastrado” duele un poco…! —¿A qué te refieres? Como no lograba entender la situación, busqué una respuesta más clara en Sakura. —E-esto… esta mañana… Kushida-san vino a mi habitación a buscarme… Dijo que quería hablar de algo importante… «Hablar». Esperé a que siguiera, pero su voz bajó tanto que ya no pude oírla bien. —¿No nos vamos de viaje muy pronto? Por eso quería invitaros a ir juntos. Parece que respondió para echarle una mano a Sakura. Ya veo. Al fin y al cabo, viajar solo sería bastante triste. Los alumnos de primero tenían programado participar en el lujoso crucero organizado por la escuela. Supongo que Kushida se había dedicado a invitar activamente a la gente para evitar que alguien se quedara aislado durante el viaje. —aun así, ¿está bien esperar delante de la puerta de otra persona sin permiso? —Ayer te saludé cuando volvíamos y dijiste que estabas ocupada, así que me rechazaste… Pensé que por la mañana sí tendrías tiempo, ¿no? El trayecto entre la residencia y la escuela apenas dura unos minutos. Aun así, también se puede hablar durante ese rato. Kushida debió de darse cuenta, por eso actuó así. —Dices «viaje», pero solo son dos semanas. Y dices «ir juntos», pero tampoco hay nada especial que hacer. —No es verdad. He oído que el barco es enorme, y estar solo sería muy triste. Sakura-san, tú también deberías venir con mi grupo, ¿vale? —Y-yo no se me da b-bien… Por supuesto, también sabía que a Sakura no se le daban bien las relaciones sociales. Por eso Kushida, que es capaz de llevarse bien con cualquiera, tomó la iniciativa y le tendió la mano. Solo que hubo una persona que no pudo agarrarla. —Sakura. En el grupo de Kushida también hay mucha gente con la que es fácil tratar. Creo que es una oportunidad difícil de encontrar. Intenté cubrirla un poco, animándola a participar. —Ayanokouji-kun, tú también vas a ir con Sudou-kun y los demás, ¿verdad? —Sí. Ya hemos hablado de algunos planes. Después de todo, ir solo sería bastante triste. Estaba mintiendo. Pero si con eso conseguía tranquilizar un poco a Sakura, merecía la pena. —aunque creo que el problema está en pensar que estar solo tiene que ser triste. Ya sabía que iba a pasar esto. Horikita interrumpió la conversación sin leer el ambiente. —¿Ah, sí? ¿No es más divertido que todo el mundo vaya junto? Solo digo eso. —Si una persona solo puede mantenerse a sí misma permaneciendo dentro de un grupo, entonces su existencia está incompleta. Aunque Horikita nunca muestra interés por los demás, este punto parece importarle mucho. En su caso, no se trata de estar sola o aislada, sino de convertir su arrogancia en una convicción. —Horikita-san, ¿quieres venir con nosotras? —No. Rechazó la invitación de Kushida al instante. Kushida ya estaba acostumbrada y se retiró con una sonrisa, pero aun así insistió. —Vamos juntas, ¿vale? —No hace falta… Ante aquella invitación lanzada con una sonrisa radiante, Horikita la rechazó dándose la vuelta. —¡Bueeeenos días, Kikyou-chan! ¡Horikita-san y Sakura-san también están aquí! ¡Pam! Como si se abalanzara contra mi espalda, apareció en escena una chica muy animada. Con su largo pelo rosa ondeando al viento, era Ichinose Honami, alumna de la Clase B. Como resultado de la incorporación de aquella chica tan vivaz, Sakura se marchitó aún más y se acercó un poco a mí. Si ya lo pasa mal incluso con gente de su mismo sexo, desde luego lo tiene difícil. —Pero bueno, pero bueno, esta sí que es una combinación rara de ver. ¿De qué estáis hablando? Dejadme unirme. —Verás, el viaje de dos semanas está a punto de llegar, ¿no? Como es una ocasión especial, estábamos hablando de a dónde ir. Si se puede, Honami-chan, tú también podrías venir con nosotras. —¿Eh? ¿De verdad? ¡Voy, voy! Aunque pertenecen a clases distintas, parece que estas dos se tratan ya por el nombre de pila. Pero, claro, Ichinose es especial. En esta escuela, debido a las normas especiales que rigen la relación entre clases, aunque en teoría todos estén cooperando, la cosa oculta una gran trampa. Y es que existe un sistema por el que los estudiantes son clasificados y asignados a distintas clases según su «fuerza». Los alumnos excelentes van a la Clase A; los deficientes, a la Clase D. Tras la graduación, solo la Clase A recibe un trato preferente, así que, en la práctica, la Clase D carece de importancia. Sin embargo, lo complicado aquí es que capacidad académica ≠ fuerza. Aunque el deber de un estudiante sea estudiar, esta escuela no juzga a los alumnos únicamente por el rendimiento en los exámenes escritos. La prueba es que ni Horikita, ni Kushida, ni tampoco Sakura tienen malas notas. Aunque todos tengan sus carencias… yo incluido. —También me gustaría hablar un poco más con Horikita-san y Sakura-san. Me hace mucha ilusión. Parecía que Ichinose de verdad quería relacionarse con alumnas de otra clase; tenía la cara llena de entusiasmo. —Yo no voy a ir con vosotras. —¿Eh? ¿Es así…? ¿Ya tienes planes? —No. Es solo que no me interesa. Ni siquiera tratándose de Ichinose cambió la actitud de Horikita. Más bien, su rechazo fue todavía más tajante. —Ajajá, ya veo. La verdad es que eso pega mucho con el estilo de Horikita-san. Entonces, si puedes, y tienes un rato durante el viaje, no te olvides de contactar conmigo. Ya llevaba tiempo queriendo darte mi dirección de correo. A diferencia de Kushida, Ichinose no insistió y se retiró enseguida. Sacó una nota de su bolso, escribió su dirección de correo y se la entregó a ambas. Sakura, que normalmente nunca recibe los datos de contacto de nadie, no podía apartar la vista de aquel papel. —De verdad eres buena persona. ¿No sería mejor ignorar simplemente a alguien como yo? —¿Ignorar? Siento que esa forma de hablar no pega con estudiantes que quieren disfrutar de su juventud. —No te preocupes. No tengo intención de disfrutar de la juventud. Además, comparado con perder el tiempo hablando conmigo de cosas aburridas, ¿no es más eficiente ignorarme? —Precisamente por eso. Cada vez que Horikita-san me da largas, no deja a los demás otra opción. —Jaja. Desde luego, Horikita-san es un poco arrogante, pero eso no es algo malo. Aunque hayas dicho que no necesitas la juventud, creo que no puedes estar segura de eso. Puede que Horikita-san no quiera disfrutar de la juventud, pero, en este preciso instante, esto es juventud. Horikita escuchó las palabras de Ichinose en silencio. Por otro lado, Sakura, que apenas había hablado y de la que no sabía si siquiera había prestado atención, murmuró en voz baja. —En este preciso instante… esto es juventud… Alguien que no tiene muchos amigos no tiene oportunidades con la juventud. Supongo que eso era lo que pensaba. La chica que creía no necesitarla y la chica que pensaba que no tenía ninguna oportunidad de vivirla. Aunque hubieran llegado a ello por razones distintas, la conclusión a la que llegaban debía de ser parecida. Ichinose agarró a Kushida por el hombro y acortó la distancia con Horikita. —Ahora mismo estoy yo aquí, está Kikyou-chan, está Sakura-san, y también está Horikita-san. Charlar de tonterías mientras vamos al instituto. En el futuro, seguro que pensaremos que esto era juventud. —Intentar negar lo que ocurrirá en el futuro… eso no se puede hacer. Ni siquiera un dios podría. Horikita dejó de refutar a Ichinose. O quizá debería decir que se rindió. Tuviera o no relación con lo que ella esperaba, si la juventud era algo que se vivía, entonces no podía negarse. Aunque yo estaba igual que Horikita y seguía sin comprender del todo el significado de la juventud, sentía que lo entendía un poco. La escena que tenía delante en ese momento debía de ser una página de juventud. ¿Cómo decirlo? Estaba metido en una escena realmente increíble. Vista desde fuera, era una escena increíble: un chico colocado entre cuatro chicas. Mi presencia destacaba aún más que la del ranger rojo en un escuadrón sentai. —…De verdad, qué anticuado. Pensando que no pintaba nada allí, me limité a quedarme quieto. Tuve la sensación de que, en un futuro no muy lejano, esas cuatro personas llegarían a ser muy buenas amigas. Si iba a ser así, no podía molestar ahora. Aunque estaba pensando eso… Kushida se dio cuenta de que me había quedado atrás en el lugar de antes. Esa acción se transmitió a las otras tres, y todas se detuvieron y se giraron para mirarme. —¿Qué pasa, Ayanokouji-kun? ¿Se te ha olvidado traer algo? —¿Eh? Ah, no… —Hoy no tenemos clases. No debería haber nada concreto que necesitemos usar. —¿Te… encuentras mal…? —Si tengo que decirlo, llevas distraído desde el principio. Espabila. Cada una de las chicas de la Clase D mostró su preocupación a su manera y me habló. Al ver aquella escena, Ichinose, satisfecha, esbozó una sonrisa todavía más resplandeciente. —¿Mal de mayo? ¿O te sientes excluido? —… —Ah, ¿he acertado? No pasa nada, Ayanokouji-kun. Tú también eres una página de nuestra juventud. Diciendo eso, echó a correr hacia mí, me agarró de la muñeca y tiró suavemente. Yo pensaba quedarme allí plantado, y aun así Ichinose me arrastró con facilidad, como si no tuviera fuerzas para resistirme. —Está bien, está bien. Como no te des prisa, te dejamos aquí~. Quizá, sin darme cuenta, acababa de meter un pie en esa juventud. Pero aún estaba muy lejos el momento en que pudiera obtener una respuesta. ¿Un año? ¿Dos? ¿O quizá el día en que me gradúe en esta escuela? Aún era imposible saberlo. Sin embargo, el día en que pueda sentir con claridad que esta clase de tiempo es algo valioso e irremplazable llegará, sin duda. Ese presentimiento empezaba a brotar en lo más profundo de mi corazón.
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Estás leyendo el capítulo 90 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.