Leer Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 84 online gratis en español
🏴 Grupo: Koko88✍️ Traducción: Koko88
La discusión tardó aproximadamente treinta minutos en comenzar.
Me levanté y salí del aula para ir al encuentro de alguien en un punto de reunión concreto. Antes de marcharme, decidí hablar un momento con Sakura.
—Sakura. ¿Ya te vas? —le pregunté mientras se preparaba para salir.
—Ayanokouji-kun… Hoy es el juicio.
—Yo no voy a participar —le expliqué—. Tengo que ocuparme de unas cosas sin importancia entre bastidores.
—Ya veo… —murmuró.
Sakura bajó la mirada, como si algo le preocupara. Parecía un poco rara, como si estuviera nerviosa. Era como si no terminara de estar tranquila.
—¿Qué te pasa?
—¿Eh?
—Sakura, hoy en realidad no hace falta que testifiques. No hay motivo para que estés tan alterada, ¿no?
Daba la impresión de que estaba sudando.
—Es que todo el mundo se está esforzando. Pensé que yo también debía esforzarme.
Sonó más como si se lo estuviera diciendo a sí misma que a mí.
—¿En qué estás pensando? —pregunté.
—Bueno… Si hay algo en lo que tenga que dar un paso adelante… lo haré.
Aunque le había preguntado qué le pasaba por la cabeza, Sakura no me dio una respuesta clara. Quise preguntarle por qué parecía tan intranquila, pero el móvil me vibró en el bolsillo. La alarma me avisó de la hora. No podía quedarme más tiempo allí.
—Nos vemos luego, Ayanokouji-kun.
Las palabras de Sakura y aquella sonrisa tan luminosa resultaban impropias de ella. Me dejaron una sensación desagradable.
—Oye, Sakura. ¿Tienes tiempo luego? Quería hablar contigo de una cosa.
Las palabras me salieron como si tuviera que arrancármelas de dentro.
Sakura negó suavemente con la cabeza.
—Hoy ya he quedado. ¿Quizá mañana?
Si ella me aseguraba que estaba bien, no podía seguir contradiciéndola sin más. De verdad tenía que irme ya. Le di la espalda a Sakura y me marché.
Pasaban ya de las tres y cuarenta. Con las clases terminadas por ese día, fui al edificio especial. A medida que avanzaba el verano, aquel sitio se había vuelto cada vez más caluroso y húmedo. Si todo salía según lo previsto, la persona a la que esperaba debería llegar pronto.
Poco después aparecieron tres chicos, quejándose todos del calor insoportable. Aun así, parecían contentos; llevaban expresiones de optimismo en la cara.
Y era normal. Los tres habían recibido correos de Kushida, la chica más popular de la clase. ¿Habría contenido el mensaje una invitación para una cita? ¿O quizá, en una posibilidad todavía más descabellada, una confesión amorosa? Seguramente fantaseaban con cosas así.
En cuanto me vieron, sus sueños se hicieron añicos.
—¿Qué pasa? ¿Qué haces tú aquí?
Por lo visto, se acordaban de mí por lo de la sala del consejo estudiantil. Ishizaki, el cabecilla del grupo, dio un paso al frente como si quisiera intimidarme. Cuando no había nadie mirando, se mostraba bastante agresivo.
—Kushida no va a venir. Le pedí que os enviara un correo para obligaros a venir a los tres.
Ishizaki se acercó con una expresión de pésimo humor.
—Esto no tiene ninguna gracia. ¿Para qué coño has hecho esto?
—Si no recurría a un método rastrero, me habríais ignorado, ¿no? Quería hablar con vosotros.
—¿Hablar con nosotros? ¿Y por qué íbamos a querer hacerlo? ¿Se te ha derretido el cerebro con este calor o qué?
Ishizaki, que claramente sí estaba afectado por el calor, se agarró la camisa y empezó a abanicarla.
—Hagas lo que hagas, no puedes ocultar la verdad. Sudou nos llamó para venir aquí y nos dio una paliza. Esa es nuestra versión. Ahora le toca aceptar su castigo en silencio.
—No tengo intención de discutir. Sería una pérdida de tiempo. Entiendo perfectamente que ni la Clase C ni la Clase D van a retirar lo que afirmaron ayer.
—Entonces, ¿para qué montar esto? ¿Piensas secuestrarnos para que no lleguemos al juicio? ¿O vas a rodearnos con un montón de gente para amenazarnos con violencia? Sería igual que con Sudou.
Vaya. Era una idea bastante interesante, pero solo serviría como solución provisional. Y esas amenazas no funcionarían con ellos. Más bien al contrario: tenían pinta de que hasta les encantaría. Si volvían a convertirse en víctimas de una agresión, probablemente encontrarían la manera de sacar todavía más partido a la situación.
—Déjalo ya. Hasta luego.
Al comprender que Kushida no iba a aparecer, los tres se dieron la vuelta y trataron de irse. Sin embargo, otra persona les cortó el paso.
—En realidad, creo que deberíais plantearos esa idea.
Ichinose, que había estado esperando a que aparecieran todos los implicados en este pequeño drama, dio un paso al frente en silencio.
—¡¿I-Ichinose?! ¡¿Qué haces tú aquí?!
Los chicos de la Clase C se quedaron de piedra. Era lógico: no esperaban en absoluto que apareciera alguien de la Clase B.
—¿Cómo que qué hago? ¿Y si os dijera que estoy aquí porque este caso también me incumbe?
—Ichinose, tú eres una celebridad.
—Ja, ja. Bueno, supongo que soy bastante conocida entre los alumnos de la Clase C.
Como no habían imaginado que ella estuviera involucrada, daba la impresión de que la tensión empezaba a apoderarse de ellos. Estaban perdiendo la compostura a ojos vista.
—Este asunto no tiene nada que ver con la Clase B, ¿vale? Así que no te metas…
Pero, a diferencia de cuando me habían hablado a mí, sus amenazas sonaban débiles. Más bien parecían desesperados por largarse.
—Tienes razón en que la Clase B no tiene nada que ver con esto. Pero ¿qué opináis de arrastrar a tanta gente con vuestras mentiras?
—Nosotros no hemos mentido. Las víctimas somos nosotros. Nosotros. Sudou nos llamó aquí y nos pegó. Esa es la verdad.
—Así que los villanos siguen aferrándose a su versión hasta el final. Ya va siendo hora de que paguéis por ello.
Al decir eso, Ichinose hizo un amplio gesto con el brazo derecho.
—Habéis mentido. Todos podemos ver a través de vosotros. Al final recurristeis a la violencia. Si no queréis que eso salga a la luz, retirad vuestra denuncia ahora mismo.
Aunque yo no le había explicado todos los detalles, tenía la sensación de que, en manos de Ichinose, aquello iba a salir bien.
—¿Eh? ¿Retirarla? No me hagas reír. ¿Se te ocurrió esa teoría medio dormida? No basta con decir una cosa para que se convierta en verdad. Sudou empezó la pelea. ¿Verdad?
Ishizaki miró a sus dos cómplices, que respondieron al instante:
—¡Eso es! ¡Eso es!
—¿Sabíais que este instituto es una de las principales instituciones autorizadas por el gobierno en Japón?
—Claro que lo sabemos. Por eso intentamos entrar aquí.
—Entonces deberíais usar un poco más la cabeza. Vuestros objetivos resultaban evidentes desde el principio, ¿no os parece?
Ichinose sonrió y empezó a hablar con más viveza, como si estuviera disfrutando. Avanzó despacio hacia los tres mientras hablaba, igual que una detective famosa revelando al verdadero culpable al final de una investigación.
—¿No os ha parecido extraña la respuesta del instituto ante este incidente?
—¿Eh?
—Cuando llevasteis el asunto ante el centro, ¿por qué no castigaron inmediatamente a Sudou? ¿Por qué darle varios días de margen, ofreciéndole una vía de escape? ¿Cuál creéis que fue la razón?
—Porque mintió al instituto y se puso a suplicar. Si no le hubieran dado ese tiempo por pura formalidad, nosotros, las víctimas, ya habríamos ganado.
—¿De verdad crees que fue por eso? Yo diría que había otro objetivo. Otra intención.
Las ventanas del pasillo estaban todas cerradas. El sol, todavía alto en el cielo, caía sobre nosotros sin piedad, intensificando aún más el calor y la humedad.
—No tengo ni idea de qué estás hablando. Ah, joder. ¡Qué calor hace!
La capacidad de pensar —es decir, de concentrarse— disminuye a medida que sube la temperatura. Fuera de un entorno cómodo, no se puede desplegar un razonamiento lógico ni creativo en condiciones. Cuanto más contenido intentas meter en la cabeza, más se sobrecarga el cerebro.
—Da igual, yo me largo. Si me quedo aquí, me voy a cocer vivo.
—¿Seguro que te conviene irte? Si sales de aquí, puede que te arrepientas el resto de tu vida.
—¿Qué quieres, Ichinose?
No parecían entender adónde quería llegar.
—¿No os dais cuenta? El instituto sabe que la Clase C está mintiendo. Lo sabe desde el principio.
Aquella afirmación debió de pillarles totalmente por sorpresa. Ninguno de ellos había imaginado algo así. Ishizaki y los demás se miraron durante unos segundos y luego soltaron una carcajada burlona.
—No me hagas reír. ¿Que hemos mentido? ¿Y que el instituto lo sabe?
—Ja, ja, ja, ja. Sois graciosísimos —dijo Ichinose—. Todo este tiempo habéis estado bailando al son que yo marcaba.
—Buen intento, Ichinose. Pero no cuela.
—Tengo pruebas de verdad —continuó ella, sin inmutarse ante las amenazas de Ishizaki.
—¿Ah, sí? Pues a ver. Enséñame qué pruebas tie—
Por supuesto, creían que no había manera de que tuviéramos ninguna prueba. Incluso después de lo que había dicho Ichinose, seguían sin alterarse. Sin embargo, en el momento en que ella empezó a hablar, su derrota quedó decidida.
—¿Sabíais que hay cámaras de seguridad instaladas por todo el instituto? Es una medida que han tomado para vigilar lo que hacemos cada día.
—Sí. ¿Y qué?
Parecía que ya sabían lo de las cámaras. Ishizaki y los demás seguían aparentando calma.
—Entonces… ¿no visteis esa?
Ichinose miró hacia un punto cercano al techo, un poco más abajo en el pasillo. Ishizaki y los otros siguieron su mirada.
—¿Eh?
La incredulidad en sus voces fue absoluta. En el pasillo colgaba una cámara de seguridad que giraba de vez en cuando de izquierda a derecha, captándolo todo.
—Qué mala suerte, ¿verdad? Si queréis tenderle una trampa a alguien, tendríais que hacerlo en un lugar sin cámaras.
—¡¿Q-qué cámara?! ¡Estás mintiendo! ¡Además, en los otros pasillos no había cámaras, ¿no?! ¡Es raro que solo haya una aquí! ¡¿A que sí?!
Ishizaki se volvió hacia sus dos cómplices, buscando confirmación. Ellos asintieron, corroborando que sí, que Ishizaki tenía razón. Mientras respondían, se secaban el sudor de la cara.
—No vais a engañarnos con eso. ¡Habéis instalado vosotros esa cámara!
—Tienes razón en que, por lo general, en la mayoría de pasillos de este edificio no hay cámaras. Pero hay excepciones, y algunos lugares donde sí se han instalado, como delante de la sala de profesores y del laboratorio de ciencias. En la sala de profesores se guardan muchas cosas de valor, ¿sabes? Y, además, en el laboratorio hay productos químicos. Como el laboratorio está en esta planta, es perfectamente normal que haya una cámara aquí.
Por primera vez, Ishizaki y los otros parecieron quedarse sin palabras. Ichinose no dejó pasar el momento de vacilación.
—¿Habéis mirado detrás de vosotros? Ahí también hay una, ¿verdad?
Siguiendo sus indicaciones, Ishizaki y los demás miraron al otro extremo del pasillo y vieron otra cámara. Naturalmente, esa estaba vigilando el lado opuesto.
—Entonces, si hubiéramos instalado una cámara nosotros, como decís, ¿también habríamos preparado una en ese lado? Además, ¿cómo íbamos a conseguir cámaras de vigilancia si ni siquiera podemos salir del campus?
Íbamos cerrándoles las vías de escape una por una.
—E-eso es imposible… Eso… Quiero decir, nosotros… lo comprobamos entonces… Tendría que…
—Esto es la tercera planta, pero ¿de verdad lo comprobasteis? ¿O quizá solo mirasteis en la segunda o en la cuarta? ¿Y si precisamente habían colocado las cámaras aquí como una trampa?
Los tres se sujetaban la cabeza y sudaban mucho más de lo normal.
—Además, os dais cuenta de que acabáis de delataros vosotros solos, ¿no? Una persona normal no pensaría en comprobar si había cámaras de seguridad. Eso es prácticamente admitir vuestra culpabilidad.
Ichinose asestó el golpe final.
—E-entonces… Aquella vez… No puede ser…
—Las cámaras de seguridad no pudieron grabar vuestras voces, pero sí captaron perfectamente el instante decisivo en el que lanzasteis el primer puñetazo.
Los puños de sus uniformes estaban completamente empapados de sudor. Ichinose me pasó el testigo. Vaya, vaya. Probablemente les habría ido mejor si simplemente hubieran hablado conmigo.
—El instituto os está esperando, ¿no? Vamos, decidnos la verdad. Después de daros ese margen, el propio presidente del consejo estudiantil os preguntó si habíais mentido. Si lo pensáis bien, ¿no os dais cuenta de que el consejo vio a través de todo desde el principio?
Lo más probable era que los tres estuvieran rebuscando desesperadamente en su memoria para recordar lo ocurrido durante aquella reunión. Por supuesto, el consejo estudiantil no había descubierto sus mentiras en absoluto. Sin embargo, sí dudaban de quién estaba diciendo la verdad. Y, si los alumnos de la Clase C interpretaban aquella pregunta como algo dirigido específicamente a ellos, eso le daba cierta credibilidad a nuestra historia.
—¡Eso…! ¡A mí no me dijeron nada de eso! ¡Se acabó!
Komiya se hundió. Apoyándose en la pared, se dejó caer de rodillas. Kondou se sujetó la cabeza con ambas manos. Parecía que todos empezaban a comprender lo que estaba ocurriendo. O eso pensé, pero Ishizaki seguía sin tragárselo.
—E-espera un momento. Aún no me convences. Vale, supongamos que las cámaras de seguridad sí grabaron algo. Entonces podríais haber demostrado la inocencia de Sudou sin hacer prácticamente nada, ¿no? No hacía falta llamarnos aquí para contarnos esto. Bastaba con presentarlo en el juicio. Pero nos habéis hecho venir aquí, ¿verdad?
—¿Inocencia? Eso depende de de qué se le quiera considerar inocente. Sabemos que ambas partes sufrieron daños durante el incidente. Pasara lo que pasara, Sudou os golpeó a los tres. Eso es innegable. Claro que, si las grabaciones demuestran que no fue él quien os llamó para venir aquí, seguramente recibiría el castigo más leve posible. Aun así, su puesto como titular seguiría corriendo peligro. Puede que incluso le prohibieran participar en torneos.
El sudor bajaba por la frente de Ishizaki como una cascada. Nosotros también teníamos calor, pero en comparación estábamos bastante mejor que esos tres. Cuanto más los acorralábamos, más seguía subiéndoles la temperatura.
—¿Qué coño? Entonces, si es como decís, las grabaciones no deberían ser ningún problema, ¿no? Nos basta con que suspendan a Sudou aunque sea un solo día.
—Si eso pasa, puede que os expulsen. ¿Os parece bien?
Era evidente que no habían pensado hasta ahí, ni se habían dado cuenta del dilema al que se enfrentaban.
—Si alguien revisa las grabaciones de las cámaras, vuestras mentiras quedarán al descubierto. Y si eso ocurre, lo más probable es que os expulsen. Cualquiera puede verlo.
—¡¿Qué?!
—E-espera, ¿por qué expulsarnos? ¡No dijisteis que habíamos mentido! —Kondou intentaba salvarse, con la voz débil y forzada.
—El instituto nos está poniendo a prueba. Está viendo si somos capaces de resolver problemas y qué tipo de conclusiones sacamos. ¿No crees que eso encaja con todo lo demás que ha pasado en este caso?
—¿Por qué iba a…? ¡Y-yo no quiero que me expulsen!
—O-oye, Ishizaki. ¡Todavía estamos a tiempo de decirles que mentimos! ¡Si lo hacemos, puede que el instituto nos perdone!
—¡Joder! Esto es ridículo. ¿Admitir que mentimos? Vale, pues que así sea. Mientras Sudou reciba su castigo, yo asumiré el peor castigo posible. ¡Será un sacrificio honorable! ¡Sudou estará acabado!
En otras palabras, Ishizaki no pensaba retirarse. Iba a seguir adelante.
—Es un poco pronto para sacar conclusiones. Os daremos una última oportunidad. Solo hay una forma de salvar tanto a la Clase C como a la Clase D.
—¡Y una mierda vamos a hacer eso!
Si el incidente seguía existiendo, sería imposible salvar a todos. En ese caso, lo mejor era que el incidente dejara de existir por completo.
—Solo hay una forma de resolver este asunto. Decidle al instituto que queréis retirar la denuncia. Si lo hacéis, el instituto no sacará a relucir las grabaciones de seguridad. Si no hay denuncia, no pueden castigar a nadie. Además, si las grabaciones nunca salen a la luz, la Clase D también se beneficia. Como ya sabemos, si se presentaran esas grabaciones, Sudou seguiría recibiendo algún tipo de castigo. En otras palabras, la Clase C y la Clase D pueden llegar a un acuerdo. Si el instituto no puede revisar el vídeo ni ver que mentisteis, tampoco podrá investigarlo, ¿verdad?
—Ah… Ah… Solo… dejadme llamar…
Con el semblante destrozado, Ishizaki sacó el móvil. Sin embargo, Ichinose le negó esa posibilidad con firmeza. No iba a darle tiempo para pensar. Teníamos que rematar aquello allí mismo.
—Veo que no estáis siendo muy colaboradores. En ese caso, no nos queda más remedio que actuar. Pediremos al instituto que revise ahora mismo las grabaciones y seréis expulsados.
Asentí, dándole la razón. Kondou y Komiya agarraron a Ishizaki por los brazos.
—Vamos. ¡Acepta la propuesta de Ichinose, Ishizaki!
—E-espera. Si no consulto con esa persona, la cosa se pondrá fea —murmuró él.
—¡Ya hemos perdido! ¡Yo no quiero que me expulsen! ¡Por favor, Ishizaki!
—¡Joder! Vale… Retiraremos la denuncia. ¡Bastará con retirarla!
Ishizaki cayó de rodillas.
—Bien, entonces vayamos ahora mismo a la sala del consejo estudiantil. Iremos juntos.
Fuimos hacia la sala del consejo con los tres alumnos de la Clase C entre nosotros. Si les quitábamos el ojo de encima aunque solo fuera un segundo, podrían contactar con alguien para pedir consejo. Cuando por fin llegamos, empujamos a los tres al interior.
Horikita lo había preparado todo de maravilla.

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Classroom of the Elite (Novela)
Capítulo 85
Classroom of the Elite (Novela) Capítulo 84
Estás leyendo el capítulo 84 de Classroom of the Elite (Novela), un novela. Kiyotaka Ayanokouji se ha inscrito en la Preparatoria Metropolitana de Educación Avanzada, donde se dice que el 100% de los estudiantes van a la universidad o encuentran empleo. Pero termina en Clase 1-D, que está lleno… Este capítulo tiene publicado el 24 de abril de 2026, Traducido por el grupo Koko88. Classroom of the Elite (Novela) tiene 159 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.