Leer Ciudad de los Pecados (Novela) Capítulo 984 online gratis en español
🏴 Grupo: Sland✍️ Traducción: Sland
Libro 7 – Capítulo 25. Noche Sin Luz (2)
Era una noche oscura en Fausto, la luna que se suponía que brillaba en el cielo ya no estaba presente.
El hombre fornido tenía piernas largas, pero al subir las escaleras de la iglesia no se saltó ningún escalón. Sin embargo, esto no parecía ser reverencia sino nostalgia; a pesar de su falta de poder, el hombre parecía tener un aura natural de soberanía, de alguien que tenía el mundo en sus manos.
Una vez que llegó a las puertas de la Iglesia, una joven sacerdotisa se le acercó, "Ya es muy tarde, cualquier ofrenda debe ser presentada mañana."
El hombre estaba vestido como un campesino, pero solo su aura incitó a la sacerdotisa a respetarlo. Sin embargo, él la miró a los ojos y le dijo en voz baja, "Ve a decirle a Ferlyn que estoy aquí."
Era una blasfemia indescriptible que alguien se refiriera a la Suma Sacerdotisa solo por su nombre. La sacerdotisa habría pedido a los paladines que lo echaran de inmediato, pero por alguna razón asintió y corrió de regreso a la sala de Ferlyn en la Iglesia. La confusión era evidente en su rostro— ella no entendía por qué estaba obedeciendo al gran hombre como si fuera su maestro— pero corrió todo el camino hasta la puerta de Ferlyn.
"¿Él va a venir?" Una voz suave sonó desde la sala.
Aún en medio de su confusión, la joven sacerdotisa respondió instintivamente, "Ya está aquí."
"Está bien, puedes irte. Iré a verlo."
En el salón central de la iglesia, el hombre de mediana edad miraba casualmente a su alrededor las hermosas decoraciones del histórico edificio. Lo único especial en él era su tamaño, pero a pesar de que estaba caminando a su antojo, ni las sacerdotisas ni los paladines se le acercaron para detenerlo. Era como si no hubiera nada de malo en su presencia.
Cuando Ferlyn se acercó y vio su rostro, inmediatamente se puso rígida. El hombre de mediana edad la miró y sonrió de todo corazón, "¿Por qué, no me reconoces? No te culpo, yo no era así hace treinta años."
Ferlyn se quedó quieta, sin darse cuenta del temblor de su cuerpo, "Philip..."
El hombre se acarició la mejilla, "Creo que he olvidado cómo me veía.... estoy envejeciendo—"
"¡NO!" Ella de repente voló hacia delante, hundiéndose en sus brazos y abrazándolo con fuerza, sus delgados brazos casi desapareciendo en sus abultados músculos, "¡No, eres igual que antes!"
Él sonrió mientras la abrazaba, acariciando suavemente su cabello, "No has cambiado nada... Es casi como si todo esto fuera sólo un sueño."
Ferlyn se negó a levantar la vista y siguió temblando mientras lo abrazaba en silencio. Philip volvió a hablar, "Llévame adonde te hospedas ahora; todavía tengo algo de tiempo, podemos hablar. Extraño tanto a Ticktown."
…
Un momento después, habían entrado en la sala trasera de la Iglesia. Dentro de este lugar estaba el escenario de un pequeño pueblo rodeado de montañas, lagos y ríos. Ferlyn y Philip estaban sentados en asientos al aire libre justo afuera de una pequeña taberna, sonriéndose el uno al otro.
Aquí fue donde los dos aventureros viajeros se conocieron por primera vez. Cada detalle había sido grabado en el corazón de Ferlyn, y con su poder aquí, todo había sido reproducido hasta el más mínimo detalle. Treinta años no habían dejado rastros en Ferlyn, pero Philip tenía una serie de cicatrices de acné y cortes. Ya no podía ser llamado guapo, pero todavía tenía la presencia de un héroe que gobernaba a toda la humanidad.
El Philip de Ticktown aún no se había convertido en un santo, pero tenía un poder maravilloso. También era un hombre delgado y en forma; la gordura pertenecía enteramente al Emperador. Ferlyn lo miró y se rió entre dientes, "Te has hecho viejo."
"Sí," Philip no tenía intenciones de ocultar su emoción, "Realmente viejo. Dejé que mi apariencia se desvaneciera con el tiempo, temía que te olvidaras de que el tiempo pasaba mientras estabas inmersa en este lugar. Mira, sigues siendo la misma."
Ferlyn sonrió, "Yo no me atreví a permitirlo. ¿Y si no pudieras reconocerme?"
Philip se rió a carcajadas, señalando a su corazón, "Siempre has estado aquí, ¿cómo podría no reconocerte?"
La Suma Sacerdotisa se quedó en blanco por un momento, "Yo... no sé cómo cambiar."
"Je... No, no lo sabes."
"... ¿Y tú? ¿Cómo es que de repente estás aquí?"
"No podía esperar un siglo entero para verte, ¡fue una agonía!"
La cabeza de Ferlyn se inclinó un poco, una sola gota cayendo sobre su mano. Sin embargo, su voz permaneció más tranquila que nunca, "¿Escuché que la gente estaba conspirando contra ti?"
"Eh," Philip continuó sonriendo, "¿Crees que esos idiotas realmente tendrían éxito? Simplemente no pude evitarlo. Me dieron la oportunidad de meterme en dos buenas peleas y luego venir a verte."
Ferlyn puso sus manos sobre las de él, con la cabeza aún sin levantar, "Idiota... Solo han pasado treinta años, ¿por qué no pudiste esperar?"
"¿Y cuántos han sido para ti? ¿300? ¿500? ¿Cómo podría hacerte esperar?"
La sala de Ferlyn era como el Templo de las Arenas, con la capacidad de ajustar el flujo del tiempo libremente. Aquí podían pasar diez años en un abrir y cerrar de ojos, y era algo que ambas generaciones de elegidas usaban de la misma manera; esperaban usar el paso del tiempo para adormecer sus corazones.
Era solo que algunos dolores no podían ser borrados sin importar cuánto tiempo pasara. No todas las heridas sanaban con el tiempo. Ferlyn susurró, "¿Qué debo hacer por la Alianza?"
Philip negó con la cabeza, "Tomé el Fuerte del Amanecer, pero, aunque es la gloria de toda la raza humana, no podría importarme menos. Ese lugar está muerto, y yo también. Solo un dragón vivo puede convertirse en el rey de las bestias... Yo..." sonrió a regañadientes, "Lo único que lamento es no haberte alejado de ese viejo dragón en todo este tiempo."
Su voz era baja, pero incluso con la cabeza agachada ella ya no pudo reprimir sus lágrimas. Comenzaron a fluir, las primeras gotas rompiendo una represa que había estado conteniendo algo por una eternidad. No sabía cuándo fue que levantó la cabeza, pero todo lo que vio fue el vacío. Sólo había un desierto a su alrededor, ninguna taberna, ningún pueblo, ningún Philip. La tierra y el cielo parecían ser uno solo, y al mirar su mano todo lo que pudo ver fue un poco de arena dorada pálida.
De repente, ella se desplomó en el suelo y rompió en llanto por primera vez en siglos. El desierto cambió a medida que el cielo se oscurecía, y una negrura en la distancia se fue acercando y se lo tragó todo.
Lo único que quedó fue un mundo sin luz.

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Ciudad de los Pecados (Novela) Capítulo 984
Estás leyendo el capítulo 984 de Ciudad de los Pecados (Novela), un novela. Cada gota de este linaje familiar está manchada con pecado. Son la encarnación de la contradicción; tranquilos pero maniáticos, con grandes recuerdos y a menudo olvidadizos. Se obsesionan con sus sueños pero… Este capítulo tiene publicado el 14 de julio de 2019, Traducido por el grupo Sland. Ciudad de los Pecados (Novela) tiene 1438 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.