Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 243 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
"¡No... no puedo respirar...!"
Lumine jadeó, jadeando en busca de aire mientras se desplomaba sobre sus rodillas sobre la suave hierba, con su frente presionando contra la áspera corteza del tronco de un árbol.
El sudor empapaba su camiseta blanca y sus pantalones negros, que brillaban bajo la intensa luz del sol mientras gotas frescas resbalaban por su cuerpo. Su mano derecha aún aferraba la espada, apenas, antes de que la soltara y el arma se le resbalara de los dedos, cayendo al suelo con un golpe sordo.
Con gran dificultad, como si su cuerpo se hubiera convertido en plomo, Lumine se dio la vuelta y se desplomó de espaldas contra el tronco del árbol. Su pecho subía y bajaba con fuerza.
"Yo... yo no puedo... no más... ¡por favor...!"
Suplicó con voz áspera, pero la única respuesta fue el susurro del viento contra el interminable campo de hierba. Estaba solo, solo él y el solitario árbol en esta vasta tierra vacía.
Apretando los dientes, su pálido rostro se contorsionó de desesperación. Volvió a gritar, esta vez más débil.
"Por favor…"
El maná en el aire se agitó ante su súplica. Entonces, una voz respondió.
Suave. Dulce. Como una canción de cuna. Hipnótica. El tipo de voz que podría hacer que cualquiera cayera en trance.
Lumine se mordió el labio con fuerza, obligándose a resistir su tirón.
"Pensé que querías hacerte más fuerte. Convertirte en un héroe."
“¡Sí! Pero… ¡si sigo presionando, se me van a caer los brazos!
Lumine gritó con voz ronca. Apenas tenía fuerzas para levantar la cabeza.
"¿Entonces te rendirás?" La voz permaneció firme. "¿Es este el límite de tu resistencia? En una pelea real, ni siquiera podrías permitirte un respiro. Tus brazos podrían ser cortados, comidos o destrozados hasta quedar irreconocibles, y aun así, un verdadero héroe no imploraría clemencia. Ni siquiera un segundo. Un héroe se mantiene en pie, a pesar del dolor. Mientras la misión no se complete, un héroe no puede caer."
"Yo..."
Lumine mordió con más fuerza, sintiendo un ligero sabor a hierro en la lengua. No tenía argumentos contra esas palabras. Eran ciertas, y lo sabía.
Si tanto dolor y agotamiento pudieran detenerlo, entonces en una batalla real, ya estaría muerto.
Aún así…
Aun cuando esforzaba cada fibra de su ser para moverse, para mantenerse en pie…
Él no pudo.
Su cuerpo lo traicionó, fallando antes de que su mente pudiera siquiera ordenarle.
Se desplomó contra el tronco una vez más, con la cabeza cayendo hacia adelante en señal de derrota.
Un suspiro flotó en el aire.
"Tu cuerpo ha llegado a su límite. Muy bien, tienes diez minutos."
Los ojos de Lumine se abrieron de par en par. Un suspiro de alivio escapó de sus labios y su cuerpo se relajó.
Entonces, el maná volvió a ondularse.
Ante sus ojos apareció una mujer.
A pesar del calor abrasador, llevaba un abrigo negro forrado de piel, botas altas, una chaqueta de cuero y pantalones negros ajustados. El peso de su sola presencia le hacía la respiración entrecortada.
Ella le tendió una botella de agua.
"Bebe esto."
"¡Uf”!"
Antes de que pudiera reaccionar, se lo lanzó. Le dio en el pecho, dejándolo sin aliento.
Ella suspiró, dio un paso adelante y se agachó frente a él. Sin decir palabra, abrió el tapón y le acercó la botella a los labios.
Una sonrisa amarga se dibujó en el rostro de Lumine. Nervioso. Inquieto. Asustado.
"Directora, si me da un momento, puedo beberlo yo mismo..."
"Beber."
Su voz no dejaba lugar a discusión.
"S-sí."
Obedientemente, él separó los labios y ella inclinó la botella.
El agua fría corrió por su garganta, calmante y refrescante, hasta que no quedó ni una sola gota.
"Jaja…"
Exhaló y el alivio lo invadió.
"G-Gracias, directora."
Ella no dijo nada. Simplemente se quedó de pie, tirando la botella vacía a un lado como si nada.
Lumine sonrió amargamente.
Eso era típico de ella.
La verdad era que… ella lo aterrorizaba.
Bueno, ella aterrorizaría a cualquiera.
Incluso ahora, ella estaba conteniendo su aura, pero su peso aún se cernía sobre él como una espada invisible presionando contra su piel.
Rara vez hablaba. Su expresión siempre era fría, sus ojos aún más fríos. ¿Y sus palabras? Aún más frías.
Lumine nunca la había visto sonreír.
Nunca, ni una sola vez.
Su mirada se detuvo en ella por un momento más antes de dejar escapar un suspiro silencioso.
Éste era su amo.
La directora.
La misma mujer que nunca había tomado un discípulo en toda la historia.
Y, sin embargo, de alguna manera…
Lumine fue su discípulo.
Ya había pasado una semana desde que se convirtió en su discípulo. En ese tiempo, muchas cosas habían cambiado.
Para empezar, desde la reunión de facciones, Celestina Escarcha y Azriel Carmesí habían dejado de asistir a clases. Nadie sabía por qué. Oficialmente, no se había dicho nada. Pero había rumores... rumores. Algunos afirmaban que el Príncipe Carmesí y la Heredera de la Escarcha se habían embarcado juntos en una misión. No porque fueran amigos. No porque fueran cercanos. Bueno, quizá lo fueran, pero esa no era la razón. Pertenecían a la misma facción: la Facción de la Escarcha. Lumine lo sabía porque lo había visto con sus propios ojos el día de la reunión.
Esa misma reunión donde, de alguna manera, había logrado que Vergil y Anastasia se unieran a su facción y a la de Yelena. Bueno, “lograron” no era la palabra adecuada. Ambos se habían ofrecido a unirse por voluntad propia, y ni él ni Yelena tenían motivos para negarse. Pero aun así... era extraño.
Los rumores eran al menos parcialmente ciertos: Celestina y Azriel pertenecían a la misma facción y habían ido juntos a una misión. Pero más allá de eso, ni siquiera Lumine sabía qué era real. Lo que era cierto era que la misión, inicialmente categorizada como de nivel C, había escalado de alguna manera a nivel A. Decían que Celestina había matado a un Abisal de Grado 3 ella sola, pero que había perdido todo su brazo izquierdo en el proceso. Que seguía inconsciente. Decían que Azriel había matado a otro Abisal en la misma misión, pero a costa de sus ojos, también incapacitado. Otros rumores afirmaban que ambos estaban en coma permanente o incluso muertos, y que la verdad se les ocultaba.
Estos rumores se extendieron entre los cadetes, pasando de uno a otro. Pero ninguno fue confirmado. La propia academia no había dicho nada.
Al tercer día de su ausencia, Lumine decidió investigar. Su primera parada fue Nol, el mayordomo personal de Azriel. Pero Nol solo lo había ignorado, negándose a responder. Así que fue a la habitación de Azriel, que estaba justo un piso por encima de la suya. Allí lo recibió una figura familiar: Amaya, la criada personal de Azriel. Como siempre, se mostró profesional, ni cálida ni fría. Simplemente le dijo que Azriel estaba bien, pero descansando y sin poder ver a nadie. Al menos, era tranquilizador saber que estaba vivo. Pero dejaba demasiadas preguntas sin respuesta.
Al final, tuvo que dejarlo pasar. Consideró brevemente visitar la habitación de Celestina, pero descartó la idea. No le parecía bien ir a los aposentos de una chica, sobre todo a los de una princesa. Con Azriel tenía una especie de amistad. ¿Pero con Celestina? Siempre había sido amable, pero distante. Mantenía a los demás a distancia de una forma que Lumine no podía explicar.
Esa era la situación con los dos miembros de la realeza de su clase.
Más allá de eso, algo más había sucedido: él y Yelena de alguna manera habían pasado la prueba para convertirse en discípulos de Freya.
La prueba... había sido más una tortura que otra cosa.
Había sido simple. Brutalmente simple. Atacar a Freya.
La propia directora, mientras usaba su aura.
En el momento en que lo desató, tanto él como Yelena se desplomaron, con el rostro hundido en el suelo. La presión había sido abrumadora, sofocante, como mil cuchillas que les atravesaran el cuerpo y los inmovilizaran. No cesó.
Lumine no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado. Solo recordaba haber hecho contacto visual con Yelena en algún momento. En ese instante, ambos se dieron cuenta de algo: seguían conscientes. Y eso significaba que aún podían luchar.
Entonces, Yelena hizo algo. Lumine no supo qué, pero sintió la onda de maná, no de Freya, sino de ella. Y de repente, pudo moverse. Apenas un poquito. Casi insignificante.
Pero no del todo.
Con todas sus fuerzas restantes, se giró y lanzó su espada hacia Freya antes de que su cuerpo cediera.
La espada apenas recorrió un metro cuando su aura la aplastó, estrellándola contra el suelo. Debería haberse hecho añicos. Lo habría hecho. Pero sin que Lumine lo supiera, Freya había controlado deliberadamente su aura para que su arma espiritual no se destruyera.
Aún así, el ataque había fracasado.
Entonces, sin previo aviso, su aura desapareció. Tanto él como Yelena estaban seguros de haber fallado la prueba.
Hasta que Freya habló.
"Ustedes dos pasan."
Y entonces se fue. Así, sin más, dejándolos desplomados en el suelo.
Desde ese día, no la había visto ni sabido nada de ella, hasta hoy. Pero solo lo habían llamado a él. No a Yelena.
Freya simplemente había dicho que Yelena se sometería a un entrenamiento diferente. Lumine quiso protestar, decir que prefería entrenar con ella. Pero no lo hizo. Sobre todo después de que Freya le explicara su razonamiento:
Él era patetico
Su esgrima, al menos. Carecía de fundamentos. De base. De habilidad. Era como si estuviera blandiendo un ladrillo.
Entonces ella le había dado su propio régimen de entrenamiento.
Y hoy, acaba de completar la mitad:
10.000 oscilaciones horizontales. 10.000 oscilaciones verticales.
Eso fue todo.
Y, sin embargo, nunca se había sentido tan agotado.
Lumine yacía apoyado en el tronco de un árbol, jadeando, con la mirada perdida en Freya. Le daba pena lo distante y fría que era, a pesar de su belleza deslumbrante. Si sonreía más, estaba seguro de que cualquiera se enamoraría de ella.
Permaneció inmóvil, mirando el cielo agrietado, con expresión indescifrable. Y, sin embargo, pensó Lumine, si alguien la pintara así, la obra se vendería por millones de velts.
Un pensamiento cruzó su mente.
Como directora, debe saber de la ausencia de la princesa Celestina y el príncipe Azriel, ¿verdad? Son dos niños maravillosos... y ahora es mi maestra. Soy su discípula, así que... no me importaría preguntar, ¿no?
Dudó por un momento, luego la miró y separó los labios, sólo para congelarse.
Nada en ella había cambiado. Nada excepto un detalle.
Había un destello de melancolía en sus ojos.
Duró sólo un segundo antes de desaparecer.
Lumine se encontró mirándola sin decir palabra.
¿Por qué parecía triste hace un momento...? ¿Acaso puede sentir esas emociones? Y si puede... ¿en qué estaba pensando?
La idea de que Freya estuviera triste hizo que Lumine sintiera un dolor extraño en el pecho.
Quisiera preguntar... pero no tengo derecho. No sé nada de ella.
Tampoco estaban lo suficientemente cerca para tales preguntas.
¿Hay algo que quieras decir? ¿O estás listo para hacer 10.000 flexiones, cadete?
"¿E-eh?"
Lumine se estremeció, sobresaltado. Su rostro palideció.
¿¡Diez mil flexiones!? ¡Está loca! ¡Loca!
Tragó saliva. No estaba listo. ¡Y aún no había terminado su descanso de diez minutos!
Lamiéndose los labios secos, preguntó con cautela: "Directora... ¿sabe algo sobre la ausencia del Príncipe Azriel y la Princesa Celestina?"

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 243
Estás leyendo el capítulo 243 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 13 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.