Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 170 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un Contrato de Maná es un acuerdo vinculante que establece un usuario de maná, vinculando un fragmento de su esencia directamente a su núcleo de maná. A cambio de cumplir ciertas condiciones, el usuario obtiene un aumento significativo de poder. El núcleo de maná, ubicado cerca del corazón, sirve como fuente central de energía y está íntimamente ligado a su fuerza vital. Cualquier violación de los términos del contrato conlleva graves consecuencias, que a menudo afectan el maná, la salud o incluso la vida del usuario.
Los Contratos de Maná siguen siendo un enigma para el mundo, pues su existencia ha sido mantenida deliberadamente en secreto por los Cuatro Grandes Reyes y los Soberanos. Salvo estos gobernantes y un puñado de apóstoles u otros selectos, nadie debería poseer conocimiento sobre los Contratos de Maná ni sobre el método para forjarlos.
A menos que…
Ese individuo se había topado con cierto libro en otro mundo y pasó un año dominando en secreto el arte de formar tal contrato.
La revelación de los Contratos de Maná al mundo entero podría cambiarlo todo. Grados enteros dentro de cada rango podrían perder su significado.
La unión de la esencia fortalece el núcleo de maná, amplificando su capacidad. Por ejemplo, un usuario podría obtener un aumento explosivo de poder al aceptar severas limitaciones en sus habilidades o un precio elevado. Cuanto más severa sea la restricción, mayor será el poder potencial desbloqueado.
Pero violar los términos del contrato conlleva consecuencias devastadoras. El núcleo de maná puede reaccionar violentamente, causando dolor intenso, debilidad debilitante o, en algunos casos, el sellado parcial del propio núcleo. Esto impide al usuario acceder a sus poderes, a veces de forma permanente.
Un núcleo dañado es una sentencia de muerte para la mayoría. Erosiona la capacidad del usuario para controlar el maná y, si no se trata, puede provocar una muerte lenta y dolorosa.
Si bien la fuerza del núcleo determina el poder del usuario, extenderlo demasiado o agotarlo imprudentemente acelera su deterioro. Una vez deteriorado irreparablemente, el usuario queda como un cascarón vacío de lo que fue, o peor aún, fatalmente herido por la implosión del núcleo.
Independientemente de los términos, un Contrato de Maná siempre exige un pago. El precio puede ser alto y las consecuencias de romperlo son graves:
Destrucción del alma.
Decadencia física.
Colapso mental.
Se teoriza que el núcleo de maná y el alma están íntimamente conectados. El núcleo de maná funciona como una puerta de entrada al alma de una persona. Eliminar el núcleo de maná interrumpe la delicada red de venas de maná que recorre el cuerpo. Para usuarios despiertos o inactivos, esto inutiliza las venas de maná. Para los usuarios de nivel intermedio o superior, cuyas venas del alma se han formado, los efectos son igualmente catastróficos.
Cuando se extrae el núcleo de maná de una criatura del vacío o de un humano, suele lucir radiante al principio, con su esencia intacta. Consumir este núcleo atenúa gradualmente su luz, como si se le drenara la esencia del alma. Con el tiempo, el núcleo se vuelve opaco, sin vida y, finalmente, inútil.
Se cree que consumir un núcleo de maná implica devorar la esencia misma del alma, un acto tabú para los humanos. Esta práctica, rodeada de miedo y superstición, está prohibida por una razón.
El conocimiento prohibido de los Contratos de Maná conlleva tanto tentación como peligro. Para forjar tal pacto, uno debe estar dispuesto a pagar el precio máximo y aceptar las consecuencias, por devastadoras que sean.
Para formar un Contrato de Maná, uno debe cumplir solo una de las siguientes condiciones:
Sobrecarga Emocional. Uno debe sentirse abrumado por una emoción tan poderosa (dolor, rabia, desesperación u otra) que lo absorba por completo. Solo cuando su estado emocional alcanza este extremo, el núcleo de maná puede responder para formar el contrato. Sin embargo, tenga cuidado: la Sobrecarga Emocional tiene un 90 % de probabilidad de fallar.
Sacrificio de una Vida. Se debe sacrificar una vida, ya sea la propia o la de otro, para formalizar el contrato. Esto implica renunciar a una parte significativa de uno mismo, a un pedazo de su propia esencia. Pero, al igual que el primero, el Sacrificio de una Vida también conlleva un 90 % de probabilidades de fracaso.
Aislamiento total del maná. En este caso, el individuo acepta sacrificar su núcleo de maná por completo. Si sobrevive, quedará sin la capacidad de usar maná por el resto de su vida. Pero, al igual que con los demás, el Aislamiento total del maná tiene un 90 % de probabilidad de fallar.
Y luego hay otro. Uno que solo Azriel Carmesí conoce en este preciso momento del mundo...
Vinculación con uno de los Diez Dioses. En este pacto, uno acepta renunciar a todo: su vida, cuerpo, mente, alma, su propio ser. Entregaría su nombre, su personalidad, su identidad” todo” a uno de los Diez Dioses que pudiera responder al Contrato de Maná. Elegir qué dios responderá no es una opción. Elegir qué sucederá después tampoco lo es. El precio lo es todo. Pero incluso esto tiene sus probabilidades: 99.99% de probabilidad de fracaso.
Si alguien se enterara de esta última opción, Azriel sabía que el mundo mismo podría acabarse. No en un choque grandioso y dramático, sino de una forma que lo haría desear que nunca hubiera comenzado.
* * *
Los ojos de Arthur se abrieron en estado de shock mientras miraba a Azriel.
¿C-cómo...? ¿Cómo sabe de un contrato de maná?
Éste era un conocimiento que nadie, nadie, debería poseer.
La única razón por la que el propio Arturo tuvo que cargar con una información tan maldita fue por culpa del Arconte Supremo.
Contratos de maná.
Solo pensar en ellos le ponía los pelos de punta. Eran volátiles, peligrosos, tan peligrosos que ni siquiera Arthur se atrevería a tocar uno a menos que fuera absolutamente necesario. Una apuesta tan arriesgada que casi siempre terminaba en desastre.
No hubo esperanza, ni triunfo, solo una fugaz muestra de poder antes de un inevitable descenso a la ruina. El éxito o el fracaso no importaban; el resultado final era casi siempre el mismo.
Muerte.
Arthur se tranquilizó, forzando su expresión a mantener la calma. Pero su compostura se quebró al concentrarse en esos ojos que asomaban entre el cabello largo y despeinado de Azriel.
Ojos llenos de locura, odio y... tristeza.
'Ya podría intentar formar un contrato de maná... con la primera condición.'
Arthur apretó los puños. Sobrecarga emocional. El chico frente a él ya estaba consumido por sus sentimientos.
Y fue culpa de Arthur.
Exhaló bruscamente mientras sus pensamientos corrían.
'Primero, necesito encontrar la sangre del Caminante del Vacío... Vincent está herido arriba, sin duda luchando por contener a las criaturas del vacío que serán atraídas aquí debido a este caos.'
Echó un vistazo rápido al Sujeto 431, quien permanecía confundido, pero obediente, fuera de la vista. No había tiempo para lidiar con él ahora.
La voz de Arthur era firme mientras hablaba y su expresión cuidadosamente neutral.
A pesar de haber adquirido conocimiento sobre los contratos de maná, esto no cambia nada, Sujeto 666. Dime dónde está la sangre y pasaré por alto esta rebelión tuya. Tu castigo no será más que unos pocos años de medidas disciplinarias.
Un salvavidas. Misericordia. Mucho mejor que la muerte que nos aguardaba.
Arthur se permitió un momento de reflexión. Incluso si Azriel lograba formar un contrato de maná, a pesar del ínfimo 10% de probabilidad de éxito con una sola condición, no habría diferencia.
El costo sería abrumador. El chico tendría que arriesgarlo todo, sacrificando incluso su vida para liberar al máximo su potencial. Y el “potencial” era algo finito: estaba limitado por el maná que pudiera absorber del aire y el rango que este le otorgara.
Claro, Azriel tenía talento, pero Arthur no creyó ni por un segundo que fuera el tipo de talento capaz de elevarlo al nivel de gran maestro simplemente inhalando maná.
No. Había una brecha demasiado ancha para cruzarla.
Azriel, sin embargo, no se inmutó. Su expresión permaneció tranquila e imperturbable al encontrarse con la mirada de Arthur.
“¿La sangre del Abisario?” Su voz era desconcertantemente serena”. Claro. Mira allá...
Los ojos de Arthur siguieron el dedo de Azriel hasta el suelo agrietado, donde fragmentos de hielo brillaban débilmente.
Su mandíbula se tensó.
Su aura comenzó a filtrarse, arremolinándose siniestramente a su alrededor mientras su furia se encendía.
“¡Eres… idiota!” La voz de Arthur se alzó, temblando de rabia apenas contenida.
¿Tienes idea de lo que has hecho? ¡Desearás morir, 666!
La sonrisa de Azriel se desvaneció cuando miró fijamente a Arthur, sin pestañear.
"Mi nombre es Azriel Carmesí. Príncipe Azriel Carmesí, hijo único de Joaquín y Aeliana Carmesí. No es el Sujeto 666."
Arthur se quedó congelado.
Su máscara de autoridad se quebró y su mandíbula se aflojó por la sorpresa mientras miraba a Azriel.
"...Así que recuerda..."
La ira de Arthur hirvió y sus emociones se enfriaron instantáneamente cuando la lógica se impuso.
"Eres 666", dijo fríamente.
“Ya no soy Azriel Carmesí. Pero quizás…” Los labios de Arthur se curvaron en una sonrisa burlona.
Quizás tengas razón. Ese nombre aún tiene valor. Me pregunto cuánto te aprecia de verdad el Clan Carmesí, 666.
La diversión de Azriel sólo aumentó.
Es curioso cómo creen que saldrán vivos de esto. Los dos. Si yo estuviera luchando por sobrevivir, las cosas podrían haber sido diferentes. No me habría molestado contigo ni con el Proyecto Edén. Pero ahora…
Él dio un paso adelante.
Ahora lucho por morir. Y si voy a morir, será una muerte por la que valga la pena morir. Una muerte tan satisfactoria que la propia Muerte llamará a mi puerta y suplicará llevarme.
Arthur y War entrecerraron los ojos y sus miradas se clavaron en el loco que tenía delante.
¿Qué te da tanta confianza? ¿Entiendes lo que te estás jugando? Formar un contrato de maná con una sola condición tiene un 10% de probabilidad de éxito. Si eres lo suficientemente loco como para intentar todas las condiciones, esa probabilidad se reduce a un mero 0,1%. ¿De verdad crees que una hazaña tan imposible permitiría a un simple intermedio como tú rivalizar con un gran maestro?
Era absurdo. Que él supiera, nadie había tenido éxito con un contrato de maná, y mucho menos a tal escala.
Pero la respuesta de Azriel fue una sonrisa.
Una sonrisa tan desconcertante que hizo que el corazón de Arthur diera un vuelco.
Se equivoca, doctor. Hay otra condición. Una que reduce la probabilidad aún más, al 0,00001 %. Pero, a cambio, hace que todo lo demás sea irrelevante. Un billete de ida. Si tiene éxito, nada más importa.
La compostura de Arthur vaciló.
"¿De qué estás hablando?" espetó.
¡Deja de decir tonterías!
La sonrisa de Azriel se amplió, su voz oscura y burlona.
Soy un jugador, doctor. Siempre lo he sido. Me encanta jugarme la vida, mis planes, todo. Y ahora mismo, estoy jugando con la cuarta condición.
Esto era una locura, pura locura. Y aun así, Azriel continuó, imperturbable.
Me hizo pensar. Si este mundo, esta vida, es real, como he llegado a aceptar, entonces algo me trajo aquí. Algo lo suficientemente poderoso como para mover los hilos de los mundos. Para manipular el destino mismo. Así que me pregunté... ¿qué podría ser lo suficientemente fuerte como para hacer eso?
"Y sólo me viene una respuesta a la mente..."
Sus ojos carmesí se clavaron en el alma de Arthur.
"Gallinero."
La sangre de Arthur se heló.
"...¿Qué?"
Azriel no se detuvo. Se acercó más.
“Los dioses, doctor. Son los únicos capaces de lograr algo de esta magnitud. ¿Cree que los mortales pueden arrancar a la gente de sus mundos y arrojarlos a esta locura? No. Solo los dioses tienen ese poder. Y apuesto a que uno de ellos me está observando ahora mismo. Ese uno de ellos está... interesado en mí.
El tono de Azriel se volvió más frío.
¿Y si no? Entonces muero aquí. Así de simple. Pero estoy jugando, doctor. Jugando a que uno de esos mismos dioses esté interesado en mí.
"...."
"Me pregunto cuál responderá."
"...."
Arthur podría haberlo detenido.
Podría haber acabado con todo en segundos, apagar la locura antes de que tomara forma y terminar con todo de una vez.
Pero no lo hizo.
Algo en él” la curiosidad, o quizás la arrogancia” lo detuvo. Arthur era un buscador de conocimiento, y escuchar las palabras de Azriel, por muy desquiciadas que fueran, lo obligaba a contenerse. Observar, analizar, comprender era parte de su naturaleza.
Y quizás ese fue su mayor error.
Porque ahora...
Ya era demasiado tarde.
Demasiado tarde cuando Azriel Carmesí alzó su mano derecha. Su expresión no reflejaba miedo ni duda. Su mano derecha, temblando con un rayo rojo, comenzó a brillar. Lentamente, el rayo se retorció y enroscó, tomando la forma de una garra.
Entonces, sin dudarlo, Azriel lo hundió en su propio corazón palpitante.

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 170
Estás leyendo el capítulo 170 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.