Leer Camino del Extra (Novela) Capítulo 157 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Dos médicos permanecían sentados en silencio, con la mirada fija en los monitores. Sin público. Sin vítores. Solo el zumbido de la maquinaria y el crudo choque de dos sujetos despiertos enzarzados en una batalla en un coliseo subterráneo.
666 contra 431.
Una lucha que se había intensificado mucho más allá de la habilidad: una guerra de afinidades.
Decenas de jabalinas de hielo, que crepitaban con rayos rojos, se precipitaron por el aire hacia 431.
Se movían más rápido de lo que el ojo humano podía seguirlos, más rápido de lo que cualquier ser inactivo podía reaccionar.
Pero el 431 no estaba inactivo.
Se mantuvo firme, con una sonrisa dibujándole el rostro mientras su cuerpo se estremecía, no de miedo, sino de euforia.
Una ola opresiva de sed de sangre brotó de él, tan potente que destrozó las paredes de hielo cercanas en un instante.
La voz de Azriel resonó en su mente, una burla destinada a inquietar.
Una risa surgió del pecho de 431, un sonido tan desquiciado que envió escalofríos por la columna de Azriel.
"¡JAJAJAJAJA! ¡NO TE ATREVAS A SER ENGAÑADO, NIÑO! ¡HE ENFRENTADO HORRORES MUCHO PEORES QUE TÚ!"
La fuerza de su voz hizo que Azriel se estremeciera, presionando sus manos contra su única oreja sana mientras su rostro se retorcía de dolor.
Luego todo en 431 cambió.
La sonrisa se desvaneció. La sed de sangre se disipó. Su mirada se volvió fría, tan fría que pareció atravesar a Azriel.
En ese momento, Azriel no vio a un hombre; vio una fortaleza, inquebrantable e impenetrable. Inofensiva en la superficie, pero bajo ella se escondía la promesa de la destrucción.
Y vino la destrucción.
Mientras las jabalinas se acercaban, 431 dio un pisotón contra el suelo destrozado. La arena tembló violentamente. Azriel se aferró a un pilar de hielo para mantener el equilibrio mientras las grietas se abrían paso a través del suelo.
Entonces, el metal líquido comenzó a ondularse alrededor de 431, enroscándose como una serpiente antes de endurecerse formando una cúpula.
Las jabalinas impactaron. Cada impacto provocó grietas que astillaron la superficie metálica. Pero por cada jabalina destruida, la cúpula se fracturaba aún más.
Hasta-
Romper-!
La cúpula se derrumbó, y los fragmentos se dispersaron como cristales. Las jabalinas habían desaparecido, destruidas.
Azriel se quedó mirando, con el corazón latiendo con fuerza.
"Su control de maná... su afinidad... es una locura. Completamente absurdo."
Azriel exhaló bruscamente, golpeando con el pie el pilar de hielo. Este comenzó a derretirse, hundiéndolo hasta que sus botas de hielo volvieron a tocar el suelo agrietado. La arena era una ruina, llena de hielo irregular y metal retorcido.
Echó un vistazo al Coliseo, preguntándose cómo podría reconstruirse.
Cuando sus miradas se volvieron a cruzar, ambos luchadores estaban al borde del abismo.
El sudor goteaba del rostro de 431, y su pecho subía y bajaba con cada respiración. Azriel no se encontraba mucho mejor. Le temblaban las extremidades y tenía la vista borrosa. Sin embargo, de alguna manera, ambos se mantenían erguidos.
Y en sus miradas ardía un deseo singular e implacable:
Para ganar.
431 alzó la mano e invocó nueve jabalinas metálicas. Estas flotaron a su alrededor, letales y precisas, antes de dispararse a una velocidad cegadora.
Azriel apenas reaccionó a tiempo. Un rayo rojo crepitó a su alrededor mientras giraba su cuerpo, esquivando cada lanza por un margen mínimo.
Entonces, cadenas de hielo se enroscaron alrededor de sus brazos, y sus extremos se estrellaron contra el suelo. Una tormenta comenzó a arremolinarse a su alrededor, con el viento aullando mientras mechones blancos se deslizaban por su cabello oscuro.
431 sonrió, doblando su cuerpo en posición de lucha, el metal en su piel brillando en la tenue luz.
Ambos luchadores se lanzaron hacia adelante.
Pero justo cuando el choque parecía inevitable…
Ya basta. Sujeto 666, Sujeto 431, retírense. El combate ha terminado. El incumplimiento resultará en una acción disciplinaria.
Se escuchó la voz del doctor Arthur.
Ambos luchadores se quedaron paralizados, con sus grandes ojos fijos en el techo rocoso.
"No…"
Azriel susurró, apretando los puños. No quería que terminara. Todavía no.
La voz de 431 rugió, áspera y furiosa.
¡Esto es un combate a muerte! ¡No terminará hasta que uno de nosotros muera! ¡No pueden detenerlo ahora!
El tono de Arthur se mantuvo firme, cortando la tensión como una espada.
Advertencia final. Abajo.
Azriel apretó los dientes mientras sus uñas se clavaban en las palmas. Lentamente, bajó los puños, con el rostro ensombrecido por la frustración.
Frente a él, el 431 no era diferente. Tenía los hombros hundidos y la expresión sombría.
Entonces...
Las rodillas de Azriel se doblaron.
Su visión se nubló y el mundo a su alrededor se inclinó. Se tambaleó, luchando por mantenerse erguido.
Y entonces, el vacío del agotamiento lo reclamó.
Cayó inconsciente.
* * *
Qué ineficiente. Podrían haber terminado esta pelea con un ganador real, y con mucha menos destrucción, si hubieran optado por luchar físicamente. En cambio, se basaron en una batalla de afinidades.
La fría mirada de Vincent recorrió a las dos figuras que yacían inconscientes en el suelo de la arena. Sus cuerpos estaban inmóviles, agotados por la tensión en sus núcleos de maná.
"Tonterías", murmuró con voz aguda.
Incluso con mayores afinidades y una regeneración de maná absurda, lo desperdician. Especialmente el sujeto 666...
Entrecerró los ojos, estudiando al inconsciente Azriel.
Dos afinidades mayores. El gasto de maná por sí solo debería haberlo abrumado. Y aun así... se mantuvo firme. No solo contra los demás, sino contra 431, un monstruo por derecho propio. Debería haber perdido, pero algo cambió. Algo lo mantuvo en pie.
Las palabras de Vincent quedaron suspendidas en el aire, cargadas de desdén.
Afinidades.
Un tema tan enigmático como crucial. Incluso ahora, los mecanismos exactos siguen siendo un misterio.
Cuando alguien se despertó, desbloqueó su afinidad (o afinidades).
¿Pero cómo?
¿Qué determinó qué afinidad recibieron?
¿Y cuántos?
Para la mayoría, era solo una. Para unos pocos, dos. Como la Princesa Carmesí, aclamada por su dominio incomparable de las afinidades duales.
Las teorías abundaban:
¿Estaba ligado a la personalidad de uno?
¿Un reflejo de experiencias pasadas?
¿O completamente aleatorio?
Nadie lo sabía con seguridad.
Lo que estaba claro, sin embargo, era la distinción entre afinidades básicas y mayores.
Las afinidades básicas (fuego, agua, tierra y viento) eran fundamentales.
Las afinidades mayores, como el hielo, el rayo, el metal, las sombras y la luz, eran más raras y exigían mucho más maná.
Pero la rareza no era sinónimo de superioridad.
No había afinidades débiles.
Sólo usuarios débiles.
La mirada de Vincent se ensombreció al pensar en Azriel, una rareza incluso entre las rarezas. Dos afinidades mayores. La carga de tal poder era inmensa. Contra alguien como 431, que dominaba una sola afinidad mayor con precisión quirúrgica, Azriel debería haber estado en desventaja.
Y aún así...
"666 no perdió", dijo Vincent, con un tono de voz que indicaba un reconocimiento reticente.
Arthur, que había estado observando en silencio, finalmente rompió el silencio. Su voz firme resonó en la sala.
“Quizás fue la droga. O tal vez... solo fue él.” La mirada de Arthur no se apartó de las figuras inconscientes.
Su mentalidad cambió. Al principio, solo le importaba sobrevivir. Pero cuando estuvo al borde de la muerte...
Los labios de Arthur se curvaron en una sonrisa débil, casi imperceptible.
Dejó de pensar en sobrevivir. Empezó a pensar en ganar. Ese cambio” no, esa desesperación” le permitió llevar sus afinidades al límite. Incluso con sus heridas. Incluso con el agotamiento carcomiéndolo. Usó cada gramo de maná que le quedaba para asegurar una oportunidad de victoria.
La voz de Arthur bajó y su tono se tiñó de oscura diversión.
Y con la ayuda de PE-0, no solo sobrevivió contra 431. Luchó contra él hasta el final. Contra uno de los humanos despiertos más fuertes del mundo, se mantuvo firme. No ganó... pero tampoco perdió.
Vincent exhaló lentamente, su expresión era una mezcla de frustración y resignación.
"Sigo pensando que son un desperdicio", murmuró mirando a Arthur.
“Pero tenemos tiempo. Tiempo para moldearlos en algo... mejor. ¿Una corbata, entonces?
Arthur rió entre dientes, en voz baja y casi siniestra.
“Sí” respondió, con la mirada fija en Azriel.
"Digamos que hay un empate."
* * *
Cuando Azriel abrió los ojos, se encontró acostado nuevamente en la pequeña y dura cama dentro de su celda completamente blanca.
Llevaba una bata nueva, limpia e intacta, a diferencia de la anterior, rota y ensangrentada. Sus heridas parecían haber sanado por completo, pero las cicatrices persistían, desfigurando su rostro tal como lo habían hecho al ingresar a estas instalaciones.
Al menos podía sentir su pecho subir y bajar de nuevo. Al menos podía oír con ambos oídos.
Aun así, su cuerpo se sentía frágil, sin fuerzas. Le temblaban los brazos al levantarlos y se tapó los ojos con las manos para protegerlos de la luz blanca y estéril que los cubría.
No le cabía ninguna duda: lo habían drogado otra vez con Elenium-5. El PE-0 ya había salido de su organismo, dejándolo vacío.
Un débil murmullo escapó de sus labios.
"No gané..."
Azriel apretó los dientes y la frustración salió a la superficie.
"Incluso ahora... ¿por qué no puedo ganar nunca?"
El pensamiento se retorcía en su mente, un eco cruel. Se suponía que todo esto era un recuerdo, un mero fragmento del pasado. Pero Azriel había descartado esa idea hacía mucho tiempo.
No importaba si era un recuerdo. No importaba si se suponía que era distante, distante e irreal.
Porque para él todo todavía era real.
Él lo estaba experimentando.
Sintiendo cada dolor.
Duele con cada respiración.
Y eso fue suficiente para hacerlo realidad.
La mano temblorosa de Azriel se cerró lentamente en un puño débil. Su voz, aunque ronca, tenía un destello de determinación.
"No me romperé... pase lo que pase. Seguiré viviendo."
Fue una promesa que se hizo a sí mismo.
Y en el momento en que esas palabras salieron de sus labios, Azriel lo sintió.
La familiar y sofocante pérdida de control.
...Su cuerpo ya no era suyo.

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Camino del Extra (Novela) Capítulo 157
Estás leyendo el capítulo 157 de Camino del Extra (Novela), un novela. Tras un trágico accidente que se cobró la vida de sus padres y su hermana pequeña, Leo, con solo 17 años, se vio obligado a asumir todas las responsabilidades él solo. Por algún milagro, sobrevivió los últimos cuatro… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Camino del Extra (Novela) tiene 452 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.