Leer Brujo del Mundo de los Magos (Novela) Capítulo 1002 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Invasión
La Fortaleza de la Esperanza y el bautismo de su dios fueron la única salvación para los nativos de la Isla Debanks. Solo donde brillaba la luz del Dios Serpiente Alada podían evitar la plaga. Incluso podían seguir viviendo sanos, sin temor a vomitar sangre repentinamente y acabar muertos junto al camino.
Una vez que Tiff expuso a estos sospechosos de sus crímenes, la indignación pública fue inmediata. Las masas abuchearon y gritaron, y de no ser por las tropas de paz en espera, estos convictos habrían sido destrozados hace mucho tiempo.
Estos desafortunados sospechosos fueron declarados culpables. No solo difundieron rumores y buscaron información sobre los antecedentes de Leylin, sino que incluso buscaban el origen del agua bendita, una misión de suma importancia. Todos y cada uno de estos actos eran un intento de manchar la reputación de la iglesia.
Como era de esperar de los santos protectores, estos sospechosos, a quienes los nativos veían a diario, fueron rápidamente capturados. Todas las pruebas apuntaban a su culpabilidad. Aunque querían negar estos presuntos crímenes y confesar sus demás fechorías, descubrieron que nadie les creería.
El estereotipo de que la gente mala cometía más fechorías prevalecía, y las verdades que decían eran desestimadas. Muy pronto, Tiff anunció con justicia los crímenes de estos espías y los mandó a la hoguera. Esto fue acompañado por vítores jubilosos del público. Los rumores que circulaban fueron rápidamente silenciados por este evento.
Últimamente, Leylin tenía cada vez menos interés en los tratos con los mortales. De todos modos, los nativos solo tenían dos opciones: convertirse a su fe o morir a causa de la plaga. Con las únicas opciones ofrecidas, la muerte y la salvación, fue extremadamente fácil conquistar la Isla Debanks.
Tras perder a sus adoradores, los espíritus totémicos se habían convertido en cosa del pasado. Ya no tenían oportunidades de cambiar el curso de la situación.
Sin embargo, estos espíritus no eran tontos. Con su existencia amenazada, optarían por arriesgar sus vidas...
La misma noche que Tiff ordenó la ejecución de los criminales. El cielo estaba brillante y despejado, sin una sola nube que bloqueara el vasto río de estrellas y la luna plateada. La luz de la luna y las estrellas brillaban tenuemente sobre la Fortaleza de la Esperanza, dotando de un resplandor plateado todo lo que tocaban.
Tiff e Isabel acababan de terminar sus tareas diarias. De repente, sintieron que el corazón se les encogía y palpitaba, como si una bestia prehistórica se acercara a ellas desde la distancia. El nerviosismo les puso los pelos de punta mientras se dirigían a las ventanas.
“Esto es...” se quedaron boquiabiertos.
Una estela de fuego iluminó el cielo; sus deslumbrantes rayos iluminaron el horizonte y bañaron la Fortaleza de la Esperanza con su resplandor. Al final de esta luz dorada se encontraban varias figuras con auras monstruosas que los dejaron a ambos asfixiados.
“¡Los dioses tribales! Vinieron aquí directamente...” gritó Tiff con voz ronca.
Estos espíritus tótem no fueron tan insensatos como para dejar que Leylin los destrozara. Con la inmensa presión que ejercía sobre ellos, decidieron unirse en un feroz contraataque. Sus fuentes habían confirmado que Leylin era el responsable de todo esto. Si el cuerpo principal de Leylin moría en una guerra santa, todo habría terminado.
“Dios...” Tiff apretó su cresta inconscientemente, con aprensión en sus ojos.
Incluso si esos espíritus habían abandonado sus fortalezas, seguían siendo semidioses. Aunque sus poderes habían menguado, planeaban vencer a Leylin con una superioridad numérica. Aunque Tiff sabía que no podía perder el control en momentos así, su corazón aún daba un vuelco.
¡Es el Guardián Llameante! ¡Todopoderoso Akaban, el dios del sol...!
El fenómeno celeste alertó a los nativos, y cuando muchos alzaron la vista, vieron a los semidioses que habían abandonado. Gritaron de miedo, invocando los nombres de los dioses que solían adorar.
“No tengan miedo, niños…” Una voz resonó desde la estatua de Targaryen, llegando a lo más profundo del alma de cada adorador. Pareció cobrar vida, la voz transmitía una energía tranquilizadora que los tranquilizó al instante.
*¡Hss!* Un Targaryen fantasma apareció en el aire, enfrentándose a los enemigos.
“Déjamelo a mí. Concéntrate en la lucha de los nativos en el otro bando...” Leylin transmitió a las mentes de Tiff e Isabel. Dicho esto, levantó la cabeza y evaluó a los que serían los oponentes más poderosos a los que se había enfrentado desde su llegada al Mundo de los Dioses.
“Una vez que los elimine, todo el Imperio Debanks caerá en mis manos...”. Los ojos de Leylin se enrojecieron al ver el Ojo de la Pesadilla aparecer en su frente. Espléndidos rayos dorados iluminaron su cuerpo, aparentemente a punto de quemarse. La poderosa aura hizo que algunos espíritus tótem enemigos cambiaran de expresión.
*Ooo”* Pocos espíritus totémicos habían venido en primer lugar; probablemente sabían que los seres divinos poco podían hacerle. Los presentes eran todos semidioses, resplandecientes con sus fuegos divinos únicos.
En el centro se alzaba un gigantesco carro en llamas con un nativo semidesnudo encima. Blandía una lanza dorada y tenía un rostro serio, emitiendo el aura distintiva de un rey mientras sus ojos brillaban con sabiduría.
Lo que más sorprendió a Leylin fue que el caballo llameante que tiraba de su carro también era un semidiós, pero permaneció bajo el mando del nativo y se dejó usar como montura. A los lados del carro llameante había un león bicéfalo con pelaje dorado, erguido, y un escorpión que parecía estar hecho de oro puro.
“Cuatro semidioses... ¿Es este todo el poder divino oculto de la Isla Debanks?” Leylin los miró a los ojos sin debilidad ni miedo.
“¡Intruso, deshaz esta enfermedad! Yo, el emperador fundador del Imperio Sakartes, el Dios Sol y Rey de Reyes, Controlador de Todas las Llamas, Montañas y Ríos, Akaban, puedo concederte una muerte digna si obedeces” exclamó el semidiós en el carro de guerra, sujetando las riendas del caballo en llamas. Como los semidioses podían comprender todos los idiomas y escrituras, no había problema de comunicación.
¿Hm? ¿Su mente no está corroída por la fe de los nativos?” Leylin se sorprendió un poco. “¿Será porque era un alma nativa que se fusionó con la fe del imperio, convirtiéndose en un alma valiente después de la muerte?
Mientras Leylin reflexionaba sobre las amenazas de Akaban, el semidiós león y escorpión gruñeron aterradoramente. Al observarlo con más atención, Leylin no pudo evitar sentir una profunda compasión. “Qué lástima... Mientras te esfuerzas al máximo por alcanzar la divinidad, eres demasiado ambicioso. Eso no te ayudará a romper las ataduras de los nativos y convertirte en un verdadero dios...”.
Akaban fue obviamente muy sabio al fortalecer su dominio, pero aun así no logró convertirse en un verdadero dios. Esto demostró lo tedioso que era este camino. Leylin conjeturó que había dos razones plausibles para el fracaso. En primer lugar, estaban las fallas en las almas de los nativos. Por otro lado, el propio Akaban podría ser demasiado ambicioso.
Los dominios del sol y la luna podían competir contra dioses superiores, pero Akaban seguía sin estar satisfecho con ellos. Quería extenderse a otros roles y convertirse en señor supremo. Lamentablemente, la escasa fe que los nativos le brindaron no fue suficiente. Lo dejaron estancado como un semidiós.
Si Akaban hubiera elegido dominios relacionados con los nativos o el salvajismo, podría haberse convertido hace mucho tiempo en un verdadero dios. De ser así, Leylin no habría tenido nada que ver con la Isla Debanks.
“Akaban... ¡tu desgracia es mi mayor fortuna!”. Tras reflexionar sobre esto, Leylin pareció poseer la perla de la sabiduría. Su mirada de absoluta confianza, evidentemente, apuñaló el ego de Akaban.
¿Qué puede hacer un simple ser divino de otra raza, alguien que ni siquiera es un semidiós, para resistir ataques de todos lados? Dado que era un emperador fundador, palabras como modestia o consideración no existían en el vocabulario de Akaban. Buscaba la conveniencia y los beneficios.
Con un gesto de sus manos, el león de dos cabezas y el escorpión dorado rodearon a Leylin. Akaban mismo cabalgaba en el carro para recorrer el campo de batalla, lanzando llamas doradas por doquier, formando una escena resplandeciente en la noche.
El caballo llameante, un semidiós en sí mismo, relinchó, y la sombra de un sol se alzó tras Akaban. El aura imponente contuvo gran parte de la energía de Leylin, y Akaban se preparó para asestarle el golpe final.
¡Chik! ¡Chik! El escorpión dorado gritó sin parar. Su cola se disparó, conteniendo toxinas mucho más potentes que el Dedo de la Muerte de los magos. El león de dos cabezas también rugió, usando sus habilidades innatas. Una cabeza escupió llamas, mientras que la otra escupió relámpagos azules.
Lo más importante es que sus dominios se expandieron, iniciando el proceso de aplastamiento de Leylin.

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Brujo del Mundo de los Magos (Novela) Capítulo 1002
Estás leyendo el capítulo 1002 de Brujo del Mundo de los Magos (Novela), un novela. ¿Qué ocurre cuando un científico de un mundo futurista se reencarna en un mundo de magia y caballeros? Lo que ocurre es que se crea un impresionante maestro de ceremonias. El objetivo de un científico es explorar los… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Brujo del Mundo de los Magos (Novela) tiene 1184 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.