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Leer Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Alejandro.C✍️ Traducción: Alejandro.C
Alemania, Baviera. 14 de abril de 1943 La primavera bávara estaba comenzando en Oberammergau, un pueblo escondido en los Alpes de Baviera. En una casa común, el día apenas comenzaba. —¡Mamá, mamá! —dijo una voz infantil y ruidosa, seguida de pasos apresurados que bajaban las escaleras—. ¡Mira este libro de anatomía que encontré! ¡Dice que un bebé nace con 300 huesos, pero se fusionan al crecer! Comentó un chico de unos trece años con pelo rubio y ojos grisáceos, levantando un libro grueso y polvoroso cerca del rostro de su mamá. —Vaya, Hansel… Al parecer naciste muy curioso —le respondió una voz femenina suave. Era Hanna, la madre del pequeño—. ¿Se fusionan al crecer? Y dime, ¿por qué pasa eso? El chico bajó el libro lentamente, pegando su mirada a los ojos grises de su progenitora —Bueno… —Rápidamente abrió el libro, pasando página por página, buscando una respuesta a la pregunta de Hanna—. Yo… Yo… —Soltó un suspiro rendido, desinflándose—. No lo sé. La mujer se rió un poco, subiendo una mano y acariciándole el pelo al niño, volviendo a sus quehaceres en la cocina. —Anda, Hansel. El señor Wolf me dijo que te necesitaba para que lo ayudaras en algo —se encogió de hombros, dejando un plato en el escurridor de platos y secándose las manos con un trapo—. Si vas rápido, quizás te dé una recompensa. De esas que tanto te gustan. Hansel arqueó una ceja, pegando un poco las cejas. Siempre le pareció raro su vecino. —¿El señor Wolf? ¿Ese veterano de la Gran Guerra? —Ese mismo. Y no te refieras a él como «ese», suena despectivo —regañó Hanna. Aunque su tono no se escuchaba molesto —Vale, vale. Ya voy. Después de darse un baño y desayunar, Hansel fue a la casa del señor Wolf. Una casa bastante grande con frescos artísticos en ventanas y esquinas. Subió un puño, golpeando tres veces con los nudillos. Pasaron unos segundos, hasta que de un momento a otro la puerta se abrió. De ella salió un hombre de unos cincuenta y tantos años; llevaba gafas y una expresión de eterno cansancio. —Ah, Hansel, solo eres tú. —Se dio la vuelta, haciéndole un gesto con la mano a Hansel de que lo siguiera al interior de la casa. —Cierra la puerta cuando entres, no vaya a ser que se te olvide. —¡Oye! Tampoco soy un idiota. Parezco, pero no soy —dijo con un pequeño puchero de orgullo herido, caminando detrás del anciano—. ¿Por cierto, para qué me necesitabas? El señor Wolf se detuvo frente a unos costales, volteándose para ver a Hansel —Si no eres un idiota, tampoco eres débil. Necesito que cargues estos costales de papas hacia el mercado de la abuela de Charlotte —sonrió con un poco de burla, manteniendo las manos detrás de su espalda—. Si lo haces, quizás te regale uno de mis libros de medicina, que sé que te gustan. Apenas Hansel escuchó «libros» y «medicina», sus ojos se prendieron de emoción; sin dudarlo, tomó un costal de papas más o menos mediano y lo comenzó a arrastrar. —¡Cómo no! ¡Así sí dan ganas de ayudarlo, señor Wolf! A los pocos minutos se dio cuenta de que iba a tardar mucho llevando costales uno por uno, así que tomó prestada una carreta y ahí echó los costales. Cuando iba a mitad de camino, se comenzaron a escuchar los rugidos de motores de aviones en el cielo. Al levantar la vista, se pudo ver una formación de cazas Messerschmitt Bf 109, flanqueados por algunos Stukas. —Es verdad, allá afuera hay una guerra. —El chico siguió su camino con la carreta de costales de papa, ignorando el ruido de los aviones, que a medida que se iban alejando, el ruido cesaba. —Qué ruidosas son esas máquinas. … Después de caminar un rato con la carreta de papas, Hansel llegó a una casa un poco más grande de lo normal, lo que la hacía resaltar un poco más de las otras: la casa de los Richter. Rápidamente, el pequeño tocó la puerta, solo para que a los cinco segundos una joven abriera. —¿Hola? ¡Ah! ¡Hola, pequeño Hansel! —vio por encima del hombro del chico, viendo el costal de papas—. Me imagino que son las papas del señor Wolf, ¿no? Al ver a la atractiva sirvienta de pelo grisáceo, Hansel se quedó mudo, tragando saliva con las orejas ligeramente rojas. —Ehm… sí, soy yo. Al parecer ya me conoces —dijo el chico aclarándose la garganta para recuperar la compostura—. Entonces… ¿Dónde las dejó o qué? —¡Oh! No es necesario, puedo llamar a alguien más para que se encargue —hizo un gesto despreocupado con la mano, dándose la vuelta y chiflando. Como por arte de magia, un hombre se materializó de la oscuridad de un pasillo mal iluminado y tomó la carreta, llevándola a la bodega. —¡Listo! Ya puedes irte, Hansel. Hiciste mucho. Hansel sacudió un poco la cabeza, saliendo de la sorpresa de que le quitaran la carreta así de repente —Claro, lo que digas… ¿Cómo te llamas? No recuerdo haberte visto en esta casa. La sirvienta entrelazó las manos en su regazo, sonriendo con tranquilidad —Me llamo Matilde, y soy de Italia, por eso no me habías visto —Un gusto, Matilde. Vivo unas cuadras más al sur, si necesitas ayuda. —El chico se dio la vuelta, subiendo una mano en señal de despedida, caminando de vuelta hacia la casa del señor Wolf. La sirvienta simplemente se despidió con su mano, desapareciendo en el umbral de la puerta de madera. Cuando Hansel ya iba a llegar a su destino, cayó en cuenta de algo… No le habían devuelto su carreta. —¡MI CARRETA! Sin dudarlo, se dio la vuelta y fue corriendo hacia la casa de los Richter otra vez. … Después del viaje, el pequeño ya estaba en la casa del veterano, esperando con las manos extendidas y una sonrisa boba sus libros prometidos. —Bueno, estos son los mejores que tengo. Uno de medicina básica y otro de anatomía humana —dijo el anciano, dejándole los dos libros de golpe a Hansel, lo que casi lo hace irse de para adelante—. Disfrútalos, Hansel. Solo no te los comas; esa mirada lo dice todo. Con una risotada, cerró la puerta, dejando a Hansel con su recompensa y su mirada boba. De inmediato, el chico se fue corriendo a su casa. Cuando llegó, apenas saludó a su madre, antes de encerrarse en su habitación y no salir hasta que su estómago lo obligara \*\*\* Durante los dos años siguientes, Hansel siguió fortaleciendo sus conocimientos, aunque cada vez su país estaba cayendo más y la desesperación de los altos mandos creciendo como espuma. Los oficiales alemanes comenzaron a tocar la puerta de cada casa del país buscando más hombres; Hansel no fue la excepción. Fue reclutado a la fuerza por la Volkssturm como camillero de combate y médico de emergencia, moviéndolo hacia Berlín. Llegó a los pocos días de que esta ciudad fuera invadida. El 25 de abril de 1945, Berlín ya estaba totalmente rodeada por el ejército rojo, dejándola aislada y sin medio de escape. —¡MULLER! ¡MUÉVETE! —gritó un oficial furioso, obligando a Hansel a espabilar y correr por su vida entre las explosiones. En su mano cargando una granada M24 que el oficial le dio a las malas, aunque el chico no la supiese usar. De milagro se logró esconder detrás de una casa, aunque los bombardeos constantes lo separaron del grupo de los demás gracias a un edificio que colapsó —¡¿Q-qué carajos está pasando acá?! —se dijo a sí mismo el chico, tocándose, acomodándose el casco que le quedaba grande—. No puedo escuchar nada… En un momento, entre todas las explosiones, logró ver una escena: un chico, posiblemente menor que él, sepultado entre los escombros. Hansel apretó la mandíbula, cerrando los ojos. —Primero yo… Primero yo… —Se trató de convencer al chico, cerrando los ojos para no ver. Lastimosamente, sus impulsos fueron más grandes, haciéndolo correr hacia los escombros. —¡Resiste! —Comenzó a quitar escombro por escombro, notando la mano del chico bajo los escombros. En un momento logró tomar la mano del niño, empujando con todas sus fuerzas para sacarlo. Estaba a punto de hacerlo. —¡SAL! —gritó, empujando con todas sus fuerzas. Pero… la guerra es cruel. Una bala perdida atravesó el casco de Hansel, haciendo que soltara la mano para caer al suelo. La última imagen que vio el chico fue el cielo gris y lluvioso de Berlín, mientras un charco de sangre crecía cada vez más debajo de Hansel. Poco a poco los ojos del rubio se fueron cerrando. Al final terminó dando la vida por un país que odiaba, ayudó en una ciudad que ni era la suya y sin volver a ver a su madre. Ese mismo día, un niño peliblanco nació en otro mundo.
Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela)

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Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) Capítulo 1

Estás leyendo el capítulo 1 de Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela), un novela. Tras morir en el caos del asedio a Berlín en 1945, Vance tiene otra oportunidad al nacer en otro mundo paralelo a Europa Sin profecías divinas ni habilidades de héroe predestinado, Vance solo busca vivir la vida que le… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Alejandro.C. Breathed Back to Life: Reencarnation (Novela) tiene 5 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.