Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 810 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La inquietante declaración de la joven monja: “Las cenizas… pueden ser fácilmente asimiladas por las cenizas…”. Paralizada por un instante, Vanna sintió una sensación como si un nudo en su mente se hubiera deshecho ligeramente. Estaba a punto de indagar más cuando la monja, vestida de negro, esbozó una suave sonrisa. Entonces, para su total asombro, la monja se desintegró en un montón de cenizas que el viento dispersó caprichosamente ante sus ojos.
El sonido de un golpeteo, evocador de un recuerdo familiar pero elusivo, resonó una vez más desde el vacío, señalando otra presencia entre los antiguos muros de la iglesia. Los instintos de Vanna se agudizaron; volvió la mirada hacia la fuente, solo para encontrarse con una silueta borrosa en la entrada de la iglesia.
A medida que la figura se acercaba, su forma se definía gradualmente con cada paso. Era un sacerdote anciano, encorvado, ataviado con las gastadas vestimentas de su vocación.
En una mano, el anciano sacerdote sostenía una lámpara que emitía un tenue resplandor, cuya luz se reflejaba en su mano, revelando un brillo metálico. Era evidente que había perdido un brazo en algún conflicto pasado, ahora reemplazado por una prótesis a vapor. A pesar de su lento acercamiento, su mirada no se posó en Vanna; en cambio, estaba fija en un punto distante más allá de ella, llena de un anhelo inefable.
Invadida por una inexplicable sensación de reconocimiento, Vanna se sintió obligada a levantarse de su asiento y saludar a aquella misteriosa figura. “Hola, ¿puedo preguntar dónde estoy?”, se aventuró a preguntar.
El sacerdote se detuvo, con la atención aún desviada de ella, y respondió en tono tranquilo: “Se ha extraviado en un hilo descarriado de la historia, Inquisidor; debe encontrar la salida de este lugar para que no quede reducido a cenizas también... Él ya no es capaz de discernir”.
La confusión impregnaba la voz de Vanna al preguntar: "¿Ya no puede discernir? ¿A quién te refieres?"
“ La deidad encargada de la crónica de la historia…” murmuró el anciano sacerdote. Al desvanecerse sus palabras, su cuerpo comenzó a desmoronarse en cenizas, que el viento se llevó rápidamente. Sus últimas palabras, apenas audibles, flotaron en el aire: “…todo… se desviará hacia el caos definitivo…”
Calentada por una fuerza invisible, una hebra de ceniza rozó las yemas de los dedos de Vanna, sacudiéndola con su tacto. Aunque su memoria permanecía envuelta en misterio, incapaz de recordar su pasado ni reconocer este lugar desolado, una profunda alarma la impulsaba a huir.
Sin dudarlo, corrió hacia la puerta principal de la iglesia.
Al abrir la puerta, Vanna fue recibida por el vasto cielo nocturno. Sin que ella lo supiera, el día se había transformado en noche, y el desierto ahora se encontraba bajo el manto de la oscuridad. El calor abrasador del día había cedido ante los gélidos vientos nocturnos, que ahora reinaban sobre el árido paisaje. El viento, presagio de la naturaleza despiadada del desierto, lanzaba arena como pequeñas dagas, azotando las antiguas ruinas y la piel expuesta de Vanna, infligiendo un dolor punzante.
La piel de Vanna, conocida por su resistencia a las balas de pequeño calibre, ahora mostraba las delicadas laceraciones infligidas por la arena, impulsada por el viento feroz. Observó sus brazos con una mezcla de sorpresa y confusión; en lugar de sangre, lo que emanaba de estas finas heridas era como cenizas finas, semejantes a humo negro que se elevaba suavemente y luego se disipaba en la atmósfera como si la esencia misma de este mundo la consumiera con avidez.
Se dio cuenta de que poco a poco estaba siendo “absorbida” por la estructura de este mundo extraño.
Un pensamiento fugaz la impulsó a buscar refugio dentro de los muros de la iglesia, pero el eco de las advertencias de la monja anónima y del anciano sacerdote encendieron una dura advertencia dentro de su corazón.
El santuario, con su engañosa oferta de refugio, representaba un peligro mucho mayor que las abrasivas arenas del desierto. La ilusión de seguridad dentro de sus confines amenazaba con erosionar su determinación, desintegrando su existencia en la nada.
Decidida, sabía que tenía que escapar de esta ciudad… Estas “ruinas” que se alzaban entre las arenas del desierto no ofrecían ningún escudo; más bien, se alzaban como faros de peligro. El entorno allí era paradójico; las arenas abiertas y áridas podrían, paradójicamente, ofrecer un paso más seguro…
Estos pensamientos inundaron su mente como un torrente, pero su determinación no flaqueó. Protegiéndose con una capa harapienta del azote punzante de la arena, se dirigió hacia lo que recordaba como la salida de la ciudad.
La arena a su alrededor se agitó, insinuando una perturbación o, quizás, revelando que esta ciudad nunca había permitido que nadie se marchara. Con el rabillo del ojo, Vanna notó un movimiento repentino en la arena. En un instante, una mano emergió, agarrándola del tobillo con una fuerza inesperada.
Desde las profundidades del desierto, una figura compuesta completamente de arena surgió, agarrando a Vanna como un espectro sin alma. Se deslizó por el suelo, con un rostro en constante cambio, tomando forma momentáneamente solo para emitir una serie de rugidos y murmullos confusos.
Sin embargo, este asaltante arenoso no pudo detener a Vanna. Con paso decidido, se liberó del agarre de la "persona de arena" y luego pateó el suelo con fuerza, provocando un estruendo atronador. La onda expansiva resultante destruyó la figura arenosa, convirtiéndola en una nube de polvo a su alrededor.
A medida que el polvo se asentaba, un pilar de piedra medio enterrado con tenues inscripciones se hizo visible entre la arena: “…Wilhelm… El Sol Negro desciende de… hemos fracasado…”
El momento de shock fue fugaz y Vanna, sin dudarlo un segundo, continuó su vuelo.
El viento se intensificó hasta convertirse en un aullido, trayendo consigo una cacofonía de sonidos. Estos sonidos, vagos y superpuestos, recordaban el bullicio de un mercado concurrido, con el parloteo de los vendedores, los pasos de los peatones y el traqueteo de los carruajes.
Entre las ruinas de la ciudad de arena, bajo el manto de la noche, estos vibrantes sonidos envolvieron a Vanna como si una ciudad invisible y bulliciosa hubiera despertado a su lado. Casi podía visualizar una escena animada y próspera desarrollándose en paralelo a su solitaria huida, imaginando una ciudad que palpitaba de vida incluso al amparo de la oscuridad. Mientras tanto, con el rabillo del ojo, percibió destellos de luz que emergían en la distancia.
En este cuadro surrealista, parecía como si, tras su abandono o quizás su completa desaparición de la memoria colectiva, las luces de la ciudad persistieran obstinadamente, perdurando en los anales de la historia. Estas luces, reliquias de una época pasada, se encendían con sumo cuidado al anochecer, proyectando su resplandor sobre los lugares que una vez iluminaron...
Mientras la oscuridad envolvía la ciudad, las luces infundían una inquietante sensación de vida en las ruinas. Los rayos de luz atravesaban las sombras, iluminando los restos esqueléticos de las estructuras y las columnas caídas, alrededor de las cuales se movían figuras sombrías, cuyas voces eran una cacofonía apagada en la penumbra.
Vanna, espada en mano, se movía a través de estas imágenes espectrales con una concentración absoluta. Navegaba por el paisaje ilusorio, con pasos firmes y decididos, la mirada fija en el camino que tenía por delante.
Sin embargo, a pesar de su determinación, su cuerpo seguía sucumbiendo a la insidiosa asimilación de las cenizas invisibles que lo rodeaban. Sus heridas se multiplicaron, e incluso sin el roce abrasivo de la arena, su carne parecía agrietarse espontáneamente, emitiendo columnas de humo negro y ceniza. Con cada bocanada de ceniza que salía de su cuerpo, los sonidos ambientales se intensificaban y las escenas fantasmales a su alrededor se hacían más nítidas.
En un momento de lucidez, en medio del ruido ambiental, captó fragmentos de conversación como si los hablantes estuvieran justo a su lado, tal vez incluso dirigiéndose a ella:
¿ Lo has oído? Las Trece Islas de Witherland han desaparecido... Hace apenas unos días llegaron noticias del norte... Esa temible nave abrió un portal al subespacio...
Vanna decidió ignorar estas voces incorpóreas. Con un movimiento del brazo, conjuró una ráfaga que dispersó la arena que se acercaba. En medio de la perturbación, un avión pasó zumbando junto a ella, portando la inconfundible imagen de Tyrian Abnomar en un cartel de búsqueda. La figura bajo el retrato era una secuencia de ceros tan larga que rozaba lo absurdo, sugiriendo no una recompensa monetaria, sino el inmenso peligro que representaba este individuo.
De repente, la tranquilidad de la noche fue interrumpida por el sonido de una música rítmica, sugiriendo la presencia de una gran reunión en la distancia. Vanna se esforzó por escuchar mientras las voces atravesaban la oscuridad:
“… Una nueva reina para Frost… Hoy se celebra la coronación de Su Majestad Ray Nora. Disfrutemos de la gloria de la reina, busquemos su protección y le ofrezcamos nuestra lealtad inquebrantable…”
A este caos auditivo pronto se unió una plétora de sonidos, imágenes y fragmentos de información que parecían envolver a Vanna a propósito:
Una calle bullía con la celebración de la coronación de la Reina Ray Nora de la Escarcha; otra resonaba con el tumulto de la Rebelión de la Escarcha; conversaciones sobre el cartel de búsqueda del infame exalmirante de la Escarcha Tyrian llenaban el aire; y no muy lejos, una reunión alrededor de un podio donde se exhibían reliquias de la era de las antiguas ciudades-estado, con un destacado historiador” atribuido a importantes descubrimientos de ese período” dirigiéndose a la multitud. Esta figura, un faro de conocimiento en la materia, le resultaba desconocida a Vanna…
De repente, como conjurada por los vientos arremolinados y las arenas movedizas que la rodeaban, una figura se materializó. Era un hombre vestido con ropas raídas y andrajosas, cuyos movimientos delataban una sensación de desorientación. Sus ojos, nublados por la confusión, parecían escudriñar el horizonte sin cesar, como si intentara comprender su entorno. En sus manos aferraba un pergamino abollado y un trozo de lápiz, y allí estaba, con expresión de aprensión, como si el mismo aire a su alrededor le infundiera miedo.
Se inclinó repetidamente ante la multitud invisible que pasaba a su lado, imitando sus acciones como las de alguien que busca desesperadamente información de cualquiera que lo escuchara. Sus murmullos eran interrumpidos por momentos de fuertes exclamaciones, como si la frustración lo hubiera dominado en un repentino frenesí.
Vanna pasó junto a esta enigmática figura sin pensárselo dos veces, pero una frase específica del hombre la detuvo en seco. Interrogaba con seriedad a los transeúntes, con la voz teñida de urgencia: “Disculpen... ¿en qué año estamos exactamente? ¿Alguien sabe en qué año estamos ahora?”
Volviendo su atención por completo hacia el hombre, Vanna notó que él también parecía reconocer su presencia, levantando la mirada para encontrarse con la de ella casi simultáneamente.
“Hola , me llamo Puman” se presentó con un gesto de la mano a pesar de su evidente confusión y su mirada desorbitada. Su tono, curiosamente, conservaba cierta cortesía. “Estoy soñando otra vez, pero esta vez no encuentro la salida... ¿Podrías decirme en qué año estamos?
Puman… ¿podría ser éste realmente el infame “poeta loco” Puman, conocido más por sus desconcertantes versos que por su claridad mental?
Sorprendida por el encuentro, Vanna apenas tuvo tiempo de procesar el momento antes de que el hombre, que acababa de identificarse como "Puman", se disolviera en el viento y la arena tan rápido como había aparecido.
Atrás quedaron, como prueba tangible de su breve presencia, el pergamino arrugado y el cabo del lápiz que había estado agarrando, ahora abandonados en el suelo.

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 810
Estás leyendo el capítulo 810 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.