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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 802 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La tranquila brisa marina barría suavemente la superficie espejada del océano, haciendo ondear suavemente las banderas del barco. En medio de la quietud de la noche, una flota de escolta compuesta por numerosos buques de guerra de gran tamaño avanzaba a paso firme. Dentro de esta flota, un fantasma colosal se materializó lentamente de la nada. A bordo del Arca, que parecía una Ciudad-Estado en miniatura, se alzaba una imponente catedral con imponentes agujas que se alzaban hacia el cielo. La luz que emanaba de estas agujas bañaba la superficie del mar cercano con un suave resplandor, con imponentes torres y corredores que las conectaban y que parecían custodiar la estructura principal de la iglesia, semejantes a gigantes apostados en el perímetro del Arca. Esta era la Iglesia de peregrinación del Arca de la Tormenta, que, tras pasar varios días en las aguas del sur, finalmente había regresado a la región central del Mar Infinito. En lo alto de la torre más alta de la Gran Catedral de la Tormenta, Helena estaba de pie en la terraza, contemplando el mar sereno bajo el manto de la noche, con un sacerdote de mediana edad parado en silencio a su lado, con la cabeza ligeramente inclinada en reverencia. “La condición de la Diosa parece estar deteriorándose” comentó Helena abruptamente. “Nadie dentro de la extensión del Mar Infinito puede discernir Su voz con claridad. El sacerdote de mediana edad asintió y añadió: “La Iglesia de la Muerte ha transmitido informes similares. Además, se han producido disturbios entre los difuntos en numerosas ciudades-estado sumidas en la oscuridad desde hace tiempo. Estos incidentes no se limitan a quienes se encuentran bajo la protección de la Iglesia de la Muerte, sino que también se han extendido a otros”. Helena escuchó en silencio y, tras una breve pausa, suspiró suavemente, mientras sus dedos recorrían el amuleto de la Diosa de la Tormenta en su pecho, un símbolo compuesto de líneas sinuosas imbuidas de un significado enigmático, que permanece indocumentado e inexplicable en el 'Códice de la Tormenta': “…Ambos dominios, el de la Muerte y el de la Tormenta, se están alejando del mundo”. El sacerdote permaneció en silencio, ofreciendo sólo su tranquila presencia como respuesta. Helena se giró para mirarlo y le preguntó: “¿Hay un malestar generalizado entre la gente?” “ Recientemente, ha habido un aumento en el número de personas que buscan consuelo en confesionarios y salas de predicación, pero el estado general del Arca y la flota de escolta se mantiene estable. La fe del clero es inquebrantable. Siempre hemos comprendido que el mundo enfrentaría períodos de decadencia, y nos hemos estado preparando para ello; el declive de la influencia de la Diosa es una prueba que inevitablemente estábamos destinados a afrontar”, explicó el sacerdote, haciendo una pausa antes de continuar con un tono vacilante: “Sin embargo, en algunas de las ciudades-estado más remotas, se extiende una palpable sensación de inquietud. Si bien los sumos sacerdotes mantienen su fe, les resulta cada vez más difícil gestionar el creciente descontento entre los creyentes y el clero”. Helena respondió con palabras mesuradas: “Mantengan el orden y colaboren con las autoridades de las ciudades-estado en la gestión y los procedimientos de emergencia. Aunque las oraciones resulten inútiles, el poder del vapor y la maquinaria permanece intacto, y aún contamos con el apoyo inquebrantable del fuego y el acero”. , independientemente del destino de la Diosa, la Iglesia de la Tormenta cumplirá inquebrantablemente con sus responsabilidades. Sobre todo, es crucial desviar la atención de todos de la oración hacia otras formas de apoyo. El sacerdote de mediana edad hizo una profunda reverencia en señal de reconocimiento: “Entendido”. Helena respondió con un murmullo evasivo, con la mirada fija en el mar lejano. Se encontró murmurando: “Últimamente, siempre tengo una sensación extraña con el mar... pero luego, cada vez que intento aferrarme a él, parece solo una ilusión”. Al notar su preocupación, el sacerdote levantó la cabeza con expresión de desconcierto. “El mar... ¿le pasa algo?” Tras una breve pausa, la expresión de Helena se tornó pensativa y finalmente descartó el tema con un gesto de la mano. "No, no es nada, solo son reflexiones sin fundamento. Ya pueden irse; tengo otros deberes que requieren mi atención". Tras la partida del sacerdote, Helena permaneció sola en la terraza, disfrutando de la brisa marina unos instantes más antes de regresar a la torre de la catedral. Bajó por una escalera de caracol y recorrió un corto pasillo, adentrándose en el corazón de la catedral, hasta su sala de oración privada, el lugar donde pasaba la mayor parte del tiempo. La sala de oración resplandecía de luz, con lámparas de aceite colocadas en nichos de pared y velas titilando ante el altar. Frente a la estatua de la Diosa, una pila de fuego ardía con una llama inextinguible. Este fuego etéreo, casi transparente y fantasmal, proyectaba un aura surrealista en la sala. Acercándose al cuenco de fuego, Helena añadió especias y aceites esenciales a las llamas, observando cómo el humo comenzaba a elevarse. De repente, una cacofonía de murmullos y susurros llenó su mente, desorientándola con un aluvión de "ruido" que pareció contaminar su alma. Sin embargo, rápidamente recuperó la compostura y se dirigió a la llama: "Frem, deseo hablar contigo". Tras unos crepitantes destellos de la llama, surgió la voz del Papa Frem, conocido como el Portador de la Llama, ligeramente distorsionada. "¿Se trata del 'Archivo'?" “Sí” respondió Helena, indicando que conocía sus planes. “Tengo entendido que están moviendo su Arca hacia el norte, hacia la región de hielo perpetuo, ¿correcto? La voz de Frem, aún alterada por las llamas, transmitía una sensación de urgencia. “Se cree que ese campo de hielo eternamente congelado es un 'fragmento' que podría persistir tras el fin del mundo. Durante años, los Portadores de la Llama han estado evaluando los 'puntos focales' de nuestro mundo a lo largo del Mar Infinito, buscando zonas lo suficientemente estables como para resistir los vaivenes de la historia y el tiempo. Nuestros hallazgos nos han guiado hacia el norte”. Helena, mostrando un rastro de vacilación, preguntó además: "¿Has localizado la ubicación exacta?" La tranquila respuesta de Frem llegó a través de la llama. “No, solo que está al norte. Se nos acaba el tiempo para mediciones precisas. La tasa de mortalidad de los sacerdotes que se aventuran en vacíos históricos para realizar mediciones es cada vez más inaceptable; no puedo justificar más riesgos... Ahora, nuestra única opción es zarpar hacia el norte, y yo mismo determinaré el objetivo exacto una vez que lleguemos”. Helena asintió levemente, con la mente llena de pensamientos antes de romper el silencio. “Enviaré una flota a su encuentro. Se unirán a su Arca antes de que se adentren en las gélidas aguas. Estas naves transportarán los documentos más importantes e invaluables que la Iglesia de la Tormenta ha reunido a lo largo de los años”. Las llamas dentro de la cuenca respondieron con un vibrante crepitar y un salto, indicando una breve pausa antes de que la voz de Frem emergiera de nuevo: “Es una decisión prudente. He reservado espacio para ellas”. Helena respiró hondo y exhaló lentamente, en un gesto de gratitud. “Gracias”, dijo, con una mezcla de alivio y agradecimiento en la voz. “Es nuestra responsabilidad como Portadores de la Llama” respondió la voz de Frem, emanando una sensación de solemne deber desde la cuenca de fuego. … En un espacio carente de rasgos distintivos, una extensión uniforme de color gris blanquecino rodeaba al Desaparecido y a la Estrella Brillante, proyectándolos en lo que parecía un vacío infinito. El monótono telón de fondo dificultaba discernir cualquier movimiento, lo que llevaba a Duncan a albergar ocasionalmente la inquietante idea de que el Desaparecido estaba inmovilizado en un espacio-tiempo estático e inmutable. Sin embargo, Duncan era plenamente consciente de que la nave continuaba su viaje, navegando por la intrincada y turbulenta estructura del espacio-tiempo más allá de las fronteras conocidas. Vislumbres del fantasma fragmentado de la Nueva Esperanza, visibles ocasionalmente sobre la Desaparecida y la Estrella Brillante, servían como breves indicios de que el “salto” a través del espacio-tiempo seguía en curso. Alice, situada al timón de popa, miraba al frente con una mirada desenfocada. Sus manos permanecían firmes en el timón, pero su habitual semblante vibrante había desaparecido, reemplazado por una expresión vacía y fría, como si se hubiera convertido en una simple marioneta. Su consciencia se había extendido más allá de su forma física, entrelazándose con los Desaparecidos y la Nueva Esperanza para asegurar la estabilidad de su viaje a través del canal de salto. Tras observar el estado de Alice, Duncan regresó a la cabina, donde se había reunido la tripulación. En el comedor, Shirley estaba sentada a la mesa, con expresión concentrada mientras removía distraídamente un tazón de sopa cuyo color y textura parecían un poco extraños. Tras haber dado tantas vueltas con la cuchara a la sopa que no podía contarlas, Shirley finalmente levantó la vista hacia Morris, quien estaba sentado frente a ella con expresión preocupada. "¿Quizás debería cocinar yo la próxima vez?" “No hace falta. Eres la más joven de nosotros; aún no es tu responsabilidad” respondió Morris con desdén, con curiosidad al ver la reacción de Shirley ante la sopa. “¿No está bien de sabor el plato que he preparado? La respuesta de Shirley fue una mezcla de reticencia y cortesía forzada mientras retrocedía ligeramente: "En realidad, está... está bien". Morris, intrigado por su reacción, probó la sopa él mismo, con expresión pensativa. "Así es exactamente como Heidi me indicó que hiciera la sopa de verduras y champiñones", murmuró desconcertado. "¿En qué me equivoqué?" “Es difícil determinar con exactitud dónde se cometió el error, pero estoy segura de que la sopa de verduras y champiñones que prepara Heidi no se parece en nada a esta” intervino Vanna, con la mirada fija en su plato con una mezcla de preocupación y resignación. “La próxima vez, déjame encargarme de la cocina. Aunque no puedo garantizar una comida gourmet, al menos no resultará tan rara como esta. “ Echo mucho de menos los pasteles y la sopa de pescado que preparaba Alice”, expresó Nina con suavidad, nostálgica por las delicias culinarias que se servían a bordo, en concreto la sopa de pescado y los pasteles de Alice. “Una vez que le quitabas la cabeza al pescado, la sopa sabía bastante bien…” Fue precisamente en ese momento que Duncan entró al comedor. Los sutiles murmullos y las leves quejas de la tripulación no pasaron desapercibidos para él, lo que provocó que una compleja mezcla de emociones se reflejara en su rostro. "Cuando Alice estaba a cargo de la cocina, no recuerdo haber oído tantos elogios a su cocina. Ahora que ha tomado las riendas, parece que su talento culinario de repente está muy solicitado", comentó con un tono entre divertido e irónico. Al notar la presencia de su capitán, la tripulación se puso de pie enseguida en señal de respeto. Nina, siempre juguetona, sacó la lengua con un gesto alegre al levantarse. “Quizás debería probar a cocinar la próxima vez. En Pland's, era conocida por ser una excelente chef”, bromeó con una risita, un tono que rebosaba de confianza. Duncan no pudo evitar reírse. Al tomar asiento, compartió un momento de inquietud colectiva con la tripulación mientras todos observaban la comida poco atractiva que tenían delante. El aire estaba cargado de anticipación, una silenciosa súplica por un milagro culinario. Tras una breve pausa, las acciones de Duncan infundieron una sensación de magia en la habitación. Con un chasquido de dedos, una llama fantasmal danzó sobre la mesa, transformándose en una superficie oscura, como un espejo. Dentro de este espectáculo místico, la imagen de Lucrecia, conocida cariñosamente como la Señorita Bruja, emergió gradualmente, cómodamente sentada en el comedor de su propio barco, el Estrella Brillante, rodeada de una variedad de suntuosos platos. “ Buenas tardes, papá”, saludó Lucrecia con una cálida sonrisa, compartiendo sus saludos con el resto de la tripulación. “Y buenas tardes a todos los demás”. Curioso, Duncan se acercó para preguntar sobre el banquete que Lucrecia tenía preparado. "¿Preparados para disfrutar del almuerzo?", preguntó, despertando su interés. Lucretia confirmó con un gesto de la cabeza y una sonrisa, detallando el menú preparado por su equipo: "Tartas de manzana al horno, filetes a la parrilla, sopa de maíz cremosa y hamburguesas de verduras. Hoy, Nilu, aunque todavía es novata en comparación con Luni, logró contribuir con una ensalada. Está aprendiendo rápidamente y está empezando a ayudarme con varias tareas", compartió Lucretia con evidente orgullo. Nilu, la muñeca gemela y nuevo miembro de la tripulación del Estrella Brillante, hizo una aparición encantadora, asomándose por encima de la mesa para saludar cálidamente a todos los que miraban desde el otro lado del espejo. Incapaz de contener su curiosidad, Shirley se inclinó con una mirada esperanzada, con la voz teñida de vacilación. "¿Sabe tan bien como parece?" La sonrisa que Lucretia ofreció en respuesta fue enigmática pero a la vez afirmativa. “La destreza culinaria de Luni ha recibido elogios incluso de chefs de renombre”, aseguró, con un orgullo inconfundible por las habilidades de Luni. La conversación se tornó juguetona, con Lucrecia esperando con picardía las siguientes palabras de Shirley, lo que provocó que Duncan interviniera con un suspiro. "Parece que nos hemos quedado sin chef a bordo otra vez. Alice ha tomado el timón", declaró con un dejo de resignación en la voz. La risa elegante y contenida de Lucrecia resonó por el comedor. "Bueno, entonces parece que hicimos bien en prepararnos con abundancia. Presentía que llegaría a esto", comentó, con una risa mezclada con una sensación de inevitabilidad. Mientras la tripulación, visiblemente entusiasmada, se levantaba de sus asientos, sus miradas se posaron en Duncan. Con una sonrisa resignada pero divertida, les indicó que continuaran. “No esperen por mí; Ai se encargará de transportarlos al Estrella Brillante. Yo me quedaré aquí. Con Alice al timón, prefiero no dejar la nave sin tripulación. Solo asegúrense de traerme algo de comida”, aconsejó con tono desenfadado pero firme. La emoción de Shirley y Nina era palpable mientras se preparaban para partir, mientras la voz de Lucrecia, aún emanando del espejo, les daba un último recordatorio: "¡Recuerden traer su propia vajilla! No he preparado suficiente para todas... ¡Shirley, por favor, devuelve esa palangana!", gritó con una mezcla de diversión y cautela.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 802

Estás leyendo el capítulo 802 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.