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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 628 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un fenómeno aterrador conocido como el sueño profundo, acompañado de una serie de misteriosas desapariciones, se extendía por todo el mundo. Informes de sucesos inquietantes llegaban de todas las ciudades-estado conocidas, desde las gélidas aguas del norte hasta los cálidos mares del sur, y desde los territorios orientales cubiertos de niebla hasta las islas del oeste. Los elfos de todas partes caían inexplicablemente en un sueño profundo e impenetrable, y al hacerlo, se difundían informes alarmantes de otros que desaparecían sin dejar rastro. En un giro sorprendente, surgió un mensaje del Sueño del Sin Nombre, pronunciado por los mismos elfos atrapados en este sueño desconcertante. Este mensaje estaba vinculado a una figura llamada Ted Lir. Las campanas repicaron solemnemente desde los campanarios de las iglesias en diversos paisajes, anunciando un mundo en peligro. Telegramas de alta velocidad circulaban por los canales, y los médiums psíquicos, al límite de sus capacidades, servían de enlace de comunicación entre ciudades-estado. La élite gobernante, incluyendo funcionarios y arzobispos, se afanaba en intercambiar actualizaciones urgentes sobre la crisis. Un sistema de vigilancia y defensa de vanguardia, recientemente instalado por las Cuatro Divinas Iglesias, se activó rápidamente. Irónicamente, inicialmente se pensó que vigilaría misteriosas actividades en las profundidades marinas, pero la primera amenaza real a la que se enfrentó provino de un sueño tan poderoso que desafió cualquier contención. Se desarrolló un espectáculo cautivador mientras un torbellino de trozos de papel de colores giraba con gracia entre las enredaderas y sobre los tejados, para finalmente reunirse en la oficina del gobernador. En medio de una intensa reunión con funcionarios de la ciudad, la gobernadora Sara Mel quedó repentinamente cautivada por la figura que emergía de los fragmentos de papel que revoloteaban. Lucrecia, conocida como la Bruja del Mar, se acercó al escritorio ornamentado y comentó: “Pensé en evaluar la situación aquí en el ayuntamiento. Parece que estás abrumado”. Sara Mel pidió privacidad a los funcionarios que la rodeaban. Decir que estamos abrumados es quedarse corto, señora” respondió, con voz de agradecimiento. “Su apoyo ha sido invaluable para nuestras fuerzas, que están al límite de sus posibilidades. Gracias. ¿Y cuál es la situación actual?, preguntó Lucrecia. Sara Mel hizo una pausa, ordenando sus pensamientos. La ciudad está sumida en un caos sin precedentes. Dieciséis manzanas están inquietantemente silenciosas, selladas por una repentina y espesa vegetación. Hemos perdido contacto con muchos residentes, y nuestros equipos de policía y guardias no pueden atravesar las barreras. Nuestros centros de control a vapor están inactivos, y hemos tenido que cortar el suministro de gas como medida de seguridad. Por suerte, justo a tiempo. La noche que se acerca trae peligros desconocidos. Contuvo el aliento y añadió: En cuanto a los asuntos externos de la ciudad, probablemente esté mejor informado, dado el flujo constante de actualizaciones. Me he centrado en nuestros desafíos inmediatos. Lucrecia asintió pensativa. ¿Qué hay del mensaje de Ted Lir? ¿Conoces su contenido? Sara Mel asintió solemnemente. Sí. Hace unas dos horas, supimos del equipo del que formaba parte Taran El. Tras separarse del mundo onírico, el Guardián de la Verdad desapareció de nuestra realidad. La última información que recibimos hace apenas media hora sugiere que el Guardián está atrapado en lo más profundo del Sueño del Sin Nombre. Respiró hondo y se detuvo al ver en su rostro una compleja mezcla de emociones profundas. “Los elfos han sido durante mucho tiempo los guardianes de una historia rica e ininterrumpida”, comenzó, con cada palabra cargada de emoción. “Siempre hemos creído que nuestros antiguos mitos y leyendas son más que simples cuentos; son los verdaderos acontecimientos que moldearon nuestra civilización. Pero ahora, parece que estas veneradas historias han cobrado vida de nuevo, con el siniestro propósito de destruirnos”. Lucrecia observó atentamente al angustiado gobernador, esperando un momento para que la gravedad de sus palabras se asentara. Tras una breve pausa, habló con deliberada claridad: “Hasta anoche, todo lo que sabíamos sugería que Atlantis tenía como objetivo proteger a la raza élfica. A pesar de la reciente agitación, sigo creyendo que existe una intención protectora, aunque ahora se ha manifestado de una forma peligrosamente impredecible”. Una breve sombra de dolor cruzó el rostro de Sara Mel mientras susurraba: Es porque Atlantis, en sus retorcidas formas, ha perdido su cordura. Con voz firme, Lucrecia respondió: “Necesito encontrarme con Taran El y los demás guardianes de la verdad que lo acompañaron en el Sueño del Sin Nombre. Mi búsqueda en la universidad de la ciudad fue infructuosa”. “Han sido aislados en una instalación especial para observación minuciosa e interrogatorio riguroso” respondió Sara Mel con voz apremiante. “Pronto les informaré su ubicación. En la cima del pico más alto de Pland se alzaba la magnífica Catedral de la Tormenta, una maravilla arquitectónica que dominaba el horizonte con sus imponentes agujas y torres, desafiando al cielo y simbolizando su significado religioso. La extensa plaza frente al majestuoso edificio rebosaba de vida y fervor. Cada día, cuando la catedral abría sus puertas, una multitud de devotos, turistas y curiosos llenaba el espacio: algunos entraban para rezar con devoción, otros buscaban bendiciones o sanación en los anexos, y muchos simplemente para apreciar la majestuosa belleza y la atmósfera espiritual de la catedral. Vestido con un sencillo abrigo marrón y elegantes pantalones negros, Duncan se confundió con la multitud. Siguiendo en silencio a un grupo de turistas, entró por el gran arco de la catedral. Guiado por las instrucciones mentales de Vanna, recorrió con seguridad los complejos pasillos. Evitando la sala principal, generalmente utilizada por visitantes ocasionales, se abrió paso por senderos reservados para los más devotos y evitó discretamente el pasillo que conducía al podio sagrado. Sin que los asistentes habituales lo supieran, Duncan se encontraba en un camino poco conocido. Más adelante hay una puerta oscura y discreta” resonó la voz de Vanna en su mente. “Una vez que la cruces, gira a la derecha inmediatamente. Unos veinte metros más adelante, el pasillo se bifurcará. Toma la izquierda; conduce a un patio interior apartado. Crúzalo por completo para encontrar una entrada oculta a la capilla interior. El arzobispo Valentine te espera allí. Tu camino está despejado; nadie te detendrá, y los guardias de la catedral desconocerán tu verdadera identidad. Solo el arzobispo sabe por qué nos reunimos. Si regresas, este camino secreto es tuyo. Mis antiguas habitaciones están junto a la capilla, aunque no creo que necesites visitarlas. Con la guía de Vanna aún resonando en sus oídos, Duncan levantó la vista para ver la entrada a la capilla interior, un espacio normalmente reservado para el alto clero. Una puerta oscura adornada con antiguas runas brillantes la señalaba. Flanqueando la puerta se encontraban dos formidables guardias con uniformes oscuros, con la mirada fija al frente, ajenos a la presencia de Duncan como si fuera invisible. Habían recibido instrucciones claras: Hoy, un visitante único entra a nuestros salones sagrados. No escuchéis, no veáis, no preguntéis, no reflexionéis. Tras reconocer su silenciosa vigilancia con un gesto de la cabeza, Duncan abrió la puerta mística. El sonido de las olas rompiendo llegó brevemente a sus oídos, acompañado de un fugaz escalofrío proveniente de las profundidades del mar, que se desvaneció rápidamente al entrar en una amplia cámara brillantemente iluminada. En el centro se encontraba el arzobispo Valentine, venerado líder espiritual de la Ciudad-Estado de Pland. El anciano, con su ralo cabello blanco como la nieve, vestía una túnica sacerdotal negra adornada con sutiles patrones dorados. De pie, en silenciosa reverencia, de espaldas a la entrada, observaba con atención una majestuosa estatua de la Diosa de la Tormenta. La estatua exudaba una santidad sobrenatural, impregnando la cámara de una santidad palpable. Absorto en una profunda oración o comunión, el anciano se giró lentamente al oír el crujido de la puerta, dispuesto a recibir a su inusual invitado. Al observarlo más de cerca, era evidente que, bajo su semblante tranquilo, el arzobispo Valentine experimentaba una punzada de anticipación nerviosa. Intentó disimularlo, pero pequeños indicios delataban su inquietud. Buenos días, Arzobispo Valentine. Ha pasado un tiempo” saludó Duncan con calidez, con una leve sonrisa burlona en sus labios mientras se acercaba con confianza al anciano. “Aunque sospecho que esta es nuestra primera vez en esta situación. El arzobispo Valentine se detuvo para observar a la persona que caminaba hacia él. A primera vista, Duncan parecía un hombre común y corriente, de estatura media, vestido con un abrigo desgastado y anodino, mimetizándose con muchos otros habitantes de la Ciudad-Estado. Sin embargo, una aguda intuición le advirtió a Valentine que no se fijara demasiado en su apariencia aparentemente mundana. “Estoy al tanto de este avatar que usas para relacionarte con nuestra gente; Vanna fue muy franca al respecto” comentó Valentine, apartando la mirada deliberadamente. “También me ha informado sobre la situación actual. No te preocupes, todo lo que pediste está preparado. Él asintió hacia un gran cofre de madera tallado con gran detalle que se encontraba junto a la estatua de la diosa. Dentro del cofre había planos legendarios que databan de hace cien años, de la creación de los Desaparecidos, y, fundamentalmente, una muestra única. El cofre estaba rodeado por varios candelabros que emitían un brillo peculiar, cuyo parpadeo intermitente insinuaba una bendición especial de protección. Junto al cofre había una serie de artefactos protectores, incluyendo sellos de piedra y ataduras de hierro, claramente parte de un detallado sistema de seguridad. Las exhaustivas medidas de seguridad en torno al cofre enfatizaron su importancia. Incluso después de ser trasladado de su bóveda santificada original, se consideró lo suficientemente vital como para conservarse en esta capilla sagrada bajo la constante vigilancia de la diosa. La presencia del propio arzobispo Valentín subrayó la volatilidad de su contenido. Al observar las medidas de protección, Duncan preguntó mientras se acercaba al cofre: “¿Es realmente tan peligroso lo que hay dentro? ¿Son suficientes estas medidas de contención?”. Valentine suspiró suavemente, Para ser honesto, no, porque nada en este cofre ha mostrado ningún comportamiento anormal hasta ahora. Sorprendido, Duncan respondió: ¿Entonces esta elaborada configuración es...? Para nuestra tranquilidad colectiva” explicó Valentine con calma. “Aunque el contenido está inactivo, la comunidad conoce su misterioso vínculo con los Desaparecidos. Por lo tanto, hemos implementado todos los protocolos de protección posibles, y lo que ven aquí es solo una versión reducida. La cámara original que albergaba este cofre contaba con medidas de seguridad aún más completas y sofisticadas. Respirando hondo y haciendo una pausa para ordenar sus pensamientos, Duncan cerró los ojos momentáneamente, dejando a un lado la atmósfera ligeramente tensa. Recomponiéndose, levantó con cuidado la tapa del gran cofre de madera. Curiosamente, el cofre no estaba cerrado con llave, lo que indica que se había quitado cualquier mecanismo de cierre antes de colocarlo en este venerado espacio. El Desaparecido contaba en su día con una colección de documentos mucho más detallada y extensa: planos meticulosos que detallaban su diseño, esquemas técnicos de su ingeniería y registros completos de sus fases de construcción, narró Valentine con un tono de voz teñido de nostalgia y reverencia. El Arzobispo, con expresión seria, se acercó a Duncan; ambos hombres observaban atentamente el interior del cofre. Desafortunadamente, muchos de estos invaluables registros se perdieron en un incendio en un astillero hace años. Lo que ven son los pocos y valiosos restos que sobrevivieron a las llamas, ahora preservados en este cofre. Hizo una breve pausa y luego añadió: “Sin embargo, sospecho que su principal interés no son solo estos planos antiguos. Busca algo mucho más fundamental”. Señaló la pieza central del cofre y dijo: Siguiendo las antiguas tradiciones de construcción naval, hemos conservado un fragmento de los cimientos del barco. La atención de Duncan se centró en un misterioso bloque de madera grisácea que descansaba sobre un lujoso cojín de seda negra. No se trataba de un trozo de madera cualquiera; era una muestra sagrada cuidadosamente extraída de la quilla del legendario Desaparecido.
Ascuas de aguas profundas (Novela)

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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 628

Estás leyendo el capítulo 628 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.