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Leer Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 454 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Iniciar discursoCancelar discurso El viento arremolinado, cargado de polvo gris claro, desapareció lentamente de la línea de visión de Duncan. Agatha se había ido. Solo después de que los últimos restos de la brisa polvorienta se disiparan por completo, Vanna habló, rompiendo el pesado silencio: “No puedo evitar la sensación de que ha cambiado mucho desde nuestro último encuentro”, dijo con un dejo de incertidumbre en la voz. “Sus últimas palabras fueron particularmente impactantes; no suenan como algo que diría la “Guardiana” que una vez conocimos”. Duncan, siempre pragmático, respondió: “Las experiencias de la vida pueden transformar a una persona, y dado lo que ha vivido, no es sorprendente. Además, su posición ahora no es solo la de una simple 'guardiana'. Las responsabilidades que asume exigen que evolucione”. Vanna, tratando de evaluar la reacción de Duncan, preguntó: "¿No estás preocupado en absoluto?" Respondió con tono mesurado: “Se ha mantenido firme. Quienes experimentan profundos cambios de comprensión suelen salir con una determinación aún mayor. Puede que tenga la responsabilidad de la supervivencia de la Ciudad-Estado, pero se mantiene racional. No se dejará llevar por la paranoia ni por caminos descarriados. Puede que sus palabras finales no reflejen la devoción de antaño, pero fueron pronunciadas con claridad”. Vanna se quedó en silencio por un momento, y cuando Duncan se giró para mirarla fijamente, le planteó una pregunta inquisitiva: "Tu verdadera preocupación no es Agatha, ¿verdad?" Tras una breve vacilación, Vanna confesó: “Mi fe me exige honestidad. Sí, mis preocupaciones son más personales. Cuando miro a Agatha, veo un reflejo de mi propia fe vacilante y de mis acciones que rayan en la herejía”. Duncan esperó, dándole espacio para que dijera su verdad. Vanna continuó: “Siempre pensé que todos los desafíos podían afrontarse con una fe firme y un espíritu inquebrantable. Creía que los dioses establecían el orden cósmico y que nosotros, como sus creaciones, funcionábamos armoniosamente dentro de ese diseño. Sin embargo, he llegado a comprender que este orden cósmico es tan efímero como la espuma del mar. La mera creencia y la tenacidad no pueden salvar nuestra Ciudad-Estado. El mundo tal como lo conocemos está siendo cuestionado...”. Nuestra creencia en el eterno 'Sol', el 'mineral' que impulsa nuestra era, posiblemente un regalo de antiguas deidades, la comprensión de que los dioses no pueden proteger a la Ciudad-Estado de todos los peligros, y los misterios inexplorados que acechan en las profundidades del océano, que ningún libro sagrado ha mencionado. Su llegada incluso desafía mis antiguas creencias sobre el subespacio. Duncan respondió con un gesto pensativo: “Sobre ese último punto, sigue cuestionándote. En cuanto al resto, tienes razón en gran medida. Nuestra comprensión del universo es inherentemente defectuosa. No podemos depositar nuestras esperanzas en una “verdad” única e inmutable que lo explique todo. Si tal “verdad” inquebrantable existe, está fuera de nuestro alcance actual. Por lo tanto, que nuestras creencias se tambaleen es un paso necesario en el progreso de nuestra civilización”. Absorbiendo las ideas de Duncan, Vanna parecía absorta en la contemplación. Tras una pausa prolongada, susurró más para sí misma que para él: “Entonces, ¿dónde encajan los dioses en todo esto?”. Duncan respondió con franqueza: “Realmente no lo sé. Mis encuentros con ellos, si los hubo, han sido a distancia, demasiado lejanos para formarme una creencia concreta. Pero de dos cosas estoy seguro: primero, los cuatro dioses son entidades reales en este mundo. Y segundo, han sido, hasta cierto punto, los guardianes y guías de nuestra civilización”. El rostro de Vanna mostró una breve confusión. En sus dos décadas de vida, nunca se había topado con nadie que hablara de los cuatro dioses con tanta indiferencia, sin la reverencia ni la admiración habituales, como si fueran simples objetos de escrutinio. Este tipo de evaluación parecía casi blasfema y audaz. Sin embargo, viniendo de Duncan, quien había experimentado el enigmático subespacio, Vanna no pudo evitar sentirse conmovida por... Sus palabras le parecieron escalofriantemente analíticas, como una herramienta utilizada para medir el mundo que la rodeaba. Su introspección fue interrumpida por la voz de Duncan, quien la reprendió suavemente: “Vanna, no te compliques demasiado. Aún tienes fe en Gomona, ¿verdad?”. Sin dudarlo, Vanna respondió: “Sí, mi fe permanece firme”. “De eso se trata. Tu fe no ha flaqueado, y Agatha aún deposita su fe en Bartók. El hecho de que tus dioses no te hayan abandonado a pesar de la evolución de tus pensamientos sugiere que tus introspecciones no están desalineadas con sus enseñanzas” dijo Duncan con convicción. “Cuestionar y dudar no equivale automáticamente a herejía. Los verdaderamente devotos son aquellos que mantienen su fe incluso después de lidiar con tales incertidumbres. Es vital encontrar un equilibrio entre una fe sólida y un sano escepticismo. Acepta el mundo tal como es, reconoce que tus percepciones pueden ser limitadas o sesgadas, y acepta la inevitabilidad de tus propias dudas. Francamente, si Gomona puede escuchar tus oraciones por los Desaparecidos, ¿qué no estás en tu capacidad de aceptar? Los ojos de Vanna se dirigieron instintivamente hacia el elevado distrito de la ciudad, donde la imponente Catedral Silenciosa se alzaba en lo alto del Pico Helado. Imaginó a Agatha regresando a la catedral a través del "Viento Gris". ¿Buscaría consuelo Agatha en su recámara, reflexionando sobre su reciente alianza con las enigmáticas "Sombras del Subespacio" ante la estatua de Bartók? ¿Reflexionaría sobre el futuro de la Ciudad-Estado y decidiría que "cualquier obstáculo a su supervivencia es herético, mientras que todo lo demás puede tolerarse"? Después de lo que pareció una eternidad, Vanna finalmente desvió su mirada de la distante catedral, con voz suave mientras planteaba una pregunta: "...¿La deidad realmente permanece indiferente?" “No lo sé con certeza, pero si yo estuviera en su lugar, no me molestaría” dijo Duncan encogiéndose de hombros con indiferencia. “Desde nuestra perspectiva, ni el Dios de la Muerte ni la Diosa de la Tormenta parecen particularmente preocupados. Quizás sus prioridades estén en otra parte. Mientras Vanna se sumía en una profunda reflexión, Morris, que había estado observando en silencio, no pudo evitar comentar: “Nunca pensé que tuvieras opiniones tan profundas sobre la fe. Siempre supuse que te eran indiferentes”. Duncan miró a Morris con genuino interés. "¿Por qué no lo estaría? Siempre me ha fascinado cualquier ideología que intente dilucidar los misterios del mundo". Hizo una pausa, notando la confusión en los rostros de Vanna y Morris (Alice, como siempre, permaneció ajena). Con una sonrisa juguetona, Duncan bromeó: "No hay necesidad de preocuparse por los asuntos de la Ciudad-Estado ahora mismo. Quizás sea hora de profundizar en el 'Libro de la Blasfemia'". … En medio del silencio, Shirley se quedó dormida, con la cuarta tarjeta de matemáticas todavía en su mano. Un leve tintineo de cadenas llenó el aire. Dog, con mucho cuidado para no perturbar su sueño, usó una pata para estabilizar la oscura cadena. Sentándose erguido, cubrió cuidadosamente a Shirley con una manta con la boca. Con otra pata, limpió la mesa de las tarjetas de matemáticas, asegurándose de que no se mancharan con la baba de Shirley. Mientras Dog organizaba la habitación, le llamaron la atención las tarjetas de matemáticas esparcidas sobre la mesa. Cada tarjeta mostraba problemas aritméticos básicos. Hizo una pausa y reflexionó: "¿Ha logrado resolver la mayoría correctamente?". Intrigado, susurró suavemente para sí mismo y luego, instintivamente, miró a Shirley. Ella se había movido mientras dormía, murmurando palabras ininteligibles, con un delicado reguero de saliva brillando en la comisura de sus labios. “Debió haberse esforzado mucho”, concluyó. Sacudiendo la cabeza con una mezcla de admiración y diversión, Dog se recostó y, tras un breve debate interno, estiró una pata para coger un libro de una pila en el suelo. El libro era suyo. A primera vista, el libro parecía común y corriente: un libro de bolsillo común y corriente que se podía encontrar en cualquier librería de la Ciudad-Estado. El título “Computación Algebraica” estaba grabado en relieve en la portada. Dog se inclinó, con las cuencas de sus ojos brillando de un rojo intenso e inquietante, proyectando sombras parpadeantes mientras estudiaba la portada del libro. Dudó un momento y luego lo abrió lentamente. De repente, levantó la cabeza de golpe y examinó la habitación con mayor vigilancia. Las estanterías parecían inalteradas. Los rincones oscuros de la habitación permanecían en calma, los rayos de sol penetraban por la ventana y se oía el suave ritmo de las olas desde afuera. “Está bien, el entorno es seguro, las posibles distracciones son mínimas y el libro todavía está relacionado con las matemáticas... es hora del tercer intento”, murmuró Dog, preparándose. Con renovada determinación, Dog se adentró en el contenido del libro, absorbiendo las fórmulas, asimilando los símbolos y resolviendo los cálculos. Buscó desentrañar los misterios del universo utilizando el conocimiento colectivo transmitido de generación en generación. Al principio, las distracciones y los pensamientos dispersos fragmentaban su concentración. Pero pronto, las complejidades de las matemáticas comenzaron a tejer un manto de concentración a su alrededor. Como siempre, la materia lo atraía, absorbiéndolo por completo. Mientras números y símbolos se arremolinaban en su mente, creando un vasto tapiz de comprensión, Dog sintió una sensación desconocida. Era como si no estuviera solo en su búsqueda del conocimiento. Alguien más estaba leyendo las mismas líneas. Alguien más estaba procesando los mismos pensamientos. Una presencia invisible observaba su viaje con silencioso interés. Perplejo, Dog inclinó la cabeza. Debajo de las páginas completamente blancas, entre las palabras cuidadosamente impresas y en medio de la intrincada red de conocimiento creada por símbolos y diagramas, un resplandor rojo radiante, rodeado por una miríada de diminutos y luminosos puntos de luz, lo observaba con una intensa concentración, similar a la de un ojo. El perro se puso rígido. Quedó paralizado por el hipnótico brillo rojo. Atraído inexorablemente hacia ella, sintió como si flotara hacia esa constelación de puntos radiantes. Pero esta sensación duró poco. De repente, una fuerza abrumadora que se originó en la misteriosa cadena que llevaba lo devolvió a la realidad, rompiendo el hechizo que había lanzado la luz roja pulsante. Aturdido, Dog jadeó, con los sentidos aturdidos por la abrupta interrupción. Casi por reflejo, su mirada se dirigió a la cadena negra que le rodeaba el cuello. Fue esta misma cadena, y el misterioso poder que albergaba, lo que lo había salvado en ese momento crucial: evidencia de la influencia protectora de Shirley. Sin embargo, al inspeccionarla, la cadena estaba suelta en el suelo y no mostraba signos de movimiento reciente. Más adelante en la cadena, Shirley permaneció tranquila, cómodamente acurrucada en la mesa, todavía perdida en la tierra de los sueños. Ella no se había movido, ni siquiera un poco.
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Ascuas de aguas profundas (Novela) Capítulo 454

Estás leyendo el capítulo 454 de Ascuas de aguas profundas (Novela), un novela. Ese día, la niebla lo bloqueaba todo. Aquel día se convirtió en el capitán de un barco fantasma. Aquel día, atravesó la espesa niebla y se enfrentó a un mundo completamente subvertido y fragmentado: el viejo orden se… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Ascuas de aguas profundas (Novela) tiene 850 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.