Leer Arte Corporal Hegemón de las Nueve Estrellas (Novela) Capítulo 5938 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El sonido de una cítara resonó como una llamada de la antigüedad, resonando en lo más profundo del alma de Long Chen. En un abrir y cerrar de ojos, el mundo que lo rodeaba desapareció. La plaza se disolvió y sintió como si estuviera atravesando el espacio-tiempo.
En su lugar se extendía una alfombra infinita de hierba verde bajo un cálido sol que flotaba en lo alto del cielo. Las montañas se elevaban y descendían en la distancia, y la exuberante hierba cubría la tierra.
Entre la hierba se veían destellos blancos: conejos blancos como la nieve con patas doradas. Jugaban libremente, viviendo una vida despreocupada en este paraíso virgen.
El tiempo pasó... el mundo cambió. Sin embargo, los conejos seguían igual, prosperando en su sereno hogar en las montañas.
Pero un día, todo cambió.
Llegó un grupo de humanos. Sus ojos se iluminaron al ver a los conejos. Sin dudarlo, sacaron sus arcos y los cazaron.
Estos conejos nunca habían conocido el peligro, por lo que ni siquiera se dieron cuenta de que tenían que huir.
Así, sin más, la sangre tiñó de rojo las verdes llanuras. Fue una masacre.
Impulsados por el miedo, algunos conejos intentaron excavar y esconderse. Pero, ¿cómo podían unas criaturas tan indefensas escapar de la crueldad del hombre? Los humanos reclamaron esta tierra como terreno de caza y la matanza continuó.
Cuando los conejos estaban a punto de ser exterminados, apareció otro grupo de humanos. Justo cuando la desesperación estaba a punto de consumir a los últimos conejos, estos recién llegados no se unieron a la caza. En cambio, lucharon contra los cazadores.
Long Chen se quedó atónito. A medida que caía el primer grupo de humanos, aparecieron rostros diabólicos en sus cadáveres. No eran humanos normales.
Los dos bandos libraron una guerra que pareció eterna. La tierra se partió por la violencia y los prados, antes exuberantes, se convirtieron en páramos yermos. Los cadáveres se amontonaron y se descompusieron en la tierra. Solo entonces cesó la lucha. Era hora de que la tierra se curara.
La hierba volvió a brotar. Las montañas se volvieron verdes de nuevo. El sangriento pasado se desvaneció como un sueño lejano.
Los conejos también se recuperaron. Pero su paz no duró mucho.
Esta vez, no fueron los humanos, sino un grupo de feroces lobos hambrientos de ellos.
Los conejos fueron masacrados de nuevo. En un frenesí desesperado, lucharon, pero sus dientes y garras eran inútiles contra sus depredadores.
Y una vez más, el mundo se curó. La tierra se recuperó y los conejos prosperaron de nuevo.
Pero el círculo vicioso no terminó.
Esta vez, descendieron bestias diabólicas. No eran demonios de sangre pura, solo bestias salvajes contaminadas por el qi diabólico. Sus cuerpos eran enormes, mucho más grandes que los de las bestias normales.
Los conejos tuvieron que enfrentarse a otra masacre.
La raza humana regresó de nuevo, ahora más fuerte que antes. Sus armas eran más refinadas, sus auras más feroces. Long Chen incluso sintió la presencia del poder de la línea de sangre entre ellos.
Después de esta batalla, comenzó otro ciclo. Esta vez, también aparecieron otras razas. La matanza de los conejos continuó, seguida de otra intervención de los humanos.
Esta vez, los humanos podían usar artes mágicas y su poder de linaje parecía haber despertado. Sorprendentemente, los conejos también comenzaron a evolucionar después de sufrir una masacre tras otra.
Cuando corrían, las llamas brotaban de sus pies. Ahora eran tan rápidos como el rayo y una luz dorada parpadeaba en sus ojos. Cuando abrían la boca, escupían rayos de energía que podían romper piedras y perforar montañas.
Ciclo tras ciclo, nuevas amenazas llegaban. Cada vez, los conejos sufrían pérdidas devastadoras.
Por mucho que lucharan o cambiaran, siempre iban un paso por detrás. Su evolución nunca podía seguir el ritmo de las amenazas que se alzaban contra ellos.
Era como si el destino mismo lo hubiera decidido: habían nacido para ser presas. Ese era el yugo inquebrantable de su especie.
Y a pesar de todo, un conejo sobrevivió.
Después de cada masacre, Long Chen lo veía de pie sobre una roca, contemplando las ruinas de su mundo. No podía contar cuántos ciclos habían pasado, pero el conejo siempre estaba allí, con el cuerpo cambiando cada vez, pero con los ojos siempre iguales: furiosos, afligidos y resentidos.
Llevó a sus compañeros conejos a la batalla, una y otra vez. Y cada vez fracasaba.
Long Chen se dio cuenta de que su propia naturaleza los limitaba. Por mucho que evolucionaran, seguían siendo conejos, seguían atados a su forma.
La triste música del cítara continuaba en los oídos de Long Chen, subrayando el desolador paisaje de cadáveres esparcidos por los campos. Ya ni siquiera sabía lo que sentía.
Una ligera brisa barrió la tierra, trayendo un frío cortante. A su paso, el conejo solitario parecía especialmente frágil e impotente. Pero su mirada seguía siendo afilada como una navaja.
Comenzó otro ciclo.
Esta vez, descendieron demonios sin fin. Pero ahora los conejos estaban preparados. Habían evolucionado hasta quedar irreconocibles, transformándose en conejos gigantes que ejercían un poder decenas de veces mayor que antes.
Pero no importaba.
Los demonios eran más aterradores que nunca. Toda esa fuerza, todo ese esfuerzo... no servían de nada. Los conejos fueron una vez más masacrados y devorados.
Justo cuando los demonios los estaban matando, apareció un nuevo grupo. Cuando Long Chen los vio, su corazón se estremeció. Casi gritó.
Guerreros envueltos en luz astral descendieron como un juicio divino. Desgarraron a los demonios como si fueran papel, masacrándolos en un instante.
Esto era diferente de las duras batallas que habían tenido lugar en el pasado. Estos guerreros estrellados pusieron fin a la masacre al instante.
Long Chen percibió un aura familiar en esos guerreros, pero no parecían ser herederos de nueve estrellas. Su poder era diferente al de todos los herederos de nueve estrellas que había conocido.
Después de que los demonios fueran aniquilados, el conejo reunió su valor y se acercó a los guerreros estrellados.
Uno de ellos sonrió amablemente y le acarició la cabeza. Luego se golpeó solemnemente el pecho, como si hiciera una promesa.
Los guerreros estrellados desaparecieron.
El conejo volvió a subirse a su roca y se quedó mirando en la dirección en la que habían desaparecido los guerreros. Se quedó allí, inmóvil.
Pasaron los años. Los árboles se marchitaron y cayeron, mientras que otros nuevos crecieron en su lugar. El sol y la luna cambiaron de posición en el cielo. Sin embargo, el conejo permaneció en su roca, mirando a lo lejos.
Un día, el mundo cambió.
Los diez mil Daos temblaron. Cadenas divinas de orden descendieron de lo celestial, atando el mundo. Era como si alguna fuerza intentara destrozarlo.
El miedo se extendió entre los conejos. Pensaron que había llegado el fin.
Pero aquel conejo solitario tenía los ojos encendidos de emoción. Levantó la cabeza y lanzó un grito, como si estuviera rezando, como si estuviera llamando al destino mismo.
¡BOOM!
La luz de las estrellas atravesó el cielo y la tierra, rompiendo las leyes del mundo. Las runas del Dao celestial llovieron como bendiciones divinas. Bañado en esa luz divina, la forma del conejo comenzó a cambiar.
Long Chen observó en silencio atónito mientras se transformaba lentamente... en un humano.
Y en el momento en que tomó forma humana, una corona imperial apareció en su cabeza.
“Esto... ¿es este el origen del reino del Emperador Humano?”.
Long Chen miró con incredulidad.

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Arte Corporal Hegemón de las Nueve Estrellas (Novela)
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Arte Corporal Hegemón de las Nueve Estrellas (Novela) Capítulo 5938
Estás leyendo el capítulo 5938 de Arte Corporal Hegemón de las Nueve Estrellas (Novela), un novela. Long Chen, un joven lisiado que no puede cultivar, es constantemente atacado y acosado por sus compañeros herederos nobles. Después de una paliza especialmente cruel, se despierta y se da cuenta de que el alma de un… Este capítulo tiene publicado el 10 de mayo de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Arte Corporal Hegemón de las Nueve Estrellas (Novela) tiene 1261 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.