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Leer Apocalipsis: Construí el Tren Infinito (Novela) Capítulo 3 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
De regreso en su apartamento, Lin Xian sacó de detrás de la puerta una botella de desinfectante mezclado con lejía. Roció cuidadosamente la entrada y el pasillo exterior con la solución. Solo después de completar ese ritual entró, cerró la puerta de seguridad y aseguró la cadena de hierro. Lo primero que hizo fue sacar el teléfono y abrir el mapa para ubicar la posición de Chen Sixuan. La primera regla del apocalipsis: temer a la noche. La segunda regla del apocalipsis: nunca actuar imprudentemente. Lin Xian jamás libraba una batalla sin preparación. La Ciudad Jiang ya había caído por completo: los que seguían allí eran, o supervivientes escondidos en refugios, o saqueadores merodeando por las calles, o hordas de zombis. Pero la noche era todavía más aterradora. Hasta el día de hoy, nadie sabía realmente cuántos horrores extraños vagaban por la oscuridad. Según los relatos de supervivientes en distintas frecuencias de radio, las “cosas” que aparecían de noche eran indescriptibles, incomprensibles y letales. Muy pocos de los que se las encontraban vivían para contarlo. —7.2 kilómetros... no está precisamente cerca —murmuró Lin Xian mientras estudiaba el mapa. Antes del apocalipsis, esa distancia no habría tomado más de quince minutos en taxi. Pero ahora, con el sistema de transporte colapsado y los puentes dañados, incluso usando la motocicleta tardaría al menos media hora. Y no tenía la menor idea de cuál era la situación por allá. En el apocalipsis, arriesgar la vida para salvar a alguien solo valía la pena si se trataba de un familiar... o quizá de tu madre. La mirada de Lin Xian vaciló ligeramente mientras soltaba un suspiro para sus adentros. Profesora Chen, espero que valga la pena correr este riesgo. A las 6:45 p. m., la oscuridad empezó a caer. Lin Xian bajó las persianas de hierro de las ventanas y comenzó a preparar la cena. Hoy no había salido a buscar suministros. A esas alturas, los supermercados y tiendas de conveniencia de la Ciudad Jiang ya habían sido saqueados incontables veces por los supervivientes que huían. Encontrar aunque fuera un solo sobre de salsa de tomate era casi imposible. Por suerte, lo que Lin Xian buscaba no se limitaba a comida y agua: él cazaba objetos mecánicos a los que la mayoría de los supervivientes ni siquiera prestaría atención. 2:42 a. m. Un sonido tenue despertó sobresaltado a Lin Xian de su sueño ligero. Se incorporó de inmediato, clavando la mirada en la puerta dentro de la penumbra. El sonido parecía provenir del pasillo exterior. Tomó la daga corta para defenderse y se acercó en silencio a la puerta. La puerta había sido reforzada varias veces con placas de acero y era mucho más resistente que una puerta de seguridad común. Aun así, frente a “esas cosas”, Lin Xian no se sentía del todo confiado. Viviendo en un edificio alto, su única ruta de escape era la escalera del pasillo. Lin Xian pegó el ojo a la mirilla y observó el corredor. El pasillo estaba sumido en una oscuridad total; solo el tenue resplandor verde de las luces de emergencia delineaba vagamente las paredes y el suelo. Después de observar durante un rato y no ver nada, Lin Xian se dio la vuelta para volver a la cama. Pero apenas había dado dos pasos cuando de la puerta de hierro a su espalda surgió un extraño sonido de golpes. Toc... toc. Esos dos golpes lentos y deliberados hicieron que un escalofrío recorriera la espalda de Lin Xian. ¿De verdad había alguien allí? ¿O esas cosas habían descubierto su escondite? Su expresión se volvió sombría mientras retrocedía hacia la puerta. Tras dudar un instante, apretó con fuerza la daga corta, contuvo la respiración y volvió a mirar con cautela por la mirilla. ¡Hiss! Lo que vio hizo que Lin Xian aspirara una bocanada de aire frío. Bajo la siniestra luz verde de las lámparas de emergencia, en el pasillo había una figura de pie: un anciano débil vestido con una túnica funeraria negra. El rostro del hombre era pálido y enjuto, con facciones hundidas que parecían las de un cadáver. Sus ojos, putrefactos y sin vida, eran de un gris negruzco espantoso, y despedían un aura de muerte sofocante. Lo más horroroso de todo era que aquellos ojos muertos del anciano cadavérico parecían estar mirando directamente a Lin Xian a través de la mirilla. Lin Xian retrocedió instintivamente dos pasos, con el rostro pálido de la impresión. ¿No es ese el abuelo Li del piso de abajo? Pero el abuelo Li había muerto hacía mucho tiempo... La expresión de Lin Xian se volvió seria mientras retrocedía aún más. No había necesidad de pensarlo dos veces: lo que estaba afuera ya no era humano. ¿Un zombi? Pero los zombis no tocaban la puerta... El rostro de Lin Xian se ensombreció. Si aquello era una de las entidades extrañas de la noche, entonces estaba en serios problemas. —Abuelo Li —murmuró Lin Xian en voz baja—, ¿no podías descansar tranquilo en tu ataúd? ¿Para qué volviste a sufrir? El tiempo transcurrió lentamente, y el sueño de Lin Xian desapareció por completo. Se apoyó contra la pared junto a la puerta, aferrando con fuerza la daga. Los golpes no se repitieron. Pero entonces ocurrió algo todavía más inquietante. Del otro lado de la pared contra la que estaba apoyado comenzaron a escucharse unos leves sonidos de raspado. El sonido de uñas arañando la pared. No era fuerte, pero bastaba para hacerle cosquillear el cuero cabelludo. Daba la sensación de que algo estaba justo al otro lado, arañando sin descanso. —¡Mierda! —murmuró Lin Xian en voz baja mientras saltaba hacia atrás y miraba la pared frente a él—. ¿Esta cosa está intentando abrirse paso? Una oleada de desconcierto e inquietud lo recorrió. Lo que fuera que estaba afuera parecía haber percibido su presencia. En ese momento, entre eso y él solo había la delgada capa de la pared. La mejor opción de Lin Xian ahora mismo era contener la respiración, mantenerse completamente inmóvil y no hacer el menor ruido. Mientras la puerta de su apartamento no fuera atravesada, por el momento seguía a salvo. Al mismo tiempo, preparó mentalmente su ruta de escape. La mayoría de sus suministros ya habían sido trasladados al tren Infinito. En el apartamento solo le quedaban comida y agua para unos pocos días, además del generador y las baterías. El tiempo siguió avanzando, segundo a segundo, mientras el espeluznante sonido de arañazos al otro lado de la pared atormentaba a Lin Xian como una melodía embrujada que se le clavaba en la mente. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el sonido cesó. Lin Xian exhaló aliviado y se acercó con cautela para volver a mirar por la mirilla. Sin embargo, lo que vio le erizó cada cabello del cuerpo. De alguna manera, una chica joven había aparecido en el pasillo. Estaba tirada en el suelo, cubierta de sangre, con el cuerpo temblando débilmente mientras luchaba por incorporarse. Extendiendo una mano hacia la puerta, susurró con voz apenas audible: —Ayúdame... ayúdame... Lin Xian entrecerró los ojos, con la mirada afilada. La chica no parecía tener más de quince o dieciséis años. Su ropa desentonaba por completo con el mundo postapocalíptico: shorts cortos, un top corto de tiro bajo y una chaqueta de béisbol de colores vivos. Llevaba unos audífonos inalámbricos colgando del cuello. Se veía joven y a la moda, como alguien arrancada directamente de una preparatoria anterior al apocalipsis. De no ser por la sangre que le cubría el rostro, Lin Xian habría pensado que era simplemente la hermanita menor de algún vecino pasando por allí a altas horas de la noche. Pero Lin Xian guardó silencio. Apenas unos momentos antes había visto el cadáver del “abuelo Li” plantado afuera de forma inquietante. ¿Y ahora, de repente, una adolescente ensangrentada pidiendo ayuda? Era demasiado sospechoso. Las entidades que surgían en la noche eran impredecibles y siniestras. Además, Lin Xian no tenía ninguna relación con esa chica. Abrir la puerta sería poner en riesgo su propia vida. El tiempo siguió pasando, y ya eran las 5:00 a. m. Todavía faltaban al menos nueve horas para que amaneciera. A través de la mirilla, Lin Xian vio que el rostro de la chica se había vuelto pálido. Estaba desplomada en el suelo, inconsciente. —Maldita sea, ¿será algún monstruo tendiéndome una trampa para obligarme a abrir? —murmuró Lin Xian entre dientes mientras se frotaba las sienes. Aquello era mucho más perturbador que cualquier encuentro con zombis que hubiera tenido. Incapaz de contener su curiosidad, volvió a mirar por la mirilla. Lo que vio esta vez hizo que sus pupilas se contrajeran bruscamente. El “abuelo Li” había reaparecido, tieso junto a la chica inconsciente. Tenía la cabeza inclinada hacia abajo, como si la estuviera olfateando. Un instante después, el “abuelo Li” avanzó con un movimiento rígido y torpe, colocándose justo delante de la muchacha. Luego empezó a agacharse lentamente hacia ella. Los ojos de Lin Xian se abrieron de golpe al notar algo horripilante: ¡Aferrada a la espalda del cadáver del “abuelo Li” había una criatura monstruosa parecida a un ciempiés, con patas largas y delgadas y un cuerpo negro y brillante! ¡La criatura era enorme y cubría casi toda la espalda del anciano! —¿¡Qué carajo es eso!? —jadeó Lin Xian, mientras un sudor frío le brotaba por todo el cuerpo. Las patas de la criatura se movían lenta y deliberadamente, manipulando el cuerpo del “abuelo Li” como si fuera una marioneta grotesca. Entonces, mientras sus numerosas patas se estremecían y arañaban la espalda del cadáver, el “abuelo Li” alzó los brazos con rigidez y se abalanzó sobre la chica inconsciente.
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Apocalipsis: Construí el Tren Infinito (Novela) Capítulo 3

Estás leyendo el capítulo 3 de Apocalipsis: Construí el Tren Infinito (Novela), un novela. Cuando los desastres naturales se desataron sin control, con frío extremo y tormentas propagándose sin fin… Cuando el mundo mutó, los zombis surgieron como mareas y aparecieron horrores inquietantes… Cuando descendió el… Este capítulo tiene publicado el 25 de junio de 2025, Traducido por el grupo Crowli. Apocalipsis: Construí el Tren Infinito (Novela) tiene 542 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.